EL LOCAL

Aquí tienes un rincón de Tomajazz dedicado a este pequeño
"local" radiofónico que es el "Club de Jazz". Un Club que
abría sus puertas hertzianas un 12 de febrero de 2001 de la mano de un
servidor, Carlos Pérez Cruz, decidido a aportar su pequeñito grano de arena al
mísero mundo cultural de Iruña - Pamplona. Tres horas semanales de jazz en las
ondas que han mantenido el horario de tarde (15 horas) y de noche (22 horas)
desde su nacimiento. Fidelidad para ofrecer a los aficionados un horario de jazz
en la radio infrecuente, sin ojeras al día siguiente.
En noviembre de 2001 se iniciaba una fructífera colaboración entre José
Francisco Tapiz (Dj PTA) y servidor. Su participación en el Club hizo crecer el
espectro de estilos y nombres presentados en el programa y abrió la mente de
unos cuantos (al menos la mía) al mundo del "free" y la "libre
improvisación". Un matrimonio jazzístico que se trasladó a su vez a la
página de su creación, Tomajazz.
Uno de los momentos más importantes para el Club llega el 25 de diciembre de
2002 cuando el programa se asoma por primera vez al mundo de la red en emisión
"online". La ayuda de un buen amigo chileno, Roberto Barahona,
director del programa "PuroJazz" (www.purojazz.com) para Radio
Beethoven de Santiago de Chile, hace posible lo que ahora es una realidad
gracias a otro amigo, el argentino Alberto Varela. Miles de oyentes mensuales a
través de la red procedentes de los lugares más insospechados del mundo.
La historia del Club se construye cada lunes, miércoles y viernes con las voces
de los protagonistas (los músicos), las músicas más estimulantes y el
esfuerzo de quienes creemos en la educación y el respeto como bases de una
sociedad más justa. Un espacio sin concesiones para oyentes dispuestos a
escuchar y a participar en un diálogo de jazz en las ondas y en la red.
LA VOZ

Aunque la magia de la radio radique, en parte,
en el anonimato visual de la voz, aquí tienes la imagen y la historia (¡sólo
una parte!) de quien regenta este local radiofónico:
Carlos Pérez Cruz es un músico de Pamplona-Iruña, ciudad sita en el
norte de la península ibérica, que vio la luz tal que un 30 de abril de 1979.
Una vez arrojado al planeta al que algunos llaman azul (¿o será gris?), dejó
claro el motivo de su llegada. Venía a quejarse. Sin razón aparente dedicó
los primeros cuatro años de su existencia a perturbar el descanso nocturno de
su familia a base de constantes lloros. Ya entonces parecía estar en desacuerdo
con la forma en la que la humanidad había decidido organizarse.
¿Sería él la luz; ese superhéroe que nos sacaría de nuestro error como
humanos?…. ¡NO!, pero bueno, algo había que hacer en la vida. Por ejemplo:
tocar una trompeta. Así que el metal llegó a su vida… (no el vil, sino el
musical), e inició su relación con el lenguaje de la música. Entró en
contacto con la enseñanza pública…¿La enseñanza? Bueno, por lo menos así
la denominaban, aunque más que música aprendió la manera más rápida de
adquirir prejuicios musicales: Músico es aquella persona equiparable en su
ejecución a la precisión de un ordenador de la NASA… cuando no fallan, claro
está… y que en su cabeza tiene almacenados todos los datos biográficos de
aquellos músicos que han de ser nuestro verdadero ejemplo a seguir. Por
supuesto, entre esos músicos, no aparecía la palabra Coltrane, Ellington,
Davis… no vaya a ser que un día en nuestra mente despierte la creatividad.
Así que, al igual que el 99´99% de los músicos con una mínima inquietud,
inició la búsqueda de una luz que guiase didácticamente su camino como
estudiante. Recaló en un pequeño garito donostiarra de nombre Jazzle, donde la
trompeta de Jacky Berecochea y la armonía de Sorkunde Idígoras despertaron la
única célula creativa que había sobrevivido a años y años de tratamiento en
conserva. Paralelamente recibió la llamada del entonces cuarteto “Busco a
jazz”, que, con la añadidura de la voz de Leyre Sanz (¿acaso la inspiración
del nombre del grupo?… o ¿una indirecta televisiva nunca llevada a cabo?…¡lástima!)
se convirtió en sexteto.
Una vez finalizados los estudios superiores de conservatorio con brillantez
(papel en mano ya eres un pofesional), decide continuar vida estudiantil. Esta
vez bajo la premisa de carretera y manta, Pamplona-Madrid, Madrid-Pamplona, para
encontrarse con una trompeta jazzística de lujo por nuestros lares: Chris Kase.
Además de su vida jazzística, escasa hasta entonces por mor de circunstancias
ya comentadas, Carlos desarrolla otras facetas musicales, amen de radiofónicas,
que le han llevado a pertenecer a la Joven Orquesta de Euskadi (EGO), o a
colaborar con la Orquesta Pablo Sarasate, Capilla de Música de la Catedral de
Pamplona, Orquesta Sinfónica de Bilbao… además de ser desde junio de 2002
nuevo componente de la Banda de Música "La Pamplonesa" de,
evidentemente, Pamplona.
En el apartado de proyectos personales este infame trompetista dedicó durante
unos años gran parte de su tiempo a una formación cuyo nombre es con claridad definidor de situaciones
musicales: Tunocco Brass, un deceto de viento-metal que recorría la historia de
la música desde el medievo hasta nuestros días. Haendel o Queen, contrastes
estéticos para un grupo con algunos tintes de jazz. Una declaración de
intenciones ajena a prejuicios musicales que desearíamos común.

Fotografía: Sergio Cabanillas
Pero sin duda el proyecto que más tiene sorbidos los sesos, el
tiempo y la salud de Carlos es "John Pinone". Un suicidio jazzístico
de la mano de dos madrileños sin fundamento que se dedican también al arte de
la agonía creativa con "Dead Capo", grupo cuya existencia puso en
contacto al navarro errante con el melángico batería y el talibánico guitarrista
con quienes cocina de todo menos jazz con fundamento.
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