Pat Metheny Group – The Way Up

Composiciones: Opening; Part One; Part Two; Part Three
Todas las composiciones por Pat Metheny y Lyle Mays.

Músicos: Pat Metheny (guitarras acústica, eléctrica, sintetizada y slide), Lyle Mays (piano, teclados), Steve Rodby (contrabajo, bajo eléctrico, chelo), Cuong Vu (trompeta, voz), Gregoire Maret (harmónica), Antonio Sánchez (batería).
Invitados: Richard Bona (percusión, voz), David Samuels (percusión).
Grabado en Right Track Recording (New York, USA), 2003/2004.
Nonesuch 7559-79876-2

La historia: Cuenta la leyenda (hoy en día en forma de foro de Internet) que, cuando Warner Brothers decidió poner fin a su aventura como productores de buen jazz, ofrecieron a Pat Metheny la posibilidad de continuar en el sello, siempre y cuando su estilo se volviera algo más comercial. La respuesta: una obra ininterrumpida de 68 minutos de duración. La consecuencia: Pat y todo su arsenal pasan al sello Nonesuch (filial, no obstante, de WB).

No sabemos si esa leyenda fue o no verdadera, pero en caso afirmativo: bendito momento aquél en que la Warner planteó al guitarrista cuestiones sobre la rentabilidad económica de su trabajo.

Y es que The Way Up es una obra maestra. Una obra maestra comparable a clásicos como Offramp, Letter From Home o Imaginary Day, una obra maestra que marcará, indudablemente, un nuevo punto de inflexión en la carrera del ya cincuentón Metheny, hasta el punto, en palabras de Doug Collette (http://www.allaboutjazz.com/), de hacer que “el oyente se alegre de estar vivo al mismo tiempo que un artista tan creativo como Pat Metheny”.

Finalizada ya la etapa de Richard Bona en el PMG (aunque aparece como colaborador en el disco), el grupo presenta ausencia de percusionistas y cantantes natos en su formación, quedando pues las ideas melódicas de Cuong Vu y el recién incorporado Gregoire Maret a merced del cuarteto base, esa rocosa unidad donde Metheny, Mays y el ultrasobrio Steve Rodby descansan sobre un Antonio Sánchez tan integrado que parece llevar toda su vida en la banda. El line-up se verá incrementado en la próxima gira (con paso por España a finales de junio) por Nando Lauria, quien ya colaborara en los directos del Group de los últimos 80, reforzando voces, percusiones y segundas guitarras.

El disco:

1. Opening [5:17]

Comienza la obra con sonidos urbanos de Manhattan y un motivo minimalista ya presente en el Electric Counterpoint que Steve Reich compusiera para Metheny en 1987 (no en vano Reich aparece destacado en el apartado de agradecimientos del disco). El minimalismo y la repetición y desarrollo de frases van a ser componentes básicos en el desarrollo de la composición, dando a la misma cohesión estructural.

Un movido ritmo de batería da lugar a los primeros obligados rítmicos, muy al estilo de Proof (del anterior trabajo Speaking of Now). Pat presenta sus primeros timbres de guitarra, con especial mención para el sonido eléctrico de su guitarra sintetizada, más lírico que nunca, siendo centro de atención del conjunto sonoro en más de un pasaje.

Tras la tarjeta de presentación, un pequeño interludio y de lleno a la primera parte del CD.

2. Part One [26:27]

Una simple melodía de pocas notas (lo que va a ser constante en todo el disco) se ve reforzada por distintas repeticiones tímbricamente distintas a cargo de otras guitarras (a destacar la slide guitar), provocando un incremento de dinámicas marca de la casa. Los teclados de Lyle Mays se muestran atrevidos y precisos a la vez, y el primer solo viene de mano de la guitarra sintetizada con sonido eléctrico, al estilo de Half Life of Absolution (The Road to You, 1991) o The Roots of Coincidence (Imaginary Day, 1997). La improvisación hace juego con la composición: notas largas, motivos bien definidos, repetidos hasta la saciedad e incluso posteriormente orquestados (y vuelve a aparecer el minimalismo en ese nuevo contexto que es el PMG). Vuelta a la melodía, subidón de dinámicas y espacio para el lucimiento de la sección rítmica. En general, desde el punto de vista de la interpretación, The Way Up puede considerarse música difícil, compleja y que requiere de gran compenetración entre los músicos.

Tras lo que podría considerarse el primer gran “tema” de la suite (concepto que ha negado el propio Metheny, pero que parece bastante claro en ciertos momentos, a pesar de las continuas recapitulaciones), aparece por vez primera la guitarra acústica de cuerdas de nylon como sonido principal, en un interludio hacia la primera parte rápida del disco, en tiempo ternario y con más obligados rítmicos. Prima el arreglo sobre composición e improvisación, los diversos instrumentos entran y salen continuamente y las dinámicas siguen jugando el papel tan importante que siempre han tenido en este grupo. Se escucha la trompeta de Cuong Vu con claridad y Antonio Sánchez hace de las suyas, volviendo a poner de manifiesto su excelente nivel técnico.

Hacia el minuto 12 de este corte aparece un nuevo tema al estilo del “Quartet” de 1996, con presencia de la armónica de Gregoire Maret y nuevo cambio de métrica. A pesar de los mencionados conceptos minimalistas, si de algo carece The Way Up es de monotonía. Vuelta a la base de Steve Reich y enganche con la parte rápida, esta vez bajo un clásico solo de Pat con su timbre de toda la vida, recordando en concepción y ejecución a The Gathering Sky (Speaking of Now, 2001). El de Missouri surca la armonía como pez en el agua, y vuelve al medio tiempo en 3x4: primer solo de Lyle Mays al piano, tan elegante y medido como siempre, en la parte del disco más cercana al jazz clásico. Turno para que Cuong Vu improvise, con mucho estilo pero poco atrevimiento. De momento.

Los teclados de Mays orquestan por detrás, mientras Steve Rodby sigue, disco tras disco, dando lecciones de calidad al contrabajo. Fuera batería: nuevo interludio de guitarra acústica en arpegio y solo de elétrica recordando al Metheny más folk, el de New Chautauqua (1979) o Beyond the Missouri Sky (1996). Casi sin darnos cuenta se van incorporando instrumentos. Los platos de Sánchez y las guitarras slide van elevando poco a poco las dinámicas, mientras el solo se va haciendo más y más rápido y enrevesado, pero sin dejar de ser melódico. ¡Qué maestría tiene esta banda para variar la intensidad progresivamente durante intervalos de tiempo tan grandes! Vuelta a la rapidez, continúa la improvisación, Mays acompaña al piano y nos aproximamos al final de esta primera parte con una explosión final de batería.

3. Part Two [20:29]

Más arpegios, texturas y colores de todo tipo inundan el paisaje sonoro, por supuesto con motivos cortos. Intercambio de frases: Maret, Mays, Rodby al bajo eléctrico. En el 2º minuto aparece el segundo gran tema de la suite, a cargo de la harmónica de Maret. La melodía, también formada de pocas notas, bien podría haber formado parte de los clásicos Still Life (Talking) (1987) o Letter From Home (1989). La frasecilla de Steve Reich vuelve a dar ligazón al devenir de la música y hunde el ritmo hasta dar paso a un pasaje ad libitum (o eso parece, que con este grupo nunca se sabe) a cargo de las delicadas teclas de Lyle Mays. Vuelve a incorporarse el ritmo de batería del corte introductorio para acompañar a Cuong Vu en una improvisación con mayor libertad y fidelidad a su estilo propio, mientras Metheny dialoga con el trompetista por medio de su sonido más eléctrico. Y qué mejor enlace a un solo de trompeta sobre ritmo rápido que la mítica guitarra sintetizada, presente en las grabaciones de la banda desde Offramp (1982). Llegamos, pues, a uno de los momentos más álgidos del disco, con diálogo entrecruzado entre dos improvisadores de altura como Vu y Metheny, con más intención de crear texturas que de demostrar técnica ni capacidad melódica. La ausencia de armonía muy marcada en esta parte eleva aún más la tensión del encuentro entre los dos monstruos, con Sánchez dando un soporte rítmico increible.

12:04: Parón y arpegio de acústica al más puro estilo de A Map of the World (1999), soporte ideal para una bonita melodía en boca de Gregoire Maret. Vuelven piano y contrabajo a tomar relevancia rítmica y la variada paleta del PMG nos ofrece otra pintura distinta, tranquila, sosegada. Un rato para la relajación y nuevo pasaje de groove repetitivo con melodía a cargo de Maret rellenada por Vu. Aparece nuevamente el espíritu de Reich, deviniendo en una interpretación de Steve Rodby preguntando al chelo y obteniendo respuesta de Lyle Mays al piano.

4. Part Three [15:54]

¿Será un homenaje a Debussy? La línea de bajo tocada al piano lo sugiere, y abre paso al tema final, con la sonoridad estándar del cuarteto base y la presencia destacada de la harmónica. Preciosas progresiones cordales habituales en la larga vida del Group vuelven a acercarnos a la melodía del segundo gran tema del disco, sobre línea de bajo latina.

Solos: Pat a la eléctrica, Lyle al piano, Pat a la sintetizada. Interludio de arreglo rítmico y otra vez a la melodía, esta vez (por fin) con voces. El Pat Metheny Group en todo su apogeo, incluso con guitarras rítmicas de fondo, mientras la melodía es viselada por referencias al primer tema del CD. Momento de piel de gallina para los más fans del grupo, y nuevo descenso de intensidad hacia el minuto 7, donde se recupera nuevamente la melodía de la primera parte sobre fondo Reichiano, a modo de recapitulación final.

9:38. En ese punto finaliza la obra, si la concebimos con total continuidad. Desde ahí hasta el final, más sonidos de Manhattan, fondos pseudo-Electric Counterpoint, arpegios, frases sueltas y, en definitiva, una especie de epílogo para reflexionar sobre lo escuchado y amortiguar la vuelta al duro mundo real.

La edición: Tres portadas diferentes para el mismo CD. En este caso el PMG se aleja, aparentemente, de sus tradicionales carpetas en collage. Solo apariencia, ya que el collage se obtiene al desplegar la carpetilla, y observar un diseño tan urbano y minimalista como la propia música. Como adición al disco se va a publicar la partitura de la obra, algunos de cuyos fragmentos ya se pueden conseguir en Internet, y cuya versión completa (editada por Hal Leonard) se podrá obtener en los conciertos de la gira, de momento los siguientes:

24 de Junio: La Coruña (Coliseo)
28 de Junio: Almería (Auditorio)
29 de Junio: San Javier, Murcia (Auditorio Parque Almansa)
30 de Junio: Madrid (Conde Duque)

Recapitulación: El tiempo dará y quitará razones, nuestra humilde opinión es la de que The Way Up es ya uno de los mayores momentos en la trayectoria de Pat Metheny y su Group, y eso generalmente ha implicado fuertes influencias en público y músicos. Pero en este caso el concepto va más allá, refundiendo toda la música que el PMG nos ha ofrecido en casi treinta años de existencia, ofreciéndola ampliada (nunca corregida) y con el planteamiento más ambicioso hasta la fecha. Si, habitualmente, los discos de la formación suponen recorridos musicales, viajes a bellos paisajes virtuales, e incluso los títulos de los CD’s así lo sugieren (Offramp, Travels, The Road to You, Imaginary Day), en este caso tanto la estructura musical de la obra como su título (The Way Up) recalcan aún más ese concepto de viaje por un mundo paradisíaco donde todo es positivo y las sensaciones se relajan hasta estados de absoluto disfrute. Es el mundo del Pat Metheny Group.

