• Lugar: Atelier Barcelona (Barcelona).
  • Fecha: 18 de febrero.
  • Componentes:
    Martin Brandlmayr: batería.
    Ken Vandermark: saxo tenor y clarinete.
    Christof Kurzmann: efectos electrónicos y voz.
  • Comentario:
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    Pese al celo que históricamente exhibe la autoridad competente para yugular la música en vivo en Barcelona, aún hay quien se atreve a abrir un espacio para la celebración de conciertos. Es el caso de Atelier Barcelona, un pequeño teatro abierto en pleno barrio de la Ribera, situado en el mismo local palaciego que hace una década ocupaba la sala Abaixadors 10. Fue en esa bonita casona donde, prácticamente a pelo, Martin Brandlmayr, Christof Kurzmann y el prolífico Ken Vandermark saltaron a escena con una propuesta basada en practicar la llamada improvisación libre a partir de fragmentos compuestos, esbozos o simplemente secuencias. No en vano, la formación en sí —ordenador, vientos y batería— auguraba al respetable un planteamiento cercano al collage sonoro.
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    04_130218_BKVLa sesión se estructuró en forma de piezas de una relativa brevedad, en ocasiones a partir de motivos en apariencia sencillos. En este sentido destacó la combinación sorprendente de temas de cariz exploratorio, progresivo, con algún que otro número de armonía oscura que recordaba al pop electrónico —el segundo track de la noche, por ejemplo, basado en un texto poético que cantó Kurzmann—. También hubo algún que otro instante edificado a raíz de un presunto marcado patrón de amalgama —la improvisación de antes del bis—, en realidad forjado de forma instantánea.
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    06_130218_BKVEl trabajo sobre los espacios vacíos y el contraste de colores, ritmos y pasajes fueron dos de los aciertos de un concierto en el que, en algún momento, pudimos escuchar una de las versiones más lacerantes del registro vandermarkiano en forma de notas muy agudas, casi dolorosas. A las imprecaciones sonoras del de Chicago cabe sumar la  labor efectista de Kurzmann al sampler, disparando voces electrizantes, penetrantes, de inspiración, digamos, industrial. Pero fue sobre todo el arte del baterista el que llamó más la atención del humilde cronista que firma esta cuartilla. Brandlmayr jugó a recrear sonidos desde la heterodoxia y la imaginación, con platos que cambiaban de lugar y se estrellaban contra los cueros, redobles inesperados o golpes toscos sobre la caja que empastaban con la cadencia del tema. Una grata sorpresa, vaya.07_130218_BKV
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    Christof Kurzmann, de quien en los últimos tiempos hemos escuchado su magnífico Infierno musical, y el promiscuo Vandermark, presente en las carteleras nacionales con alguno de sus múltiples proyectes, se juntaron con el baterista Martin Brandlmayr en 2010, en el contexto de la Nickelsdorf Konfrontationen, una sección del prestigioso festival de Nickelsdorf, en Austria. Es, según parece, una suerte de Work In Progress, que dirían los gafapastas, con piezas sin bautizar y un futuro tan enigmático como esplendoroso. Al menos así lo vieron los amigos de la productora barcelonesa Arco Y Flecha, especializada en este tipo de músicas, que no dudaron ni un minuto en obsequiar a la afición condal con un descubrimiento de este calibre.
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© Texto: Martí Farré, 2013
© Fotografías: Joan Cortès, 2013