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Por Cool Cat.

JazzMadrid18

  • Fecha: 6 de noviembre de 2018.
  • Lugar: Sala Girau. Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid.
  • Grupo:
    Art Ensemble Of Chicago
    Roscoe Mitchell: saxos
    Don Moye: batería y percusión
    Hugh Ragin: trompeta
    Tomeka Reid: violonchelo
    Jaribu Shahid: contrabajo
    Dudu Kouyate: percusión


Foto prensa © Roger Thomas 2017

De Chicago al cielo… y vuelta a Madrid

Comienza una nueva edición del festival internacional de jazz de Madrid. Los conciertos se suceden a lo largo y ancho de la capital. Vuelve el sonido a la calle. Lugar de donde nunca debió de salir. Y lo hace con una inauguración sin paliativos. Lleno absoluto mediante. Art Ensemble of Chicago vuelve y convence a un público dividido entre la devoción ritual y prudencia ante una tarde tormentosa. No la de la ciudad. Al menos en lo meteorológico.

La banda norteamericana celebra su 51 aniversario con una propuesta más que sólida. Art Ensemble of Chicago, sexteto comandado por el ínclito Roscoe Mitchell, aporta al festival una muestra del jazz más vanguardista. El respetable fue testigo de ello. Un concierto de una hora larga en el Centro Cultural de la Villa. Con agradecida puntualidad.

Resulta fascinante la impresión inicial tras avistar el escenario. Una puesta en escena tribal rica en instrumentos. Señala los derroteros por los que discurrirá esta vorágine musical llamada jazz. Previo aplauso generalizado del público, Art Ensemble of Chicago ataca “Dreaming of The Master”, pieza que cierra el disco Nice Guys de 1979. A expensas de parecer una peliculera misiva, no por ello es menos certera. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

El silencio inicial corresponde a la primera toma de contacto con el caos. La sección rítmica corre a cargo de Don Moye a la batería, Jaribu Shahid al bajo y Dudu Kouyate a percusiones varias. Es la encargada de elevar a los congregados a cumbres inhóspitas. Roscoe Mitchell, impasible en su asiento, toma entre sus manos su saxofón soprano. Hugh Ragin a la trompeta es su escudero durante el resto de la velada. Sin compasión, desprende un torrente de corcheas, notas atónicas. Caos y delicia a la vez. Recuerda al free jazz más amargo de Sam Rivers y discos como Concept.

El recital se sucede con generosos espacios para los solos de los miembros de Art Ensemble of Chicago. Toda la banda funciona como un coordinado engranaje. Parece no echarse de menos a eminencias ya fallecidas como Lester Bowie o Malachi Favors. Incluso Tomeka Reid, chelista, parece ser una dura competidora.

A destacar el trabajo de Kouyate en la percusión. Con un equipo y precisión equiparables a los de un cirujano, aporta ese misticismo audiovisual que escapa a la música. Improvisaciones teatrales incluidas. No es para menos. “Folkus”, pieza atribuida al baterista Don Moye, consigue arrancar las primeras reacciones del público. Son apreciables las primeras miradas furtivas a los móviles. Los primeros ladeos. Los primeros bostezos, por increíble que parezca.

“Illinstrum”, recogida en el disco Reunion, atrona con gentileza en la Sala Guirau. Una sala que, por momentos, parece una escueta celda china. Art Ensemble of Chicago brinda otra muestra sobresaliente de la libre improvisación más espiritual. A caballo entre la tormentosa lírica de John Coltrane y Pharoah Sanders y la bala de europeos como Peter Brötzmann. Sin embargo, con un elemento único y primordial como es su apabullante teatralidad.

De repente, la nave desciende a la Tierra. Un apacible ritmo de blues consigue atraer la atención del público. Roscoe Mitchell aprovecha para presentar al elenco de artistas. Aplausos por doquier. Pasada revista, Art Ensemble of Chicago abandona el escenario. No obstante, aún hay tiempo para un acelerado y visceral bis. Un latigazo de apenas un minuto. La banda vuelve a desaparecer. Las luces de la sala y el bullicio de butacas ponen el broche final.

Finaliza así el concierto inaugural, con permiso de Randy Brecker y Bill Evans, de una nueva edición de JazzMadrid. Art Ensemble of Chicago recuerdan, quizás por última vez en un escenario, que el jazz puede traspasar fronteras y generaciones año tras año. Música y vísceras. Arte total. Y, para deleite de los amantes del género, esto no ha hecho más que empezar.

Texto: © Cool Cat, 2018