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Puede parecer propio de alguien con un cierto grado de candidez, pero es que uno nunca llegó a imaginarse que tuvieran que pasar cosas como esta. Porque no hay nadie, nadie, a quien le guste mínimamente el jazz en este país que no pueda decir que no se haya instruido gracias al Cifu alguna vez, aunque solo sea una. Y porque el Cifu siempre ha estado allí, en el transistor de la cocina, en la radio de la mesita de noche, en los videos en VHS, con la imagen ya defectuosa, de sus Jazz entre amigos, en los “favoritos” de Internet, en las horas perdidas ante el ordenador, cuando uno tiene no-sé-qué-cosa-urgente-que-tenía-que-entregar-antes-de-ayer y prefiere navegar por el archivo virtual de TVE y descargarse un programa del Cifu dedicado a Duke Ellington —¡qué serie tan sublime realizó en su añorado Jazz entre amigos!—, o se va por los cerros de la Santa Red y recala en un “Jazz porque sí” dedicado al primer disco de Wayne Shorter. Sí, el Cifu está en su cocina, en el baño, en el dormitorio, en la radio del coche, en sus recuerdos de adolescencia, en las primeras conversaciones sobre jazz con amigos que, como usted, habían descubierto que existía una música mucho más interesante de la que echaban por las radiofórmulas. Y está en las retransmisiones del Festival de Jazz de Vitoria, cuando en la tele todavía daba todo el festival a diario, y usted y yo, seguro que se acuerda, lo seguíamos con un volumen no muy alto, no fuera a ser que despertásemos al resto de la casa, que ya estaban hasta el gorro de nuestra musiquita, eso decían. Sí, el Cifu está en un plató que simula ser un club de jazz, detrás de una barra, pitillo en una mano y en la otra con un vaso-largo-dos-hielos-y-un-vodka-con-naranja, presentando al Tete —¡qué gran programa, por cierto!—, y el propio Tete Montoliu interpreta “Bag’s Groove” nada más y nada menos que con Lou Donaldson. Y lo hace después de esa careta televisiva en la que una pareja de progres entra al supuesto Jazz Entre Amigos con el “Tunin’ in” de Woody Herman de fondo. Seguro que se acuerda. Y sí, el Cifu esta, y lo estará siempre, y usted lo sabe amigo, cada vez que suena el “Milestones” de Miles Davis, a quien por cierto entrevistó en una emisión histórica de la televisión española. Y sí, el Cifu se encuentra en un café de Tarragona charlando durante dos horas sobre la historia de las big bands, de Fletcher Henderson a Count Basie —no había tiempo para más—, y luego, en un bar de copas de la misma ciudad, cuenta anécdotas de sus tiempos televisivos, o de cuando hizo la guía de programas de radio dedicados al jazz en España —¡cuántos programas de radio sobre jazz en este país deben su existencia al magisterio de Juan Claudio Cifuentes!—. Y poco antes de la pasada navidad, el Cifu recoge un premio de la Asociación de Músicos de Jazz de Cataluña en un restaurante de Barcelona, en alegre francachela, que diría Carlos Barral, y uno cree que siempre estará allí. Porque sí.

Texto: © Martí Farré, 2015
Fotografía: © Pachi Tapiz, 2009