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XXI FESTIVAL DE JAZZ DE GETXO

  • Fecha: 4 al 8 de julio de 2007.
  • Lugar: Plaza Biotz Alai (Guecho, Vizcaya).
  • Programación:

    Miércoles 4 de julio: Romano - Sclavis - Texier Trio
    Jueves 5 de julio: Paolo Fresu - Uri Caine
    Viernes 6 de julio: Charlie Haden Quartet West
    Sábado 7 de julio: Lee Konitz Nonet
    Domingo 8 de junio: Chucho Valdés Quintet

  • Formaciones:

    ROMANO-SCLAVIS-TEXIER TRIO
    Louis Sclavis: clarinete, clarinete bajo y saxo soprano.
    Henri Texier: contrabajo.
    Aldo Romano: batería.

    PAOLO FRESU-URI CAINE
    Paolo Fresu: trompeta y fiscornio.
    Uri Caine: piano acústico y rhodes.

    CHARLIE HADEN QUARTET WEST
    Ernie Watts: saxo tenor.
    Alan Broadbent: piano.
    Charlie Haden: contrabajo.
    Rodney Green: batería.

    LEE KONITZ NONET
    Lee Konitz: saxo alto.
    Ohad Talmor: saxo tenor.
    Russ Johnson: trompeta.
    Jacob Garchik: trombón.
    Denis Lee: clarinete bajo.
    Greg Heffernan: cello.
    André Fernandes: guitarra.
    Matt Pavolka: contrabajo.
    Dan Weiss: batería.

    CHUCHO VALDÉS QUINTET
    Chucho Valdés: piano.
    Mayra Caridad Valdés: voz.
    Lázaro Rivero Alarcón: contrabajo.
    Carlos Castro Rojas: batería.
    Yaroldy Abreu Robles: percusión.

  • Comentario:

    LA CENICIENTA RESPONDONA

    El hermano pobre de los festivales vascos ha alzado la voz. ¡Y de qué manera! Ha abierto la temporada jazzística estival con el programa más consistente y más "puro" (menos contaminado de propuestas ajenas al jazz), con un conjunto de nombres sonoros y reputados. Se podrán echar en faltar propuestas estilísticamente más arriesgadas y frescas, pero eso ya sería pedir algo muy alejado de las cortas miras de los programadores locales. El hecho es que si comparamos lo ofrecido aquí (y con mucho menos boato), con lo que nos espera en Vitoria y San Sebastián, convendremos que el interés medio del certamen getxotarra supera en mucho al de sus famosos vecinos.

    Y para abrir boca, el comienzo no pudo ser más deslumbrante: Louis Sclavis, Aldo Romano y Henri Texier llevan trece años desgranando por el mundo un corpus de temas compuestos por los tres músicos como resultado de sus viajes por el continente negro en compañía del fotógrafo Guy Le Querrec. Como pudimos admirar en directo, este auténtico songbook africano, vertido en tres discos editados por Label Bleu, refleja el amor del trío por los sonidos de África. Disfrutamos atónitos de la maestría con que lograron evocarlos por medio de una técnica y una sapiencia musical desarmantes. Con Sclavis, en "Les petits lits blancs", escuchamos las voces tribales en un apabullante tour de force al clarinete bajo (sin boquilla al principio del solo), en el que nos mostró su impresionante registro. Tanto en este instrumento como en el saxo soprano, su dominio de la respiración circular le permite, sin aparente esfuerzo, mantener una línea musical de una fluidez extasiante. Si Romano dio fe con sus múltiples recursos de la inagotable variedad percusiva africana, Texier exhibió una vez más su musicalidad sin tacha, sacando de su instrumento sonoridades que abarcaban palos de todo jaez. La compenetración entre los tres músicos, sobra decirlo, es total, y además el nivel fue de una homogeneidad absoluta, manteniéndose sin decaer en ningún momento desde la primera nota. ¡Chapeau!

