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..: JESÚS SANTANDREU: SOUNDCOLORS

   
 

Tras la buena acogida que tuvo su primer álbum como líder, Out of the Cage, el saxofonista Jesús Santandreu publica SoundColors (FSNT), un trabajo discográfico a través del cual el músico valenciano (Carcaixent. 1970) se presenta con una propuesta  mucho más abierta a los espacios de la improvisación.

Y no sólo él, sino también Albert Palau (piano), Nelson Cascais (contrabajo) y Iago Fernádez (batería), que son los músicos escogidos para llevar a cabo este proyecto en el que los colores, casi de una manera indisoluble, se asocian con la música.


   

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Te apellidas Santandreu, y tu nombre es Jesús. ¿Lo de Jesús te viene por tradición familiar o porque naciste un 24 de diciembre?

JESÚS SANTANDREU.- Pues, por eso mismo. Nací la noche de nochebuena, y la monja que estaba asistiendo a mi madre le recomendó que me pusiese de nombre Jesús. Y así me quedé.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Sin embargo, en el mundo del jazz se te conoce como “El Xiquet”. ¿Qué significa y quién te puso ese apodo?

JESÚS SANTANDREU.- Xiquet significa niño en valenciano. Y en cuanto a lo de quién me puso ese apodo, la cosa fue de la siguiente manera: resulta que cuando yo tenía catorce años entré a formar parte de la Jove Jazz Band -la primera big band que se fundó en la Comunidad Valenciana-, cuyo director era José Luis Granell. Te estoy hablando del año 1984, época en la que yo era bastante revoltoso, por lo que cuando me portaba un poco mal José Luis Granell me miraba y me decía: “Xiqueeeeeet”, como queriendo decir “a ver cuando te callas”; “a ver cuando te estás quieto de una vez”. A partir de ahí todos mis compañeros de la big band empezaron a llamarme Xiquet, y ya se me quedó para siempre lo de “El Xiquet”.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Una big band, por cierto, que ahora diriges tú, ¿no?

JESÚS SANTANDREU.- Exacto. Hace algunos años que la dirijo yo; aunque ahora mismo, y pese a lo que sería mi deseo, está un poco parada.


Jesús Santandreu
Out of the Cage

(Fresh Sound New Talent. FSNT-289)

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Y, entre tanto, además de colaborar con muchos músicos y con algunas formaciones, publicaste tu primer álbum: Out of the Cage que se podría traducir como Fuera de la jaula. ¿Por qué ese título?

JESÚS SANTANDREU.- Bueno, como bien dices, Out of the Cage fue mi primer álbum, el primer disco a mi nombre, y la sensación que tuve fue precisamente esa: “salir de la jaula”. Me había pasado muchos años metido en el estudio que tengo en casa transcribiendo y nunca había sacado nada a la luz a mi nombre, por lo que me pareció un título apropiado para ese primer disco, pues reflejaba la sensación que tenía en ese instante: el del pájaro que sale de la jaula y empieza a cantar. Fue como una cosa muy íntima.

También en aquella época -cuando decidí grabar el álbum- tenía un periquito que era mi mascota, el cual andaba suelto por dentro de casa, pero un día se fue y me quedé bastante triste. Siempre que escribía o me ponía a estudiar a él le gustaba estar en mi hombro y cantarme cosas al oído. Bueno, no es que yo transcribiera lo que el periquito me cantaba, evidentemente, pero era una sensación muy agradable. Sin embargo, el tema “Out of the Cage”, que es el que da nombre al álbum, es un tema bastante triste dentro de lo que es la tónica general del disco. Entonces, de esa mezcla, tanto de la nostalgia que sentía por la ausencia del periquito como por el hecho de que era mi primer trabajo discográfico, nació la idea del título del álbum, el cual dejaba traslucir la sensación de que sales de la jaula, del anonimato, y eres libre para poder escribir lo que quieras.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Un trabajo discográfico que tú llevaste a cabo en el año 2005 junto a Abe Rábade al piano, Paco Charlín al contrabajo y Vicente Espí a la batería ¿no?

JESÚS SANTANDREU.- Correcto; así es. Lo recuerdo como una experiencia magnífica.


Jesús Santandreu
SoundColors
(Fresh Sound New Talent. FSNT-340)

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Centrándonos ahora en SoundColors, ¿en cuál de las acepciones que tiene sound lo ubicas para acompañar a colors?

