David Mengual 4tet «Slow Time»

  • Fecha: 10 de enero de 2013.
  • Lugar: Jamboree (Barcelona).
  • Componentes:
    David Mengual: contrabajo
    Miguel ‘Pintxo’ Villar: saxo tenor
    Toni Vaquer: piano
    Oriol Roca: batería
  • Comentario:

    Salí rápido de la sala. Hacía frío y el aspecto de la Rambla, muy vacía, aumentaba esa sensación. En el metro, poca gente también y muy cansada. Al salir me dirigí a un bar ‘habitual’, pero no tanto como para tener que molestarme en hablar. Quería una copa y pensar unos minutos en algunas ideas que había ido teniendo mientras escuchaba esta última música de Mengual. Quería ordenarlas un poco, o bien tirar del hilo de alguna de ellas que todavía no se había materializado lo suficiente. Salir de un buen concierto y encontrarse con el invierno es agradable (para mí al menos).

     

    Fui a ver este concierto con una idea previa. Más bien un recuerdo, el de una actuación que vi hace unos cuantos años en las ya desaparecidas “Nits de Música a la Fundació Miró”. Era un concierto de un cuarteto que se llamaba Slow y en el que estaban Agustí Fernández y David Mengual, más las baterías de David Xirgu y Dani Domínguez. Fue un concierto que me encantó. Pero, ese proyecto no siguió. ¿Por qué fui con esa idea? Tal vez por la palabra ‘slow’, lento, pausado, espacioso. No recuerdo bien aquella música, pues fue hace bastantes años, y probablemente no tenga nada que ver con lo que escuché la otra noche, pero a pesar de ello sí creo que había una relación, y es esa actitud artística frente a la música y en concreto frente al jazz. Frente a un mundo, un arte y un jazz absolutamente inflacionarios, aquí parecía haber una declaración de principios que abogaba por la calma, la reflexión, por los procesos mentales que se van modelando y observando poco a poco, con mimo y atención.

    “No se llega a la verdad añadiendo sino cercenando”, decía poco más o menos un aforismo de las Notas sobre el cinematógrafo de Robert Bresson. Y esto, la otra noche pero en general en todo lo que propone David Mengual, es de lo más pertinente. Cuando hace unos años sacó el doble Mosaic, con un disco en versión de trío y otro con los mismos temas en versión de noneto, me gustaba más el primero. Era más esencial. Más ajustado –creo yo– a la idea de las composiciones.

     

    La música de su nuevo cuarteto es realmente calmada. Crece lánguidamente. En ocasiones tortuosamente. Siempre manteniendo unos biorritmos muy bajos. No diré en letargo, pues eso daría a entender que en cualquier momento podían salir de él y recuperar el pulso habitual de las cosas, y eso nunca me pareció que pudiera ser. No tuve nunca esa impresión, pues la determinación que hay en la música de este cuarteto es clara e inequívoca: no quieren participar de lugares comunes, de soluciones o recursos típicos, por lo que no encontraremos crescendos ni diminuendos ni ciertos planteamientos.

    La música de Slow Time es espaciosa, amplia y en cierto modo flotante (cualidad que a veces va adherida a las anteriores así como a la lentitud). Como una sábana extendida al viento a la que le cuesta posarse en tierra. Y en medio de esa holgura se encuentran los cuatro músicos que, por cierto, son bien distintos entre sí. Y esto hay que decirlo, pues Mengual parece haber reunido a su alrededor a tres instrumentistas que tienen unas características y una visión sensiblemente diferentes. ‘Pintxo’ Villar tiene un sonido leñoso y contenido, que elabora con ahínco y con el que trata de evitar emitir más destellos de los que se precisen, más empatía de la que no sea necesaria, restando ese “brillo” típico/tópico del tenor que permite entrar en esas dinámicas de “guiños facilones”. El pianismo de Toni Vaquer, al que creo que no había escuchado antes, tiene algo de minimalista, en el propio toque y en las figuras nimias que va creando como si fueran pañuelos de seda, dibujos que se pliegan y vuelven a dibujarse sobre el trazo anterior (no olvidemos que una de las grandes influencias de los minimalistas americanos La Monte Young, Riley o Reich era precisamente el jazz). Escuchándolo a veces pensaba en Nichols o Waldron, pianistas que deberían estar más presentes aquí y en todas partes. Respecto a Oriol Roca, decir que siempre me ha parecido más un percusionista, o al menos que dentro de su labor como baterista privilegia técnicas y recursos que serían más propios de un percusionista: los timbres, el extraer el sonido físico de los parches (con las manos, por ejemplo), el hecho de que juegue siempre con tipos de ritmos muy diversos. Todo ello lo aleja del swing, sí, pero contribuye a elevar las músicas en las que participa a un estadio mucho más sugerente. Y finalmente el propio líder, Mengual, que quizá tenga algo de todos ellos y aún otra cosa más: parece tocar como piensa.

     

    Con este punto de partida, el cuarteto de Mengual hizo cinco largos temas cuyos títulos expresaban una cierta perplejidad y malestar: “Març” (si no lo entendí mal se trataba del mes de marzo, un mes que a mí no me gusta mucho), “Sistema inmunológico”, “Masticando arena” (sobre las impresiones que se tienen al tomar contacto con los media y la real politik), “Marco incomparable” (dedicado a Marco Mezquida) y “Terapia” (que venía asociado con otro tema de Vaquer). La impresión final que tuve de todo el conjunto era la de que estaba ante una propuesta balsámica, paliativa, compensadora. Una música de ideas, de necesidades, una música ante todo humana y que es el reflejo de una expresión, y no la mera consecución de unas lecciones aprendidas. Una música con voluntad de quedarse con lo fundamental, con aquello que es imprescindible en cada planteamiento y en cada tema, eliminando todo lo accesorio, todo lo anodino, o todo aquello que no vaya a aportar nada. En este sentido, hay que valorar también el hecho de que Mengual haya sabido aducir a sus tres compañeros para este especial proyecto. Haciéndoles entrar en su particular mundo. Transmitiéndoles esa convicción. Invitándoles a una conversación adulta, sosegada, tranquila. A una gran calma chicha. Ahora sólo nos queda esperar su disco, si es que llega a hacerse, aunque como ocurre con toda la buena música este último cuarteto de Mengual es para verlo en directo.

     

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografías: © 2012 Joan Corté

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