Más información: http://www.patmethenygroup.com/

Arturo Mora Rioja, 2005


Mos Def - The New Danger

Geffen

Músicos: Dante Smith ( Mos Def ) con Shuggie Otis, Paul Oscher, Minnesota, Kanye West, Raphael Saadiq, Warryn Campbell, Psycho Les, Molecules, 88 Keys, Will Calhoun, Doug Wimbish, Gary MILLER, Bernie Worrell, L.Mitchell, Easy Mo Bee

Comentario: Mos Def apareció como un huracán hace unos años con su compinche Talib Kweli como la esperanza para el Hip Hop más serio, artístico, comprometido y no comercial, sustituyendo en parte la perdida confianza en anteriores artistas de este tipo, como Nas, que no pudieron resistirse a la tentación de caer en lo comercial y dejarse devorar por la industria del "entertainment". Su primer disco en solitario después del realizado con Kweli como parte de Reflection Eternal supuso un despegue absoluto de la mayoría de lo conocido en esa música hasta entonces, y en él ya se intuía que su camino iba a ser bien diferente del tomado por su antiguo colega, cuyo último trabajo muy reciente ha sido una auténtica decepción. La extraordinaria portada de este nuevo trabajo ya nos da muchas pistas: Mos Def aparece suicidándose figuradamente con un dedo apuntando a su sien (¿o conciencia?), en una actitud ambigua de esas que tanto le gustan que por unos será interpretada como un suicidio creativo al apartarse de lo habitual en el Hip Hop... samplers, riffs y evolución de las dos partes fundamentales de esta música, el arte del giradiscos y el otro de la rima. Otros, lo interpretamos también como una broma siniestra y brillante sobre su suicidio comercial, muy posible al reflexionar sobre la aceptación que puede tener un trabajo tan creativo, arriesgado y comprometido: resumiendo, tan brillante. Otra pista evidente es la relación de esta portada con la no menos espectacular de aquel "Mistaken Identity" fabuloso de hace ocho años de su colega Vernon Reid, de quien varios colaboradores habituales aparecen en este disco de Mos Def. Aquel extraño, oscuro y fenomenal disco fue un resumen de todos los principios por los que se regía la Black Rock Coalition fundada por Reid, principios que parecen la influencia mayor sobre el Mos Def actual. En este disco, como en aquel, aparecen todas las formas imaginables de música negra conocidas, Jazz, Hip Hop, Funk Rock, Soul y un enorme trasfondo Blues sobre el que se monta todo el edificio musical sobre el que Mos Def unas veces rapea, otras canta en plan crooner a la vez que imita a Marvin Gaye, cuyas preocupaciones sociales en la época del "What's Going On" son otra gran influencia en esta obra (y en la mayoría del buen Hip Hop), y para más pistas el propio Gaye aparece sampleado varias veces al fondo... La música va pasando de un estilo a otro y de un productor a otro pero a todos se les ve muy involucrados en la idea del disco, y como soporte fundamental la soberbia banda Black Jack Johnson con la rítmica de Living Colour (Wimbish y Calhoun), más el guitarrista de los Bad Brains y el genio absoluto de Bernie Worrell a los teclados, da una unidad al asunto que evita la dispersión. El Jazz, al menos en parte, sigue teniendo una relación evidente con la cultura y la música afroamericanas, y este disco, al igual que la música que hacen hoy día otros artistas de este estilo, como Mike Ladd, los Roots, Saul Williams, Carl Hancock Rux, Hanifah Walidah ( Shä-Key ), los Antipop Consortium y tantos otros artistas alternativos a la música popular negra más comercial, me parece fundamental para entender las mejores expresiones de la cultura afroamericana actual...y futura. Obligatorio para espíritus inquietos, los más conformistas siempre pueden dedicarse a evitar contaminar su radical purismo con estas cosas... tan sanas.

Jorge LG


e.s.t. (Esbjörn Svensson Trio) - Viaticum

Músicos: Esbjörn Svenson (piano), Dan Berglund (contrabajo), Magnus Östrom (batería)

Composiciones: Tide Of Trepidation 7:12 Eighty-eight Days In My Veins 8:22 The Well-wisher 3:47 The Unstable Table & The Infamous Fable 8:32 Viaticum 6:51 In The Tail Of Her Eye 6:55 Letter From The Leviathan 6:56 A Picture Of Doris Travelling With Boris 5:40 What Though The Way May Be Long 6:20

Todos los temas compuestos, arreglados, ejecutados y producidos por e.s.t.
Grabado en Atlantis Studios, Estocolmo, entre el 30 de agosto y el 11 de octubre de 2004. Editado en 2005 por ACT Music
ACT 9015-2 http://www.actmusic.com/

Comentario: Viaticum es la séptima grabación oficial de e.s.t. en act. Octava si se cuenta un bonus-disc en directo y novena incluyendo el dvd que editaban el pasado año. A lo largo de los años el trio del pianista sueco Esbjörn Svensson ha metamorfoseado su nombre en e.s.t. con razones más que fundamentadas.

La pregunta ante esta nueva grabación puede ser: ¿a qué suena lo nuevo de estos suecos? Pues ni más ni menos que a un e.s.t. en plena forma, como acredita su paso (y habitualmente triunfo) por multitud de festivales lo que conlleva que sea uno de los grupos más admirados por todo tipo de aficionados.

Entrando en esta nueva grabación, en las diez piezas que conforman viaticum no hay mucho espacio para la sorpresa... o sí... los elementos siguen siendo los mismos que en sus propuestas anteriores... melodías con un tratamiento obsesivo unas veces y en otras dotadas de un precioso y delicado lirismo... aportes provinientes de un pianismo jazzístico plenamente clásico... y también del rock, del pop y de propuestas de la música electrónica... y por supuesto ejecutado por tres músicos más que competentes. El "líder" es un más que notable pianista (que también sabe pegar esos grititos que tan bien acompañan a la música y tan bien sientan a unos oyentes mientras enervan a otros en los momentos de intensidad contenida). El contrabajista y el batería forman una rítmica perfecta para las propuestas del trio (de cuya pluma provienen todos los temas). Mención especial merece el contrabajista Dan Berglund y su toque distorsionado al contrabajo con una sonoridad más próxima en algunos momentos a Jimmy Hendrix que a la de un contrabajista al uso. El peor parado en cuanto a la vistosidad de su trabajo (apenas tiene espacio para lucirse en algún solo) resulta el batería Magnus Örström, a pesar de lo cual su aporte resulta fundamental con un toque variado cuando se precisa: no podría ser de otra manera para un trío tan bien asentado.

En cuanto a las composiciones, el disco resulta mucho más redondo que el anterior Seven Days Of Falling (2003). Tide Of Trepidation, The Unstable Table & The Infamous Fable, el tema que da título al disco o el tema que falsamente cierra el disco son buenos ejemplos. Como no podría ser de otro modo, la grabación encierra alguna que otra sorpresa.

Esperemos que a pesar del título este disco sea un sustento para continuar con su camino y no nada relacionado con la extrema unción para este magnífico trio.

José Francisco Tapiz


Steve Swallow & Ohad Talmor Sextet – L’histoire Du Clochard (The Bum’s Tale)

Composiciones: Making Ends Meet; Sweeping Up; Chelsea Bells; Some Echoes; Ladies In Mercedes; Hullo Bolinas; I’m Your Pal
Todas las composiciones por Steve Swallow, todos los arreglos por Ohad Talmor.

Músicos: Steve Swallow (bajo acústico), Ohad Talmor (saxo tenor), Russ Johnson (trompeta), Meg Okura (violín), Greg Tardy (clarinete), Jacob Garchik (trombón).

Grabado en Maggie’s Farm, 23 de Agosto de 2002.
Palmeto Records PM 2103

Comentario: No entraremos en si L’histoire du clochard se trata o no de un disco de jazz. Etiquetas aparte, parece evidente que el papel de la improvisación en este CD es secundario (existe, no obstante), y que el aspecto es más bien de música clásica. Liberémonos de etiquetas y veámoslo sin los habituales prejuicios. Esta “historia del vagabundo” es un trabajo fino y delicado, de apetecible escucha y que se sale de lo común.

Las composiciones del gran Swallow (quien, como siempre, aparece muy comedido en el capítulo interpretativo), algunas de ellas rescatadas de épocas pasadas, se convierten en bailarines coreografiados por el israelí Ohad Talmor, padre de todos los arreglos del disco, y que ha intentado conducir la obra en base al arreglo de la Historia del Soldado de Stravinsky, con similar formación (percusión aparte). Precisamente la ausencia de percusión dota a la música de mayor dificultad y capacidad de sorpresa ante el oyente. La aparición del violín de Meg Okura sobre la sección de vientos otorga un timbre característico e inquietante, así como el acercamiento en algunos pasajes a formas tradicionales del jazz.

Si bien puede desorientar en cierta medida a jazzistas estrictos, L’histoire du clochard es un disco más que recomendable por su alejamiento de tópicos patrones, por lo curioso de su formación y por las excelentes composiciones de Swallow y arreglos de Talmor.

Arturo Mora Rioja, 2005


Dave Douglas, Louis Sclavis, Peggy Lee & Dylan Van Der Schyff - Bow River Falls

Premonition Records.

Comentario: Dave Douglas y su nuevo disco, esperado con ansiedad por muchos aquí en Europa, sabiendo como sabíamos todos que está involucrado en su nuevo proyecto una de las estrellas de esta música en nuestro continente, Louis Sclavis. El olfato de Douglas para conectar con su público es agudo, ya que él sabe muy bien además que la misma gente que sigue la carrera de este clarinetista es la que tiene puesto el oído últimamente a lo que hace la pareja canadiense formada por la superdotada chelista Peggy Lee y su marido el batería Dylan Van Der Schyff. De ello no hay que deducir un interés comercial en el asunto, porque aparte de que Douglas vende muchísimos menos discos de lo que parte de los aficionados a su música creen, y de lo que debiera, y además si el disco fuese destinado al mercado europeo fundamentalmente lo hubiese hecho con cualquiera de los sellos de este lado del charco que lo hubiesen producido encantados estando Sclavis en él. Pero las intenciones artísticas de Douglas son una cosa, admirable siempre, y otra, el resultado: si hay algo en lo que ya ha caído dos veces este trompetista ( la otra fue en el homenaje a la música de Miles en los sesenta ) es en lo contrario de lo que con su actitud y su música pregona...el adalid de lo innovador en lo que no puede caer es en lo previsible. Y eso es lo que este disco, tan bien tocado, con un repertorio tan bien elegido, en parte es. La maestría de Douglas con su instrumento es innegable, con esas frases larguísimas a lo largo de las cuales el timbre y el tono están admiarblemente en su sitio; su juego constante, muy a la "Booker Lttle", en el in & out, perfecto de equilibrio, pero a veces un poco demasiado frío. Y eso...él, porque Sclavis está aquí más frío aún de lo que en el es frecuente ; su sonido, maravilloso, rotundo, como siempre, especialmente con el clarinete "pequeño", su ritmo, más debil, como siempre, con esa ligera tendencia a tocar cada nota demasiado en el sitio exacto, un poco robótico. De Peggy Lee no se para de hablar, porque además el número de grandes chelistas en la música improvisada en aquel lado del charco es menor que en Europa, donde desde Reijseger tenemos una cantera más que respetable de solistas free en el instrumento, pero tampoco es para tanto ruido: esos furiosos arranques con el arco los hemos escuchado demasiadas veces, y esa tendencia al contrapunto en el pizzicato también, aunque sí es cierto que es una excelente músico no exenta de una magia melódica bien peculiar, muy en la línea del últimamente desaparecido Abdul Wadud. El más flojo de la sesión, y sobre todo porque es en gran parte culpable del frío ambiente de la misma, es su pareja, Van Def Schiff: el típico batería free que aborda su instrumento como percusionista más que como batería, como hay legión, y mucho más personales, desde que Sunny Murray y sobre todo Beaver Harris definiesen ese estilo con unos licks que yo, al menos, empiezo a estar un poco empachado de escuchar en tanta música de hoy clavaditos unos de los otros. Los temas de Douglas, en su línea, cada vez mas y mejor influídos por el "Pope" de su generación y líder en Masada, Zorn. Los de Sclavis, también en su línea, con su tendencia tan europea a bucear en la músiva con origen en el impresionismo. Lo mejor, los temas del líder claramente pensados para que desarrolle en todo su esplendor ese sonido tan peculiar que tiene, extraño sonido casi barroco y con ese vibrato tan metálico y peculiar que encaja tan bien con su música, el compuesto entre todos que aparece en penúltimo lugar y, sobre todo, la excelente versión, cortita y nada fría, muy concentrada, del "Blink" de Steve Lacy que abre el disco.
Lástima que la intensidad de ese primer arranque se vaya diluyendo a lo largo del disco, que aún así, no está nada mal. Un buen disco, pero el máximo exponente del Downtown neoyorkino remozado por él entre otros puede hacerlo mejor, como de hecho, ha demostrado muchas otras veces en sus mejores discos.

