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..:: BAJO EL REINO DE RAY

   
 

Retrato y declaraciones de uno de los mejores bajistas de la historia del jazz: Raymond Matthews "Ray" Brown, nacido en Pittsburgh el 13 de octubre 1926, muerto el 2 de julio 2002 en Indianápolis. Por Mike Hennessey (articulo publicado en Jazz Magazine en marzo de 1984)

   

 

Hace 20 años, compré un disco de Junior Mance publicado por Verve. En él estaban Ray Brown al bajo y Lex Humphries a la batería. Lo más destacable del disco era sin duda la manera de tocar de Ray Brown. El tempo, el sonido, la entonación, las líneas melódicas, el ataque rítmico, todo era perfecto. Tanto que, a cada escucha, me sorprendía a mí mismo escuchando más atentamente a Brown que a Mance. Tal vez el bajo estuviera mejor grabado que de costumbre. Es cierto que el contrabajo nunca se había viso favorecido en las grabaciones hasta la aparición del microsurco. Los coleccionistas de discos se veían limitados hasta entonces a intuir cuatro vagos golpeteos por compás para asegurarse de que, en efecto, había un bajista en la grabación. Que este disco haya sido o no un acontecimiento capital para el desarrollo de esta música y de las grabaciones poco importa: lo fue para mí –aunque ya había escuchado y apreciado a Brown en las grabaciones del big-band de Dizzy Gillespie y, claro está, con el trío de Oscar Peterson.

Desde finales de los años cincuenta, los avances en la forma de tocar de los bajistas (tanto al arco como con pizzicato) y en la calidad de las grabaciones han sido espectaculares. Los bajistas de Bill Evans – Scott La Faro, Chuck Israels, Eddie Gómez – dieron al instrumento una orientación totalmente nueva. En Europa, músicos como Niels-Henning Orsted-Pedersen (NHOP), George Mraz, Aladár Pege, Miroslav Vitous y Eberhard Weber contribuyeron a revalorizar el estatuto creativo del instrumento. Más recientemente, Mike Richmond, Jaco Pastorius, Stanley Clarke y Marc Johnson se sumaron a las filas de los virtuosos. Pero, con el transcurso de los años, Ray supo conservar un lugar aparte en la jerarquía. Sigue siendo el pilar de todo el edificio, un ejemplo para miles de bajistas.

Hace unos años, en el festival de Montreux, Ray y NHOP fueron llamados de improviso por Norman Granz, quien les pidió que tocaran un set con Oscar Peterson. Esto parecía anunciar un combate a cuchillo y si se hubiera hecho una encuesta rápida en la sala, estoy convencido de que la mayoría se habría inclinado a favor del danés. Pero estos dos músicos tienen suficiente madurez y respeto mutuo para evitar transformar en duelo un reunión musical de este tipo. NHOP toca mucho más rápido que Brown pero si se trata de autoridad puramente majestuosa, Ray gana la partida. Fue un hermoso encuentro en el que cada contrabajista concedió todo el espacio necesario a su compañero.

"Era una especie de reto. En aquella época, no había realizado muchas giras desde hacía algún tiempo. Me había dedicado sobre todo al trabajo en estudio y me había desplazado a Europa para grabar una serie para la televisión británica. Pero no viví ese concierto como una competición: lo que nos preocupaba de verdad a Niels y a mí era estar listos para reaccionar a lo que tocase Oscar. Nunca anuncia los títulos ni da indicaciones pero, por otro lado, si lanzamos un tema, nos sigue instantáneamente. Oscar nos conoce lo suficiente para saber que no íbamos a perder pie. Bastante experiencia tenemos para eso... Hoy hay muchos bajistas muy buenos y muy rápidos – Niels, Stanley Clarke, Eddie Gómez... –, así que, cuando un joven empieza, escuchar a toda esta gente es ya para él un punto de partida. Yo partí de Jimmy Blanton. Hubo un tiempo en que yo era el más rápido. La gente decía: "¡Nunca hemos oído a alguien tocar tan rápido!" ¡Y... si vives el tiempo suficiente, te conviertes en el pistolero más lento del Oeste! Pero tengo suerte: sigo viajando, toco en varios países, y el público me sigue apreciando. Puedo tocar lo que quiero y, mientras haya gente que me escuche, me es suficiente.

En 40 años de oficio, Ray Brown ha pasado momentos difíciles y se ha labrado una reputación de decidido defensor de los derechos de los músicos. Le pregunté si la fama de duro que tiene era merecida...

