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..:: PERIODISMO Y JAZZ EN ESPAÑA (SERGIO CABANILLAS)

   
 


Sergio Cabanillas González (Madrid, 2 Diciembre 1975) es un hombre todoterreno. Dirige y presenta el programa de radio "Universos Paralelos" (Onda Verde 107.9 FM - Madrid). Colabora activamente con el jazz madrileño a través de producciones discográficas y actuaciones o diseñando y manteniendo la página web de "Músicos Asociados" (http://www.musicosasociados.org). Otra de sus facetas destacadas es la de fotógrafo. Su cámara ha retratado en los últimos años a músicos nacionales e internacionales (véase su exposición en Tomajazz).

   


Sergio Cabanillas
(Autorretrato)


P: Una pregunta de difícil respuesta a la que estamos sometidos las gentes del jazz ¿qué es el jazz para ti?

S.C.: Para mí es la máxima cota de libertad a que puede aspirar un creador en el ámbito de la música.

P: ¿Cuál es tu relación inicial con el jazz, tu primer encuentro con esta música?

S.C.: Allá por el año ’95, al comienzo de mis emisiones, encontré en un polvoriento rincón de la emisora (Radio Paloma, una emisora muy pequeñita del barrio de Vallecas, aquí en Madrid) un disco con la carátula azul y unas fotos en blanco y negro de cinco tipos. Decidí llevármelo a casa y darle una oportunidad. Aquél disco se llamaba SKOL (Pablo, grabado en 1979) y los tipos eran, ni más ni menos que Stéphane Grappelli, Oscar Peterson, Joe Pass, NHOP y Mickey Roker. En dos palabras: impactante y adictivo.

P: Jazz y España, Jazz e Instituciones… ¿palabras de difícil convivencia?

S.C.: No necesariamente. El problema es que entre ambos términos, en el caso de las instituciones, hay un tercero que es el que realmente hace difícil la convivencia a la que alude la pregunta: subcontratación. En mi opinión, buena parte de las instituciones públicas ya son conscientes del Jazz como opción en las programaciones culturales, y numerosos municipios en España ya disponen de su propio ciclo de Jazz, ya sea de verano, otoño e incluso ambos. El problema viene del hecho de que la gestión de estos ciclos, compleja a nivel organizativo, se subcontrata a empresas de gestión cultural privadas, en lugar de contar las propias instituciones con asesores especializados. De este modo la institución se limita a poner la financiación de cachés y gastos, y los criterios de programación quedan a merced de dichas compañías privadas, con lo que factores de calidad creativa, interpretativa o la responsabilidad de dar a conocer las numerosas vertientes del Jazz y los nuevos valores asumiendo un cierto riesgo (que las administraciones públicas pueden y deben asumir), ceden terreno a un objetivo recurrente: aforos completos y recaudaciones de taquilla.

P: ¿Qué ha de cambiar para que el jazz español alcance la madurez? (si es que no la hubiera alcanzado)

S.C.:
En mi opinión, el jazz nacional ha alcanzado la madurez necesaria, pero lo ha hecho pasando por una infancia y adolescencia traumáticas, con todo tipo de trabas para salir adelante, tanto en la edición discográfica, como en la promoción posterior y la subsiguiente escasez de contrataciones de conciertos... por no hablar de que, a costa de esa ausencia de promoción en medios en los últimos años, se ha omitido el necesario relevo generacional, que lo hay y del máximo nivel. Más que madurar, el Jazz español necesita ser conocido por sus propios conciudadanos; el simple conocimiento de lo que se está haciendo ahora por aquí dejaría boquiabierto a más de uno, tanto por cantidad como por calidad... ojo, que nadie sea tan superficial como para tomar esta declaración por una demostración de patrioterismo barato, sino por un alegato hacia el cambio de mentalidad que necesita el Jazz nacional: no sólo por ser español es bueno, sino que, al menos, merece una oportunidad o una escucha, porque el nivel medio es más alto de lo que se quiere admitir.

P: España y Músicos de Jazz… ¿cuál es el nivel actual de nuestros músicos?

S.C.:
Pues, en la misma línea de lo que decía antes, el nivel ha crecido mucho en los últimos años. Muchos de nuestros músicos han recibido menciones de honor tras finalizar estudios en escuelas del prestigio de la Berklee de Boston o del Musicians Institute de Los Ángeles, superando con creces los niveles de exigencia de estos centros. Esto es en lo que respecta al nivel académico; a nivel creativo, se están tocando todos los palos. Si bien es cierto que buena parte del repertorio aún está anclado en los clásicos de la época dorada del bop, cada semana nos sorprenden proyectos cada vez más frescos, contemporáneos y arriesgados, algo que, teniendo en cuenta el panorama en España, tiene más mérito aún, si cabe.