Jorge LG


Joe Lovano - Ballad Songbook

Blue Note Records / EMI.

Músicos: Joe Lovano con Hank Jones, George Mraz y Paul Motian.

Comentario: Parece mentira el tiempo que se ha tomado Lovano para hacer un disco así... lo esperábamos los que apreciamos a ese Lovano tan melódico, lesteriano como pocos hoy día, y a la vez heredero de Coltrane (puede parecerlo, pero no está reñido lo uno con lo otro, Lovano es a veces, como aquí, la prueba de ello), como el que recordamos por ejemplo de aquel trío maravilloso con Frisell y con Paul Motian, que aquí le acompaña, como líder, concretamente en las cinco perlas dedicadas tres a standards ("On Broadway"), y otras dos a Monk y Bill Evans, grabadas hace unos años para JMT. Bonito hasta lo increíble: eso es este disco. Cinco standards de los de siempre, auténticos "must" para un tenor, aunque no esté "Body & Soul" (que ya lo remató impecablemente en uno de sus mejores discos, "From The Soul"), más un "Monk's Mood" a un tempo hasta más lento de lo habitual (perfecto para Motian, que reparte sus susurros a base de caricias con las escobillas en una lección magistral de cómo combinar eso con un bombo con vida propia), dos standards modernos como son el "I Waited For You" de Gillespie (¿por qué se toca tan poco esta joya?) y el precioso "The Summary" de Thad Jones, en los que un abismal Thad Jones hace dos solos de esos que pasan a la historia : el primero, una obra maestra de concisión y pulcritud, y en la segunda, un ejemplo de esa elegancia apabullante de uno de los tesoros de la música que es lo que este pianista es a sus 86 años.
Para cerrar esta sesión increíble en la que el discreto y elegante acompañante habitual de Jones, George Mraz, está soberbio también, Lovano se tira de cabeza a un "Countdown" en su faceta más coltreniana, pero aquí muy medida y contrastada brillantemente por el estilo inmutable de Hank Jones a pesar del empaque de Motian tocando a su "agitada" manera más habitual en él. Hay discos para grandes superficies...este no, este es para ponerlo a la venta en un delicatessen. Pura delicia.

Jorge LG


Noël Akchoté - Sonny II

Winter & Winter.

Comentario: Un homenaje a Sonny Sharrock por Akchoté a la guitarra, en solo... es como para temerse un disco árido y abrasivo como pocos. Pues no os va a decepcionar, porque vaya si lo es, pero también es espeluznante. Aquí que nadie se espere a Noël tocando suavecito para desconcertar, que eso lo hace muy bien, como aquí, tocando a todo trapo. Eso sí, arido, pero de monótono o aburrido, nada de nada... no es para nada un disco de esos horribles de guitarra para guitarristas. Yo de hecho, no lo soy, y me encanta: me parece variado, con un repertorio muy inteligente en el que Akchoté al combinar los sonidos de sus distintas guitarras de manera muy amena encuentra efectos muy diversos que encajan perfectamente con los temas de Sharrock alternados con composiciones suyas que están muy, pero que muy bien, más una divertida interpretacion de "There Is A Mountain" de Donovan Leitch y una auténtica deconstrucción de "Young And Foolish", convertida en un ejercicio creativo sorprendente superpuesto a unas voces de gente charlando sin hacerle ningún caso, en una especie de broma siniestra sobre el interés de la buena música, como era la de Sharrock.
Una sorpresa, porque te lo pones pensando... "¡A ver como destroza esto el bueno de Akchoté!", y resulta que al poco te vas dando cuenta de que tarareas tanto las melodías de sus temas como las de sus preciosos ( sí, he dicho preciosos...ya sé de qué guitarrista estoy hablando ) compings...y es que este disco es una lección lanzada en dos sentidos: uno, que la buena música "de vanguardia" no tiene por que ser siempre estridente, disonante y abstracta, y otro, que puede ser hasta para cualquiera. Este disco lo puede disfrutar lo mismo el que busque la música más actual y comprometida que el que disfrute de la música más "facil", porque es las dos cosas a la vez. Eso sí que es una lección.

Jorge LG


Spring Heel Jack - The Sweetness Of The Water

Thirsty Ear Blue Series.

Músicos: Spring Heel Jack (John Coxon y Ashley Wales) con Wadada Leo Smith, Evan Parker, John Edwards, y Mark Sanders.

Comentario: La música va y viene... como las olas. Cuando en los sesenta Miles termina con su quinteto tocando casi como el cuarteto de Ornette, se le critica por despotricar tanto de aquello mismo que decían estaba copiando. Cuando a mediados de los setenta Ornette agota su concepto en parte y buscando renovarse hace exactamente lo que había hecho Miles años antes al electrificar su música y bucear en el Funk y el Soul, se produce un silencio atroz entre la misma crítica que había denostado a Miles, que distingue así con una hipocresía deleznable a unos creadores de otros. Años después, aparecen unos músicos en Inglaterra que partiendo del Techno de Detroit, que tiene unas raíces tan evidentes en el Disco europeo como en la música de Miles, van desenmarañando el asunto hasta llegar como conclusión final a una simbiosis poco menos que evidente entre lo que venden como innovador y esa música de aquel gran innovador que ahora descubrimos que fue Miles, ya que esta nueva música suena exactamente igual a veces, aunque no siempre, que aquella que hacía Miles hace treinta años, y suena... contemporánea. Mérito de estos músicos el de destilar aquella música tan densa y depurarla para hacerla digestible... y poco más: exactamente lo que hacen otros músicos al otro lado del Atlántico con la música que Miles hizo hace cuarenta años, ante el espanto de la misma crítica europea que ante este caso más cercano, calla...y otorga. Y cuando la música que aquí se escucha no suena a la de Miles es cuando se pone grave la cosa, porque entonces sigue pareciendo una copia de otra cosa, pero ni siquiera ya contemporánea. La diferencia está, exactamente igual que en el caso de los Neo Boppers, en que Miles y sus increíbles músicos estaban descubriendo un lenguaje que estos otros igual que aquellos, no hacen más que reproducir. Cosa que a mí, que desde luego no voy a presumir aquí de profeta de la vanguardia europea, me da exactamente igual: mientras se toque tan bien como Wadada Smith lo hace, con esa mezcla tan original de Don Cherry y Lester Bowie, me lo paso como un enano. Cuando toca Evan Parker, con un lenguaje también reproducido pero esta vez mal y con ostentación de una falsa vanguardia, sí que me molesta, y echo de menos mucho en esta música alguien que imite bien a DeJohnette, Lenny White o Al Foster, y a Michael Henderson, en vez de tener que soportar a los dos sin sal que tocan el bajo y la batería. Por lo menos en algunos temas no inetervienen, que para que no se note, prefiero que no estén... y punto. Los Spring Heel Jack aportan su granito de arena nada desdeñable con todo el buen gusto del que siempre han hecho gala, y la verdad es que molestan bastante poco, pero crear música, lo que se dice crear... poco. Son malos tiempos para los creadores ; si Miles viviese, a saber lo que estaría haciendo, pero seguro que sería incomprendido. Lo que es seguro es que no estaría haciendo esto: no le gustaba mirar hacia atrás.

Jorge LG


Mezzoforte – Forward Motion

Composiciones: Tribute (Gunnarsson, Karlsson, Asmundsson, Haffner, Briem), Nightfall (Gunnarsson, Karlsson), Hard Wired (Asmundsson), Forward Motion (Karlsson), Beyond the Horizon (Karlsson), Four Corners (Gunnarsson, Asmundsson, Briem, Karlsson), Cruisin’ (Asmundsson, Gunnarsson, Briem), Quartier Latin (Karlsson), Funky Staircase (Asmundsson), Weather Ahead (Gunnarsson, Asmundsson, Briem), Sizzle (Asmundsson), Gratitude (Gunnarsson)

Músicos: Johann Asmundsson (bajos), Fridrik Karlsson (guitarras), Eythor Gunnarsson (teclados), Gulli Briem (batería).
Invitados: Thomas Dyani (percusión), Wolfgang Haffner (batería), Andy Snitzer (saxo tenor), David Wilczewski (saxo tenor), Jacob Andersen (percusión).
Grabado en Punk Studios (Dinamarca), River of Light Studios (Surrey, Inglaterra), MK Studios (Hafnarfjordur, Islandia) y Scratch Studios (Surrey, Inglaterra), Mayo-Julio 2002.
BHM 1001-2

Comentario: Más de 20 años han tenido que pasar para que encontrar un disco de Mezzoforte en España sea algo normal. La pena es que la era de la fusión ya pasó, y lo que nos ofrece hoy en día la excelente banda islandesa suena muy, muy antiguo, aunque también muy, muy bueno.

Arropados por la producción de Wolfgang Haffner, en lo que podríamos llamar “Mezzoforte meets Metro” y con la vuelta de Chris Cameron a los arreglos de vientos, el grupo retoma su formación original, la del legendario No Limits de 1985, y nos ofrecen un menú basado en el funky con base rítmica machacona, sonidos de teclados extravagantes y solos cortos muy medidos, casi escritos. Todo ello sobre armonías cuasi-pop y melodías pegadizas, muy en línea con lo que fue el ya mencionado fenómeno de la fusión en los 80.

Y el estancamiento en esa época parece incluso algo forzado, ya que se pueden localizar varios homenajes a lo largo del disco. Weather Ahead es un evidente (y bastante bonito) tributo a Weather Report y Steps Ahead, los que fueron para muchos (me incluyo) los mejores grupos de jazz fusión, cada uno en su década. Pero no creemos que sea casualidad el hecho de que haya títulos como Hard Wired (CD que presentó Dave Weckl allá por 1994), Four Corners (Yellowjackets, 1987) o Cruisin’ (¿Crusaders?). Más aún, el primer corte lleva por título Tribute, e incluso el propio nombre del disco obedece a la grabación que Elements nos dejó en 1985.

A veces se dice haber encontrado una gran solución al problema equivocado. En este caso tenemos un inmenso trabajo que llega con 20 años de retraso. Música que envejece mal y se adentra sin remedio en el lamentable terreno del smooth jazz. Sólo para nostálgicos.