JESÚS SANTANDREU.- Bueno, precisamente se trataba de encontrar un nombre para el disco que tuviese varios significados, para que no se pudiese ubicar en un significado absoluto. Es decir, SoundColors puede significar colores sanos, colores buenos o colores sólidos. Pero también SoundColors está relacionado con un fenómeno que se da en algunas gentes, conocido como Sinestesia, por el que llegan a asociar colores con sonidos. He oído que es una enfermedad, pero a mi más que una enfermedad me parece un don. Considero que es algo fantástico el que la gente pueda asociar colores con sonidos. A Abe Rábade, por ejemplo, le pasa eso: cuando escucha un sonido, de repente ve colores; de la misma forma que cuando oye una obra ve explosiones de colores. Entonces, fíjate si tiene significados y se puede interpretar de varias maneras lo de SoundColors.

Ahora bien, cuando yo compuse los temas no tenía una idea clara de cómo se iba a titular el disco. La verdad es que existe una gran diferencia entre este segundo trabajo con respecto al primero. Armónicamente, éste es más rico. Si Out of the Cage era un disco que englobaba más música modal, éste, aunque también engloba la música modal, armónicamente es mucho mas complejo. Es como si tuviera muchos más caminos recorridos. Por eso lo de los colores, porque no hay ningún tema que tenga que ver con el otro. En cambio, todo se engloba en una misma sonoridad. Este es el concepto.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Pues, eso era lo que te iba a preguntar ahora, ¿cuáles son las principales diferencias armónicas y compositivas entre ambos discos? Pero, bueno, prácticamente ya me la has contestado...

JESÚS SANTANDREU.- Sí, pero puedo matizar que a nivel estructural todos los temas que hay en SoundColors son mucho más sofisticados: las estructuras son mucho más amplias, y la improvisación requiere mucha concentración. Desde luego, nos llevó mucho tiempo preparar estos nuevos conceptos para improvisar. El pianista Albert Palau y yo estuvimos unos meses encerrados en casa viendo diferentes voicings para ver qué es lo que podía funcionar mejor; para ver como podíamos enfocar mejor los solos. También estuve en permanente comunicación con Abe Rábade: yo le enviaba los temas, le comentaba lo que estaba haciendo, y él me aconsejaba. La verdad es que ha sido un trabajo muy bonito desde el punto de vista del trabajo en equipo. De manera especial con Albert Palau, pues fue impresionante el tiempo que pasamos juntos para poder estar sueltos en los solos. Sinceramente, puedo decir que estoy muy feliz con esta nueva formación.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Si miramos la lista de los músicos que están contigo en tus dos discos, nos damos cuenta de que el baterista Iago Fernández es el más joven de todos ellos. ¿Cómo tuviste conocimiento de él, y cómo surgió la posibilidad de reclutarlo para tu cuarteto?

JESÚS SANTANDREU.- ¡Uf!... Lo de Iago Fernández yo lo vi clarísimo desde el primer momento que lo escuché. De esto hace ya dos años; fue durante el transcurso de un seminario que se celebró en Cangas. Anteriormente Abe Rábade ya me había hablado de él cuando un día me dijo: “oye, hay un chico que toca la batería de una manera genial y que tienes que oír”. Y así fue.

Como decía, hace dos años fui a Cangas a dar unas clases en un taller que organizaba el Seminario Permanente de Jazz de Pontevedra; un Seminario Permanente que llevan, como sabes, Paco Charlín y Abe Rábade. Ellos organizan en verano un festival de jazz y un taller, y para llevarlo a cabo invitan a algunos músicos para que den clases, y entre ellos estaba yo. Y allí fue donde conocí a Iago Fernández y donde me quedé sorprendidísimo al escucharlo. Entonces él era muy joven. Además tenía una manera de tocar muy afín con mis gustos. Así que dije: “¡Uy, este chico seguramente va a casar muy bien con el concepto que tengo yo en la cabeza!” Y entonces fue cuando le comenté lo de hacer unos conciertos conmigo, y la cosa resultó genial: llegó Iago Fernández, empezó a tocar la batería, y aquello caminó desde el primer momento.

Francamente, cada uno del equipo aporta tanto de manera individual que hace que en conjunto la música crezca a unos niveles estratosféricos.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Por cierto, Abe Rábade colabora contigo en este proyecto no como pianista sino como director artístico ¿Cómo ha sido la experiencia?

JESÚS SANTANDREU.- Abe es consciente de que la elección de los músicos no sólo se hace por afinidad sino también por una cuestión logística. En ese sentido, Albert Palau es un músico de Valencia que se acababa de licenciar en Boston y que tiene muchas ganas de tocar. Además, y sobre todo, es un pianista que tiene una técnica increíble y cuya forma de tocar a mí me gusta mucho. Es un músico muy despierto con una musicalidad consumada.

Por otro lado, Abe y yo no hemos dejado de trabajar juntos, y además confío plenamente en él y en sus criterios. Por eso, haciendo algunas cosas aquí en Carcaixent, un día le comenté que quería que fuese el director artístico de este disco, y él lo aceptó.

