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BANDA DE IMPROVISADORES DE BARCELONA
12º festival Hipersons

  • Fecha: Lunes, 17 de noviembre de 2008
  • Lugar: sala Apolo [2] (Barcelona).
  • Componentes:
    Pablo Rega (dirección)
    Juan Crek (voz, lectura, sintonizador)
    Alain Lebrun (tuba)
    Tom Chant (clarinete bajo, saxo soprano)
    Olga Ábalos (saxo alto)
    John Williams (saxo barítono)
    Marc Egea (zanfona, voz)
    Ignacio Lois (guitarra eléctrica)
    Tino Regueira (guitarra eléctrica)
    Eduard Altaba (contrabajo y bajo eléctrico)
    Javier Garcia (contrabajo)
    Quicu Samsó (batería)
  • Comentario:

    Hace aproximadamente un año, Serapi Soler se decidía a llevar a cabo un proyecto que le rondaba por la cabeza desde hacía tiempo: montar una banda de improvisación con músicos del área de Barcelona. La cosa empezó a funcionar lentamente. Entraron y salieron músicos por diversas razones. Hubo cambio de local y todas esas cosas que cualquier músico conoce bien y que podemos resumir de la siguiente manera: aquí hay mucha boquilla pero a la hora de la verdad no hay el menor gesto para ayudar, que no subvencionar, las iniciativas de los músicos locales (sean del estilo que sean). Abreviando, no ha sido un camino de rosas el que ha recorrido hasta hoy la Banda de Improvisadores de Barcelona (BIB). Por eso el otro día era especialmente crucial para todos ellos, desde el promotor hasta el último músico en incorporarse. Era su bautismo de fuego: el primer concierto oficial. Y, señores, chapeau. De verdad. Nos ofrecieron una hora de música creativa y dramática, muy acorde con los tiempos que corremos, pero al mismo tiempo vitalista y con la máxima entrega. Por eso, antes de la crónica en sí, querría felicitarlos a todos.

    Voy a tratar de ir por orden. La mayoría del público normal y corriente, entre el que me cuento, no vamos a los conciertos con metrónomo. Vemos en la música, al menos yo, quizá porque soy de letras, una forma distinta de narración, que es aquello que genera ideas, imágenes y emociones. Necesitamos aferrarnos a alguna cosa, esté ésta previamente constituida o se vaya formando sobre la marcha. El trabajo del gallego Pablo Rega es en este sentido esencial. Con los médiums (los músicos) de los que dispuso la otra noche, construyó un edificio musical complejo y rico en matices, vértices y líneas de fuga. Me gustaría añadir que el aspecto del mismo no era ni festivo ni ilusorio, sino amenazador y sombrío, en consonancia con estos tiempos y en clara oposición a la política de repertorio de la orquesta del Titanic. No digo que así estuviera programado pero es lo que me sugirió. Son las cosas que generan respuestas creativas las que a uno le dejan más satisfecho, por tanto... De cualquier modo, lo que quería destacar finalmente es el impecable sentido dramático del que la otra noche hizo gala Rega. Eso es lo que finalmente te va a tener enganchado. Y eso, insisto, lo hizo muy bien. Ha desarrollado un sistema propio de signos e indicaciones del que se sirve para dirigir, espolear, silenciar, soliviantar o hacer reventar a cualquiera. Otro tema importante que ha hecho, como buen psicólogo que es, es haberse ganado la confianza de todos los músicos, al menos a tenor de la total concentración que estos mostraron durante todo el concierto. Quiero decir que no debe resultar nada fácil para el director y la orquesta esa forma de trabajar. Sin partituras de por medio, todos pendientes de la inspiración propia y de la del de al lado. Ante una formación de estas características el director maneja factores como el orden, la secuenciación y los modos, pero no el toque en sí. Hay además un retardo entre la idea y su realización, que siempre estará diferida unos segundos. Imagínense que miedo darse cuenta en esos instantes que la decisión que acabas de tomar es equivocada o que, simplemente, ya no la ves igual.