Arturo Mora Rioja, 2005


Fela - The Underground Spiritual Game

Músicos: Fela Anikulapo Kuti mixed by Chief Xcel.

Mahogany Sun / Quannum Records.

Comentario: De Fela no hace falta hablar : tan importante para la música del siglo XX, en mi opinión, como Duke Ellington, Charlie Parker, Miles Davis, Coltrane, Monk, James Brown, Bob Marley, Sly Stone o Ray Charles. Uno de esos creadores que como Sun Ra, The Residents, Roland Kirk, Frank Zappa o George Clinton, están siempre ahí, durmientes, para que cada cierto tiempo la gente inquieta de cada generación los redescubra y disfrute con la originalidad y la personalidad que les caracteriza. Chief Xcel es uno de los dos integrantes de Blackalicious, uno de los grupos más interesantes de Hip Hop de la costa oeste americana, de cerca de San Francisco: MC y DJ a la vez, es además un buen músico que toca más que decentemente un carro de instrumentos. En principio, yo mismo soy muy reacio a este tipo de discos de "deejay mezclando música de...", en parte porque como con las "blowing sessions" en el Jazz, son cosas estupendas para ver en directo, que muchas veces en plástico o vinilo pierden su sentido. Esta no: de las diferentes recopilaciones de música de Fela, ésta es de las mejores, y es además algo con una característica nada desdeñable. Yo se la he puesto a gente que tengo alrededor muy joven, y he comprobado que es para ellos la mejor introducción a esta maravillosa música. Eso sí, es... lo que es.
Chief ha cercenado los temas de Fela dónde le ha interesado para hacer una especie de suite contínua con su música, pero lo ha hecho de manera magistral...evidentemente lo que más nos perdemos es la totalidad de los solos increíbles del líder que son una parte esencial de esta música, y esos desarrollos de hasta terinta minutos tan frecuentes en sus temas, pero la esencia...ahí está. La ha sabido captar, cosa harto difícil en un ejerccicio de corta y pega de temas de quince a treinta minutos que se quedan a veces en menos de tres, pero lo escuchas y no es nada "light", es puro Fela, y hasta un aficionado a Fela de esos que tienen hasta su último disco (como es mi caso) lo puede disfrutar igualmente. Además, es muy complementario de la nueva edición publicada por Universal de su doble CD recopilatorio con varios de sus grandes temas sin cortar, que en su nueva versión viene acompañada de un DVD con un concierto increíble... pero eso sí, a quien tenga cerca gente que haya escuchado hablar de Fela, pero no conozca su música, ya sabéis qué le podéis regalar, y si sois un poco espléndidos, aunque tengáis todos sus originales o casi, regaláoslo a vosotros mismos... y os lo vais a pasar cañón. Cuidado si os lo ponéis en el coche...que puede ser causa de accidentes. A los que os interesen los DJ's: obligatorio, es una obra de ingeniería, y a la vez de arte, lo que Xcel logra, que este sí que es un deejay de los de verdad, y no como muchos que hay por este mundo que está lleno de farsantes que se hacen pasar por ellos.

Jorge LG


Omar Sosa - Mulatos

Músicos: Omar Sosa, piano, Fender Rhodes, harmonium, marimba, vibráfono, tubular bells, todas las percusiones, samples, voz; Dhafer Youssef, oud; Renaud Pion, clarinete, clarinete bajo, clarinete contrabajo; Dieter Ilg, bajo; Philippe Foch, tabla, bowl; Steve Argüelles, batería, scratches; Aziz Arradi, guembri, qarqabas, voz. Paquito D'Rivera, clarinete en "Ternura", "Nuevo Manto" y "Dos Caminos."

Composiciones: Ternura; Nuevo Manto; La Tra; Reposo; La Llamada; Dos Caminos; Iyawo; L3zero; El Consenso

Duración: 55:27

Editado por Otá Records en octubre de 2004.
REF: OTA1014

http://www.melodia.com


Comentario: Mulatos pertenece a ese gran contenedor musical etiquetado como “música del mundo”. En los créditos del disco nos encontramos con músicos cubanos, norteafricanos y europeos, y del libre fluir en este conjunto mixto de culturas, bajo la voz cantante de Omar Sosa, surgen los nueve temas que componen esta grabación.

“Ternura” realiza las funciones de una obertura de ópera, presentándonos sobre un mismo tema las bases de las culturas presentes en el disco. Retales de percusión cubana, arreglos de viento con aire andalusí y momentos jazzísticos un tanto descafeinados se van encadenando de forma poco homogénea, con las prisas de quien quiere decir demasiado en poco tiempo, y obteniendo como resultado final una prenda a la que se le notan demasiado las costuras. “Nuevo Manto” o “La Tra” podrían incluirse en cualquier disco de chillout, con el agravio de que la melodía principal del primero de éstos se acerca demasiado al hilo conductor de “Ternura”. “La Llamada” e “Iyawo” son los momentos más íntimos del disco, aunque a mi parecer, con una excesiva brillantez de notas. Y “L3zero” es la carnaza perfecta de un buen DJ para, una vez remezclado, disfrutar en las pistas de baile.

En definitiva, de forma completamente pretenciosa, mis instrucciones para disfrutar con Mulatos son las siguientes:

  • . En términos generales, invitar a amigos a un café y pinchar el disco. El aire relajado y efectista del disco nos aseguran elogios en cuanto a la selección musical;
  • · En “Nuevo Manto”: cortar el solo de clarinete de Paquito D’Ribera y las posteriores líneas de vibráfono de Omar Sosa, y guardarlo en el cajón como grato recuerdo del disco;
  • · Recomendar esta grabación a quienes sepamos que disfrutan fervorosamente con los discos de Carlinhos Brown. Nos agradecerán que en su colección musical aparezca Omar Sosa;
  • · No darle excesiva importancia a la música (defecto que yo mismo sufro), y, sencillamente, dejarse llevar.

Sergio Masferrer


Anthony Wonsey Trio - Blues For Hiroshi

Sharp Nine Records.

Músicos: Anthony Wonsy, Richie Goods y Tony Reedus.

Comentario: Hard Bop. Casi ni Neo, porque esos detalles que distinguen las mejores producciones en los últimos tiempos y en ese estilo aquí casi ni aparecen: rearmonizaciones muy curiosas de standards, anomalías en los tiempos, toques de Funk o incluso de algo de Free en los solos...eso es todo lo que aquí, no hay. Así que quien lo busque, que sea en otro sitio : eso sí, aquí lo que hay es tres músicos de los enciclopédicos, que pueden pasar de una influencia a otra en cada tema o incluso en el mismo, pero partiendo de su estilo personal y el buen gusto de los tres. Eso sí que aquí hay a raudales. Wonsey, curtido los últimos años en la banda de Nicholas Payton, es un pianista de esos forjados en ese mainstream moderno a partir del estudio exhaustivo de todos los pianistas desde Tatum y Hines hasta McCoy y Hancock, evidentemente previo paso por Powell, Hank Jones Flanagan, Wynton Kelly, Ahmad Jamal y todo el resto de estilistas Be Bop y Hard Bop más los habituales toques de esa otra línea de Brubeck, John Lewis y Bill Evans, aquí evidentes en "Waltz For Debby" y "The Peacocks" de Jimmy Rowles, al que podríamos encuadrar en esa escuela o "vía". La gracia, para quien tenga ganas de buscarla, puede estar en el brío inusual más Hard Bop utilizado en los temas más de este otro estilo comentado, o la complejidad armónica y tímbrica utilizada en cambio en los habituales caballos de batalla más Be Bop, como "Relaxin' At The Camarillo" o los tres temas muy "McCoy" del líder, que evidentemente está muy influído por Mulgrew Miller, el más "tyneriano" de la anterior generación, cuya rítmica a menudo habitual es la que Wonsey utiliza en este disco. Richie Goods tocando en un estilo muy parecido a Ron Carter, pero con briznas de absolutamente todos los maestros del contrabajo en su receta, similar a la del líder, como suele ser habitual en él, una pena, porque el día que empiece a hacer una simbiosis entre este estilo tan correcto pero poco original, y el "otro" Goods, el bajista acústico y eléctrico visto en muchas bandas de Funk, Soul y Hip Hop, probablemente la cosa sea más interesante. De Tony Reedus sólo se puede decir que es impecable, tal vez con Cindy Blackman y Lenny White el otro batería capaz de tocar más parecido a Tony Williams, eso sí, sin la originalidad y la "vida" de su idolatrado maestro, aunque hay que reconocer que cada vez toca mejor, y sigue teniendo ese buen gusto que en esta situación y en ese instrumento es más que adecuada. Correcto, bonito, impecable, pero uno más de esos discos que nos parece haber escuchado muchas veces antes, por mucho que nos guste este tipo de música. Se puede hacer tal vez no mejor, pero sí más interesante: que busquen en un recetario menos habitual.

Jorge LG


Litle Axe - Champagne & Grits

Real World.

Músicos: Skip McDonald, Keith Le Blanc, Doug Wimbish, Bernard Fowler, Ghetto Priest, Alan Glen, Junior Delgado, Prithpal Rajpur, Shara Nelson, Chris Difford, Denise Sherwood, Dorie Jackson, Dave Foster, Bernard O'Neil y Clubfoot.

Comentario: Cuarta entrega de Little Axe, o lo que es lo mismo, el proyecto de aplicar las técnicas Dub al Blues de Skip McDonald y sus dos amiguetes Keith Le Blanc y Doug Wimbish. O sea : rítmicas Reggae, muy en estilo del mejor Roots de los años setenta, para mí como para ellos la era dorada de esta música, con riffs y sampleos, solos de guitarra y harmónica muy "roots" también Blues puro y duro, más voces en ese estilo alternadas con las de glorias vivientes del Funk ( Fowler ), Reggae ( Delgado ) y otras provenientes de otros estilos más actuales. La rítmica histórica que formaban Wimbish al bajo y Le Blanc a la batería en los discos de Sugarhill Records y en muchos otros de aquel precioso periodo del primer Hip Hop recién entrados en los ochenta, sigue sin perder nada de la gracia y la magia que tenían,auque aquí se ciñan a tocar esta otra música que ya sabemos todos que dominan como pocos desde su reunión con McDonald en Tackhead y Dub Syndicate. Poco se puede decir de los tres "jefes" en este asunto : aunque a quién los escuche no le vaya mucho el Reggae, lo hacen tan distinto y tan increíble que no aburren ni al más reacio a esta música. La conexión entre el Blues y el Reggae está logradísima, y esto tampoco es tan sorprendente...al fin y al cabo, los coros que escuchamos en este disco tan curioso suenan mucho a Gospel ( como en el mejor Reggae de esa época de los setenta ) o a ese espacio difuso entre éste y el Blues (Fred McDowell, Blind Willie Johnson), o a la clara evolución de ello en el posterior Soul y Funk, evidente en los P-Funk cuyo espíritu, al igual que en muchas otras producciones en parte por ello interesantes, planea sobre este disco también. En resumen, un disco maravilloso, con la fórmula de los tres anteriores, que también lo eran, nada agotada, si acaso evolucionada y refinada a base de lo mejor de todas las músicas metidas en esta estupenda coctelera.

Jorge LG


Marc Copland With Greg Osby - Night Call

Nagel Heyer.

