Billie’s Bounce – Now’s The Time por Charlie Parker [Artículo de jazz] Por Gonzalo Aróstegui

Charlie Parker: Billies Bounce / Now’s The Time (Savoy Records, 1945)

Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando está por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus súbitas rabias y sus llantos.

(El perseguidor, Julio Cortazar)

Pocos singles tan míticos como éste a 78 rpm salido de aquella sesión del 26 de noviembre de 1945 en la que Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Miles Davis —santísima trinidad de una revolución estética que culminará el tercero a finales de los años sesenta y principios de los setenta— grababan diferentes tomas de seis temas. La escucha de los dos que lleva esta galleta mágica de Savoy Records (Billies Bounce y Now’s The Time, ambos de Parker) sirve para cartografiar lo que fue y lo que supuso el bebop, primera piedra de lo que será el jazz a partir de su ruptura con la tradición: un grupo de cinco músicos cuya espoleta es Bird, en contraste con las big bands, huyendo de la amabilidad del swing y priorizando el ritmo y las improvisaciones de los solistas. El saxo alto de Parker, la trompeta de Davis, el piano de un Gillespie (o Hen Gates en los créditos) que se ocupa del mismo porque no debía haber otro pianista presente, el contrabajo de Curley Russell y la batería de Max Roach exponen el futuro absorbiendo el pasado africano y las vanguardias europeas presentes sin ser rehén de ninguno. Obviamente, John Coltrane, Ornette Coleman o Albert Tyler llevaron mucho más lejos los conceptos de estos Charlie Parker’s Reboppers (Ree Boppers en la etiqueta del sencillo), pero hay que valorar la valentía de su propuesta —los dos planos son indispensables— por sus propias cualidades y como el acicate que a tantos estimuló y que todo lo transformó.

© Gonzalo Aróstegui, 2020
Gonzalo Aróstegui, además de novelista, es autor del más que recomendable blog sobre música http://raggedglory.blogspot.com/



Persiguiendo al pájaro [Artículo de jazz] Por Carlos Lara

Parece que no hay nada más oportuno que los aniversarios de todo tipo para que nos acordemos de alguien. Cuando estos pasan se dejan de exaltar las bondades o las maldades, aunque de estas se suele hablar poco por un respeto mal entendido. Nunca lo entenderé. Si hay que hablar mal de alguien se hace y punto. Pero sobre todo se resalta la obra, la huella dejada. Sea en la música, la literatura, en el cine u otras facetas de la vida.

La huella de Charlie Parker es una impregnación en el tiempo que nos paraliza y nos hace sentirnos vivos. Es como el relámpago que precede al trueno. Nos recuerda que todo está en la naturaleza.

A Charlie Parker hay que recordarlo siempre, al igual que a cientos de pioneros que fueron creando pieza a pieza, escalón a escalón, la arquitectura sonora del jazz. De dónde salían la fuerza, la inspiración y la aceleración, cualidades que llevaron a Charlie Parker a ser el origen de un nuevo estilo, junto a Dizzy Gillespie. Un universo creativo que ponía los pelos de punta, que salió de Kansas City para influir en generaciones de músicos que a partir de entonces tuvieron a Parker como su faro.

El escritor Julio Cortázar se inspiró en la figura de Charlie Parker para su cuento “El Perseguidor”, que se encuentra en el libro Las armas secretas. Johnny Carter un virtuoso del jazz cuya vida transcurre persiguiendo sombras, en medio de la lucidez y la autodestrucción. Un retrato de los últimos años del saxofonista. Escrito en 1959, el mismo año que se grabó Kind of Blue. Casi nada.

Texto: © Carlos Lara, 2020

Ilustra el texto la portada del cómic El perseguidor de Julio Cortázar con ilustraciones de José Muñoz.




Charlie Bird Parker: «Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver». [Artículo] Por Enrique Farelo

Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver

La frase es atribuida a James Dean pero en realidad fue pronuncia por John Derek en la película Llamad a cualquier puerta, dirigida por Nicholas Ray en 1949 y protagonizada por Humphrey Bogart.
La frase se ajusta como un guante y define a la perfección lo que fue la vida de Charlie Bird Parker, una vida breve e intensa, con problemas con el alcohol, las drogas y varios ingresos psiquiátricos que apenas le dieron para permanecer en el mundo 34 años.

