The Heckler (by Juan Pablo Balcázar Quartet) - Zalamea


Composiciones: “Reptiles”, “I Don’t Remember… And You?”, “Little Mosquito”, “Hoy…”, “Nuevo (For Joe)”, “Frágil”, “Keims Gruff”, “Zalamea”.

Todos los temas compuestos por Juan Pablo Balcázar.

Músicos: Alejandro Mingot (guitarra), Miguel “Pintxo” Villar (saxo tenor), Juan Pablo Balcázar (contrabajo), Hasier Oleaga (batería). Invitados especiales: Guillermo Klein (piano), Bill McHenry (saxo tenor).

Grabado el 31 de Octubre y el 1 de Noviembre de 2005 en Gerona (Estudis 44.i)

Errabal Records, 2.007

Comentario: No sabe uno a qué atenerse según van desfilando los diferentes temas que componen este disco de Heckler, un grupo que con Zalamea saca a la luz su segundo trabajo discográfico. A ratos parece un grupo firmemente asentado en un jazz moderno, pero con las raíces ancladas en la tradición (“Nuevo”); a ratos se convierte en una afilada máquina plena de ritmos urbanos precisos, severos, amenazadores (“Reptiles); a ratos incluso parece un grupo de pop independiente, a pesar de la honda resonancia jazzística de sus instrumentos acústicos (“Hoy…”, un seductor tema lleno de amenazador misterio, que el tenor parece conjurar desvelando con su sedoso sonido las facetas más hermosas del mismo).


Pero claro, la respuesta es sencilla: lo mejor es atenerse a lo que ofrecen, que no es poco. Porque consiguen aglutinar todas estas influencias mediante un sonido compacto y una propuesta musical que se adivina muy trabajada.


Las composiciones son dueñas de un desarrollo cuidadoso, imperan en la música de este grupo un orden y dosificación instrumentales que les permite exprimir al máximo las posibilidades de los temas, sin resultar en ningún momento cargantes o excesivos. Así, cada uno de los temas está espléndidamente estructurado, abundan los cambios de ritmo y ambiente, y los momentos fuertes están explotados con rigor y una pasión implícita, sin necesidad de grandes alardes instrumentales. No es que no brillen los solistas en Zalamea, pero prefieren atraer nuestra atención gracias a improvisaciones perfectamente acopladas al sentido de la composición, redondeándola, rematándola. No creo que fuese del todo inútil argumentar que ése es el mayor logro instrumental posible.


El sonido de The Heckler está sólidamente cimentado sobre el contrabajo de Juan Pablo Balcázar (compositor, además, de todos los temas), de ésos que transmiten en todo momento el chasquear de la madera y una cuidadosa atención a la calidad de su sonido; la batería de Hasier Oleaga descompone con habilidad y sentido los ritmos que se van planteando, con sobriedad y brillantez. El cuarteto se redondea con el tenor levemente aterciopelado, oscuro y severo, de Miguel Villar y la guitarra juguetona, también oscura, de Alejandro Mingot, cuyas mesuradas distorsiones aportan a menudo un saludable tono humorístico al resultado.


En suma, estamos ante una grabación que se aleja de los senderos más trillados en pos de un sonido y estilo propios, aunque no siempre consiguen que esa búsqueda cuaje en forma de música emocionante (“Little Mosquito”, por ejemplo, no termina de arrancar a pesar de la solvencia con que explotan las mejores bazas del tema, y termina resultando algo mecánico). Pero lo más usual es que transmitan una seguridad notable, y nos arrastren a su terreno (“Reptiles”, “I Don’t Remember… And You?”). En todo caso, un disco valiente que a muchos va a obligarnos a seguir la pista a este grupo en el futuro, ya que no se la habíamos seguido en el pasado.

Ricardo Arribas




Kin García - O Lobo Morde A Man


Composiciones: “Lobo” (Kin García), “Home Falcon” (Kin García), “Time Remember” (Bill Evans), “Delgado” (Gabriel Evens), “Fisterra” (Kin García), “Blues Para Mar” (Kin García), “Solar” (Miles Davis), “Blues Para Xaquín” (Kin García).

