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MUT TRÍO

  • Fecha: 3 de octubre de 2011.
  • Lugar: Robadors 23 (Barcelona).
  • Componentes:
    Miguel Fernández: saxo tenor
    Albert ‘Tito’ Juan: guitarra eléctrica
    Oriol Roca: batería
  • Comentario:

    Dentro de lo que es el calendario semanal, el lunes puede y debe ser el mejor día para descubrir cosas. En el caso del MUT Trio no es un descubrimiento absoluto, pues ya llevan un par de años funcionando, y si no se les había visto en alguna de las pocas actuaciones que habían ofrecido, ahí había un MySpace con un puñado de temas para hacerse una idea (temas todos que formaban parte de su primer disco, 1374 , en Whatabout Music). La otra noche, además de inaugurar los “lunes de free ” de la sala Robadors 23 para el curso 2011/2012, el trío aprovechó para presentar el que será su segundo CD, un disco que en breve existirá físicamente gracias a un nuevo sello bilbaíno.

    Vayamos con el trío MUT, “mudo” en catalán, un nombre que ya nos refiere al silencio, a estar callado (como aquella música de Mompou), y por tanto a calma, quietud antes que ajetreo. Desplegaron su equipaje musical sin exhibicionismo. Más bien como los niños muestran los juguetes de su caja. Hubo una ingenuidad que resultaba reconfortante. Los bloques musicales, temáticos y estilísticos, se sucedieron con naturalidad, sin retórica alguna, a veces descuidadamente, lo que propició algunos saltos y conexiones abruptas (de agradecer, para mí). Como quien encuaderna una serie de dibujos sin un mismo asunto. Los temas más desarrollados se abrochaban entre sí con otros que surgían y en los que, a su vez, se adivinaba el embrión de otro posible tema. Su sentido de la improvisación fue totalmente de juego, naíf, desprovisto de gravedad y sin caminos hacia el interior. Con todo, hubo algunas intervenciones de Fernández muy agitadas, con rabiosas aliteraciones, en las que sí parecía que se nos abocaba a alguna profundidad. Su papel de solista le mantuvo entrando y saliendo de escena, a veces con dramatismo pero nunca excesivo. Por otra parte, Juan y Roca estuvieron constantemente emparejados, creando bases con el punto de consistencia necesario. Abundaron las figuras rítmicas de Roca, cercanas pero de difícil adscripción y sin excederse en la duración, lo que fomentó en todo momento el dinamismo en el discurrir general. Fue un concierto sencillo, encantador por momentos y con una notable producción de ideas.

    Un inciso final. Así como en mayor o menor medida conocía el trabajo de Fernández y Roca (y especialmente el de este último) y me gustaba, no había escuchado nunca al guitarrista y la verdad es que quedé prendado de su toque. Con la sonoridad nítida de la guitarra de caja y con una técnica muy pulcra y clara, sin emborronamientos, llevó a cabo un trabajo imprevisto y, al menos para mí, sorprendente. Acordes que se mostraban limpios pero sonaban misteriosos. Solos punteados con parsimonia, no excesiva en este caso. Lentitud proverbial. Lógico sin resultar convencional. Manejando un vocabulario jazzístico pero derivándolo a otra parte. Y, tanto en los acompañamientos como en los momentos en que cobraba más relieve, especialmente en los dúos con Roca (doom cool???).

    Texto © 2011 Jack Torrance