Charlie Parker fue hijo único y perteneció a una familia desestructurada, con un padre como Charles Parker que era bailarín de claqué y que abandono pronto el seno familiar y a su hijo con apenas 12 años. Este revés bien pudo suponer que el joven Parker se adentrara en el consumo de alcohol y drogas como la marihuana y la heroína; de hecho a la edad de 15 años afirmó:

“Todo vino por entrar en la vida nocturna demasiado pronto… Cuando no has madurado lo suficiente para saber qué está pasando, la cagas”.

En 1936 se casa con Rebecca Ruffin y meses más tarde sufre un grave accidente de coche con diferentes fracturas que le producen fuertes dolores que mitiga con morfina, lo que favorece, aún más, su adicción a la heroína. En 1938 nace su primer hijo, Leon Francis Parker.

Su juventud viene marcada por una vida dura y lamentable. En 1939 apenas resiste en la ciudad de Nueva York, dedicándose a la limpia de locales y el lavado platos en los nightclubs.

Dos nuevas y breves uniones matrimoniales completan su azarosa vida. En 1943 se casa en Washington con Geraldine (Gerri) Scott y en 1948 vuelve a contraer nupcias en Tijuana con Doris Sydnor, matrimonio que la heroína se encargaría de destruir.

“La mayor estabilidad emocional” la obtuvo a partir de 1950 al lado de Chan Richardson con la que no llegó a casarse y con la que tuvo dos hijos. Pree, nacida en 1951 y Baird, nacido en 1953.

En ese año, 1953, la noche del 15 de mayo en el Massey Hall (Toronto, Canadá) esperaban las cuatro figuras principales del be-bop: Dizzy Gillespie, Bud Powell, Charles Mingus y Max Roach, y también esperaban que lo hiciera Charlie Bird Parker, pero éste se presentó sin instrumento tras haberlo empeñado a cambio de droga, lo que provocó que tuviera que tocar con un saxofón prestado de plástico en el memorable The Greatest Jazz Concert Ever.

El hecho de la venta del saxo a cambio de la adquisición de la droga y el fallecimiento de su hija Pree, en ese mismo año, a causa de una neumonía mal tratada por la escasez de medios económicos del músico, supusieron un punto de inflexión tan negativo como para llevarle al borde de la muerte con dos tentativas de suicidio en 1954; igualmente, en ese mismo año, le prohíben la entrada en el club neoyorkino que habían bautizado con su nombre, Birdland.

El deterioro de su salud física y mental le llevó al ingresó voluntario en el Bellevue Hospital de Nueva York durante 3 meses.

Así irónica y paradójicamente el día 12 de marzo de 1955 el hombre y el músico que transformó el jazz en Arte dejó el miserable mundo que le tocó vivir. Y lo hizo riendo a carcajadas ante un programa de televisión en el apartamento de Manhattan de su buena amiga, mecenas del jazz y hermana de Lord Rothschild, la Baronesa Pannonica de Koenigswarter.

Los 34 años vividos parecieron entre 50 y 60 como bien constataba el médico que certificó su defunción.

Su vida fue “sexo, drogas y jazz”. Casi con este slogan podríamos decir que también fue un abanderado y un pionero de lo que años más tarde acuñó el mundo del Rock.

Y no solo fue pionero en slogans también se adelantó a su tiempo como muerto prematuro.

Le siguieron una legión de músicos del mundo del rock tales como: Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones etc.

Por todo ello, Charlie Bird Parker fue genio y figura: Vino a este mundo llorando como todos y se fue riendo como ninguno.

Texto y dibujo: © Enrique Farelo, 2020




Bird by Kuto [Viñeta de jazz]

Por Kuto.

© Kuto, 2020




Bird: un intento de aproximación sonora a Charlie Parker. Por Pachi Tapiz [Artículo de jazz]

Por Pachi Tapiz.

Además del repaso a su biografía, magnífico el artículo de Jan Tilkut publicado en Tomajazz el día del centenario del nacimiento de Charlie Parker, la escucha del legado de Bird es esencial para entender la importancia de este músico en la historia y el desarrollo del jazz. Excusatio non petita…, va en este breve artículo un intento de aproximación sonora a este genio de la música, con una propuesta que en 2020 sigue de plena actualidad y que no ha perdido un ápice de su energía inicial.

