(((Powerhouse Sound))) - Oslo/Chicago Breaks


Composiciones: “Schocklee (for Hank Shocklee)”, “King to the Crown (for King Tubby)”, “Coxsonne (for Coxsonne Dodd)”, “2-1-75 (for Miles Davis)”, “Acid Scratch (for Lee Perry)”, “Exit-Salida (for Burning Spear)”, “New Dirt (for The Stooges)”.

Todos los temas de Ken Vandermark.

“Old Dictionary (for Bernie Worell)”, “King to the Crown parte 1- Acid Scratch Parte 2”, “Coxsonne”, “Acid Scratch Parte 2-Schocklee-Exit/Salida”, “2-1-75”, “New Dirt – King to the Crown Parte 2”.

Todos los temas de Ken Vandermark.

Músicos: Ken Vandermark (saxo tenor), Lasse Marhaug (electrónica), Nate McBride (bajo eléctrico), Ingebrigt Haker Flaten (bajo eléctrico), Paal Nilssen-Love (batería).
Oslo, del 15 al 17 de agosto de 2005.

Ken Vandermark (saxo tenor), Jeff Parker (guitarra), Nate McBride (bajo eléctrico), John Herndon (batería).
Chicago, 13 y 14 de noviembre de 2006.

Atavistic 177
(Green Ufos)

Comentario: Ken Vandermark funda grupos alrededor de núcleos temáticos, estilísticos, de homenajes, no hay linealidad en ello, sino pequeños sistemas a modo de constelaciones. El último de ellos, (((Powerhouse Sound))), centrado alrededor del bajo eléctrico y batería de fuerte pegada, pretende explorar, en sus palabras, “las formas rítmicas de James Brown, el dub, y los collages de Public Enemy”. No es del todo así, pues la corriente rock que surgía en los primeros trabajos de los Vandermark 5 vuelve a surgir poderosamente. Como queriendo incidir que (((Powerhouse Sound))) se trata más de un concepto que de un grupo determinado, su primer CD, Breaks, viene servido por dos formaciones, ambas con el bajo de Nate McBride como elemento común, la noruega con los sospechosos habituales de la sección rítmica de Atomic, más Lasse Marhaug a la electrónica; la de Chicago, con John Herndon y la primera, y muy auspiciosa, aparición discográfica de Jeff Parker junto a Vandermark.

Incidiendo una vez más en que (((Powerhouse Sound))) se trata de un concepto, ambas formaciones interpretan los mismos temas, con la sola excepción de una dedicatoria a Bernie Worrell, interpretada por los de la ciudad del viento en sesiones que, a diferencia de las escandinavas, tratan los temas de forma modular.

De igual modo que no siempre resulta fácil adscribir las dedicatorias de los temas de Vandermark a sus homenajeados, la referencias a Brown, el dub y Public Enemy son más puntos de partida para el saxofonista que líneas a seguir literalmente: cuando ambas formaciones se ensañan en “King to the Crown”, lo que surge, comparaciones aparte, es un funk cortante y nervioso con más de los Contortions de James Chance (más acentuado en la potentísima lectura de Chicago) que de reagge o dub.

No ocurre otra cosa cuando entran en “Schocklee”, dedicado al miembro de Public Enemy, con secciones en las que el bajo entra demoledor distorsionado por el fuzz, con algo que tiene más que ver con el rock, o en el tema casi policial de “2-1-75 (for Miles Davis)”, fecha de la grabación de los explosivos Agharta y Pangea, rock, pero no Metal, que es más con lo que se emparenta la muralla de guitarras de los álbunes de Davis.

Más relacionable es “Acid Scratch (for Lee Perry)” en su montaje desde el ritmo, y transparentes en sus intenciones, el “slow cooking” de “Exit Salida (for Burning Spear)”, el dub, nuevamente interpolaciones de rock, de “Coxsonne”, dedicado al fundador de Studio 1, o el rock muscular de “New Dirt (for The Stooges)”. Más, como se ve, que James Brown, dub y Public Enemy.

