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Viva La Música: ¿Cuándo empezó a
escribir y componer?
Charles Lloyd: No me acuerdo muy bien
ni dónde ni cuándo, pero ya muy joven sentí profundamente que no
podría expresarme con palabras. Esta necesidad de expresarme se
manifestaba siempre bajo la forma de canciones. No recuerdo cuando
compuse música por primera vez, pero sé que ya anoté algunos temas
antes de cumplir los ocho años. Surgían en mi mente, literalmente.
Empezaba por escucharlos porque aún no había estudiado música en el
plano formal. Luego, a los nueve años, me regalaron mi primer
instrumento. Pero en realidad, quise ser músico y compositor desde los
tres años.
Viva La Música: Así que todo surgió
de una profunda necesidad.
Charles Lloyd: Sí. Recuerdo que siendo
niño escuché conciertos de músicos magníficos, como los de la
orquesta de Duke Ellington. Me gustaba tanto esa música tan moderna en
esa época, que mi madre me llevó a los camerinos de los artistas. Uno
de los músicos le dijo: "Este niño tiene que estudiar para
médico o abogado, ¡no deje que sea músico!". Entonces no
comprendí la advertencia pero hoy sé que no hay que lanzarse a la vida
de músico si uno no está predestinado o apasionado. Cada uno tendría
que tener una educación musical básica porque este arte cultiva el
alma y ayuda a vivir. Pero para ser músico profesional se necesita una
gran dedicación. Pasé mi infancia en Memphis, una ciudad que tenía
una profunda historia musical –hecha de gospel y blues– y también
un abanico de músicos más sofisticados que tocaban jazz. El hecho de
entrar en contacto con todas esas místicas musicales representó una
experiencia capital. Estaba bajo la influencia de auténticos maestros y
me abrí camino en compañía de grandes músicos. El saxofón estaba
entonces dominado por la tradición de Charlie Parker y también
asimilé muy joven las influencias de Lester Young, Billie Holiday,
Coleman Hawkins y muchos otros artistas.
En la escuela estudié la música
clásica europea y al entrar en el instituto conocí a los músicos de
la gran orquesta de la institución: mi mejor amigo era Booker Little,
el gran trompetista, fallecido trágicamente a los 23 años a principios
de los sesenta. En la Universidad de Southern California estudié
lenguaje musical. Quería conseguir una licenciatura de composición
pero también me atraían irresistiblemente los temas folk que eran
populares en esa época. Tenía ganas de integrarlos en mis
composiciones. Luego, en la universidad, estudié las tradiciones
clásicas europeas más a fondo pero sin perder en ningún momento el
interés por el jazz. Me gustaba ese aspecto trascendente propio del
jazz, que se puede percibir desde la primera nota. Muchas de mis
amistades se remontan a esta época: es el caso de Ornette Coleman o de
Billy Higgins con quien estoy ahora de gira. Toco con Billy Higgins
desde hace más de cuarenta años y nuestra relación sigue muy viva: es
un batería que me inspira muchísimo. Cuando llegué a California en
1956 estaban Eric Dolphy, Scott Lafaro, Bobby Hutcherson y muchos otros.
Era otro ambiente musical pero tan apasionante como el de Memphis. Todos
esos artistas buscaban su propio camino a partir de la tradición de
Charlie Parker y de Duke Ellington. Tuve mucha suerte al establecerme
allí.
Viva La Música: ¿Cómo concibe hoy su
trabajo como compositor? ¿Es ante todo un trabajo de composición donde
los elementos extramusicales, los encuentros, tienen un protagonismo
importante?
Charles Lloyd: Siempre me he
considerado músico por naturaleza más que por oficio, ya que me sentí
desde muy temprano cercano a la música. Claro, la estudié como
lenguaje y aprendí técnicas de composición y escritura. Sin embargo,
el entorno es un elemento preponderante. Hay algo que es imposible de
expresar en cada uno de nosotros. Básicamente, todos somos seres
espirituales a quienes se dio una existencia material. Pero nuestra vida
se resume a lo que somos capaces de ofrecerle. No me preocupa modificar
el curso de la vida y la muerte; ante todo tengo ganas de llegar a la
esencia de las cosas. Como compositor intento llegar a un lugar donde la
música, aunque sea una afirmación muy personal, sea lo suficientemente
abierta para dejar filtrar una dimensión universal. El músico puede
conseguir expresar las experiencias y la sabiduría anterior a través
de su instrumento pero con la condición de vivirlo realmente. Me siguen
interesando mucho las posibilidades de expresar lo imposible. Contemplo
mi música como un niño que he llevado conmigo durante mucho tiempo.