"No lo creo. Pero he llegado al punto en que me digo que si alguien me quiere contratar, me he mojado lo suficiente para que me paguen decentemente. Sino, no voy. Ahora me lo puedo permitir, mientras que antes tenía que aceptar el concierto para poder comer. Antes, los músicos siempre estaban explotados. Recuerdo una época, al principio, en la que a Dizzy, a Bird, a todos, nos robaban totalmente. No podíamos hacer nada, así que nos contrataban por 25 dólares y punto. Intento explicarle a los jóvenes que deben protegerse contra esto. Hay muchos que son suficientemente listos para tener su propia editorial pero sigue habiendo algunos que no son conscientes de lo que tuvimos que soportar en aquellos tiempos."

Se puede considerar –sobre todo si se le compara con el jazzman profesional común– que Ray Brown tiene una vida acomodada. Reparte su tiempo entre sesiones de estudio (único momento en el que llega a utilizar un bajo Fender), giras con el Los Angeles Four y otras pequeñas formaciones, y diversas apariciones en festivales. Su sabiduría y su experiencia, explican su prosperidad, claro está, pero también se debe a su determinación de recibir una remuneración justa por su trabajo: "Antes, no era tan importante. Cuando empiezas, estás tan contento con poder tocar que no piensas en el dinero. Cuando debuté con Peterson, en 1949, el dinero no contaba. Pero al tener hijos, letras, te preocupas de saber cómo vas a pagar las facturas."

Incluso tras trabajar 10 años con Peterson, afirma Ray, el dinero ganado era escaso, comparado con las obligaciones que imponían las giras:

"Trabajar con Oscar no fue una buena operación financiera, en todo caso no antes de los cuatro o cinco últimos años. Debía ganar unos 1.000 dólares semanales, y al final, recibía un porcentaje, de modo que cuando el trío ganaba dinero yo también lo hacía. Pero algunas de aquellas giras eran verdaderos suplicios: a veces dábamos 62 conciertos en 65 días. ¡Ganábamos mucho dinero! Es cierto. Te jodes durante años y resulta que te dicen: "¿Quieres ganar pasta? Te proponemos una gira maratón." Parece que no hay término medio."

Ray Brown permaneció 15 años con Oscar Peterson.

"Estuve más tiempo", dice fingiendo terror, "¡que la mayoría de los hombres con su mujer! Pero, sin ninguna duda, tocar con Peterson me permitió ser mejor músico. Pienso que hemos construido algo juntos que, musicalmente, nunca se derrumbará. Sencillamente, un buen día, me di cuenta de que tenía 40 años, que el dinero estaba bien, pero que las giras eran demasiado duras, y me dije que podría ganar tanto o más dinero trabajando en los estudios de California. Decidí parar. No me arrepiento de los años pasados con Oscar. De vez en cuando volvemos a tocar juntos. Creo que el mejor de sus tríos fue con un guitarrista –Barney Kessel primero y luego Herb Ellis -, porque ensayábamos y trabajábamos enormemente el voicing de la guitarra con el piano. No necesitábamos batería, yo era el "batería" del trío y el guitarrista ocupaba mi lugar cuando yo realizaba un solo. Está bien no tener que depender de un batería, te da confianza en tu propio tempo". Aunque Peterson tenga fama de muy trabajador, Ray Brown niega que sea un líder difícil: "Todo depende de la forma que tengas de reaccionar ante los demás. Si no te intimida la profesionalidad absoluta, no tendrás ningún problema. Claro, Oscar en ocasiones te pone en dificultades al atacar temas no previstos o al doblar el tempo, pero si no eres capaz de responder a esto, no vale la pena tocar con Oscar. He disfrutado realmente el tiempo que pasé con Oscar, de otro modo, no me hubiera quedado 15 años. ¡Al menos que fuera completamente masoquista!"