Recopilatorios: Charlie Parker en breve… o no tanto

A quien quiera iniciarse en la discografía de Charlie Parker se le pueden recomendar múltiples recopilatorios. Uno de ellos, Bird of Paradise (Le Chant Du Monde, 2005. 2CD) es un doble CD que sirve para tener una idea de la trayectoria de este saxofonista y compositor. Abarcando desde 1941 hasta 1954, además de los temas históricos que grabó como líder o co-líder, incluye piezas imprescindibles en combos liderados por Dizzy Gillespie o Charlie Parker, así como temas grabados con la Orquesta de Jay McShann, con Nat King Cole. Incluye algunas piezas de sus controvertidas sesiones con cuerdas, y temas en directo que registraron su paso por el Jazz At The Philharmonic de Norman Granz.

Rétrospective 1940-1953 (Saga, 2005. 3CD) retoma el mismo planteamiento que Bird of Paradise. La novedad es un tercer CD en el que se incluyen grabaciones en la radio y en directo, que aportan razones adicionales a la grandeza de este coloso del saxo alto. Un elemento que hace especialmente recomendable este recopilatorio es el extenso libreto de casi 90 páginas, que argumenta (en inglés y francés) los elementos musicales e históricos  que ayudan a entender y poner en contexto la importancia de cada tema. Tal es así, que incluye como pieza separada (la titulan “The Famous Alto Break”), el solo en “A Night In Tunisia”, que equiparan en importancia al inicio del histórico “West End Blues” de Louis Armstrong.

Otro recopilatorio más que recomendable, pero limitado a cuatro años, es Charlie Parker: The Essential Charlie Parker (Union Square Music, 2004. 2CD), con grabaciones entre 1945 y 1948, “de su periodo más creativo y estable”, según comentaba Fernando Ortiz de Urbina en “1943-1959: entre el Bop y el Free – La Edad de Oro. Especial 25 Discos de Jazz: una Guía Esencial” acerca de esta obra.

Una vez iniciado en su música, y antes de entrar en la fase de las “grabaciones completas en…”, una buena alternativa es la caja de siete CD The Bebop Revolution. The Complete Studio BeBop Master Takes 1944-1954 (Le Chant Du Monde, 2008. 6CD). Allí está la música grabada por las formaciones lideradas por Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Miles Davis que sentaron y desarrollaron la esencia del bebop, así como las sesiones a nombre de Tiny Grimes, Red Norvo, Sir Charles Thompson y Slim Gaillard que entre 1944 y 1945 sirvieron para mostrar por primera vez la genialidad de esta nueva manera de afrontar la creación jazzística.

Grabaciones completas: el festín sonoro de Charlie Parker

El paso final que todos los fans de Charlie Parker hemos dado, es darnos un atracón de su música recurriendo a las grabaciones completas de su paso por los sellos que registraron su genio creativo.

El sello Definitive Records publicó un total de ocho CD (en varios formatos, uno de ellos con dos cajas de cuatro CD cada una), con las grabaciones completas en los sellos Savoy y Dial, las discográficas en las que Charlie Parker dejó constancia de su genio en el inicio de su carrera. Como corresponde a tal iniciativa discográfica, se incluyen las tomas alternativas, inicios falsos y tomas incompletas que resultan imprescindibles para los fans irredentos o estudiosos del tema, pero que en algún momento (especialmente cuando el grupo no estaba en pena forma y le costaba dar con la tecla para lograr una toma satisfactoria del tema), puede resultar un tanto exasperante.

Otro tanto se puede decir de la caja de diez CD The Complete Charlie Parker On Verve. Además de las grabaciones en estudio, incluyendo las controvertidas sesiones con cuerdas, la diferencia con las cajas de Savoy y Dial es que se incluyen las impagables participaciones de Bird en directo en el espectáculo Jazz At The Philharmonic del empresario Norman Granz. En este show itinerante, de gran éxito entre el público, se podía escuchar a las grandes figuras del jazz de la época. Es por ello que se puede gozar de Bird en plena forma junto con algunos gigantes del jazz (la caja comienza con un “Sweet Georgia Brown” de nueve minutos reflejando el ambiente de una jam session bien caliente), y de todo ello surgen unos cuantos momentos históricos con la genialidad imbatible de este portento del saxo alto.

© Pachi Tapiz,2020




Charlie “Bird” Parker, cien años de leyenda. Por Jan Tilkut [Artículo de jazz]

Por Jan Tilkut.

El pasado 29 de agosto se cumplieron cien años del nacimiento de quien estaba destinado a convertirse en una estrella fulgurante de la música jazz, una estrella que, como las de verdad, como las que están allá arriba en el firmamento, continúa brillando mucho después haberse ido.