    Otra cuestión. Realmente, dentro de la BIB hay músicos que son más improvisadores que otros. Y eso me gustó. El conductor volvió a estar acertado en este aspecto. Conoce a sus músicos (y digo “sus” porque realmente lo fueron) y supo extraer lo mejor que cada uno de ellos podía darle. No los apelotonó. Les dio aire. Trabajó con ellos por secciones y consiguió subgrupos con valor propio. No se trata de destacar a ninguno en particular, pero sí mencionaré un solo de soprano de Chant con un nervio como hacía tiempo que no veía, otro solo de Lebrun a la tuba, y un Samsó que ocupó el centro con la batería y que estuvo sembrado: preciso y explosivo tanto en los obligados como en el libre albedrío, duro cuando se requería, grácil y danzante en dos de la partes más jazzy. Pero, repito, no hubo nadie destacado. Fue todo muy orgánico y vital. Podríamos hablar del imprescindible trabajo de anclaje o transporte de los bajistas, distintos entre sí pero igual de seguros. También del resto de sopladores (como otra breve descarga del alto de Ábalos). O de los dos guitarristas, que no se interfirieron nunca gracias al estilo y sonido tan marcadamente distinto de ambos (el de Regueira, redondeado y luminoso; el de Lois, afilado y opaco).

    Otra de las cosas a destacar sería la variada procedencia estilística y genérica de los músicos. Al contrario de lo que otro hubiera hecho, Rega no desestimó esta variedad. Por regla general, trató de que no llegara a formularse como tal ningún género determinado. Ni jazz, ni rock, ni contemporánea, ni ruidismo. Extraía elementos de uno y de otro con dos dedos y los arrojaba contra otro bloque con la mano abierta. Había una idea free en el toque general y, superpuesta, otra concepción free al respecto de la integridad idiomática. Un lenguaje final salpicado de barbarismos y neologismos que iban y venían en términos de igualdad. Y ese fue otro de los méritos del director, respetar la idiosincrasia de cada elemento. Esto se pudo apreciar en la peculiar labor de Juan Crek, única en sí misma (si no existiera tendríamos que inventar a Crek).

    La sonoridad general estuvo muy trabajada. En ocasiones, los instrumentos eran llevados al borde del colapso de sus respectivas tesituras, casi en el punto de disolución. En este sentido hubo varios momentos remarcables, pero recordaré dos, “los cuatro vientos” y “el reloj siniestro”. El primero fue un pasaje asombroso en el que el alto y el barítono, la tuba y el clarinete bajo eran soplados regularmente pero sin llegar a emitir nota alguna. Cuatro vientos, cuatro corrientes de aire de amplitud e intensidad distintas. Jadeantes o intimidatorias según se mirara. El resultado, sugestivo y escalofriante. El otro, el del reloj, fue un pasaje tétrico producido por la manivela de la zanfona de Egea: unos chirridos ritmados que rasgaron el silencio como a una tela (un ventrílocuo de algo tan intrigante como un viejo reloj sin manecillas). Me parece que un espectáculo además de la idea general tiene que ser rico en ese tipo de hallazgos y detalles. Es en la relación de la una con los otros en donde reside la vivacidad y la importancia última que pueda tener.

    Quería decir también que sí me pareció que había una fuerte carga política en la actuación de la BIB. No tanto por ese comentario que he hecho al respecto de los “tiempos que corren” como por el hecho de haber introducido en la dinámica del grupo la noción de “conflicto”. El trabajo del director y su orquesta, resquebrajando o realzando partes y bloques, anulándolas, sumándolas y entrechocándolas, nos puso frente a algo en lo que no solemos pensar: la producción del sonido. Y eso no es porque no esté en los instrumentos o en los grupos, sino porque sólo existe en la idea de lo que se quiera hacer con ellos. En esa interpelación constante entre secciones que además van desplazándose y cambiando de forma sin cesar. Atrayéndose o repeliéndose. Reorganizándose o disolviéndose en el fluido principal, el silencio. Eso obliga al espectador a estar doblemente atento, doblemente despierto. Y es en ese desvelamiento donde radica la conciencia de lo político.

    Total, que al acabar me dije, “por mí, da capo”.

    Una nota final. La BIB es un lujo que los catalanes “no nos podemos pagar”. Así que sería bueno que el resto de pueblos hermanos de la península se animaran a hacerla suya también, eso sí, co-contrayendo parte de la carga presupuestaria.

    © 2008 Jack Torrance