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Por Pachi Tapiz.

  • Fecha: jueves, 7 de noviembre de 2019.
  • Lugar: Grande Auditorio, Centro Cultural Vila Flor (CCVF), Guimaraes, Portugal.
  • Grupo:
    Charles Lloyd “Kindred Spirits”
    Charles Lloyd: saxo tenor y flauta
    Gerald Clayton: piano
    Marvin Sewell: guitarra
    Harish Raghavan: contrabajo
    Eric Harland: batería

El octogenario saxofonista y flautista Charles Lloyd fue el encargado de dar el pistoletazo de salida a la edición número 28 del Festival Internacional de Guimaraes. La histórica ciudad portuguesa, “Aqui Nasceu Portugal” reza uno de sus muros día y noche, es Patrimonio de la Humanidad. Esta localidad situada en el norte del país cuenta con una muy interesante actividad cultural que no es ajena al jazz. Año tras año sitúa a su festival, dirigido por Ivo Martins, entre los mejores de Portugal. En la edición de 2019 su programación incluye trece conciertos de pago a lo largo de nueve días, a los que se suman otros conciertos gratuitos en distintos locales, las jam session en el propio CCVF, así como la realización de diversos talleres para músicos.

Un abarrotado “Grande Auditorio”, no se veía un sitio libre, disfrutó con la nueva propuesta de Charles Lloyd, de nombre Kindred Spirits. Lloyd tiene muchos años, pero eso no se notó ni en su manera de tocar, ni en su presencia escénica. Ataviado con esas pequeñas gafas que parecen una de las marcas de la casa, supo encandilar al público desde el primer momento. Ayudaron en ello los integrantes de esta nueva aventura. A lo largo de su carrera Lloyd ha demostrado saber muy bien cómo elegir muy buenas compañías: el mismísimo Keith Jarrett fue integrante de sus grupos a finales de los años sesenta; pero ese no es un caso puntual, puesto que la nómina de los músicos que han grabado con él a lo largo de esas seis décadas es impresionante, incluyendo al gran Bill Frisell en sus últimas aventuras deiscográficas. Pues bien, Kindred Spirits no es una excepción, y allí aparecen nuevamente músicos de muchos quilates: el pianista Gerald Clayton y el baterista Eric Harland son posiblemente los integrantes más conocidos de este grupo, con una carrera muy prolífica; sobre el escenario no se quedaron atrás ni el guitarrista Marvin Sewell (impresionante su dominio de la guitarra por los terrenos del blues), y el contrabajista Harish Raghavan.

Seis extensos temas, incluyendo un más que reclamado y merecido bis, compusieron el repertorio de la cita. Armado con su saxo tenor a lo largo de la mayor parte del concierto (la flauta únicamente apareció en el bis), mostró tanto la importancia de la herencia de John Coltrane en los saxofonistas de las últimas décadas (magníficamente reflejado en “Dream Weaver”, el tema con que arrancó la cita, veinte minutos de pura espiritualidad Coltraneana), como la querencia del músico por las melodías, un elemento inamovible a lo largo de las distintas piezas de su repertorio.

El mencionado primer tema le sirvió a Lloyd para ganarse al público: además de ser un potente saxofonista, y la calidad de su composición, sirvió para que el resto de músicos acreditasen por qué Lloyd ha contado con ellos para esta nueva aventura. Gerald Clayton es un pianista que muestra una gran cantidad de recursos. Su manera de tocar no sólo entronca con modos pianísticos más contemporáneos, sino que no tiene ningún problema en mirar a los orígenes del jazz (tal y como demostró en “Zoltan”), o a la música clásica, para adoptarlos y adecuarlos a su discurso, perfectamente entroncado con el del resto de integrantes de Kindred Spirits. Marvin Sewell por momentos mostró una faceta que llevó su labor por terrenos más propios del rock, aunque el punto álgido de su actuación tuvo lugar el bis: inició en solitario el tema “Dismal Swamp”, llevándolo por los terrenos del blues con una maestría para improvisar y desarrollar su discurso al alcance de muy pocos guitarristas. Harish Raghavan y Eric Harland cumplieron perfectamente su papel como base rítmica, precisos y ejerciendo de anclas para que las improvisaciones que nos llevaron aquí y allá encontrasen su punto de referencia para que la propuesta se desarrollase con naturalidad.

Partiendo de estas bases, los aplausos fueron sonando no únicamente tras el final de cada uno de los temas, sino también tras la mayoría de los solos. Por ello no fue extraño encontrar a todo el público puesto en pie reclamando con insistencia a los músicos su vuelta al escenario tanto antes como después del bis. En definitiva, no pudo tener un mejor comienzo la edición de 2019 de Guimaraes Jazz.

Texto: © Pachi Tapiz, 2019
Fotografías: © Guimarães Jazz 2019, CCVF, Júlia Fernandes, 2019