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DAVE HOLLAND QUINTET
365 Jazz Bilbao

  • Fecha: 31 de octubre de 2008.
  • Lugar: Kafe Antzokia (Bilbao, Vizcaya).
  • Componentes:
    Dave Holland: contrabajo.
    Robin Eubanks: trombón.
    Chris Potter: saxos tenor y soprano.
    Steve Nelson: vibráfono y marimba.
    Nate Smith: batería.
  • Comentario:
    Es realmente difícil alcanzar la perfección. Cuando hablamos de música, esta solo puede entenderse como un estado de gracia compartido por el emisor y el receptor, tan inolvidable como escurridizo. El concierto de Dave Holland dentro del festival 365 Jazz Bilbao, planeó de principio a fin sobre la perfección, en un recital glorioso y digno de permanecer para siempre en la memoria.
     
    Como las comparaciones son odiosas, obviaremos incidir en el gigantesco abismo que hay entre la música ofrecida por Holland y la de sus predecesores en el festival, que es tremendo. Lo de Holland es otra liga, una en la que juegan muy pocos; todos ellos, de primera categoría.
     
    Aunque muchos esperaban ver al recién estrenado sexteto del contrabajista, fue su clásico quinteto el que se presentó en el Kafe Antzoki bilbaíno. Afortunadamente, el repertorio no fue nada predecible, a pesar de que Holland echó mano de unas cuantas composiciones de su último disco con esta formación (Critical Mass) como “The Leak”, “Lucky Seven” o “Easy Did It”. Temas de otros tiempos (y otros grupos) como “Ebb & Flo”, el original de Steve Nelson “Go Fly A Kite” y, sobre todo, un fantástico arreglo para quinteto de “Emerald Tears”, demostraron que el grupo se mantiene en plena ebullición, conjugando aplomo y frescura a partes iguales.
     
    El quinteto es una unidad que opera con una precisión acongojante, y en algunos momentos resulta casi obsceno resaltar la labor de uno de sus miembros. El conjunto es lo que cuenta y cada nota emitida tiene su porqué. Aún así, hay que decir que Eubanks se mostró tan sólido y recurrente como es habitual en él y que Nelson, que se encontró con algunas dificultades en el escenario, tuvo algunos momentos de desconcentración.
     
    Chris Potter, uno de los grandes tenores de su generación, hizo gala de su estilo “narrativo” dando sentido a sus dos largos solos frase a frase, construyéndolos meticulosamente (incluso dando vueltas durante un rato sobre ideas improductivas) hasta producir una compleja y majestuosa pieza de improvisación.
     
    Pero si hablamos de individualidades, Holland y el batería Nate Smith fueron las estrellas de la noche. El primero por su liderazgo, su capacidad rítmica y la naturalidad con la que produce solos imbatibles como quien sale a comprar el periódico. El segundo, porque ha conseguido hacer que no echemos de menos a Billy Kilson, lo que no es nada fácil.
     
    El joven batería se comió el concierto con sus recursos inagotables y su capacidad sobrehumana para permanecer atento a cada estímulo sonoro que emitían sus compañeros. Presenciar una empatía tan extrema y la mezcla de flexibilidad, fortaleza e ingenio con la que toca Smith es un verdadero lujo.
     
    Pero por encima de todo, repito, el grupo. Esos cinco instrumentistas tocando al mismo tiempo, como una apisonadora con mecanismo de precisión. Los polirritmos de Holland y Smith, la tensión del vibráfono y la marimba de Nelson y, sobrevolando el terreno, las improvisaciones entrelazadas de Eubanks y Potter serpenteando por nuestras cabezas. Es algo que no se puede explicar; hay que estar ahí.
     
    Leyendo la reseña del concierto de Holland en Madrid publicada por mi compañero Arturo Mora, me congratulé al comprobar que no es un error esperar lo máximo de un grupo como éste.
     
    Ambos conciertos fueron completamente diferentes ofreciendo, sin embargo, una misma cosa: una noche irrepetible de música entregada en exclusiva a un público colmado y boquiabierto.
     
    ¿Cuántas bandas que se suben hoy en día a un escenario pueden presumir de eso?

    © 2008  Yahvé M. de la Cavada