Una cosa que a mi siempre me ha molestado a la hora de grabar un disco es que como líder tienes que componer los temas, tienes que estar tocando y tienes que estar viendo con el técnico de sonido si todo funciona correctamente. Por eso, al pensar en este disco, le propuse a Abe que él se encargase de la producción. Le dije: “Abe, yo sólo quiero ocuparme de estar dentro de la cabina tocando, y quiero que sea otra persona la que esté fuera diciendo: oye, esto quiero que lo repitáis; esta toma no es la buena; este solo no me ha gustado nada, o lo que sea... y esa persona eres tú”. Y él aceptó. Y no sólo aceptó mi propuesta sino que además se puso muy contento por ello; aunque más contento me puse yo de que él aceptara esa responsabilidad. Tanto es así, que pienso repetir la experiencia en mis futuros trabajos.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- El álbum contiene nuevas composiciones tuyas, entre las cuales figuran tres interludios que están relacionados con los colores primarios aditivos: amarillo, rojo y azul ¿Nos puedes contar algo más acerca de estos interludios?

JESÚS SANTANDREU.- Lo de haber puesto esos interludios en el disco es porque actúan como nexo de unión entre tema y tema, lo cual sirve, además, para que estos adquieran sentido. He de comentar que dichos interludios no fueron concertados previamente, sino que surgieron fruto de la improvisación durante la grabación del disco. Para el interludio “Yellow” hicimos una improvisación a dúo entre batería y saxo; una improvisación muy energética, muy chillona. Para el “Red”, una entre contrabajo y saxo; improvisación cálida y caliente sobre la tonalidad de Fa. Y para “Blue” utilizamos piano y saxo sobre la tonalidad de Re bemol, una nota que para mi es muy importante. Es una nota que yo utilizo muchas veces tanto para relajarme como para pillar energía.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- ¿Cómo empiezas a escribir tus temas?

JESÚS SANTANDREU.- Cuando me pongo a componer cada tema, lo primero que pienso no es ni siquiera en su estructura, ni en la melodía ni en la armonía, sino en el concepto; o sea, pienso en una cosa muy abstracta, en una cosa conceptual. Pienso cómo puedo hacer una cosa que tenga sentido global. Cuando digo concepto me refiero a cómo voy a mover la armonía. Muchas veces ni siquiera pienso en armonía tonal sino en la relación que pueda tener un acorde con otro. A partir de esa premisa, comienzo ya con una aglomeración de notas, las cuales me hacen pensar: ¿qué es lo siguiente que puede ser perfecto para este sonido? Digamos que esto sería el “cómo” mas común en el momento de componer: pensar siempre en cuál es la nota más bella que podría escribir y tocar al lado de esta otra.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- ¿Pero no sientes la necesidad de retirarte al campo, de aislarte, o algo por el estilo?

JESÚS SANTANDREU.- Cuando estoy componiendo lo único que necesito es estar solo, con unos buenos puros canarios y poco más.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- En SoundColors aparece un tema titulado “L.W. Dream”. ¿Ese sueño de quién era? ¿A quién va dedicado el tema?

JESÚS SANTANDREU.- Esto es casi inconfesable, pero lo voy a decir: L.W. significa Lesbian Wet, y lo compuse pensando en una amiga que tenía en Boston, y que como su nombre indica era una mujer a la que le gustaban las chicas. Ella tocaba con su piano a Bach, y además lo hacía muy bien. De hecho este tema tiene connotaciones muy barrocas a nivel compositivo. Es como un concepto muy clasicón; pero, bueno, digamos que integrado dentro del lenguaje del jazz. En la exposición del tema hay un momento muy dramático, de desesperación, en el cual quería plasmar la desesperación de esta mujer, como diciendo: ¡necesito que me amen...! Realmente son cosas muy abstractas que difícilmente se pueden expresar con palabras y que después, al plasmarlas en música, llegan a ser muy subjetivas.

Personalmente estoy encantado con este tema porque quedó muy redondo.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Descendiendo a lo anecdótico, y hablando de los títulos que llevan tus composiciones, tanto en el anterior trabajo discográfico como en éste hay dos temas que parecen que están inspirados en el mundo árabe: “Mustafá sostenido” y “Suarajeb Ababa”. ¿De dónde sacas la inspiración para titularlos de esa manera?

JESÚS SANTANDREU.- Por una parte, “Mustafá Sostenido” es un título un poco satírico -dicho sea esto, por supuesto, con todo mi respeto al mundo musulmán-. Se llama así porque la línea es un poco arábica, pero formada sobre la estructura armónica del “Giant Steps”, de Coltrane. Lo que pasa es que la primera parte está en siete por cuatro, y la segunda en siete por ocho. La progresión armónica del tema de John Coltrane es como muy alterada.., como que te marea un poquito. Hoy en día, sin embargo, esa estructura la percibes como muy tonal porque se escucha de una manera natural. La verdad es que me gustaba mucho ese nombre para el tema. Un  título que no es mío, por cierto, sino de Nuno Ferreira, el guitarrista portugués, que fue quien me lo sugirió.

