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JAVIER VERCHER QUINTET
Madrid

  • Fecha: 4 de Marzo de 2006.
  • Lugar: Café Central (Madrid)
  • Componentes:
    Javier Vercher: saxo tenor, percusión
    Lionel Loueke: guitarra acústica, voz
    Edward Pérez: contrabajo
    Brannen Temple: batería
    Arturo Stable: percusión
  • Invitado:
    Nacho Arimany: percusión
  • Comentario: Nos sorprendió a todos en el pasado Festival de Jazz de Madrid, y esta semana en el Café Central está confirmando las sospechas: Javier Vercher es un músico de futuro, un valor a tener muy en cuenta y al que seguir la pista. Con su grupo ampliado a quinteto gracias al percusionista Arturo Stable, y con la presencia en algunos temas de otro percusionista, el flamenco Nacho Arimany, Vercher siguió haciendo gala de esa constante búsqueda de expresión, seña de identidad de su forma de entender el jazz.

    El repertorio, variado y a la vez consistente, servía de vehículo para las improvisaciones afiladas del saxofonista, agudos insolentes con los que arrastraba a sus compañeros, exploraciones en las que era él el que se dejaba arrastrar por sus sidemen y una complicidad extraordinaria con Lionel Loueke. El guitarrista africano arrancó bellísimos sonidos de su Godin con cuerdas de nylon, afrontando el acompañamiento de forma reposada y carismática, con reminiscencias de Bill Frisell en algunos momentos pero siempre personal y muy, muy paciente. Lionel era capaz de improvisar durante minutos sobre un simple motivo, creando lentamente el entorno adecuado para que las dinámicas de sus solos crecieran. Vercher, en cambio, imprimía ritmos más acelerados a sus improvisaciones, siempre recordando al Coltrane de mediados de los sesenta, inquieto y sin parar de probar, tomando riesgos y asumiendo consecuencias. Encomiable en un músico tan joven.

    El batería Brannen Temple, algo comedido esta noche, y el contrabajista Edward Pérez, secundaban automáticamente las ideas de Javier y Lionel, fomentando la creación de pequeñas asociaciones musicales dentro del quinteto, en las que todos intentaban dar lo mejor de sí mismos. Y el contraste se convertía en otro elemento poderoso en este grupo. Evoluciones de dinámica tranquilas y reposadas convivían con sorprendentes cambios que captaban la atención del público con fiereza, los distintos timbres de la guitarra de Lionel Loueke (sonido sintetizado, de cítara o simple y llanamente acústico) conformaban distintos paisajes sobre los que improvisar de forma variada, y el aporte del líder en instrumentos de percusión añadía tensión al discurso jazzístico, especialmente en el segundo pase en que el grupo se encontraba bastante entonado.

    Javier Vercher es una apuesta obligada para todos aquellos que critican la habitual tendencia a menospreciar a los músicos nacionales, un jazzman joven con las ideas muy claras que ha sabido elegir como compañero de viaje a un guitarrista original y enormemente expresivo como Lionel Loueke y que, a buen seguro, dará mucho que hablar. Intención, desde luego, no le falta.