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Por Martí Farré.

Con elogios de, entre otros, Paolo Fresu —“Es uno de los pianistas jóvenes más interesantes del momento,” dijo el trompetista sardo—, el también italiano Kekko Fornarelli (Bari, 1978) está considerado un renovador del formato de piano trío, desde que en 2011 publicó Room of Mirrors, el primero de una serie de trabajos conceptuales que le han llevado de gira por una treintena larga de países de todo el mundo. ¿El secreto? Una música sencilla, melodiosa, con ribetes de lirismo, cercana a estéticas contemporáneas y con una cierta querencia por la heterodoxia. Quien mejor nos lo puede contar es el propio Fornarelli, a quien hemos entrevistado con motivo de la presentación en nuestro país de Abaton, su último CD a trío. Junto a Federico Pecoraro (bajo) y Dario Congedo (batería), Kekko Fornarelli tocará en Madrid (11 de diciembre, 21 h, sala Clamores) y Barcelona (12 de diciembre, 20 y 22 h, sala Jamboree).

Martí Farré: Titulas tu último disco Abaton, un nombre con reminiscencias religiosas. ¿Qué vínculos hay entre el concepto de Abaton y tu música?

Kekko Fornarelli: Lo titulé de esta manera porque empecé hace unos diez años a grabar una serie de discos conceptuales. No me gusta hacer música como la haría un jazzman [de toda la vida], sino que prefiero mezclar muchos géneros y estilos. Es una forma sencilla que consiste en recrear atmósferas e imágenes asociadas a la música. De hecho, el mío es el trabajo que normalmente se emplea para componer bandas sonoras de películas. Encontré en esa vía para contar mis experiencias vitales a través de la música.

“Abaton” es una palabra de origen griego que sirve para denominar el área secreta de un templo. Vengo a decir que quiero hablar de mi parte más escondida, la más oculta. En este álbum hablo de mis últimos dos años, que empezaron con la pérdida de mi padre. Le quería y necesitaba expresar ese dolor. No sé que hacen otros músicos con una pérdida de este tipo, en mi caso es un momento especial para estar en contacto con mi parte más interna. A la larga, tengo la suerte de que a través de la música puedo convertir el dolor en alguna cosa. En este álbum he tratado de poner el foco en cuestiones como la pérdida, las decisiones que tomamos en la vida, el poder… todo aquello a lo que me he tenido que enfrentar después de esa pérdida.

Martí Farré: Apelas al éxtasis, ¿qué es para ti el éxtasis?

Kekko Fornarelli: Es muy difícil para mí definir el éxtasis, perderme en una noción como esa. El éxtasis puede ser la expresión del abandono, de cuando paras de pensar y empiezas a sentir.

Martí Farré: vHablas de una música compleja que parezca simple, ¿cómo se puede tocar una música compleja que parezca simple?

Kekko Fornarelli: Es posible porque en el jazz normalmente estamos acostumbrados a concebir esa música como algo muy complejo. Acaba siendo un ejercicio continuo de demostrar lo que sabes hacer con tu instrumento. Es casi como un reto continuo y he observado que eso aleja al público de los músicos. Cuando decidí tocar simple me hice una pregunta: ¿qué tipo de música es la que golpea el estómago? En última instancia es lo que quiero, y eso no se puede conseguir desde el virtuosismo, sino yendo a lo sencillo. Lo único que debemos de ser es un instrumento al servicio de la música. Para mí no es importante ser reconocido como el mejor pianista del mundo. Ese no es mi objetivo. Solo quiero comunicar con la música.

La complejidad es tan solo la arquitectura de la música, un conjunto de elementos válidos para emplear en diferentes contextos, para componer pero no para tocar.

Martí Farré: Hablas también de un jazz “crossover” con influencias de trip hop, gospel, pop, etc. Desde mi punto de vista, a esas influencias también podríamos añadir las de artistas como Aaron Parks, Yaron Herman el Mehldau de Largo

Kekko Fornarelli: Por supuesto. Es normal tener influencias de todo lo que tienes a tu alrededor. En mi música las hay de todo tipo. Me inicié con la música clásica cuando empecé a tocar. Luego vino el jazz, con artistas como Keith Jarrett o Michel Petrucciani, e incluso Brad Mehldau. También tengo influencia de artistas de rock como Radiohead. Es normal, todos se reflejan de algún modo en mi música y cada uno de ellos tiene para mí su personalidad.