 

 

Charlie Parker en el Three Deuces, 1947. Fotografía por William P. Gottlieb – https://www.flickr.com/photos/library_of_congress/4843755786/, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20705291

Con su nacimiento, el 29 de agosto de 1920, Parker dio comienzo a una década excepcional en la que irían llegando, una tras otra, figuras enormes, músicos que iban a hacer historia en el jazz del siglo XX: Miles Davis, Chet Baker, Paul Desmond, Stan Getz, John Coltrane… No cabe duda, pues, de que los astros se alinearon durante esos años y marcaron el destino de estos músicos excepcionales que vivieron rápido, hicieron buena música y se fueron pronto, todos ellos.

Pero hoy en Tomajazz homenajeamos a Charlie Parker, el primero en llegar y el primero en irse, ese del que dicen que fue capaz de dividir la música jazz en tan solo dos categorías: la que se había hecho antes de él y la que se hizo a partir de su llegada. Así de grande fue la huella que dejó este cat, al que por una ironía del destino llamaban también bird.

El joven Charlie vino a nacer en Kansas City, pero en “la buena”, la que está en el estado de Kansas; no en “la mala”, que se encuentra en Missouri, a solo unos siete kilómetros de distancia, aunque lo cierto es que no iba a tardar mucho en darse cuenta de dónde estaba la diversión de verdad. A los once años de edad, empezó a tocar el saxofón en las clases de música de la Penn School y un par de años más tarde en la Lincoln High School, en cuya banda de música tocaba el saxo barítono, lo que a su madre no le hacía mucha gracia, porque era casi tan grande como él y “le empequeñecía”. Así que, en cuanto pudo le compró un saxo alto, que, irónicamente y a pesar de su nombre, es más pequeño.

El repertorio de los jóvenes músicos incluía piezas clásicas, espirituales, y temas diversos de compositores afroamericanos, como Samuel Coleridge-Taylor, William L. Dawson o John Thomas Douglass. No fue gran cosa, pero esa iba a ser la única formación musical ortodoxa que recibiría en toda su vida. El resto de sus conocimientos los adquiriría a través del contacto directo con músicos profesionales, que, o bien le tomaban como aprendiz, o bien le servían de modelos a los que imitar. Eso, una cantidad considerable de trabajo duro ensayando en patios traseros, y una buena dosis de talento personal —el genio innato que Charlie Parker llevaba dentro—, sería lo que acabaría haciendo de él en apenas unos años una figura legendaria en la historia del jazz.

Sin embargo, de la escuela Penn, se llevó algo más que le acompañaría durante el resto de su vida profesional: su apodo, yardbird. Según contarían más tarde sus antiguos compañeros, en cierta ocasión y para participar en un concurso de disfraces, los niños se vistieron de aves, con alas y plumas incluidas. En un momento dado, el profesor de música se dirigió a ellos diciéndoles: “¡Vosotros, ‘yardbirds’ (aves de corral, gallinas, pollos), entrad en la escuela!”. Al pequeño Charlie el término se le quedó grabado y desde entonces comenzó a referirse al “pollo”, su comida favorita por aquel entonces, como “yardbird”, algo que al resto de sus compañeros les hacía mucha gracia y, ya se sabe lo que son estas cosas, yardbird se convirtió desde aquel momento en el sobrenombre que le seguiría a todas partes, si bien con los años quedaría reducido a “bird”, Charlie “Bird” Parker.

Los compañeros de escuela guardarían buen recuerdo del joven Charlie y hablarían, más tarde, de un chico inteligente y agradable, que repetía una y otra vez que quería ser músico. Es cierto que no destacaba en los estudios, pero tampoco se metía nunca en problemas y eso, en aquellos momentos, ya era mucho. De todas formas y como decimos más arriba, Charlie no tardó en darse cuenta de que la diversión de verdad estaba los nightclubs de la Kansas City de Missouri, en donde se estaba gestando una nueva corriente jazzística separada de lo que en aquel momento hacían las big bands.

Y este es el momento de detenerse a hablar un poco del lugar donde esta pequeña revolución musical estaba ocurriendo, y no por casualidad, sino porque a menudo los cambios se producen en lugares así. Decir que Kansas City, durante los años treinta, era una “ciudad sin ley” sería un poco exagerado, pero la realidad no andaba lejos. Fueron los años del alcalde Tom Pendergast, que dirigía el municipio en el mejor estilo del político corrupto y sin escrúpulos que el cine convertiría en tópico algunos años más tarde. Durante su mandato, las drogas, el juego y la prostitución estaban al alcance de la mano de quien quisiera tomarlos, por lo que Kansas City (la de Missouri, que quede claro) se ganó el merecido apodo de Ciudad del Vicio.