Músicos: Gabriel Evens (piano), Kin García (contrabajo) y Andrés Rivas (batería).

Audia Records

Comentario: La composición que abre este O Lobo Morde A Man, sencilla y atractiva, es presentada por el piano nítido, cristalino, de Gabriel Evens. Ambos están perfectamente sostenidos por el contrabajo de Kin García (compositor de este “Lobo” y de otros cuatro de los ocho temas que conforman el disco) y por la batería contenida y aérea de Andrés Rivas, que da un gozoso toque al resultado. La atmósfera creada por el trío nos hace partícipes de un jazz sosegado, elegante, poco dado a la exhibición y el acaloramiento; es una atmósfera fina, un grácil velo sonoro que nos envuelve sin engullirnos del todo.


Las sensaciones producidas por “Lobo” vuelven a nosotros a lo largo del resto del disco, un trabajo de ejemplar coherencia que espanta con facilidad el fantasma de la monotonía, gracias a la brillantez de las interpretaciones y la excelente hechura de los temas. La sobria y elegante ejecución de estos músicos (para mí desconocidos hasta ahora) provoca ese fácil discurrir. A menudo confundimos la elección de un tratamiento musical que evita las peripecias armónicas más free con la ausencia de ambición, con un fácil conformismo. Pues bien, a veces los músicos nos corrigen con la verdad de su música, y vuelven a demostrar que nada hay tan difícil como la sencillez. Así sucede en esta grabación de Kin García.


Es inevitable fijarse especialmente en el piano de Gabriel Evens, lleno de un leve preciosismo, de un lirismo nada enfático, un piano humilde que desvela multitud de pequeños secretos alcanzando, a veces, discretas catarsis llenas de fuerza interior. Kin García aporta un sonido largo y sensible, un trabajo perfectamente ajustado y un puñado de meritorias intervenciones solistas, en las que se deja contagiar de la ternura perezosa del piano. Andrés Rivas, como apuntábamos al principio, maneja los platos con certera eficacia, poniendo un punto de color que aporta mucho más al conjunto que el mero sustento rítmico.

No resulta fácil, en esta ocasión, resaltar algunos temas sobre el resto: cada uno de ellos es un ejemplo perfecto de lo que representa el conjunto de la grabación, aportando, eso sí, un punto de vista nuevo, diferente. Haciendo un esfuerzo, podemos fijarnos en “Home Falcon”, por ese instante maravilloso en que Rivas marca por unos segundos con mayor fuerza el ritmo, con la complicidad de sus colegas; o en el menionado “Lobo” por la brillantez de su melodía; o en “Delgado” porque, tras una presentación quizá algo rígida del tema, Evens (compositor) realiza una de sus más hermosas improvisaciones; o en “Fisterra”, con ese ritmo y melodía tan zumbones; o en “Blues Para Mar”, uno de los dos blues que toman posesión del último tercio del disco, ambos medios tiempos espléndidamente resueltos; o en la versión de “Solar” de Miles Davis, donde los músicos dejan bien patente que son perfectamente capaces de brillar en un tempo más veloz. Ya veis, no es fácil resaltar alguno de los cortes, y quizá lo mejor sea no hacerlo y dejar que cada aficionado disfrute a su manera de este disco sereno y hermoso.

O Lobo Morde A Man es una grabación que engancha, un disco que muerde con fuerza al oyente que disfruta del formato clásico de trío-contrabajo-batería, aportando un refrescante toque de contenida modernidad. Un disco precioso.

Nota: Como cada vez que me veo ante un CD que no incluye datos referentes al lugar y fecha de la grabación, no puedo evitar hacerlo notar. Para algunos de nosotros representan un placer adicional al que nos acostumbraron los sellos clásicos del jazz hace tiempo y nos cuesta convivir con su ausencia.

