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MONK
Autor: Laurent de Wilde.
Editorial: Alba Editorial (mayo de 2007).
ISBN: 978-84-8428-347-8.
Idioma: español.
Páginas: 228 (rústica).

Si no me fallan las referencias, este es el primer libro que se publica en español exclusivamente dedicado a Thelonious Monk. No se trata tanto de una biografía sino de una breve monografía en la que se intercalan datos sobre la vida del pianista y compositor, con las observaciones del autor, también pianista, sobre la obra grabada de Monk.

El libro presenta altibajos que coinciden con las diferentes facetas del autor, como admirador de Monk o como biógrafo. En estas dos facetas, De Wilde explota poco su experiencia como pianista –lamentablemente, porque es lo más interesante del libro– y renquea como investigador por lo endeble de un libro que no sólo no descubre nada nuevo, sino que tiene ya más de diez años. Este es un factor importante porque en ese tiempo se han publicado, entre otros, la biografía de Leslie Gourse (Schirmer, 1998) –escritora poco fiable que, no obstante, aporta valiosos testimonios de primera mano–, la recopilación The Thelonious Monk Reader de Rob van der Bliek (Oxford University Press, 2001) y Brilliant Corners, la completa bio-discografía de Chris Sheridan (Greenwood Press, 2001).

A este respecto es aun más importante la postura del autor, que parece confundir la ligereza que busca en el texto con la falta de rigor; más aun, admite sin reparos –sobre la baronesa Nica [p. 64]– lo que parece ser la máxima del libro: “no he podido comprobar la veracidad de esta historia, me basta con que sea plausible para admitirla sin refunfuñar”; asimismo supone e “imagina” cuando no es necesario (por ejemplo, Orrin Keepnews, aun hoy vivo, ha explicado en detalle y en numerosas ocasiones por qué grabó a Monk tocando standards y temas de Ellington [p. 115]).

Esta negligencia a la hora de comprobar los datos deriva, por ejemplo, en descripciones torticeras, como las de Benny Goodman [p. 27] y Lennie Tristano [p. 87], o simplistas, como la de Coleman Hawkins como “un antiguo” ([pp. 133 y 135], aunque se desdice a sí mismo), en la perpetuación de la tópica dicotomía negros/blancos ([p. 38], ignorando el reconocido papel pionero de pianistas de bebop como George Wallington y sobre todo Al Haig) y la infinidad de imprecisiones e interpretaciones temerarias (Dizzy Gillespie como predecesor del acid jazz [p. 34] o, lo que es más serio aquí, sobre el carácter de Monk [p. 33]). El colmo de estos descuidos llega con el elaborado argumento según el cual los problemas de Monk para encontrar trabajo en la segunda mitad de los cincuenta se deberían a que era un músico “difícil” ([p. 138], obviando que se le había retirado la licencia para tocar, la cabaret card, hecho que no obstante ya había señalado el autor [p. 59]) y, sobre todo, con el magnífico error de bulto sobre la portada del disco Bird & Diz [p. 84]: en su esfuerzo por explicar el malditismo de Monk, De Wilde afirma con gran alboroto haber visto la foto completa de la portada de la que Monk habría sido “eliminado”, cuando en realidad: 1) la portada a la que se refiere no es la original, sino de una reedición posterior (cuando la presencia de Monk no era algo que esconder, sino más bien lo contrario), 2) la foto original es relativamente accesible y, lo peor de todo, 3) el “eliminado” de la foto en cuestión no es Monk, sino un joven John Coltrane (y el bajista Tommy Potter).

El papel del libro como guía para adentrarse en el universo monkiano se ve también socavado porque se ha optado por publicar una traducción del texto original, sin tener en cuenta que quedan obsoletos comentarios como los relativos al sonido de The Genius of Modern Music y Milt Jackson [p. 92], que se refieren a las reediciones de 1989, no a las de 2001 remasterizadas por Rudy Van Gelder (quien, a todo esto, no intervino en las sesiones originales). Por esta misma razón se pasa por alto el extraordinario descubrimiento y consiguiente publicación de las cintas de un concierto de Monk con Coltrane en el Carnegie Hall (Blue Note, 2005); sobre Coltrane con Monk, el autor tampoco parece haberse enterado de la reedición correcta del concierto de ambos en el Five Spot, previa a la publicación original de su libro.

La traducción presenta también puntos discutibles. Vaya por delante que éste no es un libro fácil, por el tono personal y el registro casi coloquial del texto, pero da la impresión de que la traducción es demasiado literal. Esto es notable en el exceso de signos de exclamación –el español no admite tantos como el francés–, en algunos casos de sintaxis muy discutible y en el abuso de la primera persona, que a veces roza lo absurdo, como cuando el autor pregunta “¿qué entiendo por forma?”, un concepto musical sencillo en el que no caben interpretaciones personales.

Volviendo a la cuestión del registro y la traducción, personalmente no veo cómo casan en un mismo texto “escandido”, “exegetas” (sic), “égida” o “gañir” con “cachondo” (palabra esta que no “viaja” bien a Centro y Suramérica, como tampoco lo hace la inexplicable traducción de “listas de éxitos” como “los 40 Principales”). Finalmente, aunque ocurre en las mejores familias y como compañero de profesión sé de sobra lo frustrante que resulta para los traductores, tampoco ayuda que haya unas cuantas erratas y gazapos (discos de “48” revoluciones [p. 98]; “cuervo” por Hawk, halcón, [p. 136]), o errores de más calado como decir que Monk “dirigió” el concurso de aficionados del Apollo, cuando lo que se quiere decir es que resultó ganador en dicho concurso [p. 24].

Evidentemente, la falta de rigor del autor puede generar desconfianza o desorientar al lector, e impide el éxito de este libro como introducción a Monk, en la medida en que esa falta de rigor conlleva una falta de respeto por el músico. Lamentablemente, este problema se ve agravado por el hecho de que apenas contamos con bibliografía sobre jazz en español: no hay producción propia como tal y se ha traducido una fracción ridícula de lo que se publica en otros idiomas. Así las cosas, los aficionados que sólo lean en español agradecerán con razón la publicación de este libro, que cumple su función como repaso rápido y entusiasta, aunque del todo acrítico, del universo monkiano; pero precisamente por la pobreza de nuestro panorama, es posible que para muchos el Monk de De Wilde quede grabado en piedra y se convierta en obra de referencia sobre Thelonious Monk, algo que ni es, ni probablemente pretendía ser.

 

© Fernando Ortiz de Urbina, 2007