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..:: ROBERTO BARAHONA

   
 


Roberto Barahona dirige desde 1997 el programa de radio "Purojazz" (www.purojazz.com) que cada fin de semana se emite en Radio Beethoven (www.bethoveenfm.cl)  de Santiago de Chile. Lo realiza desde su residencia actual en Monterey (California). Tras más de treinta años trabajando en el mundo de la banca y de viajar por todo el mundo ahora sus esfuerzos se centran en la difusión del jazz. Sus conocimientos como aficionado al jazz se complementan con la práctica aficionada de la batería.

Por Carlos Pérez Cruz (Enero 2004
)

   


Roberto Barahona

P: “PuroJazz” es desde 1997 el programa de referencia para muchos aficionados al jazz en Chile. Un proyecto que surge tras tu jubilación profesional. Puede parecer que toda tu trayectoria profesional ha sido una excusa para poder llegar a hacer tu actual programa y difundir la música de jazz.

R.B.:
El jazz es para mí  es algo que me proporciona un placer tremendo. No sólo porque me agrade si no por las posibilidades que me da de descubrir nueva música. Cada vez que lo hago me resulta muy satisfactorio. Pero el jazz no es una obsesión para mi. A mi me eliminas el jazz y mi vida continúa. En mi vida profesional yo no estaba pensando a ver qué día me podría jubilar para dedicarme más de lleno al jazz.


P: ¿Qué significa para Roberto Barahona el jazz y cómo llegas a él?

R.B.:
Llegué a él porque básicamente tengo algo que tenemos todos los que somos aficionados al jazz, y es que somos capaces o que tenemos el talento, el privilegio, de poder descubrir esta música y discernir entre esta música y la más banal que es la música que requiere poca preparación, poco compromiso, como es la música pop. Es una música que no necesita ningún esfuerzo por parte del auditor. El jazz requiere un poco más. Cuanto más sabes de jazz más lo aprecias, lo cual no significa que uno tenga que saber jazz para poder apreciarlo. Pero cuanto más conoces a los músicos y puedes distinguir entre los diferentes estilos y los estilos de cada músico más lo aprovechas.

P: Un programa de radio hecho para Chile (con proyección internacional gracias a Internet). Sin embargo el jazz chileno no ocupa un espacio preferencial en el mismo. ¿Qué criterio de programación sigue Roberto Barahona?

R.B.:
Esto es bastante básico. Chile es un país muy pequeño que hasta hace muy poco tiempo, los últimos diez o quince años, el acceso al jazz internacional era mínimo. Había conciertos, visitas de músicos importantes a través de los años pero eran muy esporádicos. Lo mismo sucedía con la música propia. Era casi imposible conseguir discos y la mayoría los importaba gente con mucho dinero. El acceso para la gente de menos recurso era casi imposible. Ese es un punto. El otro es que el jazz, la música en general, no se considera importante para el sistema educativo por lo tanto la enseñanza de la música es muy elemental. La enseñanza de instrumentos prácticamente no existe. Entonces, ¿cómo puede un joven o una joven interesados surgir en esta música? Es muy difícil. Pero ahora ya hay más posibilidades, escuelas, academias, más música disponible para todos y esto imagino que repercutirá en años venideros pero mientras tanto es bastante poco lo que hay.

P: Llevas muchos años en territorio norteamericano alejado, al menos kilométricamente, de la realidad sociopolítica de Chile. ¿De qué manera viviste los acontecimientos de 1973? ¿En qué afectaron al desarrollo profesional y personal de Roberto Barahona?

R.B.:
Francamente, durante los años 70 yo prácticamente no escuché jazz. El jazz que se hacía en esa época, que se escuchaba en las radios, que estaba en los clubes era un jazz que no me interesaba, el jazz de fusión, el "jazz-rock". Existía música de jazz "mainstream", "hard-bop", "be bop", pero no estaba tan disponible. Además yo no tenía mucho tiempo ni dinero para dedicarle al jazz y me dediqué mucho más la música clásica, a profundizar sobre la música de cámara, en la música de los siglos XVIII y XIX. Conocí a músicos románticos y modernos. Al jazz sólo regresé a principios de los 80 cuando hubo un renacimiento, en parte causado por los esfuerzos de Wynton Marsalis.

En lo que se refiere a la dictadura militar yo estuve todo ese tiempo fuera de Chile. Hacía visitas esporádicas pero no era suficiente como para determinar si la dictadura influía en el desarrollo del jazz. En lo que a mi trayectoria profesional no afectó para nada porque trabajaba en un organismo internacional, era banquero, y mis funciones no tenían nada que ver con Chile. Seguí con ellas a pesar de la dictadura militar.

P: El programa tiene, entre otras, la peculiaridad de realizarse desde tu actual residencia en Monterey en California. ¿Perjudica la distancia a tu conocimiento del actual jazz chileno?