Ricardo Arribas




Robin McKelle - Introducing


Composiciones: “Something’s Gotta Give” (Mercer), “Bei Mir Bist Du Schon” (Cahn/Chaplin/Jacobs/Secunda), “Night & Day” (Porter), “For All We Know” (Coots/Lewis), “You Brought A New Kind Of Love” (Fain/Kahal/Norman), “Dream” (Mercer), “Yes, My Darling Daughter” (Lawrence), “Deep In A Dream” (Delangem/VanHeusen), “I've Got The World On A String” (Arlen/Koehler), “Come Rain Or Come Shine” (Arlen/Mercer), “The Lamp Is Low” (DeRose/Parish/Ravel), “On The Sunny Side Of The Street” (Fields/McHugh)

Músicos: Robin McKelle (voz), Quinn Johnson (piano), Wayne Bergeron (trompeta), Gary Grant (trompeta), Don Clark (trompeta), Willie Murillo (trompeta), Andy Martin (trombón), Charlie Morillis (trombón), David Stout (trombón), Paul Klintworth (corno francés), Bob Shepard (saxo alto, clarinete), Brian Scanlon (saxo alto, clarinete), Ray Herrmann (saxo tenor, clarinete), Mark Visher (saxo tenor), Pete Christlieb (saxo tenor), Glenn Berger (saxo barítono, clarinete), Gary Foster (clarinete), Larry Koonse (guitarra), orquesta de cuerdas dirigida por Kathleen Robertson, Robbie Wycoff (voz), Reggie McBride (contrabajo), Bernie Dresel (batería y percusiones).

Cheap Lullaby Records, 2.007

Comentario: Hay discos que inmediatamente le ponen a uno de buen humor, no ya por su calidad (la buena música, qué duda cabe, nos trae cierta felicidad, con independencia de los estados de ánimo que convoca), sino porque esa parece ser la intención de sus artífices. Si comentamos que Robin McKelle nos recuerda inmediatamente en el fraseo y (aún más sorprendente) en el efecto a Ella Fitzgerald, no cabrá a nadie duda de que es una cantante plenamente capaz de ponernos de muy buen humor.


La joven lo vio claro desde el principio: para su debut discográfico quería una grabación con big band, composiciones de los años cuarenta y maneras clásicas. No siempre tener las ideas claras se traduce en el resultado apetecido, pero este Introducing triunfa gracias a su relativa falta de ambición y el arrollador empuje vocal de McKelle. Su voz produce una sensación extraña; es a un tiempo nasal y brillante, y la cantante maneja su notable potencia con la contención precisa para no resultar excesiva, gracias en gran medida a un fraseo rico, atractivo y variado.


Los arreglos de Willie Murillo suplen cierta falta de sutilidad con entusiasmo, energía y brillantez. Cierto, no hay en ellos excesiva originalidad; de hecho, los hay prácticamente calcados de versiones ya conocidas. Es el caso de “Night And Day”, por ejemplo, que ha sido revivida 50 años después de la grabación que de ella hiciera Sinatra con el mismo arreglo de Nelson Riddle, flaco favor se hace cualquier cantante al rescatar con ese descaro grabaciones tan insuperables. Tanto más significativo resulta, por ello, que Robin McKelle sobreviva a la prueba, con una interpretación emocionante, llena de inflexiones personales y enriquecedores giros vocales. Se agradece la aparición de un cantante capaz de escuchar tanto la parte instrumental como su propia intervención, conocedor de sus armas y hábil negociador de sus limitaciones. Por cierto, es curioso cuánto ha cambiado con los años la calidad del sonido grabado; sin duda ha ganado en nitidez y claridad, pero en muchos casos a costa de cierta naturalidad y relajación sonoras, como si… claro, como si cada instrumento grabase en un cuarto diferente.


Tras un arranque arrollador, propiciado por la energética “Something’s Gotta Give”, los aires latinos de “Bei mir bist du schon” y la temeraria y satisfactoria revisión de “Night And Day”, McKelle muestra su solvencia en los tiempos lentos (“For All We Know”) y medios (“You Brought A New Kind Of Love” y “Dream”), manteniéndose siempre la energía de los arreglos y la riqueza vocal. “Yes My Darling Daughter” nos devuelve la fuerza del arranque del disco y así, alternando con habilidad tempos y temperaturas, transcurre esta grabación que logra la nada despreciable hazaña de resultar original por su excelente recreación de un jazz que, si bien no ha desaparecido nunca, lleva años enterrado bajo una montaña de rutinaria y anodina eficacia y una endémica ausencia de talento.


