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Wynton Marsalis at the Lincoln Center for the Performing Arts. Photo by Jonathan Feinstein

Miles cometió el error de considerarse a sí mismo un vanguardista, alguien que, obligatoriamente, tuviera que estar creando música nueva sin tener en consideración sus logros anteriores. Esta actitud le hizo meterse en una rueda como las de los hámsteres, que dan vueltas y vueltas pero no llevan a ningún lado. Tenía que ser innovador a toda cosata, pero en aquella época la innovación la definían los jóvenes y su ilusión de pertenecer a una corriente que estuviera de “moda”. ¿A una jovencita le gustaba Jimi Hendrix? Entonces él tenía que tocar algo parecido que a ella le gustase. ¿Qué llevaban puesto? Fuese lo que fuese, él no estaba dispuesto a quedarse rezadago.

Finalmente, se valió de su reputación como músico de jazz para convertirse en un mal músico de rock que sobrevivió en ese mundo porque los que dirigían la industria musical y los críticos de rock dedujeron que, “si uno de los más grandes músicos de jazz se dedicaba al rock, entonces es que el rock debía ser algo grande”.

Wynton Marsalis