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XIMO TÉBAR
Madrid

  • Fecha: 15 de abril de 2008.
  • Lugar: Bogui Jazz (Madrid).
  • Componentes:
    Ximo Tébar: guitarra.
    Jim Ridl: piano.
    Boris Kozlov: bajo eléctrico.
    Donald Edwards: batería.
  • Comentario:
    Era la primera visita del guitarrista valenciano al Bogui y saltaba a la vista que Tébar llegaba al club con hambre de escenario y dispuesto a agradar y sorprender. El cuarteto arrancó con “Martino”, de su disco Eclipse, toda una declaración de intenciones que mostraba la senda a recorrer en su repertorio, orientado rítmicamente a un groove que abre su música a audiencias más amplias, sin renunciar por ello a pasajes armónicamente complejos o melodías elaboradas.
     
    Ximo Tébar Quartet. Foto: Sergio Cabanillas

    Tampoco renunció el protagonista a equilibrar el repertorio con dosis de swing sabiamente administradas, como “Steps”, el tema que da título a su nuevo trabajo, de reciente publicación, pieza que la banda hizo caminar con energía, dando pie a un solo incendiario de Tébar cuyo fuego se extendió a sus compañeros en los cuatros, lo que propició uno de los puntos de mayor intensidad de la noche, para relajar los ánimos después con la sensualidad de “Zap”, que también forma parte del nuevo disco.
     
    Ximo Tébar. Foto: Sergio Cabanillas

    Fue la siguiente intervención la que nos proporcionó una de las sopresas de la noche: Tébar cedía el escenario al pianista Jim Ridl (en lugar del anunciado Orrin Evans), músico que ha compartido escenario, entre otros, con Pat Martino, cuya influencia en el valenciano es innegable. Descubrimos en su intervención a piano solo a un fascinante creador de ambientes oníricos, no exentos de una oscuridad que no teme explorar ayudado de una mano izquierda poco corriente. Su improvisación dio paso al riff de “Four On Six For Wes”, otro original del guitarrista en el que éste inauguró el juego de llamada-respuesta, en este caso con Boris Kozlov y su bajo de seis cuerdas, un recurso que dio mucho juego a lo largo del concierto para regocijo de los aficionados, vista la maestría del cuarteto en los solos.
     
    Jim Ridl. Foto: Sergio Cabanillas

    A continuación fue Tébar quien se quedó solo en una introducción que comenzó con aires aflamencados y el protagonista hizo derivar hacia el blues y el jazz, para desembocar con naturalidad en una revisión del “Monk’s Dream” basada en un groove arrastrado que acentuó el carácter jocoso y festivo del original.
     
    Era el momento de redescubrir a Boris Kozlov. Y es que el moscovita es bien conocido en estos lares por haber intervenido al contrabajo en giras como la del Quindectet del añorado Michael Brecker o la Mingus Big Band, donde ha compartido escenarios con Donald Edwards, pero su faceta eléctrica es bastante menos conocida. Aquí encontramos un bajista exuberante cuya técnica en los pasajes más acelerados no tiene nada que envidiar a la de virtuosos como Richard Bona o Tom Kennedy, que en ese momento tomó las riendas de la actuación para deleitar a los asistentes con un delicioso pasaje a bajo solo en el que exprimió todos los recursos a sus seis cuerdas llevando melodía, armonía y bajo a la vez e intercalando matices en forma de armónicos para finalizar su intervención citando, al unísono con su jefe de filas, el “Teen Town” de Jaco Pastorius.
     
    Boris Kozlov. Foto: Sergio Cabanillas

    En este punto el cuarteto recuperó el protagonismo para cerrar la actuación con el popular “The Pink Panther” de Mancini, al que el valenciano da la enésima vuelta de tuerca, esta vez con aromas de reggae que Donald Edwards interpreta con tan genuino sabor como el funk, el groove o el swing; nada se le resiste. Aquí el diálogo interpretativo se centró en Tébar y Ridl para terminar por todo lo alto y con petición de bises antes siquiera de que los músicos salieran del escenario. La formación premió a la audiencia con un inédito del protagonista inspirado en el baterista Idris Muhammad, de ahí su título: “Idris”.
     
    Donald Edwards. Foto: Sergio Cabanillas

    En palabras de Tébar: “me gusta presumir de banda”. Y no es para menos, dado que a las virtudes ya señaladas como solistas de los implicados y al hecho de ser la versatilidad personificada, se añade el mérito de sonar como un combo tremendamente compacto y en interacción constante que interpreta los arreglos al milímetro, algo que el guitarrista premia otorgando más presencia a sus acompañantes. Todo al servicio de un Ximo Tébar en excelente estado de forma que destila solos que rivalizan con los de sus compañeros en contenido y virtuosismo, metiendo al público en su show, disfrutando y haciendo disfrutar. Misión cumplida.

    Texto © 2008  Sergio Cabanillas
    Fotos © 2008 Sergio Cabanillas