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Temporada Arco y Flecha 2012-2013

  • Fecha: 9 de octubre de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionarius (Barcelona).
  • Componentes:
    Marc Ribot: guitarra.Comentario: Marc Ribot toca como piensa. O al menos eso puede apreciarse en sus set en solitario, ya sea en concierto, como la otra noche, como en disco ( Saints , 2001; Silent Movies , 2010). La misma visión que tiene de la música popular, una visión universal y equitativa, la misma ecuanimidad con la que acomete ya sea un pasaje desmadrado y arisco o un viejo standard , todo eso hace que su manera de tocar (de expresarse) sea híper concentrada; de ese modo puede llegar, encontrar el punto en común para interpretar una panoplia de referencias que le pueden llevar a cualquier momento de la historia de la música popular norteamericana ( blues del delta, tin pan alley modern jazz free jazz punk rock downtownneoyorquino).

    ¿Por qué –decían algunos acabado el concierto– su set fue tan monocorde? ¿Por qué no hizo gala de un mayor despliegue de recursos expresivos y técnicos, que sin duda los tiene? Pues, suponiendo que esas críticas estuvieran fundadas, se me ocurren dos razones. La primera –y aunque haya algo de presunción en ella–, que justamente esa gran y variada actividad que desarrolla en otros proyectos o como sideman hace que alguien como él, que es un músico que no se conforma con tocar, sino que se pregunta sobre lo que toca y por qué lo toca, necesite de estos períodos de, si me permiten decirlo, introspección. Y la segunda, más importante y no tan imaginativa, estaría en esa especie de búsqueda del mínimo común múltiplo a la que acabo de aludir. Porque su visión de las cosas no podría ser probada de no conseguir establecer un MCM, ese punto el cual no es otra cosa que el propio espíritu o sentimiento del músico. Pues si hemos dicho que Ribot es un músico con una visión de la música, hemos de subrayar que esa visión en su caso emana de su sentimiento hacia todos esos géneros a los que tanto debe, de los que tanto ha aprendido, y con los que tanto disfruta tocándolos. Así, ese MCM debe ser el punto 0 desde el cual puedan surgir en igualdad de condiciones todos esos –y más– derroteros estilísticos que hemos mencionado.

    Pero, lo de Ribot (y aunque hable de él en general, también me estoy refiriendo todo el rato al concierto) tiene más de empírico que de idealista. Y nos estaríamos equivocando mucho de no verlo así. Es su larga y constante práctica, el conocimiento de primera mano que ha adquirido, lo que le ha hecho destilar ese formato tan característico que es su “solo”. Qué más da que hiciera o no hiciera tales o cuales temas de Silent Movies , si a fin de cuentas lo que nos ofreció fue un fluir continuo de su sensibilidad (emociones + sentimientos). A veces, los temas se enlazaban formando un todo indisociable. Otras, algunos temas eran interpretados aisladamente, pero dentro de ellos se filtraban referencias y comentarios ajenos a la pieza (mejor que ajenos, decir que accesorios).

    Así, el jazz en sus distintas manifestaciones históricas (años 20, con Beiderbecke; 40, con standards ; y 50 y 60, con Monk, Coltrane o Ayler), blues enjugados, mohosos latigazos que parecían traídos del folklore de los Apalaches, el espíritu del rock urbano, más f/x ad hoc , y todos esos elementos contemporáneos que tan bien conoce, sonaron en una misma dirección, en un mismo y acompasado latir, sin contradicciones, pegotes o gratuidad. Si no fuera porque Ribot es tan grande como artista, hubiera dicho que asistimos a una brillante exposición sobre algunos rasgos antropológicos y culturales de la música popular de su país y del papel que en ella ha jugado la guitarra (¡hombre, por fin menciona la palabra!).

    Un momento particular. Su versión de “Ghosts”, que me ha permitido ver este tema de otra forma. Una versión que reencuadra el original de Ayler en el pasado, en le bleu des origines , y a la que suministró un escalofriante efecto deglissando : de viento que no puede verse. Marc Ribot solo, cine mudo y la presencia ectoplásmica de aquello que se ha ido pero aún perdura.

     

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografía: © 2012 Rafael Zaragoza