Situada en el centro del país era un auténtico cruce de caminos, tanto del ferrocarril como de las recién nacidas líneas aéreas; todo el mundo se detenía allí, antes de seguir su camino a otra parte. Había un dicho que resumía el estado de cosas y que, más o menos era como sigue: “Ve a Kansas City, pásatelo bien, y lárgate cuanto antes”. En lugares como este, donde se encuentran gentes procedentes de sitios muy diversos y con bagajes culturales —musicales, en este caso— muy distintos, a menudo se produce una mezcla, una fusión de todo ello, que da lugar a nuevas formas de expresión. Surgen elementos que comienzan siendo híbridos y que terminan como algo totalmente original.

Así pues, los gatos de Kansas City pronto desarrollaron un estilo propio que los hacía reconocibles allí donde quiera que fuesen. Había clubs nocturnos con música en directo por toda la ciudad, pero en especial en el centro, en las inmediaciones del cruce de la Calle 18 con Vine, y solo sus nombres ya dan una idea del ambiente que se respiraba en ellos: Hell’s Kitchen, Hay Hay Club, Hawaiian Gardens, Dante’s Inferno… Las sesiones se extendían a menudo hasta el amanecer, y surgió entre los músicos una dura competencia por ofrecer lo mejor de sí mismos, por ir más allá que los del club de al lado. Era un ambiente que estimulaba la creatividad, y los solos de los instrumentistas se convirtieron en exhibiciones que pretendían mostrar algo más que la mera habilidad musical.

Los músicos de Kansas City se enorgullecían de interpretar las piezas de memoria, sin partitura, lo que inevitablemente terminaba generando una cierta espontaneidad e improvisación. Así que, quien quisiera integrarse en una de estas bandas tenía que ser capaz de seguir a los demás músicos cuando estos decidían apartarse de la melodía tradicional y comenzaban a explorar por territorios desconocidos. Uno de los elementos que terminarían convirtiéndose en un rasgo de identidad de la música proveniente de Kansas City eran los complejos ostinatos o riffs, introducidos en la melodía principal por dos o más músicos, o secciones de instrumentos, que “creaban una frase musical” nueva, repetida a lo largo del tema.

El “invento” no tardó en ser exportado a otras partes del país, con la banda de Count Basie como su mejor exponente y la de Glenn Miller, que lo lanzó al mundo con su composición “In the Mood”. Algunas décadas después, serían bandas de rock bien conocidas —Black Sabbath, The Kinks, Radiohead— quienes harían uso frecuente de los riffs en sus canciones.

Esa venía a ser la situación, musicalmente hablando, cuando Charlie hizo su aparición, dejándose caer por los nightclubs, siempre con su saxo a cuestas, observando a bandas como las de Count Basie o Bennie Moten o al saxofonista Lester Young, aprendiendo de lo que oía y, en ocasiones incluso haciendo sus pinitos cuando le dejaban subir al escenario. Por desgracia, fue en esa época cuando empezó también su relación con la droga, que ya no abandonaría nunca. La heroína fue durante muchos años omnipresente en los backstages del jazz y fueron muchos los músicos que destrozaron su vida por culpa de la aguja.  Parker: “Todo vino por entrar en la vida nocturna demasiado pronto… Cuando no has madurado lo suficiente para saber qué está pasando, la cagas”. Tenía quince años.

Al año siguiente, en el Reno Club, tuvo lugar un incidente que se menciona a menudo: al joven e inexperto Charlie le han dejado unirse a una jam session en la que toman parte músicos veteranos, muchos de ellos miembros de la banda de Basie. Interpretan “Honeysuckle Rose” y Charlie se lanza con un solo, pero se equivoca en un compás. Inmediatamente, el batería Jo Jones arroja uno de los platos de su instrumento a la pista de baile, imitando el sonido del gong con el que Edward Bowes señalaba los errores de los músicos en su famoso programa de radio “Amateur Hour”. Risas generalizadas. Charlie, humillado, recoge sus cosas y se marcha a su casa, tragándose la rabia.