La idea de grabar los mismos temas con dos bandas lleva casi de manera implícita la comparación entre ambas. Si la de Chicago es en conjunto mas reactiva, fiera y cohesionada, la escandinava, con la inclusión de Marhaug, da con hallazgos incuestionables en el terreno sonoro. La inclinación más rockera de los primeros dan un “King to the Crown” imbatible, o un “2-1-75” cargado de urgencia. Con unos u otros, Vandermark, solo al tenor esta vez, saca y reluce su toque de r&b y monta solos espectaculares, como el que pone a arder el último tema citado. Y no son pocas las llamas que se agitan en este Breaks.

Ángel Gómez Aparicio




Henri Texier Strada Sextet - Alert À L´Eau/Water Alert


Composiciones: “Afrique A L´Eau”, “Ô Africa”, “Blues D´Eau”, “Flaque Nuage”, “Ô Elvin”, “Flaque Étoile”, “Reggae D´Eau”, “Flaque Soleil”,“ S.O.S Mir”, “Flaque Lune”, “Sacrifice D´Eau”, “Valse A L´Eau (A Daniel Znyk) ”.

Todos los temas compuestos por Henri Texier, excepto “Flaque Nuage”, por G. Kornazov y C. Marguet; “Flaque Étoile”, por S. Texier y F. Corneloup; “Flaque Soleil”, por M. Codjia y H. Texier y “Flaque Lune”, por C. Marguet y H. Texier.

Músicos: Sébastien Texier (clarinete, clarinete alto y saxo alto), François Corneloup (saxo barítono), Guéorgui Kornazov (trombón), Manu Codjia (guitarra), Henri Texier (contrabajo) y Christophe Marguet (batería).

Grabado entre los días 19 y 22 de Abril de 2006.
Label Blue LBLC 6698

Comentario: Tras casi tres años después de la publicación del primer trabajo con el grupo Strada Sextet, (V)ivre 2004 (Label Blue LBLC 6668), aparece el nuevo proyecto del excepcional contrabajista francés Henri Texier. Para esta nueva grabación, Texier vuelve a contar con la misma formación de músicos; un grupo cohesionado, homogéneo y perfectamente integrado en los planteamientos del líder de la sesión. Fruto de ello es que algunos de estos músicos han participado con anterioridad en otros proyectos del contrabajista francés, como es el conocido y afamado Azur Quintet.

El presente trabajo que comentamos, nos permite reconocer dos de las facetas que han caracterizado la larga y extensa trayectoria musical de Henri Texier; en primer lugar, el carácter político-reivindicativo de la misma (una llamada ecologista contra el problema del agua), y en segundo lugar, el carter “omnívoro” y globalizante (mucho antes que este término se pusiese de moda) de las diversas músicas e influencias que plantea en cada uno de los temas Henri Texier y su grupo. Claras influencias africanas, del rock eléctrico, de la música culta europea o de la más rabiosa y potente libre improvisión del free, es posible apreciar en la música de Texier.

Con estos planteamientos, el aficionado que se dispone a escuchar el presente compacto tiene que estar preparado para una aventura musical, en el más amplio sentido de la palabra, a consecuencia de la extensa paleta de colores y ritmos que desarrolla el grupo de Texier. Esto se puede comprobar desde el inicio del trabajo, con los temas “Afrique a L´Eau” y “Ô Africa”, que sirven de tarjeta de presentación del proyecto, así como de reafirmación estilística del propio líder, y que viene a demostrar que el continente africano ha sido y sigue siendo para el mismo, una fuente inagotable de creatividad, tanto a nivel musical como espiritual. Pero Henri Texier gusta de utilizar todas la formas expresivas a su alcance, y por ello se sirve del blues, “Blues D´Eau”, o del reggae, “Reggae D´Eau”, o de la música culta, “Vals a L´Eau”, para demostrar algunas de sus excepcionales cualidades como músico, entre ellas, su apabullante sonoridad y su carácter melodioso, pero ante todo la libertad sonora y armónica que le sirven, tanto a él como al resto de músicos que le acompañan, para revolver las improvisaciones musicales que se plantean.

