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  • Fecha: 27 de julio de 2012.
  • Lugar: Palau de Congressos, Peñíscola (Castellón).
  • Componentes:
    Deborah Brown: voz
    Bobby Watson: saxo alto
    Bruce Barth: piano
    Duncan Hopkins: contrabajo
    Stephen Keogh: batería
  • Comentario:

     

    Aún en estos tiempos de estrecheces de todo tipo hay motivos para la esperanza. Cuando la cultura es la primera en ser sacrificada en los altares de la austeridad, programas como el del Festival de Jazz de Peñíscola nos demuestran de manera irrefutable que, pese a los omnipresentes recortes presupuestarios, aún es posible ofrecer actividades culturales que generen interés en el público en base a dos pilares: calidad y criterio. De este modo, el certamen castellonense, que el año que viene cumplirá una década de vida, ha presentado este año en su ciclo principal, que tiene como sede el Palau de Congressos de la localidad, a músicos de la talla de Eddie Henderson, Jean Toussaint, Ray Gelato o la leyenda del jazz latino Eddie Palmieri. En su último concierto, una formación de lujo que tenía en Peñíscola la primera cita de su gira europea, teniendo como cabezas de cartel a la vocalista Deborah Brown y a quien fuera durante cuatro años el director musical de los Jazz Messengers de Art Blakey, el saxofonista Bobby Watson. Completaba la formación un trío rítmico de primera, formado por el pianista Bruce Barth, recién llegado de Nueva York, el contrabajista Duncan Hopkins desde Toronto y el batería irlandés Stephen Keogh.

    Comenzó la actuación en cuarteto, rompiendo el hielo a golpe de swing con el clásico de Duke Pearson “Jeannine” y “Ceora” de Lee Morgan, antes de presentar en escena a Deborah Brown, quien comenzó cantando “Falling In Love With Love” y siguió con “It Could Happen To You”. Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó cuando, acercándose a Bruce Barth, la protagonista le susurró ‘“How Deep Is The Ocean?”, en La Menor, muy lento’ y el grupo arrancó una exquisita interpretación del standard de Irving Berlin en la que la voz tocó las almas de los presentes, con su técnica prodigiosa, llena de recursos expresivos y una deliciosa sensibilidad. Tras los aplausos, los músicos abordaron “Yesterdays”, antes de dar un merecido descanso a la voz, mientras en cuarteto con Bobby Watson a la cabeza hacía gozar al respetable con la reconocible melodía de “Moanin’”, composición del pianista Bobby Timmons que Art Blakey y los Jazz Messengers grabaron en 1958. Con Brown de vuelta en el escenario, la noche continuó con “What Is This Thing Called Love?” antes de despedirse en clave de blues con “Centerpiece”.

    Durante toda la noche, la voz de Deborah Brown recordó la línea establecida por intérpretes como Betty Carter, Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan, e hizo gala de una técnica excepcional en todos los ámbitos, con un scatvertiginoso y una textura tan acariciante como poco habitual en el registro agudo. La réplica en escena la daba el vibrato del saxo de Bobby Watson, compañero melódico ideal de la voz en las baladas, incisivo y arriesgado en sus solos. En el soporte armónico, esa fuerza de la naturaleza llamada Bruce Barth, que pareció disponer de recursos ilimitados para improvisar,despachando solos a cual más espectacular, combinando sabiamente virtuosismo y melodía. En el contrabajo, el pulso firme de Duncan Hopkins, quien vio reducidas las posibilidades sonoras de su instrumento por una grieta de última hora en su clavijero, y aún así exprimió al máximo el registro medio y agudo del contrabajo sin que el combo perdiera un ápice de su empuje. Ponía la guinda a la formación Stephen Keogh, un baterista de corte deliciosamente melódico, completamente ajeno a las estridencias y los artificios, de una elegancia poco común y caminar fluido, miembro de ese selecto club de músicos que hacen parecer sencillo lo complejo.

    En la noche de clausura de esta novena edición, el público disfrutó de una noche memorable que se hizo muy corta, de un viaje apasionante por el cancionero americano de la mano de sus cicerones más acreditados.

    Texto y fotografías © 2012 Sergio Cabanillas