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Concluía mi último (y primer) artículo recomendando y animando a la escucha del muchas veces desapercibido Tal Farlow y quisiera comenzar esta segunda entrega mensual para la revista haciendo lo propio con otro genial guitarrista (un poco si se me ve el plumero, ¿verdad…?)

Jimmy Raney (James Elbert Raney, 1927-95), guitarrista de Louisville, Kentucky, comenzó su carrera sustituyendo al ya mencionado Tal Farlow (¡ironías de la vida…!) en el trío que Red Norvo, vibrafonista de Illinois apodado “Mr Swing”, dirigía con el mismísimo Stan Getz y el propio Raney en plantilla. Maldecido por el síndrome de Meniere, enfermedad degenerativa del oído que conduce a la sordera (su corazón falló antes de que esta sucediese), Jimmy Raney luchó como pudo contra los arribos de la vida. En el 67 abandona Nueva York para salir del alcoholismo y vuelve a Louisville desde donde continúa trabajando, como él sabe, al más alto nivel. Su palmarés está compuesto por mas de una treintena de discos como líder y supera el medio ciento como “sideman”, acompañando a talentos como los de Stan Getz, Oliver Nelson, Lee Konitz, Artie Shaw, Barry Harris y un largo etcétera.

Robert Edward Brookmeyer (Bob Brookmeyer, 1929-11), Kansas City; comenzó, cuando adolescente, como pianista en Big Bands pero pronto se decantó por el trombón de pistones, instrumento que hizo sonar en formaciones junto a Gerry Mulligan, Stan Getz, Jimmy Giuffre, Clark Terry, Jim Hall, Lee Konitz… creedme, podría estar escribiendo nombres en páginas y páginas, es uno de esos músicos que ha estado en “todo”; no deja de sorprenderme su escasa popularidad…

Tras trabajar durante una década como músico de estudio en Los Angeles, paradójicamente, se muda a Nueva York escapando del problema que comparte con Raney: el alcohol.

En Nueva York será director de la big band creada en su día por Thad Jones y Mel Lewis y a partir de los años 80 mantiene una destacable presencia en Europa, escribiendo para numerosas orquestas y llegando incluso a emprender una escuela en Holanda.

El Brookmeyer compositor y arreglista es, sin dudas, uno de los más inteligentes musicalmente hablando: me mantiene fascinado su técnica en contrapunto, su balance instrumental, denso; sus formas compositivas… El trombonista de Kansas ha arreglado música para artistas que abarcan desde Ray Charles a Eliane Elias pasando por la Metropole Orchesta, Terry Gibbs, The Thad Jones/Mel Lewis Orchestra, etc.

Dos son los trabajos discográficos que juntos llevaron a cabo la magnífica pareja Raney y Brookmeyer, ambos datados en el 56 y ambos altamente recomendados y recomendables en igual valor.

Jimmy Raney in Three Attitudes muestra a un estupendo guitarrista liderando tres formaciones diferentes, tres conceptos, como bien informa el título: tres actitudes.

Los músicos ya sabéis a qué se refiere con lo de actitud dentro de una banda; a los no músicos os contaré que cada proyecto, en esto del Jazz, implica una forma de “encajar” como músico, una forma de manejar nuestro sonido y estilo, de interactuar con diferentes músicos y, valga la redundancia, actitudes.

Bob Brookmeyer, Al Cohn y Red Mitchell son los protagonistas, respectivamente, de cada una de esas “actitudes de Raney”. Un disco exquisito.

Jimmy Raney Quintet featuring Bob Brookmeyer es el segundo de los álbumes con Raney y Brookmeyer dirigiendo la sesión. Ocho pistas cortas, que encajan perfectamente en el vinilo, cuatro a cada lado, con Hank Jones y Dick Katz alternándose en el piano, Teddy Kotick al contrabajo y Osie Johnson en la batería.

Cuatro estándares (“Isn´t It Romantic”, “How Long Has This Been Going On?”, “Nobody Else But Me” y “Too Late Now”), dos composiciones de Raney (“The Flag Is Up” y “Jim´s Tune”), y dos de Brookmeyer (“No Male For Me” y “Get Off That Roof”) componen un álbum cargado de buen humor: traducid los títulos y probablemente acabéis en risa, comprendiendo el concepto humorístico del álbum y mostrando al mundo el romance musical que estos dos genios no dudaban en manifestar.

Todo el álbum es Be Bop del bueno, del muy bueno, ¡del mejor! Jimmy Raney toca en éxtasis, sus solos transmiten, son adictivos, te mantienen en la historia de la primera a la última nota, ¡magia pura! pero lo que realmente me gustaría resaltar en el disco es la capacidad de este hombre para arreglar. Hablaba anteriormente del contrapunto en Brookmeyer, pues bien, fijaos en la técnica de Raney… ¡Increíble! Todas y cada una de las líneas que se entrelazan entre trombón y guitarra tienen una dirección fortísima y al tiempo una independencia brutal. Pienso a veces, al escuchar el álbum: “¡Cómo no va a ser genial si el mismísimo Brookmeyer no tiene nada que objetar…” Os dejo en este enlace mi transcripción del arreglo de “Isn´t It Romantic? (Hartz/Rodgers)”, primera pista del álbum para que comprobéis visualmente también esto que intento explicar, encontrareis igualmente un “playlist” con el disco.

Bob Brookmeyer y Jimmy Raney, dos gigantes en muchos foros olvidados y/o infravalorados. Lo que digo a mis estudiantes:

 

¡Muchachos, usad las orejas, no dejéis que os engañen…!

Texto: © Marcos Pin, 2017 marcospinmusic@gmail.com / www.marcospin.com