Para conseguir todo esto, Texier se encuentra rodeado de un grupo de músicos que se pueden calificar de excepcionales, comenzando por las sonoridades más clásicas del clarinete y clarinete alto de Sébastien Texier, pasando por el saxo barítono de François Corneloup, o la guitarra eléctrica rockera de Manu Codjia. Este grupo funciona como una máquina de precisión, en donde cada componente detenta su propio protagonismo, tanto en la aportación de composiciones como en las participaciones solistas, todas ellas de gran calidad musical.

En resumen, un gran disco que no debe de pasar desapercibido para los aficionados.

Juan Carlos Abelenda




Jimmy Weinstein´s Natural Coincidence - This Ocean (ad hoc)


Músicos: Satoko Fujii (piano), Natsuri Tamura (trompeta), Masa Kamaguchi (contrabajo), Jimmy Weinstein (batería).

Grabado en Nueva York el 11 de abril de 2005.

Comentario: Que Jimmy Weinstein no sea mas conocido por aquí es una injusticia que recae principalmente sobre los aficionados. Siempre inquieto pero sofisticado, igual que su toque, Weinstein produce cada cierto tiempo algún CD que en general merece más atención de la que recibe. This Ocean, su ultima entrega discográfica, resulta un alarde de personalidad, libertad e independencia, tres de las características habituales de la música de Weinstein.

La presencia de la excelente pianista Satoko Fujii y, en menor medida, la de su marido Natsuki Tamura, podría desembocar en un giro radical a los universos musicales del líder, pero lejos de condicionar su música, se acoplan a ella con naturalidad. Masa Kamaguchi es prácticamente una constante en los grupos del batería y esto ha generado cierta simbiosis entre ambos. Su afinidad es la que aglutina al grupo y ayuda aún más a que Fujii y Tamura se sientan como en casa.

Habitualmente, Weinstein se ha rodeado más de guitarristas y saxofonistas que de pianistas y trompetistas y, sin embargo, el grupo toca en perfecta sintonía, transmitiendo la misma sensación de improvisación total controlada de anteriores entregas del batería. Esto no impide que la participación de una pianista tan interesante como Fujii se traduzca en momentos de autentica independencia estilística, pero a pesar de su aparente discreción, la batería de Weinstein es la que marca la dirección. Su estilo se basa en patrones que envuelven al conjunto propiciando la conexión y la expansión colectiva a través de los individuos, dejando que estos formen parte del todo o que despeguen cuando sea necesario. Música aérea y en constante libertad contenida, que resulta hipnótica y excitante.

Yahvé M. de la Cavada




Marc Cary - Focus


Músicos: Marc Cary (piano), David Ewell (contrabajo), Sameer Grupta (batería).

Motema Music, 2.006

Comentario: Focus es un disco que escucha tras escucha va sedimentando en nuestro interior, revelando sin prisa, pero con certeza, su verdadera riqueza. El bagaje musical de Cary es inusualmente rico: por sus venas corren tanto sangre africana como nativa americana, y todo ello se transmite en su música con naturalidad y frescura. Y no, no estamos ante otra grabación donde, con mayor o menor fortuna, se trata de fusionar culturas diversas; la herencia musical de Cary es un elemento perfectamente integrado en su música, no un objetivo ni un medio para alcanzar ese objetivo.

Ewell y Grupta se revelan como dos comprometidos compañeros de viaje, sobrios en los muchos temas que demandan sobriedad, pero bien dispuestos también a hacer gala de una más que notable libertad expresiva. Grupta explota por doquier suculentas polirritmias, buscando un rico desequilibrio que Cary siempre sabe aprovechar rítmicamente; Ewell se ceba en los huecos que crea la batería, en un inquieto pero sólido caminar a lo largo del contrabajo, su sonido leve pero incisivo.

Y es que Focus traza un recorrido amplio, sincero, orgánico, nada académico, a lo largo del espectro musical de Cary: hay dos incisivas muestras del respeto que le merecen sus maestros Jackie McLean (“Appointment In Gana”) y McCoy Tyner (“So Gracefully”, donde no solo emula el genial acompañamiento del pianista en “My Favorite Things”, sino que revive parte de aquel imperfecto, emocionante solo, en un homenaje precioso); hay temas rigurosamente modales (“Self Preservation” por ejemplo, enteramente construida sobre un solo acorde, con la jugosa complicidad de un rotundo pulso de contrabajo y una sobresaliente, tensa, gozosa improvisación del pianista; o “Long Walk Home”); hay algún tema de cadencioso desarrollo e intrincada interacción del trío (“Voyage To The Inside”, “Ready Or Not”); alguna muestra del rico sustrato post-bop de Cary; un precioso homenaje (otro) al trágicamente desaparecido pianista Moses Malalelekwa (“Taiwa”), doloroso, sereno chapuzón del grupo en ese lejano pero rico sustrato africano.