Incluso en 1949, cuando tocó por primera vez con Oscar Peterson –tenía entonces 22 años- , Ray no era de los que se dejan intimidar fácilmente. Ya había trabajado con los más grandes músicos del momento y había sobrevivido a lo que considera como la peor experiencia de su carrera:

"Fue después de dejar el grupo de Snookum Russell. Me fui a Nueva York. El primer grupo con el que actué, fue el quinteto de Dizzy Gillespie. Tocábamos en el Three Deuces y era el no va más. Charlie Parker, Bud Powell, Max Roach y Dizzy... Si hubiese conocido mejor a estos individuos, nunca habría ido a los ensayos. No sabía con qué gigantes me mezclaba. El único al que conocía lo suficiente era a Dizzy, porque algunos de sus discos habían llegado hasta el Sur, donde yo tocaba en una territory band. A Parker lo conocía poco. En una ocasión, al regresar de un gira, mi hermano me hizo escuchar un disco de Walter Brown, un cantante blues, con la formación de Jay McShann. "Ray, escucha a este cantante", me dijo. Pero a mí, el que me alucinaba era el saxo alto. Le pedí que me volviera a poner el solo de alto. Era Charlie Parker. Pero, incluso entonces, no me había dado cuenta de qué genio era. A Bud Powell, lo había vista con el grupo de Cootie Williams – no iba a clase para poder oír a ese grupo todos los días. Y ya había escuchado a Max Roach con Benny Carter. ¡Pero, yo era demasiado joven para darme realmente cuenta de dónde ponía los pies! ¡Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, seguramente me hubiera quedado en casa!"

Cuando, con 19 años, caes en el lugar más profundo del océano del jazz –como le ocurrió a Ray Brown al encontrarse de repente al lado de Bud Powell y Max Roach en el quinteto de Charlie Parker y Dizzy Gillespie– o nadas o te ahogas. Nadie te lanzará un flotador.

Brown aprendió a nadar. Tanto, que en 1945, año en el que Gillespie formó su segunda y más célebre big-band, convirtió a Ray Brown en uno de sus principales solistas. El bajista conserva un gran recuerdo de esta formación:

"Era menos impresionante que el pequeño grupo del Three Deuces. Además, ya tenía más seguridad. Fue una experiencia fantástica, se percibía que estaba naciendo una música nueva: era un período sumamente excitante. Claro, no todo era perfecto en este big-band, había algunos problemas de precisión, ¡pero tenía tal vitalidad, tal dinamismo! Era realmente algo nuevo. Son cosas que no se pueden medir, pero lo que sé es que prefiero tocar en una formación de este tipo que en un orquesta que toca con gran precisión, donde todo está tan bien ajustado que los músicos están ahí plantados como un puñado de sepultureros.

Dizzy era –y sigue siendo– un tío muy divertido y nos lo pasábamos muy bien. Pero también aprendí mucho de él a nivel musical ya que no paraba de hacerle preguntas."

Como tantos músicos que trabajaron con el, Brown afirma que, sea cual sea el instrumento que uno toque, se aprende mucho trabajando con Gillespie. Pero, si Brown hubiera llegado a Nueva York con un trombón en vez de un contrabajo (lo que era posible), no habría tenido la oportunidad de tocar con Dizzy. Y Ray Brown, en sus inicios, quería tocar el trombón. Como muchos bajistas, optó por el contrabajo a falta de algo mejor.

"Se me metió en la cabeza tocar el trombón, pero mi padre no tenia medios de comprarme uno y en la escuela no había ninguno", recuerda Ray. "Estudié un poco el piano, pero no me atraía mucho. Y más sabiendo que ya había 20 o 30 pianistas en la escuela y que me hubiera resultado difícil tocar tan sólo una vez a la semana en la orquesta. Yo solía rondar alrededor de la orquesta y me quedaba en el rincón de los bajistas. Había dos bajistas y tres contrabajos: empecé a toquetear el instrumento que quedaba libre. Cada vez me interesaba más, hasta el punto de que me lo llevé a casa. Y cuanto más tiempo le dedicaba, más me gustaba y me olvidé finalmente del trombón. Probablemente no tenía ninguna aptitud especial para el bajo, pero creo que estudiar piano me costumbró el oído a percibir las armonías. Estudiar el piano es un buen punto de partida, sea cual sea el instrumento que uno toque, incluso la batería. El piano te da la idea de una orquesta en su conjunto."

Al principio, Ray no dio clases, estudió solo, escuchando a otros bajistas. Siempre escuchó mucha música. Ya con ocho años le llevaban a salas de barrio a escuchar a formaciones negras –Benny Carter, Fats Waller, los Sunset Royals...-, y a las grandes salas del centro de la ciudad, en Pittsburgh, para escuchar a Benny Goodman, Count Basie o Duke Ellington tocar entre dos proyecciones de película.

