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Por Joan Cortès.

  • Fecha: Miércoles, 18 de setiembre de 2019
  • Lugar: Théâtre de Bernardines (Marseille)
  • Grupos:
    Duo Mélissa Von Vépy & Sthéphan Oliva
    Mélissa Von Vépy, concepción e interpretación
    Stéphan Oliva, composición y piano
    Bruno Angelini & Michele Rabbia Quartet
    Bruno Angelini, piano y electrónica
    Michele Rabbia, batería, percusión y electrónica
    Tore Brunborg, saxo tenor
    Romain Al’l, imágenes

 

  • Fecha: Jueves, 19 de setiembre de 2019
  • Lugar: Théâtre de Bernardines (Marseille)
  • Grupos:
    Duo Sylvain Kassap & Benjamin Duboc
    Sylvain Kassap, clarinetes
    Benjamin Duboc, contrabajo
    Guillaume Orti Quintet
    Guillaume Orti, saxos
    Benoit Delbecq, piano
    Ben Grossman, viola de rueda
    Nathan Wouters, contrabajo
    François Verly, percusión

En el Théâtre des Bernardines de Marsella, entre el 18 y el 21 de setiembre, se celebró la séptima edición del Festival Les Émouvants.

El recinto en el siglo XVIII fue concebido como una capilla y posteriormente se utilizó como convento, almacén, cuartel, salón de baile y anexo de una escuela de secundaria, para convertirse en 1987 en un pequeño teatro de ensayo con una capacidad máxima de cien localidades.

El festival se inauguró con un proyecto de alto calibre, como lo serían también las propuestas restantes, a dos por día, a lo largo de cuatro jornadas. Fue un auténtico altiplano de proyectos sugerentes y estimulantes, cada uno de ellos a la búsqueda de diversos cruzamientos, encuentros, a modo de juego de placas, donde se iban insertando, desplazando, ensamblando unas con las otras, de forma elegante y sutil, sin utilizar fórceps alguno. Un festival diseñado y presentado por el compositor y contrabajista Claude Tchamitchian, en plena consonancia con el sello Emouvance que también dirige.

La trapecista suiza Mélissa Von Vépy a dúo con el pianista francés Stéphan Oliva, ofrecieron su singular y atractivo “Miror, Miror”. Una estimulante propuesta plástica-musical, que mantiene al espectador totalmente cautivado y anclado en su butaca, con sus buenas dosis de tensión, a lo largo de toda la representación.

Oliva firmó una introducción, un exquisito piano solo, de unos veinte minutos, alrededor de Bartók. Posteriormente se inició el juego de duetos, Von Vépy/Oliva, música/trapecio, de la trapecista con la estructura colgante de doce espejos, de los cuales rompería los dos centrales con uno de sus zapatos de tacón. El anverso y el reverso -el espejo brillante en contrate con su dorsal desconchado y cristales rotos-, el paso entre las dos partes, la imagen reflejada y la oscuridad del fondo.

Con una multiplicación de imágenes fragmentadas y fascinantes en su constante ir y venir a través de su trapecio de espejos a poca distancia de los cristales rotos a modo de inquietante alfombra.

“Transformation” fue la segunda propuesta de la jornada inaugural, una creación liderada por los italianos Bruno Angelini y el inquieto Michel Rabbia, que contaron con la complicidad del noruego Tore Brunborg y del francés Roman Al’l.

Angelini y Rabbia conjugaron el entorno más acústico de sus instrumentos respectivos, piano y batería, con sonoridades totalmente electrónicas extraídas de diferentes artefactos. Lo que podía presuponer una contraposición chocante, se convirtió en un notable urdido entre los dos mundos sonoros.

Destacaron muy especialmente la generación, contraste y acoplamiento de timbres y texturas no orgánicas. Entrelazando ambos mundos teníamos la concepción más atmosférica, nebulosa plenamente escandinava, y en algunos momentos con reminiscencias cinematográficas, del saxo tenor de Brunborg.

El trabajo en directo se complementaba con la proyección de imágenes, mayoritariamente generadas por ordenador, que cuando más abstractas eran más atrayentes y complementadas resultaban con el entramado musical.

La segunda jornada se inició con el segundo de los tres duetos programados, el clarinetista Sylvain Kassap con el contrabajista Benjamin Dubocel clarinetista Sylvain Kassap con el contrabajista Benjamin Duboc.

Dejaron huella fehaciente de su concepción musical y entendimiento a lo largo de la improvisación con un dominio instrumental al servicio de su discurso musical. Servido y degustado plenamente en acústico total.

“…ence” es el nombre de la creación específica para el festival, de exquisito resultado musical e interpretación, firmada por el compositor y saxofonista Guillaume Orti“…ence” es el nombre de la creación específica para el festival, de exquisito resultado musical e interpretación, firmada por el compositor y saxofonista Guillaume Orti. Un proyecto de relativa equidistancia entre la escritura y la improvisación.

Un trabajo que se mueve, se desplaza e integra entre distintas concepciones musicales, jazz, músicas de ámbito tradicional, imaginado o no. Orti presentó una propuesta con una paleta musical extensa, rica en dinámicas, timbres i colores.

Para amasarlo contó con cuatro compañeros de lujo. El piano preparado y no de Benoit Delbecq (viejo cómplice, entre otros, en el grupo Kartet), una parte de su instrumento contaba con una serie de palitos, algunos de ellos con chinchetas clavadas, dispuestos entre las cuerdas del piano, que generaban una sonoridad percusiva plenamente africana en contraste con la otra parte del piano no preparado. François Verly estaba en medio de su amplio set percusivo, generando mil y dos colores (con Orti forma parte del Megaoctet d’Andy Emler, formación que este año celebra su 30 aniversario). El canadiense Ben Grossman a la viola de rueda aportaba un abanico de sonoridades antiguas y contemporáneas perfectamente amoldadas. La formación se completaba con el contrabajo del joven belga Natham Wouters, firme puntal de toda la estructura.

Guillaume Orti, además de un excelente compositor, hizo gala de su dominio instrumental de su amplio set de saxofones (en mi bemol, fa y si bemol) desplegados sobre el escenario.

Ir a la segunda parte del repaso del Festival Les Émouvantes.

Texto y fotografías: © Joan Cortès, 2019