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365 Jazz Bilbao

  • Fecha: 23 de octubre de 2012.
  • Lugar: Sociedad Filarmónica (Bilbao).
  • Componentes:
    Archie Shepp: saxos tenor y soprano, voz
    Tom McClung: piano
    Wayne Dockery: contrabajo
    Steve McCraven: batería
  • Comentario: Cuando uno va a ver a una leyenda, lo primero es tener claro lo que se quiere ver. Después, ya metidos en canción, lo que va a ver finalmente. Uno no va a un concierto de Archie Shepp en 2012 esperando ver el concierto de su vida, igual que uno no hubiese ido a ver a Coleman Hawkins en 1965 esperando que el bueno de Hawk estuviese en su mejor momento. Ver a Archie Shepp en directo es, para empezar, algo que hay que hacer si no se ha hecho ya. Y si el saxofonista está bien, mejor. Pero si no, al menos se ha compartido unos instantes con la leyenda, que no es poco.La primera vez que vi a Archie Shepp, iba con un cuarteto completado por tres músicos excepcionales: Amina Claudine Myers, Cameron Brown y Ronnie Burrage. Recuerdo que el concierto fue fantástico. La última vez que le vi, hace un par de años, iba con su cuarteto “de batalla”, el mismo que en su actuación en Bilbao: Tom McClung, Wayne Dockery y Steve McCraven. Esta vez el concierto rozó lo desastroso. En ambas citas, la responsabilidad del éxito o el fracaso del recital se podía repartir al 50% entre líder y acompañantes. De la misma forma que Shepp estaba en muy buena forma hace años, el cuarteto de Myers y compañía ofrecía un soporte tan edificante como sólido. No era sólo lo que Shepp tocaba, sino lo que tocaba respecto a lo que tocaba el cuarteto. Con su último grupo regular las reglas son las mismas: si el cuarteto ofrece un acompañamiento rutinario, es natural que el discurso del propio saxofonista vea sus cualidades mermadas, entre otras cosas, por no tener estímulos suficientes a su alrededor.Shepp tampoco es ya lo que era; está mayor y sus recitales de los últimos años tienden a apoyarse mucho en temas vocales y dejar el saxo un tanto de lado. Tampoco es que le vayamos a pedir explicaciones a estas alturas. En Bilbao, tal vez afortunadamente, Shepp estaba afónico, lo que le llevó a enfocar el concierto de forma más instrumental (la única pieza en la que cantó, “Don´t Get Around Much Anymore”, dejó claro que cantar no era una opción).

    Aparte de esto, y contra todo pronóstico, no le faltaron fuerzas. Aún sentado en una silla en medio del escenario, con un aspecto relativamente frágil, Shepp dio el pistoletazo de salida con un meteórico “U-Jaama” en el que improvisó durante cerca de 20 minutos ininterrumpidamente. Su estilo, inevitablemente afectado por la edad, mantiene la angulosidad y la elasticidad en el tiempo. Su fraseo, boppero en esencia, sigue teniendo ese encanto quebrado y anárquico.

    El grupo, sin embargo, no estuvo a la altura. Posiblemente Shepp tuviese que ver; al fin y al cabo, era quien daba las ordenes. Desde el clasicismo en piloto automático de McClung –que sufrió más de un sablazo del líder, cortando su solo de mala manera– a la estruendosa batería de Steve McCraven, que ensuciaba el conjunto sin ninguna empatía, el cuarteto ofreció un acompañamiento anodino que, en cierta forma, hizo que el concierto fuese un esfuerzo rutinario.

    Ver a Shepp siempre es un placer; y si está en relativa buena forma, aún más. Pero unos acompañantes de altura hubiesen marcado la diferencia.

    Texto: © 2012 Yahvé M. de la Cavada