Puedo quedarme sentado y meditar, sentarme al piano, caminar por la
montaña o nadar en el océano y dejar que la composición venga muy
lentamente como si tuviera que dar la luz a algo. Una vez nacidos estos
niños es interesante comprobar que tienen vida propia. Para mí,
componer música es dejar una huella, entrar en un proceso que siempre
tiene que ver con la inspiración y el consuelo. Es algo que siempre me
ha entusiasmado y sorprendido, sobre todo cuando veo el mundo y la
sociedad que vivimos. La cercanía del arte es cada vez más difícil en
la sociedad y el mundo mordernos.
Viva La Música: ¿Cambió algo su
retiro a Big Sur en su relación con la música y la composición?
Charles Lloyd: Sí, creo de verdad que
lo cambió todo en el sentido de que profundicé mi búsqueda y trabajé
mi sonido. Tocaba en los bosques cercanos. Había dos cañones, a
través de los cuales podía hacer resonar mi saxofón, con esos
árboles gigantes que me devolvían la música. Y el enorme océano
Pacífico más abajo. Había mucha profundidad y silencio para que la
música perdurase, para sentirla desde el interior. Antes, durante más
de diez años viajé todos los días de mi vida. Necesitaba recargar las
pilas, regenerarme. Lo hice cuando aún era joven, no como un artista
que tiene el deseo de retirarse, una vez su carrera está en declive.
Era más bien una manera de profundizar en mis estudios, de reflexionar
sobre el sentido de mi vida y de mi presencia aquí. Me concentré en la
interacción entre la música y el sonido. Y una de las cosas positivas
que me ocurrieron durante este retiro fue la aptitud para desarrollar un
sonido personal. Provengo de esa tradición musical según la cual
primero hay que tener un sonido personal antes que tocar cosas
interesantes y desarrollar tus propias composiciones.
Viva La Música: ¿Cuál es el origen
de su nuevo cuarteto?
Charles Lloyd: uno de mis últimos
discos, Canto, está dedicado a Billy Higgins. Conociendo nuestra vieja
amistad, Manfred Eicher de ECM me preguntó si quería desarrollar un
proyecto con él. En cuanto a John Abercrombie, siempre le ha interesado
tocar conmigo. Hace años, a principio de los sesenta, toqué con un
guitarrista húngaro, Gabor Szabo, en el grupo de Chico Hamilton. Era un
húngaro refugiado político en los Estados Unidos. En esos momentos me
gustaban la música india y Ravi Shankar; Szabo empezó anotando algunos
pasajes para intentar tocarla a su manera. Estábamos muy cercanos y
grabamos juntos con Tony Williams y Ron Carter en Columbia (Discovery y
Off Course, of Course). Estos discos son un puente hacia mi nuevo
proyecto ya que le gustaron mucho a John Abercrombie. Tocamos juntos en
Nueva York y aprecié mucho que aceptase participar en este nuevo
cuarteto. Lo mismo ocurrió con Dave Holland. Lo grabamos todo en un
día y medio: enseguida conseguimos tocar de manera muy simple y
orgánica. Creo que este disco demuestra muy bien mi preocupación
actual: la sencillez. Me gusta por encima de todo el toque y el sonido
de la guitarra en este disco. El piano está afinado de la misma manera
durante todo el disco. Aunque no renuncio a mi cuarteto con Bobo
Stenson, un viejo compañero y excelente músico, quiero seguir abierto
a otras formaciones y otros enfoques. Por ejemplo, también grabé con
Gilberto Gil, el maravilloso cantante y compositor brasileño.
Viva La Música: ¿Compuso temas nuevos
para este disco?
Charles Lloyd: Sí, pero también
llevé antiguas composiciones. Tenía ganas de volver un poco a los dos
discos que grabé con Gabor Szabo a principios de los sesenta. También
tocamos "Requiem" para mi amigo Petrucciani, un tema que
tocamos varias veces juntos en concierto, cargado de emociones. También
elegí un tema de Billy Strayhorn "A Flower Is a Lonesome
Thing". Es un estándar, si se quiere, pero que se ha interpretado
muy poco. La primera vez que lo escuché fue en un concierto de la gran
orquesta de Duke Ellington en el festival de Antibes en 1966. También
hay una magnífica canción, que escuché en la radio hace un año,
interpretada por Elvis Costello "God Give Me Strengtht".
Costello es un artista que me interesa mucho, lo oí cantar con un
cuarteto de cuerdas y hacer muchas cosas eclécticas. Ese tipo de
talento me conmueve muchísimo, como el de Van Morrison, por ejemplo. Me
gustan muchas músicas y músicos diferentes. Sabe, durante los sesenta
toqué blues con gigantes como Howlin’ Wolf, Junior Parker, Rufus
Thomas, Rosewell Sykes, B.B. King y muchos otros. Toqué en el Fillmore
Auditorium de San Francisco en 1966 con Muddy Waters y Paul Butterfield.