El trío de Marc Cary ha grabado un disco singularmente rico en matices, de hondo calado emocional y reposadas maneras. Un disco luminoso del que cuesta desprenderse, que a cada escucha se agarra más fuerte en la memoria.

Ricardo Arribas




Ran Blake - All that is tied


Músicos: Ran Blake (piano).

Grabado en 2005.
Tompkins Square / TSQ1965.

Comentario: Cuando Ran Blake se sentó frente al teclado para registrar este bellísimo All That is tied, sabía que éste iba a ser su disco número treinta y cinco, y que ese año –el mismo en el que él alcanzaba la edad de 70 años– se cumplían, además, cuatro décadas desde su primera obra en solo piano. Quizá por eso, él –que ya había rubricado preciosos tributos a Monk, Gershwin, Ellington o Sarah Vaughan– decidió darse un homenaje, revisitando algunas de sus más queridas composiciones (el tema que da título al disco es el único de los doce aquí reunidos que no es de su autoría).

En la poesía sonora de Blake encontramos desde los latidos del Thelonious más oscuro hasta el aliento de clásicos como Bartok, Ives o Stravinsky. En su forma más desnuda (cuando se muestra en solitario, como es el caso de All that is tied), su música se va formando ante nosotros a base de rasguños sonoros y mágicos silencio. El pianista parece dejar las notas flotando en el aire o hincadas en tierra, para que nosotros demos con su lugar exacto.

Seguramente no sería justo hacerle algún reproche a quienes renuncian al esfuerzo de penetrar en el universo de Blake, pero uno no puede dejar de sentir cierta lástima por ellos. Lo que este artista ofrece generosamente a cambio es la inmersión en un mundo insólito, contenido, elevado en perfecto equilibrio sobre la línea que une mente y corazón.

Resulta difícil imaginar las composiciones de Blake interpretadas por otro músico. La conjunción de composición, interpretación y músico es en este pianista un impenetrable macizo de plomo, una intuitiva fortaleza encerrada en sí misma. Así, una vez que hemos comprendido que para entrar debemos dar un paso atrás y valorar la música de Blake desde una especie de cercana lejanía, descubrimos que ya estamos dentro, irremediablemente atrapados por su belleza. Para entonces una especie de aliento turbio nos rodea, hay una desasosegante sensación de azarosa amenaza, que materializa magistralmente la mano izquierda del pianista. Las melodías que traza la derecha juegan constantemente con nuestras ya muy vulnerables emociones: a veces abundan en un misterio incandescente (“Birmingham, U.S.A.”, “Thursday”, Impresario Of Death”, “Epilogue”); otras esbozan hermosos y tristes pasajes de una emoción apenas contenida (“Wende”, “Breakthru”, “All That Is Tied”); y no faltan ocasiones en las que se dejan llevar por el sentido arrebato del gospel (“Latter Rain Christian Fellowship”) o del blues (“How ‘Bout That”).

Decir que All That Is Tied es un gran disco sería una media verdad, una rutinaria injusticia. Esta obra es un viaje singular a un mundo de belleza esquiva y sensual, misteriosa y nítida, turbadora y serena; un mundo que no es, pero que quizá debería ser.

Ricardo Arribas y Sergio Zeni




Carme Canela & Lluís Vidal Trio - Els Nostres Stàndards


Músicos: Carme Canela (voz), Lluís Vidal (piano), David Mengual (contrabajo) y David Xirgu (batería).