"Crecí rodeado de buena música. En cuanto terminaba la película me ponía como loco: oía a los músicos afinar sus instrumentos detrás del telón, sobre el escenario. Muy pronto, sólo tuve un deseo: ser músico."

Al terminar sus estudios, Ray Brown entró en un pequeño quinteto dirigido por Jimmy Hinsley, músico célebre en los clubes de Pittsburgh, Baltimore y del noreste de Estados Unidos. Poco más tarde estuvo brevemente en la formación de Snookum Russell –que anteriormente acogió a músicos como JJ Johnson o Fats Navarro. Luego, se produjo la marcha a Nueva York, los duros inicios en el quinteto de Parker y Gillespie y, finalmente, la larga asociación con Oscar Peterson, una colaboración que le valió a Ray un reconocimiento internacional e innumerables primeros puestos en las votaciones de las revistas. Hay que resaltar asimismo, por supuesto, sus numerosas apariciones en el Jazz At The Philharmonic de Norman Granz.

Cuando en 1966 Ray dejó a Peterson, su carrera dio un nuevo giro: pasó a dedicarse al trabajo en estudio, a la composición, edición y a la organización, con algunas apariciones en festivales internacionales. Y, en 1974, se formó el Los Angeles Four (L.A. 4) lo que dio pie a una serie de giras y discos para Concord.

"Me gusta mucho trabajar en el L.A. 4", dice Ray. "Es completamente distinto a todo lo que hice antes. Se trata de una música muy estructurada. ¡Incluso hay gente que nos reprocha que no sonamos suficientemente jazz! Claro que tocamos jazz, pero hay una gran variedad en la música que tocamos, y es lo que me gusta. Cuando uno ha echo lo mismo durante 40 años, tiene ganas de cambiar. Oscar había hecho cosas de este estilo, no tan elaboradas, pero preparaba arreglos, preveía estructuras, que no leíamos sobre el escenario y que teníamos que recordar. El L.A. 4 es un grupo muy profesional. Componemos y arreglamos todo, anunciamos los temas uno tras otro y nos gusta que los conciertos tenga ritmo, destacar los talentos individuales, proponer un espectáculo equilibrado y variado."

Aunque se le conozca por su actitud especialmente crítica con los organizadores de conciertos y los agentes que intentan malvender a los músicos, Ray es también célebre por su gran amabilidad hacia los demás músicos y por estar siempre dispuesto a echar una mano, sobre todo a aquellos que tienen un status inferior al suyo en la profesión. Recuerdo haberlo visto en Montreux subir al escenario por sorpresa –y sin cobrar- para tocar con Phineas Newborn, simplemente porque este había dicho un poco antes que sólo tenía un deseo, volver a tocar con Ray. Asimismo aceptó grabar con el pianista suizo Marc Hemmeler para un pequeño sello francés, para darle un espaldarazo aportando su nombre, pero también para hacer realidad el sueño del pianista. Mientras que los músicos de su envergadura tienden más bien a aislarse y se niegan a colaborar con músicos menos ilustres...

"Muchos pianistas y baterías me han dicho que su sueño era subir al escenario y tocar un tema conmigo. Lalo Schifrin me contó que cuando todavía vivía en Argentina, su mujer le preguntó qué quería para Navidad y él le respondió: "¡Tocar un set con Ray Brown!" Pero me da tanto placer ver a alguien como Marc Hemmeler hacer realidad sus sueños. Y es tan agradable sentirte estimado. Es el sueño de cualquiera. Tuve la suerte de ver que muchos de mis sueños se materializaban y fue formidable. Cuando llegué a Nueva York, no sabía nada, y muchos músicos se portaron muy bien conmigo. Algunos tienen tendencia a olvidar estos detalles cuando llegan a la cima. Pienso que un poco de humildad no nos puede hacer daño."

Ray Brown es muy optimista sobre el futuro del jazz. Está convencido de que nunca tendrá la misma popularidad que el rock y hasta acepta la idea que de que probablemente nunca alcance la que tuvo en los años treinta, cuando era la música de baile por excelencia.

"Pero no desaparecerá", afirma. "Siempre habrá nuevos músicos para alzar la bandera del jazz. Puede que los estilos cambien, es lo natural, pero nada se libra de ello: los coches, los muebles, los aviones, la arquitectura, etc. Pero la música sigue. Y algunos músicos nuevos hacen cosas fantásticas."

