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  • Fechas y lugares:
    Alcázar de Jerez. Viernes 9 de mayo de 2014
    Restaurante El Arriate, El Puerto de Santa María, Cádiz. Domingo 11 de mayo de 2014
  • Grupo:
    Luis Balaguer Verdeo Quinteto
    Luis Balaguer: guitarra
    Pedro Cortejosa: saxos
    Arturo Serra: vibráfono
    Jose López: contrabajo
    David León: batería y percusión
Cosecha en primavera

Portada VERDEO

La primavera quedaba lejos. El nombre que sugirió Luis Balaguer para este proyecto me llamó la atención.  “No quiero nada en inglés, no quiero nada que parezca forzado o falsamente moderno”. Verdeo Quinteto… Empezaba entonces el tiempo de recogida de aceitunas, un tiempo de madurez. “Verdeo”, nombre sencillo de gente sencilla que trabaja los campos de olivos cuando el otoño se acerca. Tras dos o tres citas, el proyecto muy pronto tomó forma y apellidos en el verano de 2013, cogiendo carrerilla luego para ser presentado en la primera edición del Sherry Jazz Festival, el 19 de octubre de 2013, sábado, en ese precioso espacio de los Claustros de Santo Domingo en Jerez. Ciudad en la que vive, es profesor y padre Luis Balaguer.

Criado en una familia que cuidaba las artes y la música, cercana tanto al mar como a los campos de cultivo, algo que marca la identidad andaluza, pasó su infancia a medio camino entre Algeciras y Cádiz escuchando la música de Manolo Caracol, Louis Armstrong, Mozart o Gino Paoli…A esos nombres habría que añadir alguno de la guitarra como Baden Powell o el maestro Paco de Lucía. Completada su formación académica en guitarra española en Córdoba, luego fue ampliada en jazz con Jorge Pardo, Guillermo McGill, Rubem Dantas o David Binney. Balaguer, desde entonces hasta hoy, siguió cultivando una curiosidad innata por la música sin fronteras de estilo (de Marin Marais a Agustí Fernández) al mismo tiempo que emprendía un diálogo personal entre los mundos del jazz y el flamenco. De ahí salió Kind of  Cái, su proyecto de difusión internacional sobre el histórico disco de Miles Davis.

Verdeo viene de verde y de verdear, que es como pintar de verde un paisaje…Verdeo viene de la aceituna y de las hojas de olivo que se agitan, y que bajo la luz de la luna llena se trasforman en un velo mágico de color plateado. El verde de otoño no es igual que el verde de la primavera en la que estamos; ahora se difumina en infinidad de tonalidades por los campos de Andalucía, agradecido a una luz generosa y blanca que hace olvidar el oscuro invierno. Luego, más tarde, llegan los demás colores y sus combinaciones, rojo, violeta, naranja, amarillo…

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Si hay algo característico que ha construido en Verdeo (New Step Records, 2014) este artesano exquisito, meticuloso y tranquilo que es Balaguer es precisamente el juego cromático. Con una combinación instrumental única en el panorama nacional (que me corrijan si me equivoco), uniendo el sonido de su guitarra española a un vibráfono, lo que desprende este formato es un singular juego cromático que acentúa y se recrea en la belleza serena y marina que emana de estas composiciones originales.

Composiciones que son instrumentales, pero podrían ser canciones, bastaría con que alguien las tarareara. Sin caer en un falso lirismo, el carácter melódico de sus temas tampoco deja huella al tópico jazz-flamenco o a la acaricia fácil. Sus títulos hablan por sí mismos… «Las Golondrinas», «Jilguero», «La Buena sombra», «Velo de Lágrimas», «Miramar»… palabras que son una confesión sobre el existir, postales de la cercanía o de aquellos veranos de la infancia en Cádiz… Un palpitar sin prisas, una simple observancia del paso del tiempo fijada a un recuerdo o a una imagen, en la música de Verdeo hay elemento evocativo que convierte en  respiraciones a los instrumentos cuando éstos se acercan a la orilla del mar («Maramar»)… Los músicos no son músicos, son elementos de la naturaleza, como en la música de la India: tierra, viento, firmamento…

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Si decimos que el color es una de las características de Verdeo, la combinación entre ellos y por lo tanto el equilibrio entre voces es tanto o más importante que su naturaleza metálica, de madera o de cueros. A primera vista podría pensarse que este grupo, que reúne a lo mejor del jazz andaluz en cada instrumento, tiene una predisposición jazzística. Se podría interpretar incluso que si el sonido y su difusión ingrávida pero penetrante es una conquista del citado Miles Davis, un discurso amplio en estilos y giros temáticos, con una estructura cambiante aunque no abierta que gusta de presentarse en interludios, podría sugerirnos a un Coltrane sereno antes que torrencial. Porque en Verdeo las notas cuentan por su verdad, no por su cantidad. De ahí que al final el conjunto desprende clima antes que energía.

Presentando el disco seis meses después. El concierto en los preciosos jardines del Alcázar de Jerez llegó con la noche. El del domingo en el recomendable restaurante El Arriate en un caluroso mediodía que anunciaba viento de levante al día siguiente. El primero puso de manifiesto que desde su estreno en octubre y tras la grabación del disco homónimo que venían a presentar, el grupo se ha cohesionado, ganando no sólo en frescura, flexibilidad y expresión sino por ello mismo también en mensaje. Un grupo que con Arturo Serra al vibráfono parece no tener base rítmica fija (en la teórica posición de piano), pues funciona como solista y su verbo imprime virtuosimo y velocidad cuando no subraya con acordes colgantes la melodía. Melodía que se hace acentos, se abre en diferentes líneas perfectamente dibujadas desde la tersura en los saxos de Pedro Cortejosa. Balaguer deja para sí algunas introducciones memorables en las que concentra gestos y maneras de muchas tradiciones distintas, que para cuando las despeja te sitúa frente a un puerto marino del que sale el motivo principal.

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Si en estas tres voces recae la exposición melódica, el peso de una elocuencia polirítmica mestiza la despliega el contrabajo de Jose López y la batería de David León (más efusivo el domingo frente a su versátil set mixto jazz-world, con toque de mazas, cajón, pandero y percusiones pequeñas). Ambos son instrumentos que podrían estar en un tablao flamenco o en un solar cubano o un club de jazz; los dos evitan los estereotipos en los patrones rítmicos de jazz (no hay swing, no hay bop), brasileños (samba-bossa), flamencos (bulería, tangos, soleá, copla, pasodoble) o cubanos (bolero-son). Todo en melodía y ritmo es una síntesis. Todo queda cerca y se escapa a la vez, placidez y belleza.

Acaso sólo sea blues y flamenco su esencia… o acaso sólo sea una idea de ella comprendida en algún punto entre el Mediterráneo y el Atlántico, cerca de las costas de Cádiz, debajo de un olivo… En el paisaje de una infancia.

Texto: © Jesús Gonzalo, 2014
Fotografías: Ana Solinís,2014