image_pdfimage_print

37è Cicle de Jazz al Casino

  • Fecha: 16 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Casino de Granollers (Barcelona) .
  • Componentes:
    Albert Marquès: piano
    Adam O’Farrill: trompeta
    Zach O’Farrill: batería
    Josep Colls: bajo eléctrico
  • Comentario:

    Hacía un par de años que el pianista Albert Marquès no actuaba en Granollers, su ciudad natal. Durante este periodo de tiempo ha cambiado su residencia más acogedora de París, por la de Nueva York, más inhóspita y ultra heterogénea. En la capital francesa coincidió y tocó con el batería y percusionista norteamericano Leon Parker, personaje que le hizo remover más de un concepto musical. En los EEUU ha coincidido y toca regularmente con otro músico que nuevamente le ha hecho reconsiderar algunas ideas. En esta ocasión se trata del pianista Arturo O’Farrill, hijo del gran maestro de la música afrocubana, compositor, arreglista y director de orquesta, Chico O’Farrill. Arturo, es a su vez el padre de los dos leones que, desde el otro lado del Atlántico, han acompañado a Marquès en la reciente mini gira por tierras catalanas (Festival de Jazz de Lleida, Nova Jazz Cava de Terrassa, 37 Cicle de Jazz de Granollers y Escola de Música de La Garriga).

    Pudimos escuchar y gozar un Albert Marquès más asentado, pausado, seguro, con una pulsación mucho más firme e incisiva. Un Albert, quizás menos reivindicativo que en ocasiones anteriores. De sus composiciones con títulos más lacerantes sólo interpretaron “IDN”, incluido en su segundo y recomendable CD, Live in my land (Quadrant /2011), grabado en directo en la mítica Nova Jazz Cava de Terrassa, con la colaboración del maestro Jordi Bonell a la guitarra. Mostro su parte más lírica e intimista, por no decir nostálgica, en temas como “Granollers” y la inédita “Cançó pel meu pare” (Canción para mi padre). También interpretaron una interesante y sentida versión del tema “Caravan”, el enigmático “E.V.A. (don’t hink)”, más un par de composiciones de los dos jóvenes latinos-norteamericanos (“hablamos mucho inglés y poco español”), “Industrialistic” y “The moon follows us wherever we go”.

    Como decíamos, vino acompañado desde Nueva York por dos jóvenes leones de aire tranquilo pero de toque feroz, seguro, frenético y contundente, con un gran dominio técnico y sin pirotecnias innecesarias. El trompetista Adam O’Farrill de deciocho años y su hermano Zach a la batería con cuatro años más. Dos hermanos a los que habrá que seguirles la huella. Estuvieron en todo momento bien arropados por las cuatro cuerdas del bajo eléctrico de Josep Colls.

     

    Una notable e interesante velada, donde la confluencia de varios estilos, perfectamente urdidos, fue la tónica dominante. Una muestra inteligente y fehaciente del jazz como lenguaje de lenguajes, independiente y transnacional. Cuestión de mentalidades heterodoxas, flexibles y abiertas.  Subrayar que a este joven e interesante músico catalán, inquieto por naturaleza y rebelde por convicción, le prueban considerablemente los cambios de aire internacionales fieles a su ideario.

    Texto y fotografías: © 2012 Joan Cortès