Karonte Records 7795, 2.006

Comentario: Antes de nada, una confesión: mi absoluto desconocimiento de los temas incluidos en esta grabación de Carme Canela y Lluis Vidal, todos ellos temas tradicionales de la canción catalana (excepto “Els Fadrins De Sant Boi”, original de Frederic Mompou). ¿Me inhabilita esa circunstancia para comentar el disco con propiedad? Espero que no; esa sentencia queda en manos de cada lector. De lo que no me cabe duda, a la vista de mi experiencia personal, es de que no es preciso conocer el temario para gozar de él.

Resulta evidente el origen tradicional (signifique eso lo que signifique) de los temas: se trata a menudo de composiciones sencillas, muy circulares, que quedan ya en su propia composición plenamente desarrolladas y firmemente cerradas en sí mismas (pienso especialmente en temas como “Els Tres Tambors”, “Olles, Olles” o “Ell Ball De La Civada”). Sin embargo, un trabajo que se adivina extraordinario por parte del grupo, y muy especialmente de Vidal, consigue diluir esa rigidez inicial, tan poco afín a la flexibilidad propia del jazz, en un vibrante festín sonoro, para dejar únicamente visibles la excelencia de la composición y la belleza del formato jazzístico.

Así, una riada aparentemente inagotable de motivos pianísticos se desprende de las teclas del piano, perfectamente empastada con unos arreglos llenos de brillantez que equilibran el disco con su lograda combinación de tempos lentos (“No Ni No”, “Cansó n. 6”), marchas militares (“Els Tres Tambors”), ritmos vivos (“Els Fadrins De Sant Boi”, “El Pastoret”) e indagantes desarrollos (“El Mariner”). Tanto David Mengual como David Xirgu se prestan alegremente a esta vibrante reconstrucción del cancionero popular, aportando con su vitalidad y talento un saludable plus de frescura.

La voz de Carme Canela interactúa perfectamente con el resto del grupo y su intervención es tan creativa y atenta como la de sus compañeros. Es un verdadero placer escuchar su hermoso timbre, brillante y aterciopelado a un tiempo, siempre perfectamente modulado, en un contexto tan vivaz y cambiante como éste. Sorprende la perfecta compenetración que une a la cantante con Lluís Vidal, trabajada ya a lo largo de muchos años y proyectos juntos.

Un verdadero festín para los oídos. El único reparo que encuentro a este disco es totalmente extramusical: no incluye en sus notas de carpetilla (por lo demás, preciosa carpetilla) ni lugar ni fecha de grabación. Quizá sea la manía de un aficionado, pero el caso es que la ausencia de esos pocos datos me duele especialmente en esta ocasión, en que tanto me ha encandilado la música.

Ricardo Arribas




Cristina Mora - Bajo la piel


Músicos: Cristina Mora (voz), Manuel Machado (trompeta), Dan Rochlis (guitarra), Guillermo Bazzola (guitarra), Germán Kucich (piano), Paco Charlín (contrabajo) y Juanma Barroso (batería).

Grabado en los Estudios Track, los Estudios Infinity y el Estudio de Dan Rochlis.
Free Code Jazz Records, 2007

Comentario: Es una verdadera lástima que este disco no termine de cuajar, porque hay mucho talento reunido en él y se perciben claramente el trabajo y dedicación puestos en el empeño. Pero si bien la sección rítmica brilla a gran altura, exprimiendo a fondo las posibilidades de los temas propuestos, el resultado se resiente en exceso de la labor de la titular de la grabación, Cristina Mora. Y es que a esta joven cantante le faltan todavía la fuerza, la confianza y la capacidad de resolución que hubiesen mantenido el disco firmemente sujeto al reproductor.

El caso es que Bajo La Piel es una grabación muy bien equilibrada: temas rápidos, lentos y tiempos medios se alternan, como lo hacen estándares y temas firmados por la propia cantante, y cortes interpretados en dúo, cuarteto y quinteto. Hay nervio en las interpretaciones y se transmite claramente un apetitoso placer por tocar. Vale la pena resaltar aquellos temas donde Cristina Mora consigue equilibrar mejor sus aportaciones, como sucede en los dos dúos que se incluyen (“Fly Me To The Moon” de Bart Howard, interpretado con Paco Charlín, y “Bajo La Piel”, de la propia cantante, con Germán Kucich); la swingueante revisión del “Little Sunflower” de Freddie Hubbard; y “Muñecas De Papel”, otro original de Cristina.