Por otra parte, “Suarajeb Ababa” es un tema muy sinuoso; está hecho sobre un bajo ostinado y sobre una armonía modal de acordes aumentados. Se percibe como un tema transparente, un pelín ácido, que va formando algo así como espirales.

La palabra Suarajeb Ababa realmente no significa nada, es un nombre que me vino a la cabeza representando a un ser ficticio. Me gustaba el nombre por lo que tenía que ver con la música. Hay mucha gente que cuando ven y leen Suarajeb identifican el nombre con algo relacionado con el desierto, y la verdad es que no tiene nada que ver.

En cuanto a lo de Ababa, muchos piensan que es la estructura del tema A-B-A-B-A; sólo es un nombre.

Así que, quede claro que ambos temas nada tienen que ver con el mundo árabe, sino que es algo íntimo y personal que salió mientras los escribía.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Esto, desde luego, es la parte anecdótica, puesto que en lo musical el álbum es un pedazo de disco, en el que el jazz y su signo de identidad, la improvisación, se percibe extraordinariamente...

JESÚS SANTANDREU.- Gracias. Me alegro mucho de que te guste el disco.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- ¿Quién lo ha publicado?

JESÚS SANTANDREU.- Tanto Out of the Cage -que aún se sigue vendiendo- como SoundColors han salido al mercado a través de Fresh Sound New Talent. Sinceramente, estoy muy satisfecho del resultado y de la relación que mantengo con ese sello y con Jordi Pujol.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Con respecto a tu labor como compositor sinfónico, ¿qué es Velo de Isis?

JESÚS SANTANDREU.- Velo de Isis es una obra sinfónica que me encargaron para el IV Congreso Iberoamericano de Compositores, Directores y Arreglistas de Bandas Sinfónicas y Ensembles. Llevo algunos años componiendo y arreglando música sinfónica para varias formaciones. La verdad es que es una gozada escuchar un estreno tuyo desde el palco de butacas.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Permíteme que antes de finalizar la entrevista te pregunte por la Jove Jazz Band, la big band que tú diriges y de la cual me comentabas antes que está algo paralizada. ¿Vas a retomarla e impulsarla?

JESÚS SANTANDREU.- Pues puede que sí; aunque -la verdad sea dicha- la cosa es un poco complicada. El problema de la Jove Jazz Band radica en que un cincuenta por ciento de sus músicos son profesionales y el otro cincuenta son amateur. Y de los que son profesionales, no todos se dedican al jazz, lo que provoca algún que otro conflicto de lenguaje que hace un poco difícil la convivencia. Esto no quiere decir, por supuesto, que hubiese “mal rollo” ni nada por el estilo, pero tengo que reconocer que a nivel musical resultaba muy complicado montar las cosas. Además, llegó un momento en que me cansé de buscar conciertos, de montar los ensayos, etcétera, lo que provocó que se me hiciese un poco pesado llevar el asunto. Si a eso le añadimos que aquí en Valencia tenemos la Sedajazz Big Band, de la cual formo parte, pues está claro que todos mis arreglos y composiciones los dirijo hacía ella, ya que sé que en un par de lecturas el arreglo va a sonar, puesto que los músicos son todos profesionales del jazz.

De todas formas –insisto–, mi ilusión sería retomar lo de la Jove Jazz Band. De hecho yo sigo componiendo, y si sale alguna cosa la voy a hacer.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- He oído que con Abe Rábade estás preparando algo que se va a llevar a big band. ¿Es cierto?

JESÚS SANTANDREU.- Pues, sí. Abe y yo estamos preparando una producción que grabaremos -espero que no haya ningún contratiempo- en el año 2011. Será un disco que llevará temas originales de ambos y que estarán enfocados para tocarlos en formación de big band. Actualmente ya estamos trabajando en las composiciones. La verdad es que los dos estamos muy ilusionados con el proyecto.

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Quien quiera saber más de ti y de tu música ¿en dónde se te puede encontrar en Internet?

JESÚS SANTANDREU.- Pues en mi página web http://www.jesussantandreu.net/  y en mi myspace http://www.myspace.com/jsantandreu  

SEBASTIÁN ÍÑIGO.- Jesús, mucha suerte en todo y enhorabuena.

JESÚS SANTANDREU.- Gracias. Un abrazote.

   
   
Texto: © 2009 Sebastián Íñigo, Tomajazz
Fotografías: © Carlos Pinto, 2009