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Por Pachi Tapiz.

  • Fecha: sábado, 9 de noviembre de 2019.
  • Lugar: Pequeno Auditorio, Centro Cultural Vila Flor (CCVF), Guimaraes, Portugal.
  • Grupo:
    Trio Oliva / Boisseau / Rainey
    Stéphan Oliva: piano
    Sébastien Boisseau: contrabajo
    Tom Rainey: batería

La tercera jornada del Guimaraes Jazz 2019 fue la del estreno de la programación en el Pequeno Auditorio del Centro Cultural Vila Flor, con el concierto a media tarde del trío formado por el pianista Stephan Oliva, el contrabajista Sébastien Boisseau y el baterista Tom Rainey. El trío ha publicado en este año 2019 en el sello francés Yolk, Orbit, una grabación más que notable. En este disco el trío se mueve por ese terreno tan interesante que consiste en que las composiciones funcionan a modo de lienzos en los que los músicos se pueden expresar y explayar con total libertad. Pues bien, ese planteamiento corregido y aumentado fue lo que el trío mostró a lo largo de casi hora y media de concierto.

Tom Rainey es un maestro de la batería. Un experto en eso tan complicado que es en construir su discurso a base de pinceladas que se nutren de pequeñas aportaciones de cada uno de los elementos de su kit (puro minimalismo en lo relativo al empleo de sus recursos, no a los recursos en sí), o de alternativamente tocar de un modo contundente y sólido como una roca. Ambas facetas son unos elementos esenciales en su manera de crear música, ambas siempre al servicio del trabajo de sus compañeros. El baterista norteamericano está durante estos últimos años en un momento especialmente dulce, pues su participación en un proyecto o grabación es una de esas señales que indica que el proyecto merecerá la pena.

El pianista Stephan Oliva es uno de los grandes de la escena francesa, que es lo mismo que hablar de la escena europea. Lo mismo ocurre con el contrabajista Sébastien Boisseau, a quien hemos podido escuchar acompañando a grandes músicos como como Daniel Humair, Martial Solal, Michel Portal, Louis Sclavis o el propio Oliva.

Tal y como he señalado con anterioridad, el directo sirvió para amplificar las bondades de la grabación. Esta está estructurada a partir de las composiciones de Oliva y Boisseau especialmente, tal y como ocurrió con su puesta en escena en directo. Las ventajas de mostrarlo en directo es que permite una mayor extensión en los solos, así como que el grupo pueda plantear otros modos de dejar correr su creatividad. “Split Scrren”, “Wavin” y “Gene Tierney”, los mismos tres temas que inician Orbit sonaron en los primeros veinticinco minutos de concierto. La melodía del primer tema, con un cierto planteamiento cinematográfico, fue yendo y viniendo, logrando momentos animados y energéticos. La segunda pieza comenzó con suavidad. Tom Rainey mostró que además de las baquetas y mazos, su cuerpo también es un elemento esencial en su conjunto de herramientas. Stephan Oliva mostró que no sólo se puede acercar a unas maneras más cercanas a un jazz que se podría señalar como de segunda generación, sino que su música bebe también de la clásica. Sébastien Boisseau tuvo algún pequeño problema con el sonido en estos dos primeros temas, aunque no representó ningún problema: no sólo marcó el ritmo perfectamente, sino que también fue anotando pequeños detalles que encajaron perfectamente con la música del resto de sus compañeros. Tal y como ocurre en la grabación, que un tema como “Wavin” comience con cierta suavidad no significa que toda la vida de una composición discurra por terrenos de suavidad, ni mucho menos. Tal y como es habitual en Rainey, se encargó de repartir pequeños detalles: resulta de algún modo paradójico cómo es capaz de dar la impresión de que su discurso es ajeno al de sus compañeros, pero sin embargo siempre está presente, en ese difícil arte que es mantener la música en un paradójico equilibrio frágilmente sólido, o sólidamente frágil.

El cuarto tema, la composición “Processione” de Oliva fue pura magia. Tom Rainey mantiene en su forma de tocar un maravilloso equilibrio entre la vanguardia y la ortoxia. Si hasta ese momento había mostrado especialmente el primero de estos aspectos, en esta pieza sacó a relucir su lado más ortodoxo, protagonizando un mano a mano con Oliva, magníficamente apoyado por Boisseau, de los que cortan la respiración: lo que es en definitiva la magia del jazz y la improvisación en directo.

Todas las cartas estaban ya sobre la mesa. El cuarteto continúo desgranando los temas de su grabación: “Le Tourniquet” (Boisseau), comenzó con un solo del contrabajista, al que se unió Rainey (magnífico), y con Oliva explorando las posibilidades del interior de su piano. Continuaron “Cercles” e “Inflammable”, un tema del guitarrista Marc Ducret en el que Tom Rainey utilizó sus manos para percutir, acariciar y rozar su kit, acompañando a sus colegas. En “Around Ornette” (composición de Oliva), consiguieron un bonito equilibrio entre melodía y ritmo, finalizando la pieza con los tres músicos improvisando a toda velocidad, desarrollando cada uno su trabajo como solista, pero sin dejar de estar bien anclados al tema. Tal y como ocurre en Orbit, el recital terminó con el tema “Lonyay Utça”, composición del contrabajista dedicado a una calle de Budapest.

Tras hora y cuarto de una música de primerísima categoría, el público que casi llenaba el Pequeno Auditorio de CCVF, respondió con unos más que merecidos aplausos, lo que como era de esperar se tradujo en un más que merecido bis. En este tema final, “Interieur Jour”, intenso a la par que enigmático, fue cuando Tom Rainey tuvo la oportunidad por primera vez en todo el concierto de explayarse en un solo stricto sensu. Sirvió para dar nuevamente una muestra magnífica de su magnífica labor y estado de forma. Aunque hubo más aplausos, fue el final de un espectáculo magnífico. Un concierto de los que quedan en la memoria.

Texto: © Pachi Tapiz, 2019
Fotografías: © Guimarães Jazz 2019, CCVF, Júlia Fernandes, 2019