Pero talento le sobra a espuertas a esta joven vocalista que, de continuar por la senda abierta con este Introducing, parece llamada a insuflar una saludable calidad a esas grabaciones de jazz que con tanta habilidad consiguen algunas discográficas vender como rosquillas. Pero no seamos ansiosos, ahora es tiempo de disfrutar de las muchas bondades de su primer disco, y de hacerlo sin complejos, contagiados del buen humor que de él se desprende.

Ricardo Arribas




Fred Anderson & Hamid Drake - From the River to the Ocean


Composiciones: “Planet E” (Anderson), “Strut Time” (Anderson), “For Brother Thompson” (Bankhead), “From the River to the Ocean” (Abrams-Drake), “Sakti/ Shiva” (Anderson-Abrams).

Músicos: Fred Anderson (saxo tenor), Jeff Parker (guitarra), Harrison Bankhead (contrabajo, violonchelo y piano), Josh Abrams (bajo, guimbre), Hamid Drake (batería y pandero).

Thrill Jockey 183 (Green Ufos)

Comentario: From the River to the Ocean es un título que encaja a la perfección con la personalidad de Hamid Drake y la sabiduría antigua de Fred Anderson. La idea de un desembalsar aguas de toda procedencia en un océano de música primordial va bien con su contenido, desde temas étnicos de ambiente espiritual a piezas de groove, pasando por el hard bop. En parte miembros de la AACM, la estética afrocéntrica del From ancient to the future está en todo momento presente. Si el disco precedente a nombre de Anderson y Drake en Thrill Jockey era un dúo, éste es un magnifico trabajo de grupo en el que ni Parker, ni Bankhead, ni Abrams, son anónimos sidemen reemplazables por otros nombres, sino absolutos delineadores del curso que toman sus temas, su colorido o sus texturas. Así, una de las grandes bazas del álbum proviene del irresistible movimiento creado por el tejido de contrabajos en conjunción con la batería terrena de Drake (soberbio en “Planet E”) y otra, de la dimensión extra que añade la guitarra de Parker cuando la música corre el riesgo de situarse en terrenos exclusivos de raíz, y aún otra, del multi-instrumentalismo de Bankhead, constante colaborador de Anderson y Drake. Son el saxofonista y el batería los líderes nominales del álbum, pero puede decirse sin temor a duda que la personalidad de éste From the River to the Ocean proviene de su bien tramado trabajo colectivo.


No todo encaja en este From the River to the Ocean, por ejemplo, el centro del álbum lo ocupan los 21 minutos de “Strut Time”, un blues con la atípica segunda voz de un violonchelo en el que todos los miembros solean generosamente, corte que convive con dificultad con el carácter de las otras piezas. Pongamos por caso, “For Brother Thompson”, dedicado al trompetista Malachi Thompson, con sus cánticos en árabe y un aire espiritual muy Pharoah Sanders. No hay duda de la comodidad, amplia y flexible como un zapato bien usado, que todos los componentes del grupo encuentran en el blues y el bop del tema antes citado, pero son los otros segmentos los que mejor definen a esta banda: el ancho groove de “Planet E”, el aire meditativo de “Sakti/Shiva”, y sobre todo la maravillosa amalgama de percusión, guimbre, contrabajo al arco, percusión y el tono gastado, mate, del tenor de Anderson en el tema que da título al álbum. Es en ellos donde la visión del grupo toma un cuerpo incuestionable.


Un apunte merece la limpia producción de John McEntire, con los dos contrabajos situados bien delante, saxo en el centro y la batería algo retrasada (más al frente y en los extremos cuando se trata de panderos). Es esta una claridad que se extiende al diseño del álbum, fotos que acentúan los rasgos de la piel, colores matizados, caligrafía.

Dudo que Fred Anderson haya puesto su nombre en disco de tanto atractivo como el que éste posee.

Ángel Gómez Aparicio




Wynton Marsalis - From The Plantation To The Penitentiary


Composiciones: "From The Plantation To The Penitentiary", "Find Me", "Doin' (Y)our Thing", "Love And Broken Hearts", "Supercapitalism", "These Are Those Soulful Days", "Where Y'all At?".