Comentario: Segunda parte del dúo tan curioso entre estos dos músicos de hace apenas un año, y vaya si han madurado la cosa... así como en aquél el concepto del dúo se veía un poco diluido por la colisión entre sus dos estilos tan diferentes, tanto como compositores como en el aspecto solista, aquí la cosa es otro cantar. El otro, a pesar de todo y debido a la talla enorme de estos dos músicos, de lo mejorcito del panorama, era un discazo: éste es una obra maestra. Este sí que merece estar en la balda de honor cuando consigáis sacarlo de la pletina, junto a esos dúos saxo y piano maravillosos grabados en los últimos veinte o treinta años, como los de Adams y Pullen, Marion Brown o Archie Shepp y Waldron, Art Pepper y George Cables, Stan Getz y Kenny Barron, Murray y Arvanitas...esto es una maravilla. Se reparten los temas entre los dos como la otra vez, menos un final apoteósico con un impresionante "Soul Eyes" de Waldron, pero así
como la otra vez los de Copland sonaban a Copland, y en ellos Osby sonaba a demasiado "invitado", aunque tocase delicioso y como una fiera, y viceversa, aquí, o bien se lo han pensado más detenidamente a la hora de elegirlos y arreglarlos, después del otro disco, o bien es que los de aquí van sencillamente mejor al dúo, o nada más y nada menos que esa magia que a veces aparece en algunas sesiones y las hace irrepetibles aquí estaba por todas partes en el estudio este tres de Noviembre del 2003. Copland cada vez más se revela, tal vez junto a Fred Hersch, como uno de los más brillantes pianistas en este nuevo siglo, en ese grupo de investigadores de aquello que comenzaron Paul Bley, Keith Jarret y otros muchos a hacer avanzar a partir de Bill Evans, y que ahora mismo puede estar en cualquier sitio menos en una vía muerta, y de Osby no nos vamos a andar con tonterías y vamos a admitir que junto con su colega en su "movidita", Steve Coleman, son probablemente los dos altos con más empaque desde la generación anterior en la que el instrumento tuvo unos exponentes magníficos como Braxton, Hemphill, Carlos Ward, Blythe,Lake, Threadgill, Rob Brown y tantos otros. Además aquí parece totalmente contagiado de ese "poder", esa tranquila y aplastante fuerza serena de la música de Copland que tanto impresiona en los dos. Una maravilla : estoy gastando la tecla del "replay" estos días con este disco, y creo que a la mayoría de los que lo escuchéis os va a pasar parecido.

Jorge LG


Fes (Flat Earth Society) – Isms

Ipecac Recordings.

Músicos: Stefaan Blancke, Benjamin Boutreur, David Bovée, Jan De Vacker, Leonard De Graeve, Anja Kowalski, Pieter Lamotte, Bart Maris, Michel Mast, Marc Meeuwissen, Eric Morel, Roel Poriau, Kristof Roseeuw, Peter Vnaderberghe, Danny Van Hoeck, Luc Van Lieshout, Bruno Vansina, Teun Verbruggen, Peter Vermeersch, Wim Willaert, Tom Wouters y Heliogabal Cast Choir.

Comentario: Esto sí que es el más potente Jazz que he escuchado hecho por europeos en mucho tiempo... impresionante. Una banda al parecer dirigida desde Bégica, llena de músicos jóvenes casi desconocidos, y producida por el omnipresente Mike Patton para su sello. Patton está que no para...sobre todo desde que anda haciendo cosas en los últimos años con John Zorn (cuya influencia es aquí evidente), con quien debe de compartir el camello que les suministra esa estupenda droga desconocida que les debe permitir no dormir ni descansar, para meterse en la multitud de proyectos dispares en los que andan los dos, que parece que tienen una competición particular en ver cual de ellos nos arruina más rápido a base de sacar al mercado más cosas increíbles. El día que otros músicos descubran esa sustancia que los hace hiperproductivos se va a saturar el mercado...de maravillas. Este artefacto es prodigioso : suena a veces a Zorn ( y a Patton ), pero también recoge muchas influencias de los últimos años a las que por lo general aquí en Europa no les hacemos mucho caso, más por una barrera de prejuicios que por una distancia que ya no existe en este mundo tan "pequeño". Retazos de Hal Wilner, también del mejor Gil Evans, a veces incluso la música puede recordar a George Russell y a la Carla Bley más divertida y menos pretenciosa. Los músicos están impresionantes: los "scores" no tienen ninguna pinta de fáciles de interpretar, y los tíos lo hacen con una soltura que ríete tú de la Lincoln, y las secciones encuentran en todo momento el sonido perfecto para cada episodio, que en este tipo de desarrollos muy "a la Zorn", son muy cambiantes. La rítmica es especialmente asombrosa, sobre todo el bajista, Kristof Roseeuw, pero también hay que decir que el sonido es tan impactante, la grabación tan perfecta que lo que asombra es la claridad con la que la rítmica se escucha siempre para ser una formación tan grande. Mérito también de quién ejerza de arreglista, que aquí ha hecho un trabajo soberbio, impecable. Lo mejor que hemos escuchado por estos sitios donde la música está tan estereotipada en años... basta que aparezca un disco tan original para que la sensación de aburrimiento que transmite mucho del Jazz hecho en nuestro continente se haga más evidente. Que siga funcionando tan bien el camello ese de Patton y Zorn...por muchos años. Esa droga sí que no hay que prohibirla, hay que subvencionarla. Y la compra de discos como estos también, porque si no sólo ellos dos, Patton y Zorn, nos pueden hacer estragos en la economía de cada cual.

Jorge LG


Monk Hughes & The Outher Realm - A Tribute To Broyher Weldon

Stones Throw Records

Comentario: Weldon Irvine nació en 1943 en Hampton, Virginia, donde se crió muy influenciado por su abuela, pianista y violinista. De niño empezó su carrera musical como cantante soprano en un coro de gospel, música que le marcó desde entonces para siempre. Enseguida empezó a tocar el piano, y aún estudiante, y ya muy centrado en componer música además de tocarla, entra en la banda de Nina Simone en el 68 como organista y se convierte en su "Billy Strayhorn". Componen juntos "(To Be) Young, Gifted And Black" y "Revolution" entre otras muchas cosas a lo largo de los seis o siete años en los que colabora con Simone como arreglista, co-compositor, co-director de su banda, y tocando el órgano y los teclados eléctricos en muchos de sus mejores discos para RCA en esos años. Al mismo tiempo graba al principio en un sello pequeño sus autoproducciones extrañas, mezcla de Jazz espiritual, Hard Bop y Soul Jazz con su peculiar trasfondo Gospel, y después tres discos más ambiciosos en una línea Soul Jazz o Funk muy personal, ya en RCA...son discos que entre los coleccionistas de ese periodo tan creativo dentro de la música popular afroamericana, mediados de los setenta, se han vuelto míticos. No tuvieron mucho éxito comercial, así que de la RCA pasó enseguida a sus autoproducciones de nuevo, y a continuar una oscura carrera como pianista ocasional y arreglista de gente como Richard Groove Holmes... en esos años lo que sí hacía era componer extrañas canciones como decía él a medio camino entre la música de James Brown y Miles Davis.

En los noventa, el mundo del Hip Hop lo redescubrió: primero los autores de la vertiente más creativa en el área de la bahía de San Francisco, por ejemplo Greyboy y sus colegas que publicaron en el 95 una recopilación de algunos de sus temas para su sello Ubiquity, y al poco empezó a colaborar con lo mejor del Hip Hop de la costa este, sobre todo con Mos Def y Talib Kweli, en cuyos discos tocó y metió mucha mano como arreglista. Se rumoreaba que estaba haciendo cosas increíbles en ese campo de la fusión con ese tipo de artistas, cuando de repente, en pleno redescubrimiento de su música, en parte por los aficionados japoneses que disfrutaban de las reediciones de sus discos de RCA, murió. Este homenaje es un disco extraño, como todos los de su autor. Monk Hughes se supone que es el bajista del Yesterdays New Quintet de Madlib, alias Quasimoto, en realidad Otis Jackson Jr, batería y líder del grupo que completan el teclista Joe McDuphrey y el percusionista y también teclista Morgan Adams III... que como Hughes, no existen, ya que en realidad el grupo es un invento del multiinstrumentista, deejay y productor, que es quien toca toda la música del disco. Y es que Jackson es un músico asombroso, muy buen batería, excelente teclista y bajista, y además, un percusionista con una gran debilidad por las kalimbas, y todas las especies de vibráfonos, marimbas y hubkaphones, que domina de forma apabullante. De casta le viene al galgo, porque es sobrino de John Faddis y miembro de una familia plagada de buenos músicos. Como DJ tampoco tiene desperdicio, ya que además de un prodigioso scratcher, es el autor de una de las mejores recopilaciones con mezclas jamás creada, en concreto la que hizo como Madlib dedicada al sello mítico del primer Reggae, Studio One. En este estilo hizo hace un par de años otro disco estupendo con versiones galácticas de Stevie Wonder, donde ya se intuía otra gran influencia que aquí resulta evidente: adora a Sun Ra, y no sería extraño que fuese el mítico músico de Saturno el siguiente adjudicatario de otro precioso homenaje como este, que si hay que describirlo de alguna forma yo diría que es un cruce entre la música más extraña y vanguardista de Ra con el sonido también muy galáctico de producciones de los setenta como las de los hermanos Mizell (esas cosas fantásticas que hicieron en Blue Note con Bonald Byrd, por ejemplo), pero personalizado con los ritmos más rotos y descompuestos del Hip Hop, sello del autor. Y la música de Irvine no es una disculpa, la interpreta originalmente pero con un inmenso respeto. No es un disco nada fácil, pero es más que interesante, pero que nadie busque aquí música de fondo...a esto o le prestas atención o no te enteras de nada, porque está plagado de ideas, y entre las que tienen Jackson, Quasimoto, Madlib, y sus tres colegas, aunque no existan, aquí hay mucha sustancia. Y si os gusta Sun Ra, este el disco que estará poniendo más este mes en su emisora radiando buenas radiaciones desde Saturno. Seguro.

Jorge LG


Lincoln Center Jazz Orchestra with Wynton Marsalis - A Love Supreme

Palmetto.

Músicos: Wynton Marsalis, Lew Soloff, Ryan Kisor, Marcus Printup, Wes Anderson, Ted Nash, Walter Blanding, Victor Goines, Joe Temperley, Ronald Westray, Vincent Gardner, Andre Hayward, Eric Lewis, Carlos Henriquez, Herlin Riley

Comentario: Este disco sí que hay que abordarlo sin prejuicios: la Lincoln interpretando con arreglos de Marsalis algo como "A Love Supreme" es algo como para que cualquier aficionado un poco inquieto se tema lo peor. Sobre todo porque aunque todos estemos de acuerdo en que esta música maravillosa se toque como homenaje, el asunto de trasladar la "pieza" a una gran formación que al final es una Big Band, con todo lo bueno y lo malo que esto tiene... es más discutible. Yo intento no rechazarlo sin más. Me lo pongo, y lo que siento es indescriptible, me puede hacer gracia escuchar esta música, que ya está impresa en nuestro ADN de aficionados al Jazz, durante diez segundos en una forma tan distinta de la original, pero estos arreglos donde el peso de una tradición que desde Ellington y Fletcher Henderson fue desapareciendo como cuerpo fundamental de la música, que ya en la era del Be Bop, y no digamos en la que se creó la obra maestra de Coltrane, tenía poco que ver con por dónde iban los tiros es... como poco, incongruente. Es una sensación extrañísima, como si a alguien le diese en el mundo de la clásica por interpretar la música de Steve Reich intentando que sonase en parte como la de Mozart. Sobre todo lo que al final de la cuarta o quinta escucha pienso es que así como esto puede tener mucho sentido en directo tocado en el nuevo auditorio del Lincoln Center, como homenaje o mejor dicho, que la palabra que utilizaría Wynton expresa mejor lo que quiero decir, "rendition" a una obra por la cual el respeto de Marsalis es como poco respetable (valga la redundancia) pero...¿en disco? No entiendo cual es el objetivo, aparte de que unos cuantos enfermos que lo compran todo, como un servidor, dejen unos duros (perdón, euros) al comprárselo para al final de unas cuantas escuchas, dejarse de tonterías y ponerse el original, que es el mejor homenaje que podemos hacerle a Coltrane, escuchar las maravillas que nos dejó grabadas como legado. Eso sí... bien tocado es poco, el trabajo de hacer semejantes arreglos, ímprobo, grabado impecable... pero en eso no consiste la cosa, humildemente... creo yo. Y también creo que no voy a ser el único en pensarlo.

