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  • Art Ensemble of Chicago
  • Colegio Mayor San Juan Evangelista. Madrid.
  • 1 de Noviembre de 1998

Suele ser habitual que lo más interesante de la abundante programación jazzera del otoño se produzca al margen de los festivales y esta temporada gracias al empeño del insustituible San Juan Evangelista tampoco fue una excepción. Tener la oportunidad de ver por aquí a una banda tan legendaria como el Art Ensemble ya es noticia, pero es que además y pese a que parecía difícil superar el listón marcado en anteriores visitas, el ahora cuarteto tras el abandono de Jarman, demostró que sigue en plena forma.

No por tópico deja de ser realidad que la verdadera dimensión del Art Ensemble sólo puede apreciarse en sus conciertos. Su última grabación, Coming Home Jamaica, no es ni un pálido reflejo de lo que el grupo ofrece en vivo. Sólo ver la cantidad de artilugios desplegada sobre el escenario, ya es todo un espectáculo. Fieles a su escenografía, Don Moye y Malachi Favors aparecen con la cara pintada con motivos africanos, mientras Roscoe Mitchell luce una vistosa indumentaria a rayas blancas y negras que contrasta con la acostumbrada sobriedad de Lester Bowie, enfundado en su perpetua bata blanca.

Siguiendo su propia tradición, la música del Art Ensemble no ha perdido un ápice de su fuerza. Lester Bowie condensa en los fraseos electrizantes de su trompeta las esencias de todos los estilos que han marcado la historia del jazz. Malachi Favors crea un contundente pulso rítmico al contrabajo, añadiendo toda clase de efectos con los más variados artefactos. Don Moye repasa todos los ritmos posibles, alternando la batería con su sabio manejo de los tambores africanos. Roscoe Mitchell se multiplica inventando sonidos rodeado de un auténtico arsenal percusivo, creando hipnóticas melodías con todo tipo de flautas, y en la improvisación más radical de la noche, bajo un auténtico muro de sonido levantado por Moye y Favors, entregándose a un agotador ejercicio de respiración circular con el saxo soprano que pone los pelos de punta.

Unos días atrás un tal Wynton Marsalis al frente de su Lincoln Center Jazz Orchestra había intentado hacernos creer que el jazz languidece como pieza de museo para disfrute de nostálgicos. Paradójicamente, una banda con más de 30 años de historia nos devolvió a la realidad. Estamos a las puertas de un nuevo siglo y el jazz sigue vivo dispuesto a mirar hacia el futuro sin dejar de rendir tributo a sus raíces.

© Cayetano López, 1998