Todos los instrumentistas están excelentes: Paco Charlín muestra en todo momento el buen uso que sabe hacer del sonido nítido, breve, tremendamente maleable de su contrabajo; Mariano Barroso aporta una gran viveza a los ritmos, buscando siempre sencillez y eficacia, y firma algún buen arreglo (como el de “Softly As In A Morning Sunrise” de Hammerstein/Romberg, que abre el disco); Germán Kucich ilumina cada uno de los temas con su estilo grácil, leve y pleno de recursos, que estalla en las improvisaciones en forma de apasionantes indagaciones melódicas, que no rehuyen vericuetos armónicos nada evidentes y también el pianista aporta un puñado de arreglos, como los de los mencionados “Bajo La Piel” y “Muñecas De Papel”; Manuel Machado, Dan Rochlis y Gillermo Bazzola intervienen en un tema cada uno, aportando un plus de color que viene muy bien a un disco que, dejando de lado sus aspectos menos logrados, resulta enormemente gratificante.

Por cierto, no puedo dejar de notar la ausencia de las fechas de grabación en los créditos de carpetilla, un detalle seguramente menor pero molesto para un buen número de aficionados que nos interesamos vivamente por estos particulares.

Ricardo Arribas




Eladio Reinón - Eladio Reinón Jazz Quartet


Músicos: Eladio Reinón (saxo tenor), Albert Bover (piano), Mario Rossy (contrabajo) y Marc Miralta (batería).

Grabado en los Estudios 44.1 (Gerona) el 7 de Marzo de 2006 y en Can Rajola (Sabadell) el 19 de Septiembre de 2.006.
Sedajazz Records.

Comentario: De vez en cuando aparecen los ecos del legado de Lennie Tristano en alguna grabación. No sucede con frecuencia, de ahí el placer con que recibimos esas ocasiones. Encontramos en este Eladio Reinón Jazz Quartet las intrincadas líneas melódicas que se pasean, desprovistas de acentos, sobre cambiantes armonías, llevándonos a una especie de leve ingravidez; el rigor de unas improvisaciones que han renunciado al calor sonoro para centrar nuestra atención en su propio recorrido melódico; la utilización de la estructura de viejos estándares bien conocidos, que sirven como excusa para nuevas aventuras musicales; los apasionantes unísonos instrumentales (en este caso, de tenor y piano) que provocan en nosotros una especial e indefinible emoción. En cambio, contrabajo y batería, a diferencia del modelo tristaniano, tan espartano, gozan de una especie de discreta exuberancia, más a tono con los tiempos que corren.

Pero caben en el disco que nos ocupa muchas más cosas, además de esa indagación tristaniana, consecuencia, quizás, del tiempo que el saxofonista pasó estudiando con Lee Konitz, y que se sustenta fundamentalmente en “Pierre”, “Inunkái Nunkái” y “Espera!!”, aunque impregna felizmente toda la grabación. Así, “Brother Angel” es un calypso que remite directamente a algunas páginas felices de Sonny Rollins; “Balmes 51” refleja (y así lo confirma Reinón en las notas de carpetilla) una clara influencia coltraniana en el fraseo y en la propia composición, influencia que podemos rastrear también, aunque más diluida, en “Nana Per La Maria”; “Carromato” es una brillante rearmonización de “Caravan” arreglada a modo de bulería, con la complicidad de un Miralta que luce con desparpajo y acierto sus armas flamencas; “Inunkái” y “Espera!!” sirven al saxofonista para homenajear a otro de sus referentes: Wayne Shorter; “Dintre I Fora” cierra el disco con un hermoso solo de tenor basado en “I Remember April”.

Toda la grabación está fenomenalmente interpretada por los cuatro músicos: tanto el leve, indagante, sereno sonido de Reinón, capaz de internarse muy hondo en improvisaciones melódicas nada sencillas, como el elegante, sobrio e inventivo piano de Albert Bover dejan multitud de momentos brillantes. Mario Rossy aporta un contrabajo flexible y profundo, que equilibra en todo momento las contenidas fantasías percusivas de Marc Miralta, redondeando una grabación realmente notable.

