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Bojan Z 14 de noviembre de 2004 Club de música y jazz, San Juan Evangelista. Madrid, España  © Sergio Cabanillas, 2004

Bojan Z
14 de noviembre de 2004
Club de música y jazz, San Juan Evangelista.
Madrid, España
© Sergio Cabanillas, 2004

El gran escritor guatemalteco Augusto Monterroso –grande, aunque decían sus amigos mexicanos que era tan chico que no le cabía la menor duda– solía evitar las lecturas públicas y las conferencias aduciendo que él, tímido como la mayoría de los escritores, escribía sobre todo para no tener que hablar en público. ¿Cuántos fotógrafos, cuántos artistas habrá que se cobijan detrás de un lienzo o de una cámara, auténticos parapetos? Tanto más, imagino, debe ocurrirle a los músicos, capaces de decir cosas sin necesidad de palabras, pero importunados a menudo para que «traduzcan» lo que sólo ellos saben decir musicalmente… Con todo y con eso, el pianista Bojan Zulfikarpasic (Belgrado, 1968) aceptó de buen grado responder a un puñado de nuestras preguntas. Comenzamos, cómo no, importunándolo, al preguntarle qué es lo que quiere «decir» con su música, qué anda buscando.

BOJAN Z: En primer lugar, trato de deshacerme de los sonidos y la música que corre por mi cabeza. Es algo así como una suerte de psicoterapia. Y la mejor manera de quitarme eso de encima es tocarlo. Por otro lado, cuando toco pretendo comunicar mi lucha y mis conquistas estéticas, mi visión de la belleza. Entretanto, estoy atento al efecto que mi música provoca en otras personas, que a menudo demuestran que ésta les conmueve. No deseo comunicar una sola emoción en particular. Creo que un artista debe abarcar todo el espacio que media entre la tensión y la obra realizada, entre el amor y el odio. Eso es lo que busco.

PREGUNTA: ¿Cuáles son sus primeros recuerdos musicales?

BOJAN Z: La música me rodea desde que nací, así que no puedo recordar con precisión. Recuerdo, eso sí, a mi padre poniendo discos de bossa nova, cuando yo tenía 4 años, si es que eso es jazz.

PREGUNTA: ¿Cómo y cuándo comenzó a tocar jazz?

BOJAN Z: Yo llevaba mucho tiempo improvisando, sobre todo en contextos de blues y rock, de modo que estaba «tocando jazz» sin saberlo. Con todo, comencé a tocar oficialmente en mi primer grupo de jazz a los 16 años. Ya sabe, músicos mayores, más serios… Pero me sentí inmediatamente atraído por eso, consciente de todo lo que había que aprender allí.

PREGUNTA: ¿Qué opina del acercamiento de músicos de jazz americanos como Dave Douglas o Brad Shepik a la tradición musical balcánica?

BOJAN Z: Me gusta lo que hacen. Para mí es como si todos los saxofonistas de Andalucía trataran de tocar como Michael Brecker. ¿Por qué no habría de inspirarse Dave Douglas en la música balcánica? Es algo lógico, a mi parecer. Además, el aporte personal de cada músico a esa tradición es importante, y tanto Dave como Brad o Matt Darriau y tantos otros están obteniendo de ahí una música apasionante.

PREGUNTA: ¿Qué músicos de jazz de la escena balcánica me recomendaría?

BOJAN Z: Lala Kovacev, Vojin Draskoci, Theodosii Spasov, Milcho Leviev, algunas grabaciones de Dusko Goykovich, Nicolas Simeon, Nenad Vasilic, entre muchos otros.

PREGUNTA: ¿Cuál es el último disco de jazz que ha escuchado?

BOJAN Z: Brad Mehldau y Pat Metheny.

PREGUNTA: ¿Por qué Xenophonia?

BOJAN Z: Es un juego de palabras que, en cierto sentido, cifra un aspecto de mi vida, y es que me siento un apátrida allá donde voy. Por otro lado, suena bien, ¿no cree?

PREGUNTA: ¿Cuáles son, a su parecer, las virtudes del eclecticismo y hasta qué punto su eclecticismo musical implica una visión integral de la vida, de la política?

BOJAN Z: No pierdo el tiempo tratando de ser diferente. Trato, más bien, de ser yo mismo, lo cual conlleva bastante trabajo. Estoy al tanto del mundo que me rodea y su complejidad, y definitivamente en contra del rumbo que los políticos están dando a nuestro planeta. Pero mi principal fuente de inspiración proviene de la vida, no de la muerte.

PREGUNTA: ¿Cuáles son sus músicos y formaciones de jazz favoritos del momento?

BOJAN Z: No escucho demasiado jazz, no me inspira tanto como solía. Escucho a mis colegas, claro, sobre todo para mantenerme informado, pero escucho mucha otra música.

PREGUNTA: ¿Con qué músicos le habría gustado tocar? ¿Con qué músicos le gustaría tocar?

BOJAN Z: Me gustaría haber tocado con Charles Mingus, John Coltrane, Tony Williams, Miles Davis, Art Blakey… Y me encantaría tocar con Wayne Shorter, Joe Lovano, Björk, sólo por mencionar unos pocos.

PREGUNTA: Si le digo «España» y «jazz», ¿qué es lo primero que se le viene a la cabeza (si es que se le ocurre algo)?

BOJAN Z: Eeeh… ¿Picasso?

PREGUNTA: ¿Qué proyectos tiene al margen de tu actual trío?

BOJAN Z: Mi familia, tocar música y algunos proyectos especiales de los que todavía no puedo hablar…

El trío de Bojan Z, integrado por el pianista (que además del piano acústico emplea un Fender Rhodes y su estrambótico «xenofón», un instrumento construido por él mismo y digno de Sun Ra, con un sonido metálico increíble), el musculoso contrabajo de Vignolo y Martjin Wink –sustituyendo a Ari Hoenig, y dando la talla– a la batería, actuó en el Teatro Central de Sevilla el jueves 8 de marzo, dentro de una de las mejores ediciones de cuantas recordamos de Jazz viene del sur. Arrancó los aplausos del público con temas de sus dos últimos y excelentes álbumes, Transpacifik y Xenophonia: las oscuras «The Joker» y «Biggus D», la saltarina «CD-ROM», la cadenciosa «Groznjan Blue», la hermosa y evansiana balada «Sepia sulfureux» o la eléctrica «Wheels», en la que a bordo de su xenofón parecía conjurar el espíritu rockero de la Jimi Hendrix Experience o Emerson, Lake & Palmer.

Más sobre Bojan Z en Tomajazz:

Página web de Bojan Zulfikarpasic: http://www.bojanz.com/

Texto: © Alberto Marina Castillo, Tomajazz, 2007