Jorge LG


David Murray & The Gwo-Ka Masters featuring Pharoah Sanders – Gwotet

Justin Time Records.

Músicos: David Murray, Pharoah Sanders, Klod Kiavue, Christian Laviso, Hervé Sambe, François Ladrezeau, Jaribu Sahid, Hamid Drake, Alexander Brown, Carlos Sonduy Dimet, Angel Ballester, Leonardo Alarcon, Moises Marquez Leyva, Elpidio Chappotin Delgado.

Comentario: David Murray en su nuevo disco con los maestros de la música criolla de Guadalupe, pero esta segunda vez todavía más lioso el asunto, buscando una mezcla entre su música de siempre, la de invitados muy amigos del panfolklorismo como Pharoah Sanders, y músicos de todo el caribe, y además con el líder empeñado en hacer discos basados en unir cuantos más elementos de esa diáspora de la música en la que él cree, desde Africa hasta todas las formas criollas o relacionadas con la santería. Peligro: posible dispersión. Resultado: de eso nada. Murray está soberbio, y la alternancia entre sus solos y los del gran "faraón" es sublime, e inteligente por su parte, porque no imagino otro saxofonista de la generación de Sanders más diferente y parecido a la vez a Murray. La rítmica elegida es perfecta, con un equilibrio entre un Jaribu Sahid del que yo al menos desconocía esta capacidad para tocar Funk al bajo eléctrico, un Hamid Drake cuyas múltiples influencias y su capacidad de tocar como nadie ritmos africanos, funk y lo que sea con unidad es apabullante, y esas guitarras de Laviso y Sambe ejecutando la variación africana de los juegos a dos guitarras de la banda de James Brown que dieron origen a lo mejor de la música de ese continente en los sesenta y setenta, forman una unidad asombrosa. Los "detallitos" que aportan los saxofonistas y trompetistas que tan poco decían en la Big Band latina de Murray tampoco son a despreciar, salpimentando un disco que tal vez sea el mejor desde que Murray, tras su época gloriosa con los cuartetos, octetos y big bands clásicos, y sus encuentros a lo largo de los ochenta y noventa con otras figuras de la "transvanguardia" del Jazz, pasase unos años buscando en la música eléctrica de Miles, el Soul, el Soul Jazz, lo africano y lo latino, y tantas otras cosas con las que ha intentado salir de su anterior periodo. Aquí todo ello da fruto, en uno de los mejores discos del año, lleno de ritmo, solos preciosos, arreglos sorprendentes y una jovialidad que... eso sí que ha estado siempre en la gran música que Murray ha hecho. Y como punto final, siempre hemos discutido sus fans si como clarinetista bajo era o no era tan brillante, ya que a algunos nos parecía que en realidad lo único que hacía era trasladar su lenguaje personalísimo al tenor a este otro instrumento, pero rectificar es de sabios, dicen, y tengo que admitir que las veces que aquí coge ese instrumento, la personalidad que le imprime a la decisión es increíble. Sobre cómo toca el tenor hace años que no me quedan adjetivos superlativos para describirlo... es uno de los grandes, muy grandes, de la historia del
instrumento, desde los ochenta, y aquí está...terrible.

Jorge LG


John Zorn – Magick

Tzadik

Músicos: Jennifer Choi, Jesse Mills, Richard O'Neill, Fred Sherry, Mike Lowenstern y Tim Smith

Comentario: Y seguimos arruinando a sus fanáticos sacando discos a ese ritmo infernal sobre todo desde su 50 cumpleaños tan bien celebrado... ahora toca una especie de suite para cuarteto de cuerda en cinco partes, más una pieza de casi nueve minutos para dos clarinetes bajos. La primera es una obra soberbia, con aquel espíritu de cambio o mutación de las piezas tan influída por la música de Carl Stalling y las bandas sonoras de dibujos animados como los de Hanna Barbera, pero más "reposado", más calmado, con menos brusquedad en los cambios que antaño, y más longitud en el desarrollo de las partes. Las melodías suenan como siempre en la música de Zorn, a esa tradición judía que él siempre ha defendido, pero también, como en toda su obra para instrumentos de cuerda, incluídas sus piezas para guitarras, a otros compositores de la generación anterior a la suya, como Reich y Riley. Armónicamente, es similar a la música de la mayoría de los compositores contemporáneos que indagan todas las posibilidades de lo armónico junto a lo no armónico o más disonante, en un espíritu muy cercano al de la variación de esta música que es gran parte de la llamada música improvisada europea, cuyos seguidores van a disfrutar mucho de este disco. Los instrumentistas son más que impecables, y sobre todo destaca ese sonido magnífico de Jennifer Choi hasta en las partes más disonantes, y su equilibrio en las entradas a las partes más "suaves", y Sherry aporta el caracter rítmico fundamental necesario en un chelista cuando aborda piezas con tantas partes en agersivos y rítmicos pizzicatos, con ese sonido grave y denso que sostiene "por debajo" toda la sección cuando tocan así. La otra parte del disco, el dúo para los clarinetes, es muy distinta, aunque ya hemos escuchado cosas en esa línea en, por ejemplo, algunas de sus bandas sonoras, reales o ficticias, o sea sus "Film Works". ¿Hay alguna faceta de la música que no hayamos escuchado en su inmensa obra? Suena a Dolphy (inevitable) interpretando música contemporánea, y sus dos intérpretes son, como no podría ser de otra forma, más que solventes. La música sube y baja de registro, con un ritmo saltarín poco novedoso pero con ese fondo imperceptible a veces pero que ahí está de toda la rica tradición del clarinete en la música kletzmer que es parte de lo que más ha "mamdo" Zorn, y como en la parte anterior, las melodías de Zorn se parecen todas, pero nunca son iguales, es un tipo lleno de música, y lo que le queda. Música contemporánea estupenda. No es Jazz, ni falta que hace, para eso tiene Zorn otros doscientos proyectos. Pero a los amantes de eso mal llamado (en mi opinión) Jazz europeo, les va a encantar. Y a mi también, por desgracia para mi bolsillo, otra vez, y van este año...¿cuantas, maldito Sr. Zorn ? Perdón: olvidaba que no le gusta este tratamiento, aunque ya hayamos celebrado tanto y tan bien, sus cincuenta añitos. ¿Los sesenta van a ser también así? Pues habrá que ir pidiendo un crédito al banco.

Jorge LG


Yohimbe Brothers - The Tao Of Yo

Thirsty Ear.

Músicos: Vernon Reid y DJ Logic con Latasha Nevada Diggs, Shantyman, Jared Nickerson, Deantoni Parks, Traz, Snook, Maya Jenkins, Graham Haynes, Eddie Hall, Taylor McFerrin, Bos Omega, Christian Castagno y Danny Blume

Comentario: Vernon Reid y Jason Kibler ( Logic ) atacan de nuevo: amantes de las cosas categorizables y los proyectos suaves y homogéneos... abstenerse. Esto es para los que disfrutamos de las últimas mutaciones de la gran música negra, muchas de las cuales tuvieron su origen en la Black Rock Coalition organizada por Reid. A los que el anterior disco del dúo os pareciese "demasiado", aviso a navegantes... éste todavía va más allá. No se cortan un pelo: empiezan con una especie de perversión de un ritmo típico del "ragga", sobre el que las voces suenan como a esos coritos perversos también que hacía nuestro padre de nosotros todos George Clinton, luego aparece el típico himno moderno con ese sonido inimitable de Reid en un solazo casi sin improvisación ni falta que le hace... después en la siguiente pasamos a una colisión brillante entre el Rock más negro con el Hip Hop y siempre como fondo el universo de los P-Funk de Clinton, muy en la línea de lo que está haciendo Mos Def... No hay tregua. Un tema tras otro aparecen retazos del Miles más salvaje de los setenta, el más alucinado por las drogas Sly Stone, la música de Fela, el Funk, el Hip Hop, el Reggae... la salsa, y hasta el flamenco, por supuesto espléndidamente pervertido con sentido del humor con un Vernon Reid a la acústica haciendo "hispanoladas" a su manera, más cachonda de lo que lo hubiese hecho Sun Ra incluso, con un zapateado de fondo bien divertido. Solos de Graham Haynes y otros colegas, y no sé en que medida habrán colaborado los que faltaban, los dos "freaks" de Goodandevil, o sea, Christian Castagno y Danny Blume, pero el resultado de todo, aunque parezca increíble, tiene mucha unidad. Un discazo...además está bien que caiga una cosa tan rara como este disco para empezar bien el año. Para gente sin etiquetas. Sun Ra se lo tiene que estar pasando en grande viendo desde Saturno como se distribuye la esencia de sus espíritu por tantas y tan diferentes músicas. Me alegro... que siga así el año.

Jorge LG


Hugh Ragin – Revelation

Justin Time.

Músicos: Hugh Ragin con Assif Tsahar, William Parker y Hamid Drake.

Comentario: Somos muchos a los que se nos alargan los dientes cada vez que vemos que Wiliam Parker y Hamid Drake aparecen juntos en un disco o un concierto, ya que para muchos esta es una de las mejores parejas rítmicas de la tierra, así que las expectativas en este caso eran tremendas. Pues a mí me ha decepcionado. No por ellos, que están sublimes, como no podría ser de otra forma, ni por cómo toca el líder, que me parece un fantástico solista, pero es que además las otras cosas que ha hecho antes como líder fuera de la banda de David Murray me han parecido más interesantes que este disco.

Esto es una "blowing session" y punto, con todo lo bueno y lo malo de algo así. Lo bueno, que se dedican los tres a tocar como salvajes, aunque el cuarto es un Tsahar al que yo no le veo la gracia por ningún lado. Toca muy bien, pero nada más, al lado de la personalidad que tienen los que le rodean, se queda diluido, como poco. El problema por el que tantas veces discutimos los aficionados al Jazz, de lo estereotipado del lenguaje, está muy presente en este disco : tocan fantásticamente bien, pero... como siempre. Hace falta algo más para hacer un gran disco. Seguramente veo esto en un concierto y me encanta, porque en el momento es glorioso, pero lo escucho en casa una vez detrás de otra y me invade una sensación de dejá vu que no me gusta nada, sobre todo porque creo firmemente que estos tres músicos (el cuarto...el tiempo lo dirá) a los que tantos seguimos la pista hace ya mucho, son capaces de mucho más. Esto no es una crítica, es un piropo: ¡son Hamid Drake, Ragin y Parker! Les amo tanto que espero más... cuidado, que el disco hay que escucharlo, tiene momentos terribles, como la línea de Parker en la segunda parte del solo de Ragin en el segundo tema, con un Drake más polirrítmico que nunca a la vez, o la intro al tercero con una parte de clarinete bajo muy bien tocada por Asif Tahar sobre el arco inmenso de Parker para que llegue Ragin con ese sonido tan bonito a cantar la melodía del tema, precioso, o el comienzo de una de esas marchas casi militares que Ragin adora con Drake haciendo variaciones sobre el ritmo marcial en el cuarto como una bestia durante cuatro increíbles minutos... o oir una vez más a mi pareja favorita haciendo a su manera la "walking line" más clásica para que suene más nueva que nunca en el sexto tema... Vamos, que el disco es buenísimo, pero hoy tengo el día muy exigente, y con unos músicos tan extraordinarios no quiero algo tan bueno, sino mejor. Eso sí: se ponen los cuatro a hacer bromas en un estudio, y dan mil vueltas a casi todo lo que se escucha por aquí en Europa imitando esta música que es más afroamericana que un discurso de Malcolm X, que es a lo que suena por los cuatro costados. Y ahí está su virtud... y su defecto. Ya no estamos en aquellos años de aquellos discursos, pero aquí que nadie se piense tampoco que hay nadie de broma.

