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  • Festival: Jazz Em Agosto 2016
  • Fecha: Domingo 14 de agosto de 2016, 18:30, entrada gratuita.
  • Lugar: Museo Calouste Gulbenkian – Coleçao Moderna / Nave, Fundaçao Calouste Gulbenkian, Lisboa, Portugal.
  • Componentes:
    Frank Gratkowski: saxo alto, clarinete bajo, ordenador, electrónica y manipulación del sonido

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El concierto en solitario del saxofonista y clarinetista Frank Gratkowski en la sala de la colección Moderna del Museo Calouste Gulbenkian, por lo que tuvo de actuación improvisada, fue un momento único e irrepetible. Si a ello unimos que lo que ocurrió fue una experiencia individualizada para cada uno de los asistentes al concierto, el resultado final fue un concierto inusual, una de esas apuestas artísticas que dan entidad de Gran Festival a programaciones como la de Jazz Em Agosto.

Para justificar estas afirmaciones habría que comenzar por explicar la disposición del público, el músico y los altavoces en un escenario poco común para un festival de jazz al uso, como es una sala de exposiciones de un museo. En ella, dispuestos en forma de elipse se encontraban los asientos para los asistentes. Tras los asientos, envolviendo al público del concierto, se situaron cuatro altavoces en los extremos de los ejes mayor y menor de la elipse, y otros cuatro en los extremos de los diámetros conjugados de dicha figura geométrica. Finalmente, en el centro de todo ello, situado a la altura del público, estaba preparada una pequeña mesa con un ordenador portátil sin ratón, más un juego de cables conectados a este aparato.

El concierto comenzó con algún minuto de retraso una vez estuvieron ocupadas todas las sillas, con Frank Gratkowski apareciendo en la sala desde uno de los laterales, mientras improvisaba al clarinete bajo. Su música mostró líneas que hacían pensar en la música contemporánea más que en el jazz; también jugó con la resonancia de la sala y la intensidad del sonido. Todo ello por medio de una lección magistral en la que exhibió las múltiples posibilidades de un instrumento como el clarinete bajo: además del empleo ortodoxo y académico, sonaron armónicos y la lengua sacó sonidos percutiendo contra la boquilla; jugó con la sonoridad de las llaves y del aire rozando el interior del instrumento… multitud de elementos sonoros que supo conjugar para componer un discurso magníficamente estructurado y desarrollado con total naturalidad, durante el cual se desplazó por la sala, hasta finalizar esta improvisación inicial situado en el centro de la elipse -donde se encontraban la mesa y el laptop– rodeado por el público, que a su vez lo estaba por los altavoces, elementos esenciales de este magnífico espectáculo sonoro.

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Una vez situado allí tomó su saxo alto, que incluía una placa con circuitos e interruptores en su base -pura artesanía electrónica de segunda o tercera generación-, que conectó al ordenador. En esa segunda parte del concierto, tratamiento del sonido mediante, Gratkowski fue construyendo una escultura sonora improvisada. En este caso hay que hablar de escultura, puesto que tal y como ocurre con ciertas concepciones de esta expresión artística, la percepción de la música originada en su improvisación fue diferente para cada uno de los asistentes al concierto.

La circuitería le permitió ir seleccionando en su programa de ordenador distintos efectos, modificando el tono y el timbre, y también acumular improvisaciones que procesadas y lanzadas posteriormente por el ordenador sirvieron para generar lo que se podría denominar meta-improvisación, puesto que lo que sonaron fueron improvisaciones de Gratkowski sobre improvisaciones de Gratkowski. Uno de los efectos más notables fue el tratamiento espacial del sonido, que en distintos momentos del concierto se fue desplazando a lo largo de los altavoces situados en la elipse imaginaria. El resultado fue escuchar el sonido previamente procesado girando alrededor de los espectadores. Esto consiguió que aunque lo generado fue único, la situación de cada uno de quienes asistimos al concierto provocó que escucháramos algo diferente de lo que escuchó el resto. En esta pieza central central del concierto el músico alemán hizo uso exclusivo de técnicas extendidas con su saxo convenientemente procesadas electrónicamente para construir su discurso. El resultado sorprendió al público, no dejando indiferente -por lo positivo y también por lo negativo- a nadie. A pesar de alguna huida apresurada una vez finalizó esta pieza improvisada, no hubo dudas y la petición de un bis fue unánime. Para esta parte final el saxofonista desconectó la circuitería y se dedicó a realizar una improvisación al saxo alto al estilo clásico del jazz, pura melodía. Fue el final de un gran concierto, improvisado todo, en el que Gratkowski mostró algunas de las múltiples facetas-muy diferentes entre sí tal y como ocurrió con las tres piezas que creó instantáneamente-, de la improvisación libre.

Fotografías: © Sera Martín, 2016
Texto: © Pachi Tapiz, 2016