Todos los temas de Wynton Marsalis.

Músicos: Wynton Marsalis (trompeta y voz), Walter Blanding (saxos soprano y tenor), Dan Nimmer (piano), Carlos Henriquez (bajo), Ali Jackson, Jr. (batería) y Jennifer Sanon (voz).

Grabado en Nueva York el 28 y 29 de junio de 2006.

Blue Note 0946 3 73675 2 0
(EMI)

Comentario: De la plantación al presidio habrá infinidad de trayectorias posibles, pero es improbable que alguna pase por un ático en Manhattan y un despacho en el Lincoln Center. Todo esto no es óbice para que Marsalis diga lo que le salga de la trompeta, evidentemente, pero tales antecedentes no son muy prometedores.


En la parte estrictamente musical este disco está cocinado a fuego medio, y es notable por varias razones: la principal, que para ser un disco de Marsalis hay muy poca trompeta. Además, salvo en partes de "Supercapitalism", los tempos trepidantes brillan por su ausencia y predominan los medios y lentos. Por otra parte, armónicamente el disco carece casi totalmente de los ejercicios de sofisticación compositiva que cabría esperar de Marsalis. En "Doin' (Y)our Thing" recupera su querencia –que ya exhibió en su ballet Jazz– por las precisas miniaturas de swing de combos como los de John Kirby o Raymond Scott, alimentadas en este caso a base de mucha escala pentatónica y alguna disonancia que se remonta a Jelly Roll Morton por lo menos.


El tema en el que Marsalis echa el resto como compositor es el que abre y titula el disco: está dividido en pasajes con diversas métricas pero todas en compás de tres o seis tiempos, con cierto regusto mingusiano pero con el particular sentido armónico del autor, que acierta con las fuertes disonancias –la firme entonación de la Sanon brilla en momentos especialmente difíciles– pero carece de sutileza al emparejar tan abiertamente los versos sobre "la plantación y el presidio" con dichas disonancias y los de "la tierra de libertad" con pasajes algo más consonantes. Los cambios de métrica aportan variedad en un tema que culmina en uno de los pocos momentos en que este disco muestra algo de nervio, el solo de Blanding al soprano sobre un colchón armónico terriblemente familiar (un par de acordes más una cadencia de resolución al final de cada chorus).

En el extremo opuesto están "Find Me", que recupera elementos ya presentes en Blood On The Fields y sirve poco más que para el lucimiento de Jennifer Sanon, y sobre todo "Love And Broken Hearts", en la que Marsalis calca las baladas del cancionero estadounidense. Al menos sirve como escaparate para la cantante, a la que Marsalis cede muchísimo espacio, teniendo en cuenta su juventud (recién estrena la veintena); como vocalista promete, su afinación es impecable, pero llama la atención la levedad de su timbre y sobre todo la casi total ausencia de vibrato, condiciones poco apropiadas para los temas que aquí se tratan.

Como muchos standards clásicos, "Love..." es una canción bonita a la que le ha caído una introducción horrenda, en este caso el típico ejemplo de torpe propaganda del binomio Marsalis-Crouch, porque es de torpes colocar en nueve versos de una presunta canción romántica "con men", "pimps", "hustlers", "bitch", "ho", "niggerin'", "coons" y "minstrels". Siguiendo con las incoherencias contextuales, en el resto de la canción, una típica balada urbana con cierto aire sofisticado surgen, como pulpos en el proverbial garaje, "cantantes de country blues".

Hablando de Crouch, las anotaciones de ese diletante sin gracia siguen siendo megalomanía pura (lo cual dice muy poco a favor de Marsalis, que recurre de nuevo a sus oficios). ¿Qué sentido tienen afirmaciones como "Wynton Marsalis es uno de los artistas más importantes de nuestro tiempo porque la calidad y amplitud de su talento apenas tienen igual y su integridad no la supera nadie"? Aun así, hay que reconocer que tiene gracia que Crouch añada "¡uy!, ¿he oído decir a alguien integridad en esta casa?", no tanto porque puede que "esa casa" sea Blue Note, sello de Marsalis y Norah Jones (y Suzanne Vega), sino porque alguno de los temas de este disco no desentonaría del todo en el repertorio de la pianista.

