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El estudiante de las cinco me miró sorprendido. No sabía si echarse a reír o preguntarme si en verdad era agua lo que guardaba en mi botella. Optó por lo primero pues seguramente consideraba ofensivo inquirir y sabía a ciencia cierta que, aunque se viera con razón, jamás conseguiría que compartiese mi brebaje…

Jugaba con ventaja pues yo ya había hecho la pregunta con anterioridad; reconocí esos ojos golosos mirando la botella que suelo dejar sobre el piano, retoqué la afinación de mi tercera cuerda (¡dichoso sol…!); sonreí y opté por preguntar de nuevo:

– ¿…Has escuchado alguna vez a Bean?

– A… ¿Mr Bean?– preguntó con timidez.

– Si; a dúo con Chiquito, que en paz descanse…

Me gusta el desconcierto. No puedo evitarlo. A veces creo que en parte me dedico al Jazz para poder vivir una y otra vez la sensación, esa curiosidad que se crea ante la incertidumbre: observar la cara en los baterías esperando la señal para el último acorde, fijarme en como los hosteleros buscan excusas al final del bolo (“…a fin de cuentas, cobráis por hacer lo que os gusta.”) Exageré el momento estirándome hacia el piano al tiempo que escuchaba preocupación y duda en su acorde mayor séptima, podía oír como se sentía ofendido; aún así, sonreí de nuevo; bebí con sed, y recuperé el tono sobrio:

– Billy Bean fue un guitarrista de Philadelphia. Murió hace relativamente poco, en 2012, con ochenta y nueve años.

– Jamás había oído hablar de él.

– Te creo, no es uno de los más populares.– Comencé – Tony Bennett lo contrató para su banda pero no duró ni un año, desconozco el por qué.

– ¿Problemas con drogas? He leído en un artículo que Jimmy Raney y Bob Brookmeyer

– ¡Nada de eso! – Le interrumpí. – Desconozco el motivo, ¡qué más da…! Sus discos con John Pisano son magníficos.

– John Pisano, ¿el guitarrista? ¿Dos guitarras?… ¿como en el Rock? – De nuevo sus ojos apuntaron directamente al piano.

– Efectivamente, Pisano y Bean fueron excelentes amigos tanto dentro como fuera de los escenarios. A veces pienso que John era su único admirador en la época… Hoy en día puedes encontrar música de ellos con facilidad en la red, Makin´ It y Take Your Pick son sus dos discos de estudio, con cuerda, madera y metal en sus pistas. ¡Tienes que escucharlos!, las composiciones y arreglos son increíbles. Déjame hacer una cosa, te envío el enlace a mi “playlist”

Mientras buscaba mi teléfono seguía hablando:

– Encontrarás también en internet mucha más música de estos dos virtuosos, te cuento: John llevaba su grabadora a todas partes; durante años grabó sesiones a dúo, cuarteto, ensayos… ¡Ya te imaginas! Recuerda lo que siempre os digo, “grabad y escuchad, es importantísimo para crecer y mejorar como músico.” – Abandoné este último tono paternalista para continuar: – La cosa es que en el 98 String Jazz Label se enteró y publicó las cintas. ¡Bien por Pisano!, ¿no…? Apuesto a que sabía que tenía “cosa buena” en sus archivos…

– ¡Guau!, no tenía ni idea… Dime más de Mr Bean ¿A quién se parece…?

– …Al expresidente Zapatero… – Ninguno reímos.

– Ahí no hay agua, ¿verdad? – Se decidió a preguntar por fin. Ahora reímos ambos.

– Escucha, en serio, Mr Bean es único. Su sonido es limpio, las notas en sus líneas, Be Bop, cantan y transmiten. La dirección en sus solos es asombrosa, parecen compuestos en vez de improvisados. Como en muchos pero especialmente en Bean, se puede apreciar la manera de contar historias que el mismísimo Wes poseía.

– ¿Convicción en el discurso?

– ¡Exacto! – Me enorgullecí.

– ¿Y no tiene nada como líder?

– Es curioso, da la sensación de que nunca tuvo esa necesidad artística. Supongo que le llenaba trabajar para músicos como John Lewis, Herbie Mann, Zoot Sims o el ya nombrado Pisano. No sé… Lo más parecido a liderar una banda quizá sea el trío que formó junto a Hal Gaylor, contrabajista y Walter Norris al piano para grabar un disco para Riverside…

– ¡Trío clásico, sin batería…! – Interrumpió.

– ¡Efectivamente, muy bien! – Volví a sentirme orgulloso y, en cierto modo, “útil”…

– The Trio, ese es el título del disco. Puedo pasarte si quieres un enlace a mi transcripción del corte primero: “Grooveyard”, un tema de Carl Perkins.

– Si, por favor. Así me mantendré ocupado estas navidades.

– Grabaron el disco pero el proyecto duró un suspiro, apenas tocaron juntos como trío, por falta de trabajo, ya ves, no es cosa de ahora… Es sorprendente como algo excelente puede llegar a no tener repercusión alguna. El Jazz es muy cruel en ese sentido… – Iba a hablarle de como me fue imposible presentar Broken Artist cuando, en ese momento, llamaron a la puerta y mi estudiante de las seis la abrió.

– Pues nada, ¡que disfrutes de la Navidad con Mr Bean! – Le dije, y comenzó a recoger su guitarra y partituras.

– Igualmente, nos veremos después de las fiestas.

– ¡Disfruta mucho…! – Me levanté para despedirlo con un abrazo mientras el recién llegado ocupaba su asiento y sacaba sus bártulos.

La puerta se cerró, tomé mi asiento de nuevo e hice la pregunta obligada:

– ¿Estás afinado?

Obtuve la respuesta estándar:

– Ya afiné en casa…

No me gusta el desconcierto cuando se convierte en resignación. Estiré mi brazo alcanzando el piano pero, la botella… ya no estaba.

Me gustaría dedicar este pequeño “cuento navideño” a mis estudiantes, ¡gracias por vuestra inspiración! y aprovechar para desear a todos: oyentes, lectores, amigos de TomaJazz, compañeros músicos y gentes de bien, amantes de esta maravillosa música: El Jazz, lo mejor para estas fiestas y la mas grande de las suertes para el 2018. Pachi, Rafa, Sergio, ¡muchas gracias!

Tomajazz: © Marcos Pin, 2017 www.marcospin.com