Así las cosas, Eladio Reinón Jazz Quartet resulta una grabación llena de coherencia interna y variedad, que sirve a su principal artífice para rendir tributo a sus maestros de una manera natural, nada enfática, utilizando su propia música y estilo. No solo es un disco celebrable por su hermoso planteamiento musical, sino que lo es, ante todo, por tratarse de una experiencia musical emocionante, llena de vida y pasión.

Ricardo Arribas




Gorka Benítez - Bilbao


Músicos: Gorka Benítez (saxo tenor), Dani Pérez (guitarras), Rai Ferrer (contrabajo), David Xirgu (batería).

Grabado en Barcelona el 16 de octubre de 2003. Remezclado los días 11 y 28 de abril de 2006.

Comentario: El cuarteto responsable de este disco nos ha brindado unas cuantas joyitas. Solo hay que dar una escucha parcial a “Indolents” o “Ugrix”, a nombre de David Xirgu, para constatar las excelencias de este grupo en busca de un jazz fresco y contemporáneo. En este caso estamos ante un disco planteado desde su concepción de una manera mas intima, casi familiar. Concebido para no salir editado a la venta originalmente, la grabación permaneció algún tiempo olvidada, hasta que hace poco Gorka decidió remezclarla y editarla con un titulo que, más que nunca en su carrera, le lleva a sus más profundos orígenes: Bilbao.

Al mismo tiempo, el CD supone una muestra perfecta de la transición musical que sufre Benítez. Éste, cada vez mas interesado en melodías de corte pop, utiliza un cuarteto con el que tradicionalmente había grabado discos de jazz ortodoxo, para introducirse poco a poco en composiciones mas cercanas a ritmos y armonías sencillas. Esta tendencia, de la que ya alardeó en su anterior disco, el magnifico Solo La Verdad Es Sexy, le puede granjear unas cuantas críticas entre los aficionados mas dogmáticos, pero nadie puede ni podrá decir que Benítez sigue alguna directriz comercial.

Todo el mundo sabe que es ridículo pensar que se puede hacer jazz comercial en España (en realidad hay una vía, pero esta copada y sobreexplotada, rozando la vulgaridad), con lo que no hay que confundir, y menos aun con Benítez, el afán comercial con la búsqueda de la propia voz. Bilbao es un dechado de honestidad por los cuatro costados, un disco compuesto por placer y tocado entre amigos, transmitiendo un ambiente de distensión absoluta al oyente.

Temas como “Because of You” o “Y Dale!” desarrollan esa vena pop que mencionábamos y, lejos de caer en el acartonamiento de acercamientos a este estilo por parte de otros músicos, suenan abiertos, puros y creíbles. En el extremo contrario, “Cantan Los Charcos el Lamento de las Gabarras” o “Plaza Gris”, son muestras mas ortodoxas (pero no menos brillantes) de ese jazz etéreo, de sonidos pálidos y alientos contenidos que Benítez lleva facturando, con este y otros grupos, desde hace mucho tiempo.

Hablar de la química del grupo es innecesario, porque estos cuatro señores tocan juntos con una afinidad pasmosa, haciendo que lo difícil parezca fácil. Pérez parece muy cómodo con las composiciones y despliega detalles envolventes que aportan mucha calidez al conjunto, mientras que el tandem Ferrer-Xirgu demuestra una vez más por que es uno de los más memorables de la historia del jazz en España.

En cualquier caso, la valentía con la que Gorka Benítez afronta su carrera discográfica es encomiable, demostrando con este Bilbao que esta dispuesto a tocar lo que le apetezca con solidez y sin renunciar a su personalidad como músico de jazz, ni a la calidad a la que nos tiene acostumbrados. Benítez pasa de etiquetas, de acotaciones estilísticas y de ortodoxias obsoletas y, con toda la naturalidad del mundo, ha vuelto a hacer lo que le pide el cuerpo en este CD. Con dos cojones. De Bilbao tenía que ser.

Yahvé M. de la Cavada




David Murray Trio - 3D Family


Composiciones: "3D Family" (19:11), "Patricia" (17:51), "In Memory Of Yomo Kenyatta" (9:37), "Shout Song" (23:55).