    Tras un trío que sonaba como una unidad perfecta, dos personalidades venidas de dos mundos culturales y estéticos muy distintos. Con todo, el trompetista sardo Paolo Fresu y el pianista judío de Filadelfia Uri Caine se complementaron sorprendentemente bien, sin renunciar ninguno a sus respectivas señas de identidad. La del italiano es la línea clara, la comunicación a través de la búsqueda de una sonoridad atractiva melódica y armónicamente. El americano, uno de los mejores pianistas del orbe jazzístico actual, prefiere tejer complejos tapices sonoros donde, a pesar del aparente enmarañamiento expresivo, el faro de su inteligencia siempre sabe encontrar el camino de vuelta dentro de ese universo politemático por el que nos conduce y nos asombra. Este cronista no pudo sustraerse a la impresión de que mientras el primero decía muy bien y muy bonito, en realidad tenía más bien poco que decir; el segundo, en cambio, mostró un discurso profundo e inagotable, si bien tuvo la delicadeza de enseñarlo con cuentagotas para no dejar en evidencia a su compañero. De hecho, durante gran parte del concierto las labores de Caine fueron casi más de acompañante del trompetista, que, como era de prever se llevó la atención general con su sonido brillante, su simpatía, y unas poses que hicieron las delicias de los fotógrafos. Si a esto se añade un repertorio que incluyó caramelos melódicos de Haendel y Monteverdi, junto a temas como "Cheek To Cheek" y "'Round Midnight" en el bis, el éxito estaba garantizado. Algunos, sin embargo, nos quedamos con ganas de más droga dura uricainiana. Pero es el signo de los tiempos.

    Charlie Haden nos trajo con su Quartet West ese jazz lírico y elegante que borda. Suave y melódico, sí, pero con nervio. Una delicia. Cuatro músicos con mucho talento y muchos kilómetros. No sorprenden, pero satisfacen a casi todo el mundo. La comunicación con el público fue fácil e instantánea, y encandilaron con una impecable labor de conjunto y un muy amplio espacio para los solos de los cuatro componentes, quienes pudieron evidenciar sus amplios registros expresivos y su sabiduría musical. También hubo lugar para el exhibicionismo del, por otra parte, magnífico Broadbent, que nos sorprendió con un largo y extemporáneo cruce entre Albéniz y Turina en medio de "Lonely Woman". Sería su homenaje al público español (!). Pero a esta gente, cuando te hace disfrutar así, se le perdona todo.

    El emérito profesor Lee Konitz nos visitó con sus alumnos aventajados, todos muy jóvenes, muy disciplinados y atentos, pero sin demasiada chispa. La cosa sonaba muy estudiada, todo muy cuidado, pero con poco margen a la sorpresa o la emoción. Pero en estas el profe se decidió a ejercer su magisterio y tirar del carro. Los chicos se fueron calentando y la segunda parte del concierto superó la tibieza inicial. Todos tuvieron sus minutos de gloria, con solos en los que destacaron Dan Weiss a la batería y el jovencísimo cellista Greg Heffernan. Konitz se ha ido depojando con los años de los pocos adornos que haya podido tener y ha alcanzado la esencialidad casi absoluta. A punto de cumplir los 80 años, deleita con solos cortos en los que ni falta ni sobra una nota de más. Ni que decir tiene que nos dejó los momentos más memorables de la velada.

    Pero había que pagar el peaje popular (y hacer un poco de caja). Y en esto llegó Valdés. Chucho hizo... de Chucho. Pirotecnia caribeña a raudales que encandiló a un abundantísimo público entregado de antemano. El hombre toca, toca mucho, pero este fue el concierto con más notas y menos música, menos jazz y más fuegos artificiales.

    Con todo, una de las ediciones más redondas que recordamos del certamen getxotarra, con un nivel medio muy alto. Lo dicho: ¡Vitoria! ¡Donostia! ¡El listón queda alto!

    © 2007  Juan Antonio Rico