P: ¿Qué nombres de nuestro jazz consideras destacan en este momento?

S.C.:
La lista es bastante larga, y el orden en este caso no es indicativo de nada (que conste); algunos de mis favoritos son los guitarristas Chema Saiz y Santiago de la Muela (ambos acaban de grabar hace nada sendos trabajos de primera, el primero en quinteto y el segundo en trío con Hammond – Dan Wall, ahí es nada), los saxofonistas Mikel Andueza e Iñaki Askunze, el pianista Abe Rábade, esa formación de ilustres veteranos llamados BAC Trio (Baldo Martínez, Alejandro Pérez y Carlos “Sir Charles” González), que protagonizaron un disco tan impresionante como arriesgado, el propio Baldo Martínez Grupo, Dead Capo... y un largo etc.

P: Del panorama internacional del jazz, ¿qué nombres y movimientos te llaman especialmente la atención?

S.C.:
Pues es altamente interesante la variedad y la pujanza del Jazz Europeo, que ha llegado a constituír una corriente sólida y diferenciada respecto al sonido americano, que parece algo estancado salvo excepciones como la Knitting Factory, y tiende a mirar cada vez más hacia Europa. En este ámbito, me gusta particularmente el trabajo de músicos como la formación de trío de Esbjorn Svensson (en mi opinión, uno de los mejores tríos de Europa), Richard Galliano (delicioso su “Piazzolla forever”), Paolo Fresu, Louis Sclavis o Marc Ducret, entre otros muchos. También quedan iniciativas nada despreciables desde los E.E.U.U., como The Bad Plus, Medeski, Martín & Wood o los últimos y refrescantes trabajos de la John Scofield Band, formada con músicos jóvenes, donde hay cabida para el groove y los sonidos de samplers.

P: ¿Cuál es tu valoración del actual panorama de festivales de jazz en España? ¿Jazz o acto social? ¿Se cuenta suficientemente con el jazz español y europeo? ¿Merecerían en todo caso estos últimos presencia sobre esos escenarios?

S.C.: En los últimos años han proliferado como setas los festivales de Jazz en España. Esto, por un lado, es positivo porque nos permite ver en nuestros escenarios lo mejorcito de aquí y allá, de hoy y de siempre, y sienta una infraestructura de producciones con visos de continuidad, pero la satisfacción no será completa hasta que este florecimiento revierta de forma clara en las propuestas de aquí. Por desgracia, dada la manifiesta carencia de cultura jazzística de buena parte del público actual (por el vacío de información, entre otras cosas), de momento es más acto social que Jazz, símbolo de estatus como hasta ahora era la música clásica, aunque los círculos de verdaderos aficionados crecen y se fortalecen (vuestra excelente página, foros incluídos, es una buena muestra de ello), y eso es ciertamente esperanzador. Claramente, la presencia europea, y especialmente la nacional, son insuficientes, y ya hay estudios al respecto que lo demuestran a las claras, y salen perdiendo respecto a las formaciones estadounidenses, que hacen su Agosto. Dada la manifiesta calidad tanto de los proyectos tanto europeos como españoles, es obvio que merecen una mayor participación por méritos propios.

P: ¿Festivales o programación de club?

S.C.:
Ambos cumplen funciones de capital importancia y nos son excluyentes, sino complementarios. El club es el terreno natural al Jazz, un ámbito de intercambio de ideas y riqueza creativa a través de eventos como las jam sessions, y permiten tanto rodar nuevos repertorios como dar a conocer nuevas formaciones, todo ello en estrecho contacto con el público. El festival permite dar a conocer estas novedades, tanto las locales como las internacionales a un público más numeroso y amplio en citas puntuales, y deberían ser un escaparate para todas las propuestas llevadas a cabo con profesionalidad y sin restringir o limitar el horizonte audible del público a “lo que más ha vendido este año”, “la sensación de esta temporada en U.S.A.” o simplemente lo considerado “más digerible” y consumible, en definitiva, por el público; interpretar el papel que en otros sectores profesionales llevan a cabo las convenciones, pero en este caso cara al público.

P: ¿Cuál es la realidad del jazz en tu región?