Mi música gustaba a los Grateful Dead y di algunos conciertos con ellos
y otros grupos: Janis Joplin, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix. Por
tanto, el blues está muy presente en mi música, todavía hoy.
Viva La Música: Tiene una manera
única de coger al público de la mano y contarle historias. ¿Se debe
esta capacidad a lo mucho que duran sus asociaciones musicales?
Charles Lloyd: ¡Gracias por el piropo!
Siempre he apreciado un alto nivel de exigencia. Y creo que la sencillez
no significa en absoluto caer en lo simple. También me gusta la lealtad
y tener una capacidad profunda para compartir. Recuerdo una noche con
Ornette Coleman, un músico que estaba de paso le dijo: "Venga,
vamos a hacer una jam en algún sitio" Ornette le respondió:
"No, primero es mejor que toquemos juntos. Luego ya veremos si vale
la pena subir a un escenario". Me gusta la lealtad de músicos que
me emocionan de verdad y quiero desarrollar ese tipo de relaciones. Y
también me gustan los grupos a quienes no es necesario explicar mi
lenguaje, aunque toque con músicos que tengan idiomas muy diferentes.
Actualmente, el mío es muy sencillo, pero esa sencillez es complicada
de conseguir. Mis nuevos compañeros comprenden mi lenguaje sin que
necesite hablarles demasiado: saben adónde va la música y aportan sus
propios elementos en el juego colectivo. Me gusta ese tipo de creación
espontánea.
Viva La Música: ¿Realiza sin embargo
arreglos precisos para el grupo?
Charles Lloyd: Depende. Prefiero dejar
que los grandes talentos se expresen. Traigo ideas de arreglos y lo
hablamos juntos. Cuando tocamos, cada individualidad tiene su
importancia en este trabajo. Siempre he querido hacer una música que
sea lo suficiente abierta para que el músico pueda expresar su
individualidad. Aun cuando las composiciones sean muy específicas, como
por ejemplo "Requiem", una composición que todos debemos
expresar de una manera muy particular, siempre hay nuevas posibilidades.
Los buenos músicos tienen el sentido del milagro: si son sinceros y
saben cooperar siempre consiguen aportar algo nuevo, sea cual sea el
reparto de los papeles.
Viva La Música: ¿Puede la música,
como aventura espiritual, cambiar la vida?
Charles Lloyd: Es una pregunta
difícil. No puedo hablar en tan poco tiempo lo que representó
verdaderamente mi retiro a Big Sur. Pero como no quiero ser un tipo
misterioso voy a intentar expresarlo de manera diferente. Cuando era
joven no me gustaba el mundo que me rodeaba. Todo me parecía extraño y
poco natural. Y sigo haciéndome muchas preguntas. En el plano
individual, primero hay que formar una primera pieza estable antes de
pretender formar parte de una nación. Quiero decir con esto que primero
tenía ganas de cambiar el mundo con mi música, de dejar un legado.
Hacia 1969 me di cuenta de que no había cambiado el mundo. Entonces me
pregunté por qué no cambiaba yo mismo ¡Tenía que trabajar mucho en
ese aspecto! Me di de cuenta de que podía ser un excelente siervo pero
también un terrible tirano. Tienes que llegar a controlar tu espíritu
para que no se disperse a los cuatro vientos, como lo había hecho.
Desde ese momento, me lancé a la búsqueda de la paz interior y de la
concentración del espíritu. Y la mayoría del tiempo es un trabajo del
corazón. Este trabajo personal se refleja hoy en mi sonido: he mejorado
pero aún no me gusta del todo, sigo sin poder dejar mi saxofón y
sentirme satisfecho de lo que he hecho. Cuando uno tiene un don, el
proceso de maduración requiere mucho tiempo. Espero que me quede
bastante para aportar una contribución verdaderamente profunda, si Dios
quiere.
Viva La Música: ¿Cuáles son sus
nuevos proyectos?
Charles Lloyd: tengo un proyecto con
Dino Saluzzi y otro con un cuarteto de cuerdas. Me gusta mucho también
la música de Nusrat Fateh Ali Khan y escuché a sus músicos a
principios de los sesenta. Como conozco al hermano de Ali Khan
intentaré organizar una reunión con esta familia de músicos. Hay
también un gran músico y compositor de Memphis, Al Green, con quien me
gustaría grabar algunas canciones. Tuve muchos encuentros interesantes
últimamente y tal vez se plasmen en alguna grabación.
Charles Lloyd Voice in the night
con John Abercrombie, Dave Holland et Billy Higgins
ECM 1674 559 445-2
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