Comentario: Auténtico jazz de altura junto con un aluvión de sensaciones, es lo que pudimos admirar en el Johnny con un trío que ha cumplido 30 años desde que sus cofundadores (y columna vertebral), James Emery y John Lindberg, decidieran unir fuerzas creativas. No hay que olvidar que sus proyectos como líderes son también de primera línea. Rob Thomas, miembro entre otros grupos de la Mahavishnu Project de John McLaughlin, se incorporó al trío hace siete años y ha demostrado que es el perfecto complemento para este engrasado triángulo equilátero musical. Y es que aquí no hay primacía de un músico sobre otro. Funciona con un profundo sentido democrático y una precisión de ingeniería relojera suiza. Sin embargo, este aparente espíritu calculador o frío, si se permite la expresión, en nada supone una injerencia en la espontaneidad y en nada encorseta el resultado final de su música.

Aprovechando la publicación de su último trabajo, The River Of Orion: 30 Years Running, la cerca de hora y media que duró su actuación se completó con un trabajo denso, intenso y sumamente creativo. Muchas de las composiciones del String Trio Of New York se encuentran a medio camino entre la composición y la improvisación, aspectos éstos que otorgan más misterio a su actuaciones.
Con el tercer movimiento de “The River Of Orion”, una composición de Emery, el trío comenzó a demostrar la gran calidad que atesora cada uno de los músicos. Si, a priori, la formación de tres instrumentos de cuerda podía dar a entender una decantación hacia aspectos más líricos, lo cierto es que la música del String Trio Of New York es altamente compleja, con momentos que trascienden el jazz y se introducen por derroteros de la música clásica más vanguardista. En este grupo nadie da una puntada sin hilo. Todo estuvo perfectamente medido en los diferentes paisajes sonoros que dibujaron en cada una de las ocho piezas que interpretaron.

Con “Frozen Ropes” de John Lindberg cada músico se marca un discurso en solitario que en ningún momento pierde la referencia del grupo. Los tres dan paseos, se alejan y vuelven, sin olvidar cuál es el punto común que les une. El trío trabaja bajo la superposición de sonidos, con constantes apoyos, a veces rápidos y otras más lentamente. En cualquier caso, siempre manteniendo la tensión y la atención en lo que sucederá a continuación. En “The Anticipator”, de Lindberg, hay un comienzo de clara distorsión de los instrumentos con la elaboración de un ambiente previo que, paulatinamente, va preparando el terreno a un solo portentoso de James Emery, quien muestra su peculiar estilo acariciando y pellizcando las cuerdas. La pieza culmina con un desarrollo de Thomas antológico, y con algunos momentos del trío próximos a la música libre improvisada.
El comienzo de “Nature, Time, Patience”, la siguiente pieza de John Lindberg, con los tres músicos haciendo sendos pizzicatos, dio paso a unos acordes sugerentes donde el contrabajista se muestra majestuoso dirigiendo el ritmo. El trío tiene momentos donde predominan los tempos lentos y otros más frenéticos protagonizados por el violín y la guitarra. Siempre compacto en su ejecución, todos los detalles y matices encajan a la perfección, nunca de manera forzada.
Rob Thomas es capaz de subir los tonos hacia unos terrenos envidiables, sacando por momentos su vena más entroncada con la fusión. Emery deconstruye notas que aparentemente parecen sencillas y Lindberg acentúa cualquier sonido de sus compañeros, repartiendo el juego. Con el manejo del arco estuvo soberbio creando diferentes ambientes, improvisando y llevando al grupo por derroteros arriesgados.
La pieza final, “Cobalt Blue”, una melodía perfectamente diseñada, remató una nueva interpretación excelente de James Emery, guitarrista de Ohio, capaz de hacernos recordar a Django pasado por un tamiz muy especial. Sin duda alguna el String Trio Of New York dejó su particular huella en Madrid. Es jazz de cámara o como quiera calificársele, brinda exquisitez y música en estado puro. Es un auténtico manjar para los oídos. Una portentosa máquina de lanzar sonidos, aparentemente inocentes, pero con poderosas cargas de profundidad que no pueden dejar indiferente a nadie. Excelente concierto: otro más para guardar en la memoria del Johnny.