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Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar, porque yo, como alcalde vuestro que soy…

Don Pablo, el alcalde de Bienvenido Miser Marshall

Es bien conocida, al menos entre los fotógrafos de jazz y por extensión por sus compañeros en los medios, la aversión del pianista Brad Mehldau a ser fotografiado. Esto no se reduce únicamente a los conciertos con esas órdenes a los organizadores de “ni fotos, ni imágenes de vídeo”. Son varias las ocasiones en que el “señorito Mehldau” (tal y como he escuchado referirse a él), ha convocado repetidamente a los medios gráficos para finalmente no conceder la posibilidad de realizar una mísera instantánea. Incluso ha llegado a tal punto de ridiculez que en un importante festival de nuestro país se convocó únicamente a tres medios a su prueba de sonido, cuyos fotógrafos aguantaron todo el tiempo necesario para irse sin lo prometido: absurdo. En la última visita a nuestro país este asunto no ha variado. Sí, querido lector, querida lectora, es posible que estés pensando “pero estos de Tomajazz, ¿de qué narices van?”, puesto que en la crónica de Enrique Farelo de su concierto en Madrid el pasado 15 de julio de 2016 incluimos unas cuantas instantáneas de Sergio Cabanillas. Efectivamente, ahí están las fotografías, tomadas desde donde se pudo y no gracias a una especial bula Mehldauiana, sino a la amabilidad de los organizadores de su concierto madrileño.

Desconozco cuáles fueron esos desencuentros de Mister Mehldau con los fotógrafos que le llevan provocando esta manera de actuar año tras año, ¡y van ya unos cuantos! Yo conozco a unos cuantos fotógrafos respetuosos que saben hacer muy bien su trabajo: sin incomodar al público, limitándose a las condiciones de tiempo y espacio que imponen las distintas organizaciones, silenciosos en los momentos más pianos… Tampoco tiene demasiado sentido que los profesionales no puedan hacer su trabajo con las condiciones que se les requieran, cuando en estos momentos todo el mundo es un reportero en potencia merced a los teléfonos móviles y a otros dispositivos. Estos aparatos fotografían y graban en vídeo con unas calidades que en algunos casos son algo más que notables: no es la primera vez que en Tomajazz hemos decidido no cubrir un concierto debido a la negativa a que podamos sacar fotografías (insisto: en las condiciones que nos impongan), para encontrarnos fotografías compartidas en las redes sociales de un modo casi instantáneo por los asistentes a ese concierto en el que supuestamente las instantáneas no estaban permitidas.

No insistiré en la importancia que ha tenido la fotografía en el jazz. Además de servir para retratar a nuestros héroes, también ha sido un elemento indispensable para revoluciones en algo tan intrínseco a la música popular (y no sólo el jazz) como es todo el diseño gráfico que sirve para promocionarla. Por tanto este es un especial que está centrado en la figura de Mehldau, pero que lo que pretende es pedir un poco de respeto y reconocimiento para el trabajo de los fotógrafos por parte de músicos, organizadores de conciertos, y el público en general.

Obviamente, Brad Mehldau -o quien sea- es libre de pedir que no se realicen fotografías en sus conciertos: es algo que hemos respetado, respetamos y respetaremos desde Tomajazz. Pero dentro de esa libertad, un medio de comunicación como es esta web también puede decidir añadir a ese “No photos”, un “No texts”, y un “No sounds”. Sed bienvenidos al Especial Brad Mehldau: no photos… no texts… no sounds…

© Pachi Tapiz, 2016

Como alternativa a las fotografías no permitidas de Brad Mehldau compartimos los dibujos de Leyre Becerra (6 años) y Rubén Tapiz (12 años) con su personal interpretación del pianista.

Brad Mehldau by Leyre Becerra

Brad Mehldau por Leyre Becerra (6 años)

Brad Mehldau by Rubén Tapiz

Brad Mehldau por Rubén Tapiz (12 años)