Jorge LG


Adam Lane & John Tchicai - DOS

CIMP, 2003

Comentario: John Tchicai es un nombre con resonancias a free jazz. Histórico y actual. A contracorriente del flujo normal de emigración de músicos de jazz de América hacia Europa, con Tchicai sucedió precisamente lo contrario. De su Dinamarca natal, Tchicai emigró a Estados Unidos, donde desarrolló la parte más importante de su carrera, iniciada en los agitados años 60. En aquellos años, la New Thing era la principal consigna y Albert Ayler sacudía el confort en que el bop tenía acomodado al jazz. Era el tiempo de “New York Eye and Ear Control” y de “Ascension”. Del New York Contemporaty Five, formación capitaneada por Archie Shepp y que también integraban Don Cherry, Ted Curson, Ronnie Boykins y Sunny Murray, y del New York Art Quartet, con Roswell Rudd, Lewis Worell y Milford Graves. En todos esos proyectos Tchicai dejó huellas de su soplo vocalizado, su inventiva y su talento creativo.

De regreso a Copenhague, Tchicai pasó a ser una referencia fundamental del modernismo vanguardista de los años 70 en Europa. En 1988, de nuevo en EE UU, participó en el estreno discográfico de Charles Gayle,”Always Born” (Silkheart). Desde entonces, ha alternado entre Europa (Francia) y el calor de la escena improvisadora californiana. De donde emerge Adam Lane, procedente de Los Ángeles.

Nacido en 1968 en Nueva York, Adam Lane es un contrabajista de la nueva generación de improvisadores, con una gran formación académica y un amplio rodaje, que ha hecho con los grandes de su profesión y de las artes de la composición, entres los cuales figuran Anthony Braxton y Wadada Leo Smith. Su sonido combina múltiples referencias: un fuerte vínculo con el territorio de Charles Mingus y una calidad orquestal y de arreglos que procede de Duke Ellington y de la escuela europea, que tiene como una de sus características intrínsecas la utilización de las convenciones del jazz y de la música de cámara. Un caso paradigmático de la práctica musical de Adam Lane, ex alumno de la Wesleyan University es el trabajo de escritura que hizo en la fabulosa Full Throttle Orchestra, una big band free de altos vuelos. Omnívoro en sus gustos como oyente, en Adam Lane se notan unos hábitos de escucha diversos, que van del rock a la clásica contemporánea.

A caballo entre San Francisco y Nueva York en esta fase de su carrera, Adam Lane participa en un sinfín de proyectos musicales y grabaciones de discos. Bob Rusch, productor ejecutivo de CIMP, produjo discos de Full Throttle y grabó al cuarteto liderado por Lane, lo que dio origen al disco “Fo(u)r Beeing(s)” con los veteranos John Tchicai, Paul Smoker y Barry Altschul.

Tras este disco de Octubre de 2002 Adam Lane y John Tchicai se volvieron a encontrar para grabar en casa de Rusch, reunión que dio origen a una sesión cálida e intimista, sin ningún vestigio de algarabía free. En “DOS”, dos músicos pertenecientes a generaciones muy diferentes comulgan con el mismo ideario y práctica musical. Son capaces tanto de escuchar lo que el otro tiene que decir, como de responder a los motivos que van siendo lanzados sucesivamente para una discusión en torno a melodías de sabor más europeo que americano. Lane y Tchicai llevan al oyente al centro de operaciones, convirtiéndolo en un protagonista de la acción. Así pues, “DOS” es un disco agradable de escuchar y una buena oportunidad para confrontar, en 10 temas originales, los talentos de dos improvisadores notables. Uno, cuya aura viene del pasado, y otro que, vistos los pasos seguros que da en el presente, seguramente pertenece al puñado de constructores del futuro del jazz. Técnica, fuerza, confianza y autoridad y ganas de explorar es algo que no le falta a Adam Lane. Este disco es una buena prueba de ello. Quien no crea en el futuro del jazz y prefiera la glorificación del pasado también tiene aquí varios motivos de interés estético. Tampoco falta el swing. Incluso la grabación de CIMP, que en ocasiones son ingratas cuando se trata de captar pormenores que se pierden por falta de tratamiento sonoro en la postproducción, parece querer ayudar a la realización de esta tarea. Sorprendentemente, el sonido del contrabajo se presenta espeso y voluminoso como conviene, y no hay detalle, sutileza tímbrica o armónica que se pierda.

Eduardo Chagas. Publicada en Portugués originalmente en http://jazzearredores.blogspot.com/ Traducido por Diego Sánchez Cascado y José Francisco Tapiz.


Whit Dickey Quartet – Coalescence

Clean Feed

Comentario: Whit Dickey es un batería free con muy buen gusto. Lo escuché por primera vez en 1998 liderando el trío con el que grabó “Transonic” para AUM Fidelity (con Rob Brown y Chris Lightcap). Después de eso, le seguí la pista hasta el David S. Ware Quartet, formación que, a lo largo de su existencia, ha tenido otros tres grandes baterías: Marc Edwards, Susie Ibarra y Guillermo E. Brown. De los tres, Whit Dickey fue el que mejor sirvió para construir el sonido de David S. Ware, exponente del free jazz de la era postcoltrane. “Coalescence” nos devuelve al maestro Dickey al frente de un combo energético que incluye a Rob Brown, saxo alto de algunas de las formaciones más importantes de Nueva York, entre las que destaca la Little Huey Creative Music Orchestra de William Parker. Brown posee el timbre de saxo alto que más aprecio; por varias razones, entre ellas la referencia ornettiana, el estilo estridente que ya se notaba en la primera grabación de Dickey, los espacios breves entre notas característicos y una "llama" muy viva.

Por otro lado, el alto de Brown casa bien con la trompeta de Roy Campbell, claramente el rey de esta fiesta, que realiza las principales partes improvisadas y también impulsa al cuarteto hacia sus mejores momentos de improvisación colectiva. Joe Morris ha empezado hace poco con el contrabajo viniendo de la guitarra. Sorprendentemente o no, en poco tiempo parece haberse puesto al día respecto a las evoluciones más recientes en la técnica del instrumento. Está iniciando su carrera con la seguridad que le proporciona su estatuto de contrabajista de pleno derecho en la escena neoyorquina, al mismo nivel que músicos veteranos que no han tocado otro instrumento. Conceptualmente, en “Coalescence” no hay nada particularmente nuevo, ni siquiera muy reciente. Pero no es eso lo que aquí importa. Lo que se escucha es free jazz de segunda o tercera generación, que proviene del bop (freebop, así se ha terminado por llamar al resultado) con un swing fuera de lo común. Las cuatro composiciones de Dickey (“Mojo Rising”, “Coalescence 1”, “Steam” y “Coalescence 2”) son de construcción simple y estructura abierta. La exposición del tema, meras sugerencias melódicas muy breves, es seguida por amplios espacios para la improvisación individual y colectiva.

Con “Coalescence”, Whit Dickey consigue al mismo tiempo homenajear al pasado, mediante una referencia expresa o indirecta a los estilos de composición e improvisación de Ornette y Monk, y crear una obra que se abre hacia el futuro del free jazz, por mucho que muchos lo den por muerto. Bien vivo, “Coalescence” es un disco sólido y de buena factura, que deja una impresión agradable y duradera.

Eduardo Chagas. Publicada en Portugués originalmente en http://jazzearredores.blogspot.com/ Traducido por Diego Sánchez Cascado y José Francisco Tapiz.



Rabih Abou-Khalil - Roots & Sprouts

Músicos: Rabih Abou-Khalil (oud); Selim Kusur (nay); Yassin El-Achek (violin); Glen Moore (bass); Glen Velez (frame drums); Mohammad Al-Sous (darabukka)

Composiciones: Rememberig Machghara; Walking On Air; Nida; Revelation; Wordless; Sweet rain; Outlook; Caravan; Dreams of a Dying City

Duración: 67:04

Grabado en 1990. Editado por Enja Records en 1994

ENJ-9373

http://www.enjarecords.com


Comentario: El descubrimiento de Morton’s Foot (Enja Records) en el 2004 nos deja una asignatura pendiente. La escucha y asimilación del disco tan sólo rasga en la superficie de la música de Rabih Abou-Khalil, músico con un largo historial a sus espaldas. Y si el interés suscitado por el disco es profundo, entonces nos veremos en la obligación de escarbar en su discografía e ir destapando el resto de tesoros escondidos. Blue Camel (Enja Records, 1992) es un buen botón de muestra. Sin embargo, esta grabación tiene un inconveniente: Rabih Abou-Khalil se apoya en músicos occidentales de renombre a modo de salvoconducto de entrada en el jazz. Y no es esto lo que estamos buscando. Buscamos las raíces de nuestro hombre, y para este propósito resulta más acertado viajar hasta 1990, año de grabación de Roots & Sprouts, cuyos créditos están llenos de apellidos e instrumentos norteafricanos. Es aquí donde hacemos un alto en el camino, en las raíces y brotes de un Rabih Abou-Khalil alejado aún de Europa y de Estados Unidos.

Nuestro viaje al mediterráneo oriental se compone de nueve cortes. El viaje musical resulta fácil: la base rítmica a cargo de Mohammad Al-Sous (darabukka) y de Glen Velez (pandero o frame drum) son la alfombra mágica que nos transporta por los diferentes paisajes del disco. En los temas existe un permanente diálogo entre los instrumentos solistas: Rabih Abou-Khalil al laúd, Selim Kusur a la flauta y Yassin El-Achek al violín van interpretando de forma concatenada las melodías, consiguiendo temas de enorme belleza y juego musical como “Outlook”. El encantador comienzo de “Walking On Air”, o el melancólico arranque de “Nida”, lleno de notas sacadas de las cuerdas torcidas del violín, o el arrumbador ritmo del laúd en “Revelation”, al que se le van sumando la flauta y el violín, o el acercamiento al mundo occidental con una versión de “Caravan”, son sólo algunas de las peculiaridades que en este disco nos podemos encontrar.

Cerrar los ojos, dormitar, dejar que la mente vuele. “Roots & Sprouts” nos transporta al norte de África en un viaje que carece de prejuicios, de ese lobo creado por Occidente, y que nos hace pensar que pertenecemos al primer mundo, y que por este simple hecho, nuestras raíces son más puras, que somos más persona. Un síntoma más de la estupidez humana.

Sergio Masferrer


Brad Mehldau - Solo piano Live in Tokyo (Edición Japonesa)

Músicos: Brad Mehldau (piano)
Grabado en directo el 15 Febrero de 2003, Sumida Triphony Hall, Tokio.
Nonesuch WPCR-11964/5 2 CD
JAPAN EDITION
(Sin distribución en Europa. IMPORTACIÓN)

Composiciones:
Temas EDICION JAPONESA:
CD 1: Intro, 50 Ways To Leave Your Lover, My Heart Stood Still, Roses Blue, Intro II, Some One To Watch Over Me, Things Behind The Sun.
CD 2: C Tune, Waltz Tune, From This Moment On, Alfie, Monk´s Dream, Paranoid Android, How Long Has This Been Going On, River Man.