Cuando era pequeño era normal que escuchara a alguno de esos artistas una sola vez y luego tratara de recrearlos con el piano. Es por eso que, cuando no estoy inspirado, no me gusta escuchar música de otros artistas, para no tener su influencia [ríe]… No, en realidad me gustan todas las influencias de esos artistas, incluso la de algunos de hoy en día.

 

Martí Farré: También hablas de una música con “raíces mediterráneas”, ¿en qué sentido?

 

Kekko Fornarelli: Bueno, podríamos hablar sobre el color de la música. En Italia tenemos raíces distintas, un color musical diferente. Soy de Bari, del sur de Italia, estoy al lado de la Taranta, de los sonidos del norte de África. Lo puedes encontrar en la armonía de mi música. Crecí con la tradición de la música clásica italiana, llena de colores que no puedes encontrar en la música del norte de Europa ni de Estados Unidos.

 

Martí Farré: Al margen de tu labor en el jazz, este año has publicado un disco música electrónica, Matter of Time. ¿Podemos hablar de una carrera en paralelo en este ámbito?

 

Kekko Fornarelli: [Ríe] Soy un curioso. Nunca he sido un músico de jazz mainstream, he intentado meterme en diferentes experiencias musicales y quiero seguir por ahí, porqué es bonito hacer y escuchar música desde una óptica generosa. Hace unos años abrí mi propio sello discográfico, Eskape. Es una oportunidad para experimentar con diferentes estilos. Me gusta la música electrónica y he tratado de hacer un álbum con una cantante para explorar mis posibilidades en este ámbito. Fue una experiencia bonito pero ahora la tengo aparcada por la gira en la que estoy metido.

 

Martí Farré: Hace 10 años hiciste un disco inspirado en la figura de Michel Petrucciani, ¿por qué?

 

Kekko Fornarelli: Porque cuando me acerqué al jazz, a los 18 años, fue gracias a una grabación de Michel Petrucciani. Descubrí este tipo de música escuchando un disco en el que había tres composiciones de Petrucciani.

En aquella época solo tocaba música clásica y no tenía suficiente. Al cabo de un tiempo me mudé a Francia, donde viví unos tres años he hice grandes amigos. Es por ello que hice un álbum inspirado en Petrucciani, que no se trata de un “homenaje a”, sino de un conjunto de piezas hablando de ese gran artista.

 

Martí Farré: Salvo dos o tres nombres, por desgracia el jazz italiano no es muy conocido en España. No sé si tienes la misma sensación en relación al jazz español en Italia.

 

Kekko Fornarelli: No conozco mucho sobre el jazz español. Quizás es culpa mía, porque estoy muy centrado en mi carrera. No acostumbro a tocar mucho en Italia. Trato de llevar mi vida, mi camino y no sigo ningún tipo de escena, ni tan solo la italiana. Tengo mi carrera, mi familia y a donde tenga que ir voy. En los últimos tiempos he estado en 50 países de todo el mundo y, por supuesto, no lo puedo saber todo sobre cada uno de esos países. Nunca he sido un sesionista de esos que pueden pasar un tiempo en París, Berlín o Madrid… Aún así conozco a algún músico español.

 

Martí Farré: En 2012 trabajaste con la catalana Rusó Sala.

 

Kekko Fornarelli: Sí, tuve un intercambio con ella hace 5 años y colaboré en los arreglos de un disco suyo para Fresh Sound [Mar endins (2013)]. Fue una experiencia extraordinaria, pero por desgracia no tuvo continuidad por el tema lingüístico. Era una disco en catalán y se hizo muy difícil montar una gira por otros países.

 

Martí Farré: Más recientemente, en concreto hace apenas un mes, hiciste una serie de conciertos a piano solo en Barcelona y en Washington, ¿grabarás alguna vez un disco en este formato?

 

Kekko Fornarelli: Sí, hice esos conciertos en noviembre como una previa de mi próximo proyecto, que saldrá el año que viene: un solo de piano y electrónica.

 

Entrevista: © Martí Farré, 2018
Fotografías: © Lucia Fattorinni, 2018