Donde Marsalis se cubre de gloria, no obstante, es en el tema que cierra el disco, "Where Y'All At?", un desastre desde el momento en que se dice a sí mismo "has de hablar el lenguaje que habla la gente" y en esa misma estrofa suelta "critiquin'" y en la siguiente deja caer a "Camus". Dejando a un lado que lo que hace aquí no tiene nada que ver con el rap –supongamos, por caridad, que no es su intención rapear– lo más grave es la carga ideológica del personaje: critica sin dejar títere con cabeza, como si fuera apolítico, pero al decir que "el partido de Lincoln [el Republicano] no puede tener la culpa de todo" y, sobre todo, al quejarse por los impuestos (en un país con una presión fiscal baja como la calidad de sus servicios públicos), el resultado es un retrato francamente antipático que viene redondeado por la incoherencia de "Supercapitalism", arrebato anticonsumista de quien es, o ha sido durante años, la cara visible de una marca de relojes de lujo.

Esperemos que Marsalis recupere el nervio musical en el futuro. Lo que es una pena es que el emperador siga sin tener alguien que le avise de que va desnudo.

Fernando Ortiz de Urbina




Antonio Bravo - Tangentes


Composiciones: “África”, “Platypus”, “La polea”, “Noroeste”, “Circe”, “El vals de Berta”, “El malabarista”.

Todas las composiciones por Antonio Bravo.

Músicos: Antonio Bravo (guitarras), David Herrington (trompeta y corneta de bolsillo), Christian Pérez (contrabajo) y Santiago Rapallo (batería).

Grabado en Brazil Estudios, Rivas Vaciamadrid (Madrid), del 28 al 30 de marzo de 2007
Producciones efímeras. Nube 1007.

Comentario: Según el Diccionario de la Real Academia Española, una tangente es una “recta que toca a una curva o a una superficie sin cortarlas”. Así es la música de Antonio Bravo, líneas sonoras que se apoyan en elementos estilísticos conocidos sin penetrar en ellos en exceso; rectas que trazan un camino rebosante de lenguaje y referencias a la tradición del jazz, pero sin abusar de clichés preestablecidos. Personal como siempre, el guitarrista gallego (habitual de las formaciones de Baldo Martínez) crea en Tangentes un concepto artístico serio, reflexivo, incluso algo oscuro. Para ello se hace acompañar de una sección rítmica contundente y entregada al proyecto (Christian Pérez al contrabajo y Santiago Rapallo a la batería). Completando la formación se encuentra el inglés David Herrington, trompetista de sonido cálido, buen improvisador y excelente melodista. Antonio Bravo se muestra en todo momento seguro y decidido, cómodo en sus líneas improvisatorias de corte moderno, pero sin ocultar su deuda a la guitarra de jazz tradicional.

El repertorio, original del guitarrista, es métricamente muy rico, como demuestra ya desde su primer corte, “África”. Bravo juega con la métrica de 7/4 en “La polea” (donde el unísono guitarra-trompeta sobre el riff de bajo aporta misterio) y con la de 3/4 en la deliciosa “Platypus”, combinando 7/4 y 5/4 en “Circe”. “El vals de Berta” incluye una sección en 4/4 sobre lo que aparenta ser un simple vals, y “Noroeste” también juega con el 4/4, en este caso sobre un animado compás de 6/8. El único tema totalmente concebido en 4/4, el modal “El malabarista”, desdobla su pulso al principio del solo del líder para recuperar más tarde el original. La calidad de las melodías completa una ecuación de satisfactorio resultado.

Si hay un pero digno de mención es la calidad de sonido de la producción, cuando menos discutible, en claro contraste con el excelente diseño gráfico (de corte minimalista) de la carpetilla del CD. No obstante lo más importante, la música, funciona a la perfección. Volviendo al Diccionario de la R. A. E., podemos retomar otra acepción de tangente: “que toca”. En Tangentes Antonio Bravo toca. Y mucho.

Arturo Mora Rioja