No le sentó nada bien y en los meses siguientes se dedicaría a practicar incansable en el patio trasero de su casa. Ese año, 1936, fue complicado para él: aparte del incidente en el Reno Club, se casa por primera vez y sufre un grave accidente de tráfico, que le deja secuelas permanentes y le provoca intensos dolores que requieren del uso de morfina para hacerlos soportables. Si tenemos en cuenta que ya había adquirido el hábito de consumir heroína, bien podemos decir que se juntó el hambre con las ganas de comer.

Fotografía de William P. Gottlieb. The Library of Congress – [Retrato de Charlie Parker, Carnegie Hall, New York, N.Y., ca. 1947] (LOC), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42836547


En todo caso, Charlie Parker está decidido a hacer carrera como músico y se esfuerza todo lo que puede por mejorar con su instrumento. Al año siguiente, en 1937, lo contratan en los hoteles de veraneo de las Montañas Ozark, donde forma parte de la banda del cantante George E. Lee, y para cuando vuelve asombra a todos con la destreza adquirida. Se une al grupo de Jay McShann, con quien hace buenas migas y donde aprende del veterano saxofonista Henry “Buster” Smith, pero sigue consumiendo regularmente y McShann es estricto en este tema. Tras varios avisos le echa de banda.

Hacia 1939, las cosas empiezan a ponerse feas en Kansas City. Se producen varios tiroteos entre los hombres del alcalde Pendergast y los federales, le acusan de evadir impuestos (¡del dinero cobrado por sobornos!), y lo meten en la cárcel. Fue el toque de queda para advertir a todo el mundo que la fiesta se había terminado. Los clubs cierran y los músicos, nunca mejor dicho, se desbandan. Charlie reúne un poco de dinero y se marcha a Nueva York, siguiendo a McShann y con la esperanza de que le readmita en el grupo.

En esa época y según diversos testimonios, su estado es lamentable. Lleva una vida dura en la que se dedica a limpiar locales y a lavar platos en los nightclubs. Por otro lado, es innegable que sabe tocar su instrumento, no es del montón ni mucho menos, y poco a poco consigue volver a subir a los escenarios. Es entonces cuando se produce una especie de epifanía, mientras interpreta el tema “Cherokee”, de Ray Noble, junto con el guitarrista “Biddy” Fleet. Más tarde, los amigos de Charlie a quienes les contó el incidente ayudarían a reconstruir, más o menos, su relato de los hechos: “Recuerdo que una noche estábamos en una jam, en un local de la Séptima Avenida. Era diciembre de 1939. Yo estaba un poco aburrido de los cambios estereotipados que se utilizaban por aquel entonces. Yo oía algo (en mi cabeza), a veces, pero no era capaz de tocarlo. Bueno, pues esa noche, mientras interpretaba “Cherokee”, me di cuenta de que utilizando los intervalos más altos de un acorde como una línea melódica y apoyándola con los cambios apropiados, podía tocar lo que escuchaba. Sentí que volvía a la vida”. Aquello fue el origen de un nuevo estilo, el bebop.

Si musicalmente fue un buen momento memorable, lo cierto es que su vida privada era un desastre y desaparecía durante semanas sin que nadie supiese nada de él. Finalmente, regresa a Kansas City, al hogar familiar para asistir al entierro de su padre. Se junta por un tiempo con la banda de Harlan Leonard y más tarde convence a Jay McShann para que le deje unirse a ellos una vez más.

Cuando comienza la década de los cuarenta, Parker tiene diecinueve años, pero, como suele decirse, ha vivido mucho y musicalmente ha ido acumulando una valiosa experiencia, aprendiendo siempre de los músicos con los que toca. Continua con McShann durante casi tres años, y si bien sus problemas con la droga (no olvidemos que no era el único músico que los tenía, ni mucho menos) siguen presentes, el ambiente de creatividad y excitación musical ante nuevas formas de interpretar que aporta al grupo hace que para todos sean años muy valiosos. Gene Ramey recuerda: “La banda de Jay McShann era la única que conocí en la que los músicos se pasaban su tiempo libre ensayando y probando cosas nuevas. Todo inspirado por Bird, por las nuevas ideas que él aportaba, haciendo que todos estuviesen ansiosos por tocar”.

En 1944 Billy Eckstine decide formar una banda que terminará siendo la primera en hacer jazz bebop y ficha a Parker y a músicos destacados, como Dizzy Gillespie, Shorty McConnell, Bennie Green o Howard Scott, entre otros, y como vocalistas al propio Ekstine y a Sarah Vaughan. Era, en realidad, una big band de altos vuelos. La cosa funciona durante algún tiempo, pero no tarda en echar de menos la libertad que le proporciona estar en una banda pequeña donde pueda dar rienda suelta a su creatividad.