Todas las composiciones se deben a David Murray.

Músicos: David Murray (saxo tenor), Johnny Mbizo Dyani (contrabajo) y Andrew Cyrille (percusión).

Grabado en concierto en el Festival de Willisau, 3 de septiembre de 1978.
Hat Hut Records

Comentario: Finales de los años 70: un jovencísimo David Murray (veinte y pocos años) despliega su sonoridad aplastante, punteada por los sobresoplados –herencia recibida de los tenores del free, sobre todo del malogrado Albert Ayler, que Murray afinará y perfilará ostensiblemente–, administrada en extáticas oleadas, en un vaivén de saxo y contrabajo que, por toda estructura, se extiende sobre el rico tejido rítmico que aporta Cyrille. Es un álbum espléndido, un concierto apabullante, por su fogosidad, pero también por la sabia administración de intensidad y silencio, por los sutiles solos de contrabajo y percusión que median entre las andanadas de saxo y dotan a las composiciones de un cierto aire de suites.

La anarquía legada por el free jazz comienza a tomar un rumbo nuevo: es ya también tradicional. Murray –como Dave Holland y otros pioneros del "neoclasicismo"– confirma con su renovación de los cánones y su visión abarcadora, enciclopédica, de la tradición, la naturaleza proteica del jazz, el incesante rejuvenecimiento de una música que, desde la irrupción del fox-trot hasta nuestros días, es sentida invariablemente como colmo de lo moderno. Tras los resultados descafeinados de algunas fusiones setenteras, vemos a Murray firmemente plantado en escena, bebiendo de Ellington, de Nueva Orleáns, de Sonny Rollins, Webster, Gonsalves o Ayler con idéntico entusiasmo (y "esquivando" voluntariosamente a Coltrane, tal y como señala el propio Murray: «conforme crecía, todo el mundo se esforzaba por aprender todos los solos de Coltrane. Entonces me dije: "Quizá no debiera yo estudiar sus solos, porque en cinco años toda esa gente va a sonar igual". Tuve razón: todos suenan igual». Sabemos que dicha estrategia no se contradice con su admiración por Coltrane, a quien dedicaría el álbum Octet plays Trane).

Destaca la colaboración de Johnny Dyani, contrabajista de los Blue Notes, formación surafricana liderada en su día por Chris McGregor. Dyani habría de encajar a la perfección con el saxofonista californiano: algo parecido a lo que nos seduce de Murray ya encandiló a Joe Boyd en los sesenta cuando escuchó por primera vez a aquellos surafricanos afincados en Europa, con "su mezcla de Ellington, música coral surafricana y free jazz" (véase el breve pero hermoso capítulo dedicado al grupo en Blancas Bicicletas. Creando música en los 60, recién editado por Global Rhythm). Dyani, amén de un elástico e imaginativo contrabajista (reparen en su uso del arco, que se adelanta un par de décadas a lo que Berglund hace hoy día con su poderoso contrabajo y sus pedales), fue también el Virgilio de Davis Murray en tierras africanas. Como indica Berendt en su lúcido capítulo dedicado a contraponer las figuras de Marsalis y Murray, "la música de David Murray está marcada por su vuelta a las raíces africanas de la música negra, a menudo en medida tan vital y exuberante que se tiene la impresión de estar oyendo música africana a través de un velo de gasa de jazz, soul y blues" (y apunta la sospecha de Dyani de que Murray "había vivido en África en una vida anterior").

El trío de David Murray es tan capaz de sutiles matices como de una turbadora rotundidad, pero incluso los temas más salvajes poseen –como en Dolphy– una rara delicadeza. Las estridencias tienden a lo cristalino y el instinto melódico de Murray aflora en los lugares más inesperados. Desde luego, el disco no deja indiferente. Lo escucho como en trance dos o tres veces seguidas, lo cual me deja algo exhausto, y pongo en su lugar, por compensar la intensísima sesión con un poco de calma conventual, una grabación de primitivas polifonías francesas. Pero cuál no será mi sorpresa cuando descubro una íntima afinidad entre las serenas polifonías medievales y las fogosas andanadas del trío de Murray: quizá todo radique en una misma cualidad extática.

Alberto Marina