La discográfica estadounidense Heads Up ha arriesgado en los últimos años invirtiendo en numerosos artistas cercanos al jazz fusion (Yellowjackets, Spyro Gyra, Chuck Loeb), algunos con un gran futuro por delante (Esperanza Spalding) y otros en vías de canonización (Michael Brecker). Para compensar dicho esfuerzo, asegurándose de paso unos ingresos más o menos fijos gracias a las emisiones en radio FM, el sello atiborra más de la mitad de su catálogo con artistas de smooth jazz, ese subgénero con apariencia de jazz fusion (un comodín tan manido que, para algunos críticos, abarca desde Kenny G hasta la Mahavishnu Orchestra) pero realidad de pop instrumental, y que cualquier oyente avezado asociará rápidamente con músicas de ascensor o consultas de dentista.

Si echamos un vistazo a las recientes producciones del género en Heads Up, encontraremos una música cuidada hasta la extenuación, en la que no se ha pasado por alto ni el más mínimo detalle, y con unas interpretaciones técnicamente perfectas; pero también veremos una evidente falta de originalidad debida al abuso de fórmulas, la búsqueda de sonoridades preestablecidas y el trasiego de músicos de sesión, muchos de ellos repitiendo en varias de las grabaciones. En muchos de los casos el CD está a nombre de un saxofonista (generalmente soprano, siguiendo la estirpe del interesante Grover Washington Jr. o, en el polo opuesto, del mencionado Kenny G), que posa en portada y/o contraportada enarbolando su instrumento. Curiosamente, en varios de los casos el líder de la sesión tan sólo aborda melodías y pequeños solos, dejando las labores de composición en manos de sus músicos o de invitados especiales. Encontramos, de ese modo, un concepto que va más allá del mencionado “músico de sesión”, el del “compositor de estudio”, incluyendo en dicha categoría a músicos versátiles con alma de productor capaces de generar un flujo constante de composiciones en la onda del smooth jazz, tocar y/o programar todos los instrumentos y asignar dichos originales a cada uno de los artistas del género. Otra de las fórmulas habituales es la que incluye algún tema vocal dentro de un trabajo eminentemente instrumental, aunque rompa la cohesión del disco. Y una práctica en desuso es la que, hace años, recluía gran parte de los instrumentos en las entrañas de sintetizadores en los que se programaba la batería, el bajo y los teclados, como poco. Hoy en día, a pesar de que el concepto mecánico y repetitivo de la música no ha cambiado, la tendencia es alternar las programaciones y secuenciaciones con la presencia de músicos de carne y hueso en la mayoría de los casos. Pero no todo es blanco ni negro, vayamos por partes:

Pieces Of A Dream es un dúo ya veterano en estas lides. El batería Curtis Harmon y el teclista James K. Lloyd componen y producen la mayoría de los originales que componen Soul Intent, su quinto CD para Heads Up. Los temas, que invitan a bailar, presentan desarrollos melódicos largos y solos cortos, cortísimos. En este caso no hay piezas vocales, si bien las líneas de saxo parecen imitar la voz de un cantante de música pop. Cabe reseñar el hincapié en la combinación de canciones exentas de sección rítmica humana (Lloyd se encarga de las programaciones de teclados, bajo y batería) con temas donde un sonido de banda completa aporta contraste (“APB”, “Things Are Looking Up”, “D Fuse The Situation”).

En James K. Lloyd encontramos a uno de los mencionados “compositores de estudio”. Hasta cinco temas de Free Your Mind, el nuevo disco del saxofonista soprano Walter Beasley, son obra suya; los más comerciales y bailables (a destacar la pegadiza melodía del que da título al CD), con fuerte uso de programaciones. El resto de la obra es más variado, aun a riesgo de perder cohesión. Parece que Beasley ha intentado ofrecer un catálogo de canciones de distinto corte. Mal tendría que darse para que ninguna acabara siendo emitida por las radios de FM. “Love Calls” es el tema vocal de la sesión (con Lynne Fiddmont ante el micrófono). El teclista Phil Davis compone el repetitivo “Barack’s Groove” (con evidente mensaje político implícito) y “She Can’t Help It”, y la sorpresa la encontramos en los tres originales de Walter Beasley. Son, precisamente, los que cuentan con menos música programada, con banda completa (incluyendo bajo y batería), sonido más acústico y, posiblemente, los más interesantes de todo el disco: “Miss Minnie” es la balada que cierra el trabajo. “Message To Mark” incluye la colaboración del trompetista Derek Cannon, y se acerca a un jazz fusion lírico y elegante con un groove apoyado por un colchón de teclados y un suave ritmo de caja en la batería. Los solos, sobre una línea de bajo que juega con el tiempo débil del compás, duran más de lo habitual, al igual que la propia pieza, la más larga del CD (por encima de los seis minutos). “DukeZillia”, por su parte, es un buen ejemplo de latin jazz con aire metheniano de los ochenta (voces humanas, contrastes de altura en la melodía, apreciable presencia del piano en el acompañamiento, percusión, cambio de métrica –la melodía en 4/4, el solo en 3/4). No hay que ser muy malintencionado para pensar que, quizás, la música presente en sus propias composiciones es la que realmente le gustaría hacer.

James K. Lloyd repite en Doin’ The D, el nuevo trabajo del flautista Alexander Zonjic, junto a otro “compositor de estudio” de renombre: Jeff Lorber. Gracias a la Jeff Lorber Fusion, su grupo de los setenta, el teclista fue pieza clave en la evolución del jazz-rock hacia el jazz fusion de corte pop. Hace años que se encuentra inmerso en el universo del smooth jazz, con sus propios proyectos y colaboraciones como esta. Lorber compone cuatro temas de Doin’ The D, Lloyd dos. Aunque todos los cortes presentan una banda completa (incluso con contrabajo, percusiones y secciones de vientos en alguno de ellos), en general suenan mecánicos, pudiendo achacarse este hecho a un exceso en las labores de producción. Contradiciendo esta idea se encuentra el continuo cambio de instrumentación, plausible en el strumming de guitarra de Chieli Minucci en “Passion Island” o en la presencia de la cantante Maysa Leak en “Undun”. La mencionada sobre-producción, unida a la inocencia del timbre de la flauta travesera, más suave que el de un saxofón, hace de este un CD bastante plano, a pesar de contar con colaboraciones de altura (los mencionados Lorber y Lloyd, el percusionista Lenny Castro, el teclista Bob James de Fourplay o el contrabajista Brian Bromberg). Zonjic no recibe crédito alguno en labores de composición. Como anécdota cabe destacar la presencia de Kenny G en persona en una melosa versión del “Little Sunflower” de Freddie Hubbard. No en vano G fue miembro de la Jeff Lorber Fusion hace más de treinta años.

Lorber repite colaboración en dos composiciones de Mind Over Matter, lo último de Najee, otro veterano en estas lides. El saxofonista (que combina alto, soprano y flauta) escribe hasta siete de los originales del disco, siempre a medias con algunos de sus músicos. El sonido del CD no es tan agresivo como el de otras producciones del género. Posiblemente tenga mucho que ver la escasa presencia de programaciones y una mezcla que realza el sonido de la guitarra y el bajo eléctrico. Los temas caminan bien y los solos de Najee convencen, a pesar de obedecer a los cánones del estilo. “We Gone Ride” y “Moon Over Carolina” son los obligados números vocales, a cargo de Eric Benét y Gary Taylor respectivamente, que también los componen. Mind Over Matter es agradable y relajante, y no abusa de ese indispensable toque romántico. A destacar “Sweet Summer Nights” y “The Journey”.

En Marion Meadows encontramos a otro “sax hero”. Secrets es ya su sexto disco para Heads Up. Al igual que Najee, la interpretación prima sobre la programación secuenciada pero, en contra de Najee, Meadows apenas compone, labor que delega en su teclista Michael Broening. Meadows combate la monotonía con ligeros cambios rítmicos y tímbricos entre tema y tema, y aprovecha su excelente sonido de saxo soprano para recabar toda la atención del oyente en sus melodías y solos. Hasta tres piezas vocales surcan el álbum: Charlie Karp canta en “You Lift My Heart”, Brian Chartrand en el “Friends” de Bobby McFerrin y Sean Thomas y Johnny Britt en “The Shade Tree”. “Sand Dancers” cuenta con un toque latino, y “Let The Top Down” es una buena muestra de composición de smooth jazz. Cierra el CD el “Here To Stay” que abriera el We Live Here del Pat Metheny Group (Geffen Records, 1995), y que funciona divinamente en este contexto.

Para acabar, un trabajo de lujo de un cuarteto de lujo: Fourplay. En veinte años de historia Bob James y sus chicos han ofrecido una visión musical elegante y refinada, fusionando elementos de jazz y rhythm&blues, y con un más que evidente éxito comercial. Es la sonoridad del grupo más que su actitud la que nos hace incluirles en una categoría como la del smooth jazz, si bien teóricas bandas de jazz fusion como Spyro Gyra no andan muy alejadas de ellos. Categorías aparte, en Energy el grupo suena a tal, no a producción de estudio. Los cuatro músicos desgranan con paciencia y estilo una serie de originales bien construidos, con melodías brillantes y pegadizas como “The Whistler” (Harvey Mason), “Ultralight” (Larry Carlton) o el curioso “The Yes Club” (Bob James). “Argentina”, también del batería, camina con solemnidad, y “Comfort Zone” de Carlton aporta un toque bluesero. Los dos devaneos vocales son de altura: Nathan East contribuye “Cape Town”, de largo desarrollo, y Esperanza Spalding (artista exclusiva del sello) aporta su dulce voz a “Prelude For Lovers”. El punto álgido del CD se encuentra en “Look Both Ways”, original de Bob James de corte progresivo donde varias secciones musicales se entrelazan incluyendo sonoridades latinas y hasta una sección en swing. Una noticia buena y una mala para los fans del grupo: la mala es que Energy es el último trabajo en que la banda contará con el guitarrista Larry Carlton. La buena es que su sustituto será nada menos que Chuck Loeb.

 

Arturo Mora Rioja

Composiciones: “Fortune Teller” (Nathan East, Bob James & Jeff Babko), “The Whistler” (Harvey Mason), “Ultralight” (Larry Carlton), “Cape Town” (Nathan East, Marcel East & Alan Dones), “The Yes Club” (Bob James), “Prelude For Lovers” (Kevin DiSimone & Hilary James), “Look Both Ways” (Bob James), “Argentina” (Harvey Mason), “Comfort Zone” (Larry Carlton), “Sebastian” (Bob James)

Músicos: Bob James (teclados), Larry Carlton (guitarras), Nathan East (bajo eléctrico, voz) y Harvey Mason (batería) con Esperanza Spalding (voz), Marcel East (programación adicional, percusión, teclados y guitarra), Sara East, Noah East y Elijah East (coros)

Grabado en Castle Oaks Studio (Calabasas, California)
Heads Up CD3146

 

Esta entrada se ha leido 941 veces

Print Friendly, PDF & Email

Deja tu comentario: ¡gracias!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.