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Fue más allá de como muchos optimistas pensábamos. Las mejores expectativas se quedaron tibias ante el calor de fraternidad, solidaridad, amor por la paz y la humanidad generado durante una semana dedicada al jazz en Cuba. Su colofón fue insuperable: nadie podía imaginar a lumbreras mundiales del género como Herbie Hancock, Cassandra Wilson, Marcus Miller, Esperanza Spalding -entre los que el público vio en el escenario- bailando y cantando la inmortal “Guantanamera”, mientras las restantes docenas de artistas participantes en la velada lo hacían entre bambalinas.

Fue la euforia, más que alegría, de vivir un momento histórico, inolvidable, esa que se convierte en lágrimas de emoción cuando se piensa con mente fría pero corazón aún ardiente, de un abrazo musical mundial que se produjo en un majestuoso Gran Teatro Alicia Alonso y que pudo ser visto y sentido desde la sala de ese cualquier hogar cubano o en los 125 países a los que se trasmitió el concierto.

Prematuro sacar balance del acontecimiento, como sería decir cuánto nos alimentó un festín que fue más allá de los sonidos en poco más de par de horas. Porque ese fue sólo la cúspide visible de una semana de intercambios en las escuelas, talleres y encuentros en diversos lugares, conciertos incluso de artistas cubanos que sólo fueron representados el día 30 por uno de ellos, como fue el caso del clan López-Nussa.

Llegar mediante el sistema de la televisión educativa cubana a todos los rincones de la geografía insular con el concepto jazz, su historia, actualidad e implicaciones artísticas-culturales y sociales es una semilla invalorable. Sin tener no una escuela, ni siquiera una cátedra de jazz en los múltiples centros de estudios de artes en el país, los jazzistas cubanos proliferan y se imponen dentro y fuera de nuestras fronteras, ahora el término, sus alcances y realización incluso espiritual, les resulta más familiar al conjunto de la sociedad. Todo esto dará nuevos frutos en este campo.

Para Cuba, abierta al mundo una vez más, constituyó un aval a su forma de ser y sentir por la humanidad. Todas las expresiones que las autoridades de la Unesco y de los gigantes del jazz que se pronunciaron en ese período corresponden también a la filosofía de vida que este país promulga.

Por eso, y muchas, muchas más cosas imposibles de resumir en unas pocas líneas, el Día del Jazz en Cuba será imposible de olvidar.

Texto: © José Dos Santos (Editor jefe de D’Cuba Jazz), 2017