image_pdfimage_print

Por Cool Cat.

  • Fecha: miércoles, 27 de marzo de 2019
  • Lugar: Café Berlín, Madrid
  • Grupo:
    Chano Domínguez Sextet
    Chano Domínguez: piano
    Pablo Martín Caminero: contrabajo
    Guillermo McGill: batería
    José Manuel Ruiz “Bandolero”: cajón flamenco
    Blas Córdoba: cante
    Daniel Navarro: baile

Chano Domínguez: tacita de jazz

“Música para una inmensa minoría”, titula el anuncio del espectáculo. Chano Domínguez vuelve al Café Berlín. Trae consigo el uniforme de los domingos. El sexteto de las grandes ocasiones. La propuesta es ya conocida. Siempre bien recibida. El pianista ofrece un recital de casta flamenca y chispa latina. Gran notoriedad internacional lo precede. Amén de un rincón vitalicio en el Olimpo del jazz español. Atrás queda el recuerdo del documental Calle 54. Música de una España que permitía fumar en los bares. Música para una inmensa mayoría.

El concierto empieza con cierto retraso. Sorprende el lleno sin paliativos. La cola serpentea Costanilla arriba. Dentro del Café, apenas un alfiler holgado. Algo excepcional para un miércoles a las once de la noche. Aparecen por fin Chano Domínguez y compañía. Nombres con arraigo copan las tablas. Guillermo McGill en la batería. Martín Caminero sustituye a Colina en el contrabajo. José Manuel Ruiz, Bandolero, en el cajón flamenco. Blas Córdoba al cante. Daniel Navarro al baile. Aplausos y los primeros agradecimientos. Junto a ello, el orden del cuadro flamenco.

Comienza con “Alegria callada”, del disco Imán. Chano abruma desde los primeros compases. Suya es la maestría del alborozo por alegrías. La noche esconde el homenaje constante a Cádiz. El público responde con escuetos “olés”. La percusión cobra protagonismo de forma paulatina. A ratos sabor a Tito Puente. A ratos garbo y empaque de Pericón de Cádiz. Sigue el tema “Vámonos pa’ Cai”. Una bulería de medalla. El pianista desenfunda sin rubor sus influencias. Recuerdos del corte de Rubén González o Michel Camilo. Una receta secreta de justas medidas.

Chano presenta a los músicos. Continúa con “Blue in Green” de Miles sobre un poema de Alberti. Córdoba se hace inmenso en la ejecución de “Canción 51”. El piano recoge el testigo necesario de la melancolía flamenca. Relucen destellos de Monk. El respetable se encuentra rendido y desarmado. Se suceden las ofrendas. Esta vez a Jerry González. “Rumba pa’ Jerry” alcanza el notable sin mucha dificultad. Bien es cierto que el ritmo imperioso pide a gritos el saxofón de Paquito D’ Rivera.

La velada avanza al concluir un receso innecesario. No obstante, el tiempo no corre en contra del conjunto. Esta segunda parte tiene nombre y apellidos: Daniel Navarro. El taconeo eclipsa; el baile remata con estoque. La sala enloquece y pide oreja. Constituye un elemento capital para la función. Una certera suma de enteros. En lo instrumental, velocidad de crucero. A destacar la impecabilidad del uruguayo McGill a la batería. Encauza con facilidad el palmeo de Córdoba y Navarro para trasladarlo a las cadencias de Chano.

Finaliza el concierto con un ansiado bis. El Café Berlín se sobrepone al ambiente enrarecido de conga. Chano Domínguez y su sexteto se despiden una vez rozado el sobresaliente. Poco importa la hora intempestiva del ya jueves. Los allí presentes reconocen la calidad de las interpretaciones. Una vez más, el arte de la Bahía de Cádiz conquista Madrid. Por suerte o desgracia, para el regocijo de la inmensa mayoría.

Tomajazz: © Cool Cat, 2019