Por otro lado, para los músicos es una época complicada porque coincide con problemas sindicales que impiden todo tipo de grabaciones comerciales durante un par de años, lo que significa que para quien tuviese algo nuevo que aportar, como era el caso de Parker y su nuevo estilo, era realmente difícil hacerlo llegar a un público extenso o a otros músicos.

 

Parker junto a (de derecha a izquierda) Tommy Potter, Max Roach, Miles Davis, y Duke Jordan, en the Three Deuces, New York, en 1945. Fotografía por William P. Gottlieb.  Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11087275

 

Sin embargo, después de la noche viene el día; hacia 1945 la prohibición desaparece, y las grabaciones vuelven a circular por todo el país. El sello Savoy apuesta por el bebop y el estilo se extiende con rapidez. Charlie Parker vuelve a tocar en la Gran Manzana comienza a grabar con figuras bien asentadas en el panorama jazzístico, como Dizzy Gillespie (con quien compone clásicos como “Anthropology” o “Moose the Mooche”), Max Roach o Bud Powell y el resultado son grabaciones históricas. Sin lugar a dudas son los años más productivos de “Bird” Parker. Escribe “Scrapple from the Apple”, basándose en la progresión de acordes del tema “Honeysuckle Rose”, aquel con el que le habían humillado en el Reno Club tiempo atrás y, en un hermoso desquite musical, lo convierte en un clásico del bebop.

Una visita con Gillespie a California para intentar llegar al público de la Costa Oeste se frustra por un problema de intendencia; aquí la heroína es difícil de conseguir, así que Parker intenta sustituirla por el alcohol y termina ingresado durante seis meses en el Hospital Mental de Camarillo. Al salir vuelve a Nueva York, donde no hay problemas para conseguir una dosis siempre que la necesite. Curiosamente, empieza entonces un segundo periodo muy productivo, con grabaciones para los sellos Savoy, Dial y Verve, siempre acompañado de los mejores del momento: el batería Max Roach, su amigo Dizzy Gilespie, Erroll Garner en el piano, Curly Russell al contrabajo y a la trompeta un chico que por aquel entonces estaba empezando, Miles Davis.

Se interesa cada vez más por lo que están haciendo en esos momentos compositores clásicos modernos como Igor Stravinski y en su visita a París, para tomar parte en el Festival Internacional de Jazz de 1949, abre su concierto con unos acordes de La Consagración de la Primavera, que había sido interpretada por primera vez en esa ciudad, treinta y seis años antes. Se embarca en proyectos en los que mezcla músicos de jazz con una pequeña orquesta de cámara. El resultado es un álbum excepcional, Charlie Parker with Strings (1950).

Se une sentimentalmente a Chan Richardson, quien se convierte en pareja de hecho, a pesar de que seguía casado con su segunda esposa, Doris, y en los años siguientes tienen dos hijos en común; un niño y una niña. Sin embargo, lejos de proporcionarle la estabilidad familiar que hubiese necesitado para poder centrarse en su carrera musical, su vida personal va deteriorándose e, inevitablemente, termina por afectar a su desempeño artístico. En 1954 incluso le prohíben la entrada en el club neoyorkino que habían bautizado con su nombre, el Birdland y él, desesperado, intenta suicidarse.

Su hija Pree fallece de neumonía ese mismo año y eso aumenta su consumo de alcohol, lo que a su vez agrava sus úlceras estomacales. Entra en una espiral depresiva y de nuevo intenta suicidarse. Todo parece indicar que el final está a la vuelta de la esquina y su amigo Gillespie diría algún tiempo después: “Justo antes de irme a Europa para una nueva gira me habló de juntarnos una vez más, añadiendo ‘antes de que sea demasiado tarde’. Por desgracia, ya era demasiado tarde. No necesito decir que he tenido algunas de las mejores experiencias de mi vida tocando con Charlie Parker”.