Temas Edición Occidental:
Things Behind The Sun, Intro, Some One To Watch Over Me, From This Moment On, Monk´s Dream, Paranoid Android, How Long Has This Been Going On?, River Man.

NOTA: Se ha incluido la relación de temas del CD de la Edición Japonesa (en negrilla los temas que sólo aparecen en esta edición), y del CD de la Edición Occidental, para una mejor comparación de los nuevos temas.

Comentario: No se si se podría calificar de buena o de mala noticia para los aficionados del pianista americano Brad Mehldau, el hecho de que en Japón se haya publicado el nuevo trabajo en solitario de este músico en un doble compacto, es decir, con siete temas nuevos que no aparecen en el CD Occidental.

Es bien sabido por todo aficionado a la música, con independencia del estilo musical que profese, que Japón resulta ser el paraíso para todo buen melómano (en especial de vinilos). Se puede llegar a afirmar, sin ningún tipo de duda, que la afición por la música en Japón roza los límites de la razón y de la sin razón, al profesar un amor casi reverencial por cualquier músico y estilo, lo que conlleva en muchas ocasiones, que aparezcan grabaciones en tiradas limitadas o con material extra (como en el presente caso), y que para su posible adquisición se deba de recurrir a la importación directa desde el Japón, con el consiguiente dispendio económico que ello comporta (en especial en portes). Esta circunstancia es aceptada por la gran mayoría de aficionados a la música (entre ellos los del jazz), que dirigen su mirada al país oriental, al efecto de poder adquirir estas joyas y bienes preciados, que revalorizan toda buena discoteca.

En el caso de Brad Mehldau, en paralelo a la aparición en Occidente de su nuevo trabajo en solitario, Live in Tokio, se publicaba en Japón un doble compacto con lo que parece ser la actuación completa del concierto ofrecido en fecha 15 de Febrero de 2003, en el Sumida Triphony Hall de Tokio. Ello ha comportado como novedad, que en vez de un único compacto, la grabación pasará a ser un doble CD con siete temas nuevos. Su portada y estilismo no ha sufrido variación alguna, sólo la adición de un nuevo compacto con más música y el consabido comentario en hoja anexa “ininteligible” en japonés.

Es por ello que al inicio de este comentario señalaba si era una buena o mala noticia la aparición de este compacto; se podría afirmar inicialmente que es una mala noticia por que su adquisición es difícil, complicada y cara para el aficionado, y buena por otra, por que ello nos concede la posibilidad de disfrutar, de material “extra” (temas todos ellos diferentes de los publicados) de este estupendo concierto por parte de Mehldau. La escucha de este doble compacto nos hace llegar a la conclusión definitiva que se trata de una estupenda noticia el poder disfrutar de este concierto, y presumiblemente al completo, pues parece ser que este compacto no tiene visos de salir publicado por estas latitudes, tal y como ha aparecido en Japón.

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de criticar para este mismo portal el compacto que puede ser adquirido por todo aficionado en cualquier tienda de discos, y a cuyos comentarios me remito de entrada.

Por lo que respecta a la presente edición japonesa y tras una atenta escucha, llegamos a la conclusión que los cortes que se llevaron a cabo para realizar el compacto occidental, cercenaron un concierto que se podría calificar de compensado por la música desarrollada en el mismo. La música adicional de este compacto es principalmente del gusto del pianista, música con claras influencias pop, y que desarrolla temas de Paul Simon “50 Ways To Leave Your Lover”, de Joni Mitchell “Roses Blue”, así como standards de Rodgers y Hart “My Heart Stood Still” o de Bacharach “Alfie”, todo ello aderezado con un par de temas de autoría propia. En ellos se puede apreciar de una forma clara el aire melancólico y trágico, entremezclado con un desarrollo sencillo pero muy sentimental que confiere Mehldau a su música, todo ello estupendamente ejecutado.

La música de este compacto se muestra mucho más reflexiva y sin perder ningún ápice de profundidad y majestuosidad, consigue demostrarnos el carácter melancólico y a veces trágico de la música de Mehldau; así lo podemos apreciar en los primeros cortes del primer cedé “Intro”, “50 Ways To Leave Your Lover” y en especial el tema de Joni Mitchell. Se puede considerar el concierto ofrecido por la edición japonesa en su totalidad como más orgánico, compacto y más cabal. Por el contrario en el cedé occidental, los responsables de la casa discográfica han intentado escrutar el lado más espectacular del concierto, y no han dudado en elegir los cortes en donde la música es más enfática y efectiva, consiguiendo un efecto sonoro del concierto que no se corresponde con la realidad. Hay que realizar una crítica dura a estos responsables, y manifestar la más enérgica protesta por esta actuación que no presenta explicación alguna, pues la grabación podría haber aparecido en occidente en las mismas condiciones que en el mercado japonés.

El total del concierto ofrecido por Mehldau (presumiblemente en su integridad), nos ofrece un músico comprometido con su música, y ante todo un músico comprometido con su forma de entenderla y principalmente de interpretarla. Nos presenta a un músico extraordinariamente maduro pese a su juventud, un músico que se encontró tocado por la varita de los Dioses de la creación, cómodo ante la audiencia a tenor de los extensos minutos de muchos de los temas interpretados y que vació sus dosis de creación en su total amplitud y sin reparos.

La grabación japonesa del concierto de Mehldau nos brinda la posibilidad de escuchar una de las obras que con el tiempo se convertirá en pieza clave en la discografía de este sensacional pianista. Una grabación que todo buen amante a la música de Mehldau debe de buscar y escuchar.

Imprescindible para los aficionados completistas de Brad Mehldau.

Juan Carlos Abelenda.


Zé Eduardo Unit - A Jazzar No Zeca

Músicos: Jesus Santandreu (ts); Bruno Pedroso (bat); Zé Eduardo (double bass)

Composiciones: Era de Noite e Levaram (5:35); Grândola Vila Morena (10:15); Canto Moço (5:59); O Que Faz Falta (6:30); Coro da Primavera (10:35); Traz Outro Amigo Também (6:49); Cantar Alentejano (9:44); Escandinávia-Bar (3:37); Clean Free (3:15)

Duración: 1:02

Todos los temas compuestos por Jose Afonso, excepto "Clean Free", compuesto por Santandreu, Pedroso y Eduardo

Grabado los días 5 y 7 de abril de 2004.

Editado por Clean Feed Records, 2004. http://www.cleanfeed-records.com

Comentario: Contrabajo, batería y saxofón tenor. Ésta es la explosiva combinación seleccionada por Clean Feed Records para sacar a la luz un trabajo de una formación no demasiado convencional. Los nombres: Zé Eduardo, Bruno Pedroso y Jesus Santandreu respectivamente. Tres nombres que se encargan de propagar a los cuatro vientos la máxima de este modesto sello portugués: la improvisación.

Con sólo observar la formación se adivinan las intenciones de la grabación: elegir una línea melódica simple y dejar que el saxo tenor comience a arañar la superficie del tema hasta conseguir abrir las primeras grietas. Una vez conseguido esto, el resto del trabajo resulta sencillo: la gravedad de las notas del contrabajo continuará la ruptura del tema y la batería terminará por dejar sin caparazón la melodía inicial para que, en una segunda embestida, el tenor termine por dispersar el tema en el aire. Y éste, difuminado en gotas, volverá a converger sobre la melodía inicial tan sólo segundos antes de que el reproductor salte a la siguiente pista.

Si bien la anterior fórmula no nos descubre nada del disco (siendo conservador, considero que éste es el pilar sobre el que se construyen el 70% de las grabaciones de jazz desde la aparición del hardbop), son los matices introducidos en cada tema los que consiguen hacer reseñable A Jazzar no Zeca. La contundente tarjeta de presentación “Era de Noite e Levaram”, o los diez minutos de “Grandola Via Morena”, un ejercicio de improvisación estructurado en varios bloques, sobre los cuales Santandreu nos va recordando a un Sonny Rollins desenfadado con melodías de perfil “Blues March”, a un Archie Shepp de timbre gruñón, o a un Coltrane con finales de frase de acento agudo sostenido; ritmos de soul para la batería y wah-wah para el saxofón en “Canto Moço”, o ambientes caribeños en “O Que Faz Falta”; la voz más coltraniana del trío en “Coro da Primavera” y “Cantar Alentejano” o más disonante a lo Ornette Coleman en “Escandinavia-Bar”; y el toque desenfadado de una despedida hasta la próxima grabación de “Clean Free”.

No se me ocurre mejor colofón que concluir con la siguiente pregunta: demostrada la respuesta de este trío en el estudio, ¿cuál es el potencial del mismo en directo? Señores, vayan buscando Zé Eduardo en la agenda de conciertos de su ciudad.

Sergio Masferrer


Alex Spiagin – Equilibrium

Músicos: Alex Sipiagin (trompeta, fluegelhorn), Chris Potter (saxos tenor y soprano), David Binney (saxos alto y soprano), David Kikoski (piano), Scott Colley (contrabajo), Gene Jackson (batería)

Composiciones: Mood 2 (Alex Spiagin), Equilibrium (Alex Sipiagin), Evidence (Thelonious Monk), Sonhando Com O Meu Primeiro Amor (Toninho Horta), Free 1 (Alex Sipiagin / Chris Potter / David Binney), High (Alex Sipiagin), Good Morning (Alex Sipiagin), Blues For Kids (Alex Sipiagin), Free 2 (Alex Sipiagin / Chris Potter / David Binney)
Total Time: 66:06

Grabado el 16 de diciembre de 2003 en Brooklyn, NY, USA por Max Bolleman
Criss Cross

Comentario: Lo bueno del Jazz, es que das una patada al suelo y salen 100 magníficos músicos, como este Alex Sipiagin que no tenía el gusto de conocer y al que seguro no me será fácil de olvidar.

Trompetista refinado de sonido rotundo, claro, y excelente arrebato, Alex Sipiagin con este Equilibrium alcanza su 4º trabajo para el sello Criss Cross. Andadura que comenzó en el 2000 con el disco titulado Steppin' Zone contando en aquel entonces con músicos que hoy repiten como Chris Potter, D.Kikoski y S.Colley .

Trompetista virtuoso de origen ruso afincado en New York ,cuenta para la ocasión con dos de los mejores saxofonista jóvenes de la actualidad, Chris Potter y David Binney.

Mood 2, es el botón de muestra que no indica el camino a seguir. Ya desde las primeras notas percibo, que me encuentro antes un magnifico trabajo de virtuosismo instrumental con excelentes arreglos.

Los metales abren, Sipiagin inicia los solos con el apoyo del fender rhodes de Kikoski y Potter nos lleva directamente a una orgía de notas en su solo de soprano delirante.

En Equilibrium vuelven a destacar los solos de Sipiagin y el tenor de Potter (ambos formaron parte de la big band de Dave Holland poco antes de grabar este disco).

La balada corre a cargo de una composición de uno de los compositores favoritos de Sipiagin, Toninho Horta, Sonhando com o meu primeiro amor. Este tema supone el punto de quietud que no tiene el resto del álbum interpretado a velocidad de vértigo en el que se suceden los solos como si de una placentera e interminable historia se tratase.

Free 1 y Free 2, es un juego de improvisaciones colectivas de Sipiagin, Potter y Binny , en un perfecto diálogo de armonía y entendimiento.

Good Morning, es digno de mención por la inclusión como instrumento solista del fender rhodes de Kikoski,( no mencionado en los cr&eacu