365 razones para amar el jazz: una escena de película [271]

Una escena de Collateral (2004).

Vincent (Tom Cruise), un peligroso asesino y su rehén Max (Jamie Foxx) entran a un club de jazz para deleitarse con la buena música. Es un aparente paréntesis que este amante del jazz hace en su tour sangriento. En el escenario, el trompetista, y a la postre dueño del garito, Daniel Baker (Barry Shabaka Henley) y su grupo, tocan con fruición un pasaje del enorme álbum Bitches Brew del no menos enorme Miles Davis, que finalmente será protagonista indirecto de la escena. La noche pasa y el club cierra sus puertas. Daniel Baker se sienta con los supuestos clientes y comienza una conversación entre amantes del jazz que no tiene desperdicio. El viejo trompetista rememora el día que conoció a Miles. Recuerda el día exacto: 22 de julio del 64. Miles llegó de una grabación y entró en el garito. La charla continua y suelta la bomba. Daniel Baker, el viejo trompetista gerente de un club de jazz tocó como veinte minutos con Miles y tan sólo cruzó una carrasposa y sonora palabra con él: “Cool”. Los tres sujetos sueltan exclamaciones de satisfacción que se tornan en caras largas cuando nuestro asesino le menciona los nombres de varios cárteles de la droga con los que Baker tiene problemas. Ahora todo se entiende. Lejos de ser un paréntesis, Vincent ha ido al club por cuestiones de “trabajo”, y Baker es su objetivo. Así comienza un juego un tanto macabro. Daniel Baker deberá acertar una pregunta sobre jazz que Vincent le formulará. Fácil, y más cuando la pregunta versa sobre Miles Davis, un personaje del que Baker se jacta de conocerlo todo. “¿Dónde aprendió música Miles?”. Daniel Baker relaja el rictus y comienza a desglosar la vida de Davis: profesión del padre, lugar de nacimiento… Finalmente sentencia: “Estudió en la Juliard.”. Rapidamente, Vincent, con un movimieto certero y casi mecánico, le descerraja tres tiros con una pistola silenciada, y gracilmente le sostiene la cabeza depositándola sobre la mesa, apagando así cualquier ruido que pudiera alertar a los pocos trabajadores que quedan en el club. Vincent desvela la respuesta. La verdadera escuela de Miles no fue la Juliard, sino Charlie Parker, saxofonista que escuchó durante toda su estancia en la Juliard, que fue corta, y hombre por el que abandonaría los estudios, gracias a dios.

Seleccionado y explicado por Juanma Castro Medina