 


Por Berthold Faust – From the creater, Berthold Faust, CC BY-SA 4.0, Link

Las circunstancias exactas de su fallecimiento son confusas. De acuerdo con la versión más extendida, el 9 de marzo de 1955, antes de dejar Nueva York para dirigirse a Boston, visita a su amiga, la baronesa Pannonica “Nica” de Koenigswarter, en el Manhattan’s Stanhope Hotel. Parker empieza a sentirse mal y vomita sangre. Llaman a un médico que dictamina un agravamiento de las úlceras de estómago y cirrosis hepática. Recomienda su traslado a un hospital, pero Parker se niega. De acuerdo con su anfitriona, acepta quedarse unos días en el apartamento y recibir visitas diarias del médico. El 12 de ese mismo mes, parece haber mejorado un poco y se encuentra viendo a Jimmy Dorsey en la televisión, cuando de repente se ahoga, se pone en pie, pero da un traspiés y cae muerto al suelo. Más tarde, de Koeningswarter aseguraría haber escuchado un trueno en ese mismo instante.

Tenía 34 años, pero su salud estaba tan deteriorada que el médico que examinó su cadáver creyó que tenía, al menos, quince años más. Su biógrafo, Robert Reisner dijo en Bird, the Legend of Charlie Parker, que “nadie había intentado nunca matarse con tanta intensidad”.

Si las circunstancias de su vida personal habían sido dramáticas, su aportación a la música jazz fue enorme, inspirando a otros músicos e introduciendo cambios en la forma de entender los solos y la improvisación que siguen hoy en día vigentes. Charlie “Bird” Parker, a los cien años de su nacimiento, desde Tomajazz le saludamos, dondequiera que esté.

Texto: © Jan Tilkut, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut

Fotografías e ilustración: © incluído en cada elemento empleado




INSTANTZZ: Garrett-Santos-Bujosa-Salvà (4º Alternatilla Jazz in Mallorca) [Galería fotográfica]

Por José Luis Luna Rocafort.

  • Fecha: Sábado, 30 de noviembre de 2019. 20:30h.
  • Lugar: Espai 36. Sant Llorenç des Cardassar. Mallorca
  • Festival: 4º Alternatilla Jazz in Mallorca
  • Grupo:
    Garrett-Santos-Bujosa-Salvà (Ménage à Jazz)
    Marta Garrett: voz
    André Santos: guitarra eléctrica
    Pere Bujosa: contrabajo
    Teo Salvà: batería

Tomajazz: © José Luis Luna Rocafort, 2020




INSTANTZZ: Toscano-Vaquer-Lohikari-Pereira (4º Alternatilla Jazz in Mallorca) [Galería fotográfica]

Por José Luis Luna Rocafort.

  • Fecha: Domingo, 24 de noviembre de 2019. 20:30h.
  • Lugar: Església Convent de Sant Domingo. Pollença. Mallorca
  • Festival: 4º Alternatilla Jazz in Mallorca
  • Grupo:
    Toscano-Vaquer-Lohikari-Pereira (Ménage à Jazz)
    Ricardo Toscano: saxo alto
    Toni Vaquer: piano
    Marko Lohikari: contrabajo
    Joao Lopes Pereira: batería

Tomajazz: © José Luis Luna Rocafort, 2020




INSTANTZZ: Ricardo Toscano Quartet (4º Alternatilla Jazz in Mallorca) [Galería fotográfica]

Por José Luis Luna Rocafort.

  • Fecha: Viernes, 22 de noviembre de 2019. 20:30h.
  • Lugar: Fàbrica Ramis. Inca. Mallorca.
  • Festival: 4º Alternatilla Jazz in Mallorca.
  • Grupo:
    Ricardo Toscano Quartet.
    Ricardo Toscano: saxo alto.
    Joao Pedro Coelho: piano.
    Romeu Tristao: contrabajo.
    Joao Lopes Pereira: batería.

Tomajazz: © José Luis Luna Rocafort, 2020




INSTANTZZ: Sònia Sánchez & Patryk Zacrocki, Michele Rabbia & Ingar Zach (Can Balmes, MontMusic Festival 2019 -Les noves músiques al Montseny- Santa Maria de Palautordera -Barcelona-. 2018-10-20) [y IV] [Galería fotográfica]

Por Joan Cortès.

  • Fecha: Domingo, 20 de octubre de 2019
  • Lugar: Can Balmes (Santa Maria de Palautordera -Barcelona- )
  • Grupos:
    Sònia Sánchez & Patryk Zacrocki
    Sònia Sánchez, baile
    Patryk Zacrocki, viola

    Michele Rabbia & Ingar Zach
    Michele Rabbia, percusión y electrónica
    Ingar Zach, percusión y electrónica

Sònia Sánchez & Patryk Zacrocki

 

Michele Rabbia & Ingar Zach

 

Tomajazz: © Joan Cortès, 2020