R.B.:
El que yo haga el programa desde Monterey no significa que no esté vinculado con lo que se está haciendo en Chile. Pero es cierto que recibo poca música de allí aunque trato de instigar a los músicos a que me la envíen para poder programarla. Es poco lo que me llega y tampoco es mucho lo que se hace pero lo que me hacen llegar siempre lo programa. Sin embargo lo que no me gusta, y hay artistas chilenos que no me agradan, sencillamente no lo pongo. No porque sean chilenos significa que les vaya a dar espacio.

P: La valoración del nivel de la música, ¿viene determinada por los gustos personales o existe la objetividad ajena al gusto?

R.B.:
Todos tenemos nuestros prejuicios. También la habilidad de determinar si una música es buena o no, si tiene nivel o no. Pero nos tiene que gustar. Por ejemplo, yo admiro el talento que tiene Kenny G. Es un hombre que ha hecho mucho por el jazz pero lo que él toca no lo puedo soportar, ni siquiera me sirve como música de ascensor. ¿Qué ha hecho Kenny G por el jazz? Ha proporcionado muchos recursos a las compañías discográficas lo que les permite gastar su dinero en otras actividades que dan menos dinero como es el jazz. Mucha gente compra a Kenny G y cree que está escuchando jazz y a lo mejor puede comprar también a Oscar Peterson. De todos modos yo no pondría a Kenny G aunque sea un gran músico... ¡y lo es! Y estoy seguro de que si él quisiera podría tocar "free"... Bueno, no se si podría aunque no me extrañaría que pudiera.

P: Con lo cual tu análisis objetivo de la situación del actual jazz chileno es...

R.B.:
Yo creo que es una muy buena situación. Aunque yo no estoy allí, cada vez que voy, que converso con nuevos músicos... siempre me encuentro con que la camada de los últimos años es cada vez más creativa. Hay cada vez más y más músicos emergentes, gente joven muy dedicada y yo diría que están más interesados en crecer que las generaciones anteriores. Son muy estudiosos y tratan de salir adelante. Como en otros países el jazz chileno está avanzando y llegará a algo más interesante de lo que es ahora.

P: ¿Qué motiva al jazzista chileno de hoy en día según tu opinión?

R.B.:
Yo creo que no hay diferencia entre el jazzista chileno, el americano, el sudafricano, el español o el finlandés. Es el amor que tienen por el jazz y su necesidad de crecer e improvisar más. La diferencia que pudiera existir no es mucha. Los objetivos son los mismos.

P: ¿Es hoy el jazz norteamericano la referencia para valorar el nivel de un país en lo que a jazz se refiere?

R.B.:
Yo creo que siempre ha sido así pero hoy en día el jazz está tan globalizado que encuentras jazz de primera calidad en sitios de lo más insospechado. Me refiero a Tailandia, Bangladesh, toda Europa, Japón, Austrialia... la referencia ya no es norteamericana, es mundial. Es un Peter Brötzman quien nos da la pauta, no es necesariamente John Coltrane.

P: Si pudiéramos definir con palabras las características de una música que te interese, ¿cuáles serían esas palabras?

R.B.:
Es tan difícil porque hay tanta música que me agrada que me sería muy difícil poder catalogarla o incluso definirla o describirla. Te confieso que entre las cosas que encontrarás en mi discoteca verás que tengo música que ni siquiera imaginabas encontrar. Tengo música de América Latina, tangos de Gardel, música de Piazzola, una vasta colección de música del Noreste de Brasil, mucho de Bahía, de África Occidental, fados, flamenco, clásica desde el Barroco hasta hoy en día... así que definir cómo es la música que me agrada es muy difícil. Hay mucha. Pero sí sé cuál me desagrada. La música "country" no la puedo tragar. Mucha música folklórica no me interesa... la música del Altiplano me aburre enormemente.

P: ¿Qué hay del Roberto baterista?

R.B.:
Yo soy baterista de afición, no soy profesional. He estudiado, tengo bastante conocimiento de teoría de la percusión, me gusta mucho tocar. Toco con Miles Davis, con Monk, últimamente con Peter Kowald... bueno, cuando me he presentado con músicos de carne y hueso lo paso muy bien y no lo hago mal pero no soy un profesional. Haber estudiado batería me da una visión más amplia que la del aficionado al jazz que no toca un instrumento y no sabe qué acontece en el escenario. El que un aficionado pueda seguir la forma de la composición es sumamente importante, entonces si al tocar en un conjunto puedo mantenerme en contacto con la composición sucede lo mismo cuando escucho. Oigo hacia dónde va. Tal vez no tenga conocimientos de teoría musical pero sí sé en qué parte está la improvisación que estoy escuchando.

© Carlos Pérez Cruz, Tomajazz 2004