Es cierto, reconoce Ray, que desde John Coltrane, no ha surgido ningún gigante de la talla de Lester, Bird o Bean, "pero tal vez haya que esperar un poco: los gigantes y los genios no son muy frecuentes, me refiero a verdaderos innovadores, gente a los que todos copian. Pero, me alegra ver que cada vez hay más gente que se interesa por el straight jazz, el jazz con swing, Warren Vaché, Scott Hamilton... Y Monty Alexander. Pertenece a una generación mas joven, pero va a las raíces de la música. Toca de oído, como Eroll Garner o Milt Jackson, es un músico repleto de talento. Gente como él termina siempre por tener su propio grupo, porque al tocar con otros correría el riesgo de tener que seguir las partituras o hacer cosas muy alejadas de aquello que le gusta. Por otra parte, sé que si me pongo en contacto con Monty para un concierto, con sólo pasar media hora juntos antes de salir al escenario bastará para que comprenda y recuerde el 90% de lo que le he dicho, sin tomar nota de nada. En cuanto al 10% restante, viene por sí solo cuando nos comunicamos sobre el escenario. Tenemos confianza mutua. Por ejemplo, cuando grabamos nuestro disco en directo en el Concord Jazz Festival, Monty llego con un tema suyo, "Consider". Me dio la partitura y lo toqué con sólo echarle un vistazo. Después de todo, yo hace años que hago esto para ganarme la vida, no es complicado. Pero Monty, cuando lo hace, sabe que su tema será bien interpretado y su confianza en mí le da confianza en sí mismo."

A Ray le preguntan a menudo si es necesario realizar estudios académicos para tocar el bajo a lo que siempre responde:

"¡Un poco, sí! Al menos que uno sea un genio. Yo no tomé lecciones cuando empecé, pero son muy pocos los músicos que se convierten en profesionales sin realizar estudios. Creo que Oscar Pettiford ha sido el bajista mas precoz de su época en no haber recibido ningún tipo de formación, en todo caso, no tanta como Mingus. Empecé a estudiar en serio el contrabajo en los años cincuenta, cuando me di cuenta de que había cosas que no era capaz de realizar o, en cualquier caso, no de manera consistente. Y cuando empecé, descubrí que muchas cosas que antes no me daban miedo se volvían intimidantes. Cuando alguien no sabe nada, no teme nada. Un poco como Wes Montgomery, que hacía ciertas cosas con la guitarra porque no sabía que eran imposibles."

Brown confiesa gran admiración por algunos nuevos talentos:

"Hay todo un grupo de buenos músicos que han contribuido a que el listón en la forma de tocar el bajo suba. Hoy en día, cuando uno empieza a tocar el bajo, escucha a gente como Stanley Clarke, Eddie Gómez o Niels [Henning Orsted Pedersen], y ese es un buen punto de partida."

Aunque de vez en cuando toca el bajo Fender en estudio, prefiere usar uno de sus tres contrabajos "de toda la vida". Su favorito es el que heredó hace 20 años de su profesor: une viejo contrabajo francés con más de 200 años y que ha vivido muchas vicisitudes...

"Hoy, con la amplificación, es más fácil para los bajistas. Antes, tenías que luchar para que te oyeran Aceptábamos esa situación porque no existía otra posibilidad... Es un poco como cuando la gente pregunta: "Pero, ¿cómo podía vivir la gente cuando no había aire acondicionado?" Es sencillo, uno no necesita aquello que no existe. Sin amplificación tenías un buen sonido. Escuche un disco de Ellington de los años treinta y oirá el bajo de Jimmy Blanton muy claramente, fuerte incluso. El sonido puro, no amplificado del bajo, es lo mejor que hay, pero la mayoría ya no sabe tocar de esta manera. Mire, escuche el disco de Oscar, Stratford Memorial Concert: el bajo no tiene ninguna amplificación, ¡pero qué sonido!"

Qué sonido, en efecto. Exactamente el que podemos esperar de quien muchos todavía consideran el más grande contrabajista del jazz actual. — Mike Hennessey. (Traducción al francés de Christian Gauffre.)

BIOGRAFÍA:

Raymond Matthews Brown nació el 13 de octubre de 1926 en Pittsburgh, Pensilvania. Primero estudió piano y tomó las primeras lecciones a los 8 años. A pesar de no ser un alumno muy asiduo, se convirtió en un buen pianista. Casi por casualidad se pasó al bajo: la orquesta de la escuela disponía de tres contrabajos y sólo dos contrabajistas. A falta del trombón con el que soñaba, Ray imaginó que este instrumento resultaría menos difícil que el piano y se puso a estudiarlo por su cuenta, tras lo cual pasó a tocar un poco por toda la ciudad. Terminó por llevarse el contrabajo a casa para trabajar mejor. Su primer concierto, en Pittsburgh, le supuso problemas con su escuela: una foto publicada en la prensa local mostraba a Ray Brown utilizando en el concierto el instrumento propiedad de la escuela. Finalmente su padre le compró su primer contrabajo. Brown debutó en 1944 justo al terminar el instituto con el sexteto de Jimmy Hinsley y se fue de gira con ellos durante seis meses. El año siguiente, tocó con la orquesta de Snookum Russell, lo que le permitió descubrir varios clubes de jazz por todo el país. A los 20 años decidió abandonar el grupo de Russell y trabajar como free-lance.

Tomó un bus de Miami a Nueva York. El viaje duró 24 horas... Al llegar, dejó sus maletas en casa de una tía suya y, acompañado por uno de sus primos, se dirigió hacia la calle 52. No llevaba ni siquiera 4 horas en Manhattan cuando Hank Jones le presentó a Dizzy Gillespie. Este último, que había oído hablar de él, le invitó a un ensayo para la tarde del día siguiente. Ray Brown trabajó los dos siguientes años con Dizzy, Charlie Parker, Bud Powell y Max Roach primero y después en la primera big-band del trompetista. Durante este período Brown conoció a Norman Granz (al remplazar a un bajista), trabajó con él durante 18 años y se convirtió en un habitual del Jazz At The Philharmonic. Ahí conoció a Oscar Peterson, con quien simpatizó, antes de incorporarse a su célebre trío, de 1961 a 1966. En 1948, tras dejar el grupo de Gillespie, Brown montó su propio trío con Hank Jones y Charlie Smith –al haberse casado con Ella Fitzgerald, de quien se divorció en 1953, contaba con una formación capaz de acompañar a la cantante. Tras el divorcio, los dos artistas siguieron tocando juntos. En los años cincuenta, Brown grabó, entre otros, con el Milt Jackson Quartet (que se convertiría en el Modern Jazz Quartet). En 1952, Brown conoció a un joven trompetista de la orquesta de Lionel Hampton, Quincy Jones. No tocaron juntos hasta 10 años después, pero había nacido la amistad entre ellos. En 1957-58, Brown grabó con Barney Kessel y Shelly Manne varios discos en trío – bajo el nombre de "Poll Winners".

En los años sesenta, tras abandonar el trío de Oscar Peterson (dejó su lugar a Sam Jones), Brown se instaló en Los Ángeles. Compuso abundantemente para la televisión y el cine, colaboró con Michel Legrand, Oliver Nelson (siguió haciéndolo durante los años setenta). Participó en varios programas de televisión famosos en Estados Unidos – el Joey Bishop Show, el Red Skelton Show, el Smothers Brothers Show -, e incluso apareció frecuentemente en el Merv Griffin Show. Asimismo, se le podía ver a menudo acompañando a Frank Sinatra en programas de televisión. A principios de 1974, creó el L.A. Four, con Bud Shank, Laurindo Almeida y Shelly Manne (más tarde, Jeff Hamilton). Colaboró con Quincy Jones para producir un programa de televisión dedicado a Duke Ellington (Duke Ellington, We Love you Madly!), cuando el duque aún estaba con vida (Brown admiraba mucho a Ellington y a Jimmy Blanton). En 1979-80, formó un quinteto con Milt Jackson y, más tarde, con Gene Harris, Al Grey, el guitarrista de Luisiana Ron Eschete y Grady Tate. Hasta su muerte tocó con su propio trío aunque también lo hizo a menudo con Monty Alexander.

Aparte de las 2.000 sesiones de grabación en las que participó, Ray Brown fue durante mucho tiempo asesor del Hollywood Bowl de Los Ángeles, director del Monterey Jazz Festival (dos años) y director del Concord Summer Festival en 1976 y 1977.

 

   
   

 (c) Jazz Magazine 2002

   
   

Agradecimientos a Jazz Magazine, por permitir su reproducción y en especial a Monsieur Gauffre y por supuesto a Juan Carlos Hernández y a Diego Sánchez Cascado por su traducción y puesta a punto.