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Impronit #39

  • Fecha: 19 de julio de 2012.
  • Lugar: La Caldera (Barcelona).
  • Componentes:
    Anna Rubirola: danza
    Federica Portello: danza
    Agustí Martínez: clarinete, saxo alto
    Evru: Mini-Moog, pandero
  • Comentario:

    En el día de las manifestaciones contra los recortes, el feroz aumento del IVA y, muy especialmente, la manera en que todo ello va afectar a la Cultura, que ya andaba muy tocada y que con el paso del 8 al 21% podemos decir que e le ha dado la puntilla –a menos que se ponga remedio–, los organizadores (GTS, La Caldera) pronunciaron unas palabras para llevar la cuestión hasta la antesala del espectáculo que iba a iniciarse. Finalmente, estas palabras que trasuntaban la gravedad del asunto terminarían por dar a la sesión una resonancia especial.

    Esta era la primera vez que asistía a una “impronit” desde que está en su nuevo emplazamiento. Hace unos meses, La Caldera, espacio dedicado al fomento de la danza contemporánea, y los organizadores de las “impronits”, Gràcia Territori Sonor, aunaron fuerzas frente a una crisis cada vez más enconada. Y esta asociación ha variado ligeramente el formato de estas noches de improvisación: a los músicos se les suma ahora un dúo de danza que también improvisan en tiempo real.

    La de anoche fue, en conjunto, una velada extraña. Por varias razones. En primer lugar, por el estatismo de los cuadros musicales que se fueron sucediendo, y que hasta cierto punto chocaba tratándose de una sesión de improvisación. Evru, que no usó el teclado y se centró en los osciladores, comenzó generando con el sintetizador fondos extraños y amenazantes que por momentos, y junto al blanco de las paredes y las primeras y rígidas evoluciones de las bailarinas, hacía que todo el conjunto trajera a la memoria el distópico film THX 1138 . Martínez tocó el clarinete en ese primer tramo de la velada, lo cual fue una sorpresa pues en los últimos tiempos no suele tocarlo. Con un toque pausado, pendiente de las bailarinas, golpeando ligeramente las llaves, Martínez logró que el sonido extraído supiera más a madera que nunca. Más tarde, con el alto, daría forma a paisajes más jazzeros, incluso de film noir , que fueron conveniente y convincentemente subrayados por Rubirola y Portello. Y ellas, las bailarinