Tim Hagans - Beautiful Lily


Músicos: Tim Hagans (trompeta), Marc Copland (piano), Drew Gress (contrabajo) y Bill Stewart (batería).

Grabado el 20 y el 21 de enero de 2005 en Nueva York y el 22 de junio del mismo año en Munich.

Pirouet. PIT3016.

Comentario: Tras aquel Re-Animation: Live in Montreal (Blue Note, 2000) con Bob Belden, Tim Hagans vuelve a firmar un disco como líder, y lo hace con un álbum totalmente diferente a aquel en el que primaba la fusión. Los sonidos electrónicos han sido sustituidos en esta ocasión por un cuarteto acústico en el que se nota la mano de Jason Seizer, del sello Pirouet, y sobresale la participación de Marc Copland, con quien Hagans colaboró en Softly (Savoy Jazz, 1998).

En Beautiful Lily encontramos un prólogo, dos interludios y un epílogo compuestos por Hagans y Copland que actúan, en cierta medida, como esas versiones diferentes de un mismo tema que el pianista suele incluir en algunos de sus álbumes para espaciar sus contenidos y para imprimirles una mayor unidad. Entre estos cortes, los más breves y abstractos del disco, encontramos cinco temas del trompetista, dos de Copland y una versión del “Footprints” de Wayne Shorter (composición incluida también en dos discos recientes de Copland: Time Within Time y Some Love Songs).

Especialmente reseñables resultan, de Hagans, “Dirty Dozen”, cargada de misterio, “Buck Eyes” y la delicada “Emazing” y, de Copland, una “Doyle’s Foil” con mucho swing y la doliente “The Sun At The Zenith”, inspirada en un texto de Jean-Paul Sartre.

La trompeta de Hagans, en la que suelen señalarse rasgos de Woody Shaw y de Miles Davis, atraviesa el álbum creando densas atmósferas nocturnas con las que el resto del cuarteto interactúa a gusto como un todo, sin que las individuales se desmarquen demasiado, pero dejando constantemente detalles de gran brillo, con Copland funcionando como un inspirado aglutinador.

Este cuarteto, que tan bien le sienta a Hagans, redondea en Beautiful Lily un disco que explora diferentes estados de ánimo con sabor a banda sonora cinematográfica (cosa que no ha de extrañarnos si recordamos que el propio Tim ha declarado que él aspira a contar historias con su trompeta como Alfred Hitchcock lo hacía con su cámara). Un buen álbum que seguramente será algo más que eso: el comienzo para el trompetista de una etapa muy positiva en el sello de Jason Seizer.

Sergio Zeni




Bill Carrothers & Marc Copland - No Choice


Músicos: Bill Carrothers (piano) y Marc Copland (piano).

Grabado en Pernes-les-Fontaines en enero de 2006
Standard Visit, Vol. 1. Minium, 2006.

Comentario: Éste es uno de esos discos que se pueden definir con una sola palabra: comunicación.

Pocas veces he escuchado conversaciones tan lucidas, diálogos tan perfectos o interacción tan elocuente como la de estos dos pianistas.

Bill Carrothers y Marc Copland tienen en común unas cuantas cosas, como su afición por la deconstrucción, su evolución constante y su habilidad para manejarse en lenguajes muy complejos sin perder la compostura ni resultar pedantes.

Asimismo les une el haber publicado el pasado año dos de los mejores álbumes en trío de los últimos tiempos, ambos en la misma discográfica (Carrothers: I Love Paris; Copland: Some Love Songs, Pirouet, 2005). Además de recomendar encarecidamente estos dos títulos, puntualizaremos que otra similitud entre estos dos artistas es su continua relación con sellos europeos por varios motivos, entre los que se encuentra el lamentable desinterés que se muestra en su país por su música. También los dos han trabajado en varias ocasiones con la difunta discográfica Sketch, por lo que cuando surgió Minium de las cenizas de aquella, lo hizo a través de ellos.

También hay que mencionar que los dos son músicos tremendamente personales, valientes y aventureros, Carrothers algo más osado y Copland algo más consciente, pero fascinantes los dos. Aun así, un dúo de pianos es un contexto arriesgado por varias razones: las frecuencias se mezclan, las acentuaciones chocan, los fraseos se persiguen, los ritmos se apelotonan... Todo eso en el peor de los casos, que no es éste. Éste es el mejor.

Desde el primer tema, un “Lonely Woman” que evoca a Ornette con una calma tensa, vemos como dos universos musicales se vuelven uno con cuatro manos y sobre todo, cuatro oídos. Porque este disco va de dos músicos que antes de tocar se escuchan el uno al otro, convirtiendo cada pasaje, hasta el más improvisado, en un alarde de conversación, de asimilación y de creación común perfecta.

Copland y Carrothers, con sus diferentes lenguajes (que lo son), utilizan temas de Ornette, Ellington, Miles, Shorter y Monk para crear música completamente nueva. Eso que persiguen tantos músicos inútilmente, reinterpretar de forma original, se manifiesta en cada minuto de este CD con una naturalidad pasmosa, convirtiéndolo en uno de los discos de piano más impresionantes de los últimos años.

Un disco sin momentos álgidos porque todos ellos lo son, pero del que destacaremos por manías personales un “You and the Night and the Music” titánico, un “Blue in Green” en dos partes escalofriantes, el “Lonely Woman” bicéfalo que abre y cierra el disco y una fantástica revisitación de la genial canción de Neil Young “The Needle and the Damage Done”.

Hay discos que se pueden definir con una sola palabra, pero también se pueden usar varias: conexión, fluidez, genialidad, obra maestra...

Yahvé Mediavilla




Bojan Z - Xenophonia


Músicos: Bojan Zulfikarpasic (piano, Fender Rhodes, xenophone), Remi Vignolo (bajo acústico), Ari Hoenig y Ben Perowsky (batería), Krassen Lutzkanov (kaval).

Grabado en París y Pompignan en diciembre de 2004 y julio de 2005.

Comentario: A pesar de la aparente fertilidad musical de estos últimos tiempos, siempre es una buena noticia la aparición de la nueva obra de un tipo al que podríamos definir como artista inquieto y músico excepcional.

Bojan Z ha intentado, en su relativamente corta carrera como líder, tocar varios palos como compositor e instrumentista. Desde aquel lejano y primerizo Bojan Z Quartet, pasando por los escarceos étnicos en Koreni, el riesgo del piano solo en Solobsession y el inevitable trío en Transpacifik, nuestro hombre ha dado un giro común en los tiempos que corren y ha decidido incorporar la electricidad a su trío.

Ya en Transpacifik había tonteado levemente con el Fender Rhodes, pero en Xenophonia el Rhodes y el denominado “xenophono” (aparentemente un teclado eléctrico con algunos efectos de saturación y modulación) están presentes continuamente en el disco. Más que apoyarse en la diferencia acústica de estos añadidos, la música de Zulfikarpasic queda marcada por la concepción rítmica y armónica de los temas, que es donde esta la verdadera evolución. Con bases en ocasiones extremadamente sencillas, sobre las que Ari Hoenig y Ben Perowsky tejen polirritmos enrevesados cuando se tercia, los dedos de Bojan expanden improvisaciones repletas de ideas claras y concisas que eximen en muchos momentos al pianista de ese innecesario virtuosismo que no necesita demostrar desde hace tiempo. Remi Vignolo nos recuerda que es uno de los bajistas más sólidos del panorama europeo, con una pulsación firme y un sonido contundente que sostiene todo lo que construyen sus compañeros.

Con todos estos elementos, el disco nos ofrece desde un trío contemporáneo inventando colectivamente (“Pendant ce temps...”) a un acercamiento al pop en forma de versión de David Bowie (“Ashes to Ashes”), pasando por samplear espirituales negros de principios de siglo para abrir un blues (“Xenos Blues”) y hacer un guiño a sus raíces con la participación de Krassen Lutzkanov tocando el kaval en un par de temas.

La formula puede recordar en algunos momentos a e.s.t., pero no veamos fantasmas donde no hay más que una aparente similitud formal. Mientras que e.s.t. corre peligro de ser devorado por su propio personaje, la propuesta de Zulfikarpasic es fresca, desprovista de la preciosista perfección del trío nórdico y con el atrevimiento de los músicos que tocan disfrutando, probando cosas sin miedo a fallar, interaccionando arrabaleramente, siendo sucios y sofisticados al mismo tiempo.

El disco puede no ser perfecto, pero no es un proyecto más que suena a los cuatro mismos referentes de siempre. Los instrumentos eléctricos no hay que añadirlos a la música de uno esperando que la música evolucione a través de la sonoridad, hay que asimilarlos y aplicarlos para que al final la personalidad del músico se mantenga sobre la particularidad acústica. En este caso, Bojan Z ha dado un paso adelante en su música y su estilo (cada vez más personal, por cierto) esta detrás de cada nota de este Xenophonia.

Yahvé Mediavilla




Marc Copland with Gary Peacock & Bill Stewart - Modinha (New York Trio Recordings, Vol. 1)


Músicos: Marc Copland (piano), Gary Peacock (contrabajo), Bill Stewart (batería).

Grabado el 11 y el 12 de marzo de 2006.

Pirouet / PIT3018

Comentario: Tras el estupendo Some Love Songs, Pirouet vuelve a lanzar otro título de Marc Copland en trío. Modinha es el primer volumen de New York Trio Recordings, un tríptico que promete grandes momentos y que presentará al pianista al frente de diferentes formaciones. En la segunda entrega se espera nada más y nada menos que a Gary Peacock y a Paul Motian, y en la tercera a Drew Gress y Joechen Rückert, impecables en sus anteriores colaboraciones con Copland (Haunted Heart And Other Ballads y el citado Some Love Songs).

Los dos primeros temas que escuchamos en Modinha ya justifican por sí solos la conveniencia de hacerse con la primera entrega de esta trilogía. Partiendo de una melodía muy simple compuesta por Gary Peacock, “Half a finger snap” exhala swing por los cuatro costados con un ritmo que se te pega a la piel. Los solos de contrabajo y batería dejan claro el peso que el líder de la formación les otorgará durante todo el disco a sus compañeros de viaje. El segundo tema, la canción de Antonio Carlos Jobim que da nombre a este álbum, vuelve a poner de manifiesto el inmenso talento de este pianista para abordar las baladas y para coplandizar cualquier composición que caiga en sus manos. Una versión poética de gran lirismo en la que el sonido empastado de Peacock y las escobillas de Stewart acaban por cerrar un círculo mágico, ocho minutos y diez segundos para enmarcar. Cuando al final el sonido del piano queda suspendido como un eco lejano, uno no sabe si continuar recorriendo el disco o pulsar el botón que nos lleve otra vez al inicio del segundo corte.

Entre los temas que continúan hay tres firmados por el trío, más abstractos y ricos en improvisaciones, en los que se respiran unas ricas tensiones propias de una composición espontánea colectiva: las breves “Flat out” y “Slap Happy” (con una brillante atmósfera percusiva) y la más extensa y angular “Aglasia”; dos títulos de Copland: la intensa y delicada “Rain” (interpretada anteriormente por el pianista en su disco At Night) y la vibrante “Sweet Peach Tree”, y dos standards con los que el grupo cierra el disco con personalidad, elegancia y profundidad: “Yesterdays” (de Jerome Kern) y “Taking A Chance On Love” (de Vernon Duke).

Copland, Peacock y Stewart firman un disco con pasajes de intensa belleza moviéndose en el mainstream del siglo XXI con unas buenas dosis de abstracción. Un álbum quizá demasiado bueno como para esperar hasta Navidad: regálatelo en cuanto puedas.

Sergio Zeni




René Urtreger - Tentatives


Composiciones: “Autumn in New York” (Vernon Duke), “What’s this thing called love?” (Cole Porter), “Laura” (Johnny Mercer y David Raksin), “I’ll remember April” (Don Raye), “Someday my prince will come” (Larry Morey y Frank Churchill), “Dear old Stockholm” (Dean Andres Fryxell), “My funny Valentine” (Rodgers y Hart), “Cherokee” (Ray Noble), “I didn’t know what time it was” (Rodgers y Hart), “Il neige sur Pernes” (René Urtreger)

Músicos: René Urtreger (piano).

Grabado el 26 y el 27 de enero de 2005 en Pernes les Fontaines.
Producido por Philippe Ghielmetti.
Minium Music, 2006.

Comentario: Tentatives es una entrega más de la serie Standard Visit de Minium Music, en la que cada intérprete realiza un recorrido muy personal por aquellas composiciones ya clásicas que, de un modo u otro, han influido en su trayectoria musical.

Urtreger, cercano al bebop y en especial a la figura de Bud Powell, es uno de los grandes nombres del jazz galo y, a sus setenta y dos años, el único músico aún vivo de los que participaron en la mítica Ascenseur pour l'Échafaud.

El gran René Urtreger ha decidido abordar en éste, su tercer álbum en piano solo, una serie de temas que interpretó en su juventud, incluso antes de que el tiempo los convirtiera en estándares, junto a figuras como Miles Davis, Lester Young, Don Byas, Stan Getz, Sonny Rollins, Chet Baker o Dexter Gordon.

Estas tentativas de tocar viejos temas con la frescura de la primera vez se resuelven con gran acierto. El pianista consigue imprimir en sus reconocibles fraseos el cariño que siente por páginas memorables, como “Autumn in New York”, “Laura”, “Dear Old Stockholm” o “Cherokee”.

Sin embargo, el reto de este trabajo consiste en enfocarlas desde un nuevo punto de vista, bajo la convicción de que es posible decir cosas nuevas con palabras antiguas, que la reinterpretación puede aportar un sentido inesperado a un material de sobra conocido.

De este modo, el reencuentro con el pasado produce versiones reposadas, llenas de sabiduría, como “My funny Valentine”, junto a otras rebosantes de elegancia y aplomo, como es el caso de “What’s this thing called love?”.

Una breve improvisación, “Il neige sur Pernes”, evoca el clima de la jornada de grabación en el estudio de la Buissonne à Pernes les Fontaines y cierra este disco sereno y profundo.

Ana Blázquez y Sergio Zeni




Alberto Conde Trío - Andaina


Composiciones: “Trobador”, “Amoriños collín” (Tradicional. Arreglos de Alberto Conde), “Alalá das mariñas” (Tradicional. Arreglos de Alberto Conde), “Arepita con jamón”, “Esencia”, “Mestizo”, “Andaina”, “Astrolabio”, “Teño saudade” (Andrés Dobarro y Xavier Alcalá), “Time remembered” (Bill Evans).
Todos los temas compuestos por Alberto Conde excepto donde se indica.

Músicos: Alberto Conde (piano), Baldo Martínez (contrabajo) y Nirankar Khalsa (batería, derbuka, percusión); con la colaboración especial de Maite Dono (voz) y Cuchús Pimentel (guitarra flamenca).

Grabado los días 10, 11 y 12 de Abril de 2006 en Madrid.

Comentario: Andaina atrapa al oyente desde el primer tema, un oyente que se convertirá en partícipe de un disco que no cesa de transmitir sentimientos, con tres músicos dispuestos a sorprendernos casi a cada compás. Alberto Conde traza sus líneas melódicas con la sensibilidad y el lirismo de un pianista clásico, y muestra además gran capacidad de improvisación. Sería injusto no destacar su labor como compositor y arreglista en este gran disco, donde el pianista, tras composiciones propias y arreglos de temas tradicionales, finaliza con una especie de declaración de intenciones en forma de dos temas: una intervención a piano solo, “Teño saudade”, y en última instancia, el trío revisita a Bill Evans, donde vuelve al sonido que predomina en todo el disco, cargado de elementos melódicos donde los componentes del trío tienen plena libertad para aportar ideas.

En esto último tienen mucho que decir Baldo Martínez y Nirankar Khalsa. El primero se ha convertido en uno de esos músicos cuya aparición en un disco implica la ineludible adquisición del mismo y, en el caso particular que nos ocupa, vuelve a dar la razón a sus seguidores, con gran claridad para entender qué debe tocar en cada momento, por lo que se convierte en ocasiones en gran protagonista. Valga como ejemplo su aportación en “Trobador” y el bello sonido de su arco en el tema que da título al disco. El segundo se muestra como el percusionista-batería ideal para este trío: seguro, imaginativo, cargado de experiencia y recursos y capaz de adaptarse a una bulería o a un alalá. Por otro lado, muy acorde con el contenido del disco resulta la participación de la vocalista Maite Dono (Proyecto Miño de Baldo Martínez) en “Amoriños collín”, y la aportación flamenca de Cuchús Pimentel, quien se integra perfectamente con el trío en “Arepita con jamón”.

Emocionante viaje en el que nos sumerge el trío de Alberto Conde, con un disco lleno de paisajes que, lejos de mostrarse de forma pictórica, se muestra como un crisol de ventanas abiertas, que permite al oyente asomarse y empaparse de sonidos que nacen en diversos puntos geográficos y se funden en bellos horizontes jazzísticos.

Víctor Bobeche




Conjure - Bad Mouth


Composiciones: “Mo Ku Lana, Mo Jinde Loni” (Reed, Hanrahan, Nocentelli), “Conjuring a Calm Between Wars” (Cox, Saunders, Hanrahan), “In War Such Things Happen” (Reed, Hanrahan), “He Picked a Fight with the Haitians” (Reed, Terry), “For Dancer” (Reed, Martinez, Hanrahan), “Bad Mouth” (Reed, Murray), “Tokyo Woman Blues” (Reed, Hart), “Go to Jazz” (Reed, Murray), “Louisiana Red” (Reed, Nocentelli, Hanrahan), “At an Azabu Café” (Reed, Cox, Hanrahan), “Medley: Jack Johnson/Skirt Dance” (Reed, Cox, Hanrahan), “Prayer to Earth” (Reed, Murray).

Músicos: Yosvani Terry (saxo alto, checkere y voz), David Murray (saxo tenor), Billy Bang (violín eléctrico), Leo Nocentelli (guitarra), Alvin Youngblood Hart (voz y guitarra), Anthony Cox (bajo eléctrico), Fernando Saunders (bajo eléctrico y voz), Robby Ameen (batería), Horacio “El Negro” Hernández (batería), Dafnis Prieto (batería), Richie Flores (congas), Pedro Martínez (voz, congas y percusión), Ishmael Reed (voz y recitado), Kip Hanrahan (voz y dirección musical).

Grabado en Englewood, New Jersey, en enero de 2005.
American Clavé 1052/53 (Resistencia)

Comentario: La música asociada a Kip Hanrahan y a su sello American Clavé basa todo su juego en la seducción. Sus ingredientes básicos son un enjambre de percusionistas y vocalistas latinos, un par de resbalantes bajistas eléctricos que coloca bien al frente, colaboraciones de vocalistas enormemente sugestivos, e instrumentistas idiosincrásicos del jazz y el rock. Su modus operandi a la hora de manejar estos ingredientes se basa en crear ensaladas de estilos sobre formas-canción, de forma nada obvia, con gran clase, o plantear largas derivas rítmico-melódicas sobre riffs o frases con efectos adictivos. El aire de lánguida distinción, de delicatessen con el punto cogido, de exquisita selección exótica, siempre planea en todo ello. Hay veces que los resultados pueden ser terriblemente amanerados, un triunfo de diseño sobre sustancia pero, cuando funcionan, la seducción y el apasionamiento cogen como un veneno.

La tercera entrega de Conjure, el grupo de Hanrahan dedicado a los poemas y el mundo de Ishmael Reed, es uno de los casos en los que la estrategia de seducción da frutos. Como director de casting, Hanrahan convoca a un nutrido grupo de músicos de músicos cubanos, al bluesman rural-bohemio Alvin Youngblood Hart, al guitarrista de The Meters Leo Nocentelli y a los jazzmen Anthony Cox, Billy Bang y, de manera crucial, David Murray.

Reed declama sus poemas, mientras Hanrahan, cuya aportación nunca está muy clara más allá de saber combinar estos talentos, musita frases con seductora, acidia cool. Frente a los dos primeros álbumes de la agrupación, Bad Mouth es el más cercano a la estética de Hanrahan, sin ese sabor Nueva Orleans, el enraizamiento bluesy o el toque surreal que aportaban Taj Mahal, Olu Dara, Lester Bowie o Carla Bley −selecta compañía− a los anteriores capítulos. No es por eso peor, pues el doble CD está lleno de impulso, de toque de alto octanaje y sólo cabe reprocharle una excesiva duración, hinchada por dos largas intros a doble bajo, encantadoras pero escasamente operativas, o el largo tema percusivo-vocal “For Dancer” que parece extraído de otro álbum.

Hasta aquí lo dudoso, porque el resto, y es mucho, encaja a la perfección, sea cual sea la temática, desde las sonoridades bucólicas de “He Picked a Fight with the Haitians” al apocalíptico “In War Such Things Happen”, un explosivo tema de desgarrador texto cuyo mensaje es amplificado por el solo de David Murray. El primero es un ejemplo claro de algo común en este disco: cómo pueden transformarse los estilos musicales y comunicarse sin romperse. Así, “Bad Mouth” puede iniciarse como un lamento soul con “bottle neck” pantanosa, para acabar en una poderosísima “meleé rock”, cercana a algunos planteamientos de la Black Rock Coalition. “Tokio Woman Blues” y “Mo Ku Lana, Mo Jinde Loni” están bien cargadas de sonidos sureños y sin embargo, por los medios empleados −el cruce de las dos soberbias baterías de Robby Ameen y Horacio “El Negro” Hernández, y el bajo de Fernando Saunders− hacen que los estilos sean algo poroso que permite todo tipo de maniobras. ¿No es un placer acaso escuchar a David Murray en su solo con desbordante autoridad sobre el ritmo rock de “Louisiana Red”?

El “vudú-jazz” nunca está muy lejos de lo que hace el grupo, y “Go to Jazz”, con “In War Such Things Happen” −lo mejor del disco− entran en ello con una fiebre no muy lejana a la que movía los grupos de Davis en “Agharta” y “Panguea”. Su texto, una soberbia declaración de amor del autor de Mumbo Jumbo a la felicidad del jazz situado como paraíso absoluto, que es en sí una fantasía jazzística de los años 20. Como se pone de manifiesto en un corte como “Jack Johnson / Skirt Dance”, un pandemonium surreal con la extraordinaria prestación de Murray una vez más, la música de las producciones de Hanrahan deriva directamente del clima alucinatorio de “Escalator Over the Hill”, de Carla Bley. Como en aquella obra proteica llena de irresoluciones pero también de soberbias intuiciones, de innumerables flashes, hay algo maravillosamente magnético, movido por la serendipia más que por cualquier tipo de revelación o epifanía, que hace que se caiga ante ella. La seducción, el veneno, funcionan.

Ángel Gómez Aparicio




Iñaki Salvador Noneto - Faro


Composiciones: “Faro”, “Branka 3”, “Pathology”, , “Benino edo Benito”, “Branka 2”, “Haurrak Haunditzen Doaz”, “Cántico”

Músicos: Jacky Berecoechea (trompeta y fiscorno), Víctor De Diego (saxo tenor y flauta), Mikel Andueza (saxo alto y clarinete), Javier Juanco (guitarra), Iñaki Salvador (piano), Jonathan Hurtado (teclados), Gonzalo Tejada (contrabajo), Hasier Oleaga (batería), Itxaso González (voz).

Grabado en San Sebastián-Donostia en junio de 2006.

Comentario: No sé hasta qué punto tiene sentido hablar de un jazz vasco. En muchas ocasiones facilita la catalogación o la aglutinación de ciertos nombres, el hecho de que procedan de una misma región, pero curiosamente, grupos como este noneto de Iñaki Salvador consiguen ir mas allá de las etiquetas. Es tan fuerte su identidad, su personalidad, que trasciende ampliamente la motivación original de esta formación.

En estos tiempos en los que las osadías musicales son más peligrosas que nunca, Salvador reunió por encargo del Festival de San Sebastián, con motivo del 40 aniversario de éste, a un conjunto de grandes músicos, o de grandes amigos, definiciones que en su caso resultan ir de la mano. Músicos en su mayoría vascos, consagrados y noveles, que han pasado en algún momento por el festival y que desarrollaron una química tan especial durante el experimento, que el encargo puntual se convirtió en grupo activo.

Esto es precisamente lo más remarcable de este disco, la tremenda sintonía que une a nueve músicos para tocar de manera absolutamente natural temas repletos de arreglos. Por supuesto, hay que remarcar que las piezas del líder son la clave, y Salvador demuestra una vez más que es tan compositor como pianista, cuando saca sonidos y matices imposibles o cuando habla a través de sus fantásticos músicos con locuacidad.

Las composiciones que debutan en esta grabación son “Faro”, que da nombre al disco, “Cántico” y “Pathology”. Las dos primeras, que abren y cierran el disco respectivamente, son impresionantes, y en ellas destacan los solos de un Mikel Andueza en estado de gracia. Víctor de Diego, uno de los grandes tenores de su generación, esta muy post-coltraniano en las dos piezas, pero su fraseo denota que anda buscando, que su lenguaje sigue madurando muy positivamente. El joven Jonathan Hurtado, con el Hammond en “Faro” y sobre todo con un Rhodes glorioso en “Cántico”, aporta un ambiente denso y usa algunos acordes muy inteligentes para dar tensión al conjunto. Mucha atención a este bilbaíno, que debuta con semejante formación de titanes sin titubear lo mas mínimo.

Otro joven impresionante es el baterista Hasier Oleaga, una de esas fuerzas de la naturaleza que rezuman talento en cada golpe. No es fácil llevar con esa convicción a una banda como ésta y, menos aún, hacerlo con suavidad y potencia a partes iguales.

El otro nuevo original, “Pathology”, una “bossa a lo Metheny” −como la describe el propio autor−, a pesar de tener un desarrollo un tanto largo, nos brinda exquisitos solos de Javier Juanco, Jacky Berecoechea y el mismo Salvador.

“Branka 2” y “Branka 3”, dos temas salidos de un curioso experimento, son los más orquestados o menos apoyados en pasajes solistas, según se mire. Compuestos a partir de lo evocado en el restaurante Branka de San Sebastián, son piezas que buscan contar la historia a través de la composición. En ellos se pueden percibir las sensaciones, los ambientes dibujados por la pluma de Salvador, que esta particularmente brillante en “Branka 2”.

Por último, dos canciones rescatadas del disco Lur Berria de la cantante del grupo, Itxaso González, una mujer con una voz fuera de lo común que inexplicablemente no se prodiga tanto como debiera. En aquel disco recreó junto a Dani Pérez y Gorka Benítez dos canciones de Jabier Muguruza que Iñaki, a través del noneto, rescata y arregla de una forma excepcional. Evidentemente, la cantante se impone sin remedio, con esa voz profunda y aterciopelada por un lado y con su pasmosa técnica por otro.

En “Haurrak Haunditzen Doaz”, otro de los puntos fuertes del disco, tras la maravillosa estrofa vocal emerge el fliscorno de Jacky Berecoechea, lírico y dulce, en un solo conmovedor. Al final, Salvador levita sobre el noneto tocando la coda, con algunas frases que definen la palabra “sofisticado”. En “Benino edo Benito”, Itxaso vuelve a brillar conversando en scat con la guitarra de Javier Juanco, un hombre al que muchos guitarristas deberían observar y aprender lo que es un solo con sentido. Por último, no se puede destacar a Gonzalo Tejada en ningún momento concreto porque destaca en cada nota, reafirmándose como uno de los grandes músicos de jazz de este país.

Faro es una obra en el sentido mas estricto de la palabra. Todo en el disco tiene un equilibrio, una razón de ser. Composiciones originales, arreglos perfectos e improvisación es lo que se necesita en un panorama con demasiadas versiones hardbop del standard de turno. El proyecto de Iñaki Salvador con su noneto es valiente y coherente. Son nueve músicos tocando estupendamente y, además, nueve amigos pasándolo bien. ¿Se puede pedir más? Por lo que a mi respecta, es el disco español del año.

Yahvé Mediavilla




Luciana Souza - Neruda


Composiciones: “House”, “We Are Many”, “Sonnet 99”, “I Will Come Back”, “Memory”, “Loneliness”, “Sonnet 49”, “Poetry”, “Leaning Into The Afternoons”, “Tonight I Can Write”.
Todos los temas por Luciana Souza.

Músicos: Luciana Souza (voz y percusión), Edward Simon (piano).

Grabado en Nueva York en 2004


Luciana Souza - Duos II

Composiciones: “Sai Dessa” (Marques, Terra), “Nos Horizontes do Mundo” (Paulino da Viola), “A Flor e o Espinho/Juízo Final” (Cavaquinho, de brito, Caminha), “Muita Bobeira” (Luciana Souza), “Modinha” (Jobim, de Moraes), “No Carnaval/Vento” (Jota, Veloso), “Sambadalú (para Luciana Souza)” (Marco Pereira), “Aparecida” (Lins, Tapajós), “Trocando em Miúdos” (Hime, Buarque), “Chorinho Pra Ele” (Pascoal), “Atrás da Porta” (Hihme, Buarque), “Você” (Santos, Souza).

Músicos: Luciana Souza (voz), Romero Lubambo (guitarra), Marco Pereira (guitarra), Swami Jr. (guitarra), Guilherme Monteiro (guitarra)

Grabado en Sao Paolo y Nueva York en enero del 2005 y febrero de 2005.

Comentario: Karonte distribuye en un doble CD los dos últimos trabajos de la vocalista brasileña Luciana Souza, Neruda y Duos II. En el primero por orden cronológico, Neruda, la vocalista canta en inglés los poemas del escritor chileno, sobre música compuesta y arreglada por ella misma, en la que se mueve sobre todo en tempos lentos, al contrario de lo que pudiera anunciar en el primer tema, acompañada por piano y maracas.

La educada voz de Luciana Souza, interpreta a Neruda con pulcritud, moldeando sus versos sobre bellas y sencillas líneas melódicas. El suave acompañamiento de Edward Simon, que ya había acompañado a la brasileña en el disco North & South, suena respetuoso con la voz de la cantante y con el contenido de las letras, sin una nota de más, sin afán de protagonismo alguno, y manteniendo una tensión constante, sólo alterada por alguna intervención de la propia vocalista a la percusión.

Todo esto, añadido al estilo limpio de mezzosoprano que sabiamente domina la brasileña y a la poca utilización de elementos del jazz vocal como el scat −lo más parecido en “Memory” que arranca con la vocalista tarareando una línea melódica acompañada por el pianista−, hacen que en Neruda se unan jazz y música clásica. Sin duda, esta fórmula parece el vehículo más acertado para musicar los textos del escritor chileno y un medio en el que el la voz de la brasileña se comporta de manera muy natural.

En el segundo disco, encontramos el último trabajo de Luciana Souza, Duos II, donde la vocalista interpreta con diferentes guitarristas doce temas, compuestos por nombres tan importantes de la música brasileña como Jobim, Caetano Veloso o Chico Buarque, entre otros. El disco camina entre baladas, más propicias para el lirismo y el ortodoxo canto de la brasileña, y entre temas a ritmo de samba, como el que abre el disco, “Sai Dessa”, y el único tema escrito por la vocalista, “Muita Bobeira”. Destacan también en este último apartado “Sambadalú” y el celebérrimo “Chorinho Pra Ele”, donde la vocalista hace gala de su académico scat.

Este digipack contiene dos discos que, a pesar de la cercanía cronológica, muestran a la cantante en dos marcos muy distintos, aunque siempre con el lirismo, la sencillez y el clasicismo como grandes armas.

Víctor Bobeche