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46 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 23 de octubre de 2014.
  • Lugar: Conservatori del Liceu (Barcelona).
  • Componentes:
    Joachim Kühn: piano

 

Comentario:

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De vez en cuando vale la pena entonar un mea culpa y reconocer que quien firma estas líneas no ha tenido reparos en abusar de términos como “viaje”, “onírico” o “hipnótico” a la hora de calificar determinadas propuestas. Y no es que a través de esta autoinculpación —ahora tan de moda en la política catalana— un servidor trate de sepultar ante los lectores de Tomajazz tan socorridos términos, sino de emplearlos con propiedad. La música de Joachim Kühn es, por consiguiente, onírica, hipnótica, por no decir lisérgica, y supone un viaje fascinante a la deriva… o en busca de la melodía escondida. Lo es desde hace un montón de años, desde mucho antes que éste, servidor de ustedes, y otros empleasen a discreción los términos “viaje”, “onírico” y/o “hipnótico”. Mucho antes de que otros pianistas extraordinarios tomaran como referencia —consciente o inconsciente— a Joachim Kühn. De que etiquetas como “jazz europeo” cobrasen sentido.

Kühn, que ya actuó en el Festival de Jazz de Barcelona en 1967, regresaba en esta ocasión a la ciudad condal con su formación de gala, es decir, solo. Arrancó con dos piezas precedidas de una larga introducción en la que hilvanaba de forma caprichosa retazos rítmico-melódicos, más bien motivos, con predominio de efectos de todo tipo, colores, climas contrastados y recorridos laberínticos, deliciosamente alocados. Casi por arte de magia se pasaba de la furia a la calma, del fortísimo al pianísimo. No en vano, la dinámica de casi todas las piezas era la misma: una suerte de tanteo sonoro que se acaba “resolviendo” en una melodía armoniosa de una belleza exquisita, reconocible —“August In Ibiza”, por ejemplo—. Entre fragmento y fragmento melódico,  entre canción y canción, venía una ristra de pasajes en apariencia inconexos que suponían un ejercicio casi seminal de libre improvisación.

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Una de las pocas veces que Joachim Kühn habló al público fue para presentar una pieza del maestro Ornette Coleman cuyo título supone una auténtica declaración de principios: “Researching Has No Limits”, composición incluida en su último trabajo, Moscow (ACT, 2014), grabado junto al saxofonista ruso Alexey Kruglov. La otra vez que el alemán se dirigió al respetable fue para anunciar un tema exclusivamente melódico, un divertimento, un contrapunto que antecedió a una recta final coronada con dos generosos bises. Uno salió entonces a la calle con la sensación de haber presenciado un concierto extraordinario. Y que me perdonen si lo que acabo de decir es un tópico, pero es que es verdad.

Texto: © Martí Farré, 2014
Fotografías: © Joan Cortès, 2014