S.C.:
Pues un tanto incierta y tormentosa, aquí en Madrid. En los terrenos del club, el número de locales, en lugar de aumentar, disminuye, y en bastantes casos el músico profesional ha de arriesgarse, como fórmula impuesta, a recibir sus honorarios en función de un porcentaje de la taquilla que sea capaz de convocar, como si de grupos pop de aficionados se tratara. En el ámbito de los festivales, la oferta mejora, pero no desgraciadamente para los músicos locales, que se ven condenados en la amplia mayoría de los casos al ostracismo forzoso porque “no convocan público suficiente”, cerrando un círculo vicioso: el músico no vende (por ende, no se le conoce), de modo que no convoca público y no se le programa, y vuelta a empezar. De cualquier modo, parece atisbarse luz al final del túnel gracias a las iniciativas de la constituída Plataforma de Apoyo a Nuestro Jazz, quienes ya han conseguido, cimentando sus reivindicaciones con estudios estadísticos rigurosos de participación española en los festivales, un principio de acuerdo en el ámbito local con el Ayuntamiento de Madrid para un ciclo anual de doce conciertos de formaciones locales. Esperemos que esto marque el comienzo del cambio de mentalidad que tanta falta hace.

P: ¿Qué objetivos te planteas con tu programa?

S.C.:
Pues mis objetivos como programador radiofónico no han variado sustancialmente con el paso de los años. Mi objetivo primordial sigue siendo dar a mis – sufridos – oyentes un punto de vista global hacia la música y transmitirles, desde un punto de vista casi didáctico desde mi humilde experiencia un sentido crítico que les permita discernir estilos, calidades, interpretación y sentimiento, para que puedan desarrollar un cierto criterio frente a la avalancha publicitaria de productos musicales de consumo masivo que nos asaltan desde el televisor, la radio comercial, internet y también ciertos críticos que, por así decirlo, “sientan cátedra” y emiten casi dogmas desde las alturas (algo por desgracia extendido en el ámbito del Jazz). Por eso suelo repetir con frecuencia en antena una frase recurrente: “...porque esto que escucháis no es más que una opinión”.

P: 5 discos imprescindibles de tu discoteca

S.C.:
Muy, muy complicado... el jazz cuenta con más de un siglo de historia, y es inabarcable tanto sus facetas como el número de grabaciones prácticamente imprescindibles. Sólo en el apartado jazzero, me vienen a la cabeza, así al vuelo: “Kind of Blue”, de Miles, “Piazzolla Forever” de Galliano, “My favorite instrument” de Oscar Peterson, piano solo, “Good morning Susie Soho” de Esbjorn Svensson Trio y el citado “SKOL” de Peterson, Grappelli, Pass, Pedersen y Roker. Buf, después de escribir esto se me ocurren otros veinte, y si nos metemos en fusión... no se pueden pedir estas cosas...

P: 5 directos de tu vida (a los que acudiste… no se refiere a grabaciones)

S.C.: Vaya, seleccionar sólo cinco conciertos especiales entre tantas noches de vicio jazzístico en el Johnny, Vitoria, emociona!!!Jazz y tantos otros escenarios y clubs... es tarea muy dura... veamos, Brad Mehldau en Vitoria, en el ’99, un concierto con la emoción a flor de piel y una sensibilidad extraordinaria, posteriormente me enteré de que Mehldau tocó aquella noche al límite de sus fuerzas, febril y con gripe; Esbjorn Svensson Trio en Vitoria, 2001, un concierto memorable y la primera vez que pude ver a este trío; Sheila Jordan con Cameron Brown a dúo en el San Juan Evangelista, un portento de ternura y swing, sólo cosa de dos; John Scofield con Dave Holland, Joe Lovano y Al Foster en Vitoria, 2002, absolutamente incontestables, con un Scofield imparable; el último, Santiago de la Muela con “Sir Charles” González y Dan Wall en el Círculo Catalán de Madrid, en este mismo mes, puede que sea uno de los conciertos de jazz español más potentes que haya visto. Abusaré con un sexto: la experiencia de ver a piano solo a Cecil Taylor en el San Juan. Esto es en lo que al Jazz se refiere, que también he disfrutado como un enano con actuaciones de rock progresivo, música celta, conciertos de cámara clásicos, metal industrial...

P: Algo que quieras añadir

S.C.:
Bueno, uno se siente un poco raro en el papel del entrevistado, después de llevar tanto tiempo del otro lado del micrófono, la cámara o la mesa de mezclas... en cualquier caso, gracias por la experiencia y por dedicarme un hueco en la Jazzlería en este mes... a ustedes vosotros y a los lectores, nos vemos en los conciertos.