JOSETXO GOIA-ARIBE: LOS PENDIENTES DE LA REINA

Hace 10 años que el saxofonista tenor y soprano, además de compositor, Josetxo Goia-Aribe, grababa en Navarra su primer trabajo “Auñamendi”, un disco de jazz avalado por Michel Portal que mostraba dibujos musicales de algunos lugares y tradiciones de Navarra y el País Vasco.

Como muchos, sintió la necesidad de abrazar el acerbo cultural de su tierra estando lejos de ella, concretamente estudiando improvisación en París. Hoy, y con cuatro discos en su haber, Josetxo sigue fusionando con belleza y naturalidad el jazz con la música tradicional del País Vasco y Navarra. A pocos meses de editar su quinto trabajo Los pendientes de la reina, hemos tenido la oportunidad de “ chatear” con él para esta entrevista.

Entrevista por Víctor Bobeche publicada en octubre de 2006.


© Jose Antonio Perales Diaz

VÍCTOR BOBECHE: Háblanos de tu próximo proyecto. ¿Por qué has elegido este título?

JOSETXO GOIA-ARIBE: El título obedece a una historia que me comentaron por casualidad: allá por el año 1900 una mujer que vivía a 12 kilómetros de Pamplona tenía por costumbre ir –andando– a las fiestas de Pamplona, los famosos “sanfermines”. Bien, esta mujer con sus hijos pequeños de la mano y dentro de la vorágine de la fiesta y de todos los estímulos que puede ofrecer ésta (ya sabes los encierros, los toros, carruseles, música, etc., etc. ) se fijaba en un detalle diminuto y que pasa absolutamente desapercibido, y es que ella se quedaba prendada, embelesada con unos pendientes (de fantasía) que llevaba una de las figuras de la comparsa de gigantes y cabezudos que alegraban la calle. Eran ocho gigantes y de ellos la que se conoce como reina europea era su preferida, y claro está los pendientes de ésta y su “vaivén” cuando era bailada.

Esta mujer del campo sin duda de gran sensibilidad trasmitió este detalle casi a 4 generaciones en su familia. Era un secreto de familia, algo íntimo, y sin duda precioso.

Yo he desvelado esta historia porque estamos rodeados de pequeñas cosas en las que a veces no nos fijamos. Es un canto a las cosas pequeñas, a los pequeños objetos, a la memoria, a la tradición oral que sin duda nos ayuda a hacer lecturas diferentes de la época que nos toca vivir, y yo lo quiero hacer con música. Quiero decir algo así como ¡viva la mujer de Muru Astrain!

VÍCTOR BOBECHE: Cuéntanos algo de las integrantes de este nuevo cuarteto.

JOSETXO GOIA-ARIBE: Al piano, Sorkunde Idigoras Viedma de Donostia. Al contrabajo, Luisa Brito, de Portugal y afincada también en Donosti y Estitxu Pinatxo Olaziregi, de Bera de Bidasoa (Navarra) a la voz. Excelentes músicos y excelentes personas. Somos una pequeña familia, “los pendientes de la reina”.

VÍCTOR BOBECHE: Al igual que en tu último disco editado Ilhargi-min, mantienes un cuarteto con contrabajo, piano, saxo y voz, con distintos compañeros de viaje. Dicho disco era un bello recorrido musical por la literatura vasca, en el que también había amplio espacio para la improvisación. ¿Los pendientes de la reina avanza en el mismo camino en cuanto a textos, composiciones y libertad en la interpretación instrumental?

JOSETXO GOIA-ARIBE: Sí. La diferencia quizás estriba en que la cantante de Los pendientes de la reina es más versátil, el tempo está más instalado, hay una fluidez distinta al anterior disco. Pero sí siguen siendo textos en euskara (hay dos en castellano) y gran libertad para la improvisación.


Sorkunde idigoras, Estitxu Pinatxo, Luisa Brito y Josetxo Goia-Aribe
© Josetxo Goia-Aribe

VÍCTOR BOBECHE: ¿Cómo está siendo la aceptación del público de este nuevo proyecto en las presentaciones que estáis haciendo en directo?

JOSETXO GOIA-ARIBE: Muy buena, el público es muy heterogéneo. Es una música en la que todo gira alrededor de un texto, de una historia que se cuenta, buscando el equilibrio necesario para que las intervenciones instrumentales e improvisaciones formen parte de un todo.

Mis compañeras y yo adoramos el jazz, la actitud del músico de jazz, no sé… ese punto “libertario”. Es el caso de tomar por ejemplo el texto de Bécquer de “Volverán las oscuras golondrinas” y musicarlo e interpretarlo desde una opción y formación “jazzera”. Es una gozada.

El fontanero, el transportista, el parado, el estudiante, el albañil etc... que según Adolf Schönberg son el público más sensible y receptivo, se queda con una mirada que viene a decir –y es mi lectura personal, ¿eh?– “¡mira éstos cómo se lo montan!”

Y así…

VÍCTOR BOBECHE: Queda aclarado que has exagerado en los “perfiles” del aficionado al jazz, aunque debo darte la razón en la poca presencia de público en determinados conciertos. En este punto, debo hacerte dos preguntas muy habituales, pero que nos ayuda a los aficionados a ampliar nuestro abanico de búsquedas musicales: ¿qué músico o músicos que te influyen (si los hay) a la hora de componer y/o de interpretar?

JOSETXO GOIA-ARIBE: Por un lado el sello ECM y el jazz que se denomina europeo, creo que le llaman jazz de raíz. Y claro está los clásicos, los grandes, especialmente Lee Konitz al alto y Sonny Rollins al tenor son los que mas he oído y oigo.
Y también soy cada vez más receptivo a las manifestaciones populares por aquello del gesto espontáneo, la inocencia, la no voluntad de estilo. Yo qué sé. Me interesa el fraseo del gitano que toca la trompeta mientras sube la cabra al podium ése, o cómo canta alguien una habanera, bolero o jota después de una sobremesa. Las manifestaciones populares son de una gran riqueza, fuente de inspiración y claro está de estudio.

¿Sabías que John Coltrane se quedó en una ocasión maravillado en la base americana de Zaragoza oyendo tocar la dulzaina castellana a Agapito Marazuela?

Parece ser que se quedó con las ganas de investigar aquel mundo de jotas, fandangos, aquel fraseo, aquella “manera de”. Y era una gaita y un tambor, nada más, pero claro, hay más cosas.


© Idoia Zabaleta

VÍCTOR BOBECHE: No conocía la anécdota de Coltrane, pero hubiera sido interesante ver qué interpretación hubiera hecho de la dulzaina el genial saxofonista. Y como aficionado ¿qué música te interesa?

JOSETXO GOIA-ARIBE: Estoy, no sé, como redescubriendo la música clásica o culta como se le llama. El equilibrio sonoro, la coherencia, la pura arquitectura, la creación en suma.

Cuando Eduardo Chillida decía que siempre trabajaba escuchando a Bach por que este músico le parecía el mejor arquitecto/escultor del mundo, uno no puede quedar indiferente.

Sé que la respuesta políticamente correcta es que uno escucha aquella música que es buena, pero ¿qué se supone que es bueno y qué es malo?A veces encuentras miradas hostiles y recriminatorias de gente y músicos por decir, por ejemplo, que te gusta el Fari. Y a mí me puede gustar el Fari con sus melismas, ese timbre, ese fraseo, “esa manera de…”. Quiero decir que aquello que te gusta y que por tanto te interesa como apuntas en tu pregunta, está muy relacionado con tu libertad de elección, de tu cultura musical, de algo tan metafísico como es el gusto por las cosas, y esto puede parecer una perogrullada, pero ser libre realmente y escuchar a tu corazón no es nada fácil. Suele haber tertulias y diálogos entre músicos de sutiles competiciones por cuestiones de gusto, en un ánimo de convencer al rival de que mi gusto y mi sensibilidad están por encima de la suya, y algunas de estas tertulias pueden ser incluso muy aleccionadoras, pero otras muchas son absolutamente estériles. Incluso críticos de radios nacionales con micrófono en ristre juegan a esto con dinero público, es decir, diciendo al personal qué es lo bueno, o mejor dicho, qué es lo mejor. ¡Qué lástima!Hay en concreto uno a eso de las tres de la tarde –y se que me la juego diciendo esto– que utiliza la palabra “absolutamente” unas diez veces y me quedo corto. Suele utilizar frases de este calado: “La música que voy a escuchar ahora es una música absolutamente…”, y dale con el “absolutamente”. En la música no hay absolutos.

Imagínate que alguien le escucha al pájaro este y no le gusta lo que está poniendo, y le recuerdan constantemente que es una música “absolutamente”, “decididamente”, “increíblemente”… esto no ayuda a que la gente se forme en sus gustos. Creo que la pretensión del tío este es demostrarnos cuánto sabe y de la habilidad –sin ningún género de dudas– de la utilización de todos los adverbios de modo habidos y por haber en el castellano. Y sí, sí hay que respetar los gustos de todo, como digo, ¡pero no desde categorías absolutas!

Luego hay gustos y estéticas que sin darte cuenta y debido al ambiente donde puedas estar son los correctos, es decir, hay por decirlo así un “rictus” de estilo, de “estar en la onda”… y esto puede –digo puede– crear una dificultad y conflicto en tu ejercicio de introspección interior, en tu libertad de estilo/gusto.

Yo, como docente en Musikene (Centro superior de música del País Vasco) me gusta hablar mucho con los alumnos del “gusto”, dejar que todo el mundo hable de sus gustos y –sobre todo y esto esta en mi mano– establecer en clase un respeto escrupuloso a aquella persona a la que no le puedan gustar cosas de Bela Bartok, Coltrane o “rita la cantaora”. El gusto, la libertad de gusto y toda su dialéctica, creo que es una materia que se debería desarrollar mucho más en la pedagogía musical. Esto está muy descuidado y sé que es complejo…

La crítica musical es un género –en la actualidad y salvo contadas excepciones– de un ejercicio de prurito personal no exento de poder y arrogancia. Y esto es peligroso porque estos críticos –y no me olvido de tu pregunta– están determinando y condicionando el gusto de la gente.

En otro orden de cosas y en el ámbito docente siempre existe y ha existido la puñetera manía consciente o inconsciente de que el alumno lleve “la onda” del profesor y éste, para complacerlo (en junio hay que verse las caras), cae, o no, en la trampa. Esto yo lo he sufrido en mis propias carnes en Pamplona y en Paris.

Yo ahora, como profesor, he decidido romper esta cadena a favor del gusto del alumno, aunque a mí no me guste y simplemente por el gusto por la libertad del gusto del alumno, he dicho.

Como músicos y, por definición, como artistas, debemos y –no quiero hacer la moral a nadie– ser proscritos en nuestro propio medio. Así es que mi actitud es la de ganar enteros para estar abierto a todo y sentirme cada vez más apto para el respeto de cualquier manifestación musical; y es que desde el respeto se disfruta de todo mucho más. La libertad del gusto, como digo, es importante para el desarrollo del músico.

Yo es algo que me lo curro por decirlo así cuando de una manera aleatoria muevo el dial de la radio.

Pienso que en la música como en la comida hay que comer de todo y cuantos más colores tengan los ingredientes mejor, ésta es la máxima de los nutricionistas, y creo que puede ser una buena metáfora; bueno igual me he desviado un poco de tu pregunta.

VÍCTOR BOBECHE: Interesante reflexión sobre el gusto y el respeto que se le debe. Pero retomemos un concepto que mencionaste antes, las manifestaciones populares. Hace muy poco estuve en un pueblo de Teruel viendo un espectáculo de jotas aragonesas muy interesante, sin embargo, (y creo que aquí reside una de las virtudes que tenéis los músicos de jazz que utilizáis elementos regionales), resulta difícil pensar que se pueda “jazzear”, sobre todo si el músico no es de la región en cuestión. Esto me lleva a acordarme de tus primeros compañeros.

JOSETXO GOIA-ARIBE: Yo parto de la base de que si te encanta el jazz y por otro lado te encanta también la música tradicional puedes tener, por así decirlo, muchos boletos para que transgredas esta última; a lo mejor es mi caso, supongo. Respecto a ser de la región o no de las músicas tradicionales para “jazzearlas”, como dices, me parece algo cada vez más relativo. Es decir, seguro que algún negro norteamericano le podrá costar entender –o no– cómo un español se dedica en cuerpo y alma a tocar el blues cuando el Mississippi dista a miles de kilómetros del Arlanzón, pongo por caso, o cómo un grupo de Valladolid de éxito toca música celta, o que el hijo de un tío de la Cataluña profunda que toque la gralla catalana esté todo el día oyendo a Ornette Coleman... Yo qué sé. Creo que concurren muchísimas variables para que algo te guste o disguste, el plano afectivo es muy importante, la educación musical que hayas recibido, el identitario también, pero como digo es relativo. A mis compañeros de Paris les gustó lo que hacía, se implicaron a fondo, ha sido una experiencia fantástica. Ahora nos vemos un poquito menos.

VÍCTOR BOBECHE: Como decía, creo que tus compañeros mostraron grandes virtudes en tu primer proyecto, interpretando de forma excelente una música que, siendo jazz, tomaba bastantes elementos regionales que en principio les eran ajenos. En Ilarghi-Min tocaba el contrabajista Marc Buronfosse con un papel muy destacado, en tu próximo trabajo ya no aparece ninguno de los músicos de tu “ensemble”. ¿Tu primer proyecto es ya una página cerrada o piensas en un futuro editar algo en ese formato?

JOSETXO GOIA-ARIBE: En el nuevo proyecto está como pianista Sorkunde Idigoras, luego llamé a Estitxu Pinatxo (voz)... Sorkunde me habló de una contrabajista, bueno de hecho, yo quería una mujer tocando el contrabajo... y al final pues el grupo son todo mujeres; es muy posible que colabore otra mujer (parisina) en la percusión. Y así, cuando le conté la formación a Marc Buronfosse, este me dijo: “¡Ah! ¿Estás haciendo como W. Shorter un grupo de mujeres? ¡Ánimo, adelante!”

Con Marc sigo teniendo una estrecha relación, y con los demás del ensemble, Jérôme Rateau y François Verly un poco menos, no obstante sus móviles están permanentemente actualizados.

VÍCTOR BOBECHE: Muchísimas gracias por tu tiempo. Ha sido un placer tener esta charla electrónica contigo. Esperemos que como artista sigas emocionándonos. Pero sobre todo que como músico de jazz apegado a tu tradición, sigas en la línea de sembrarnos la curiosidad y regarnos con ganas de saciarla.

JOSETXO GOIA-ARIBE: Gracias a ti. Hasta cuando quieras.

© Víctor Bobeche, Tomajazz, 2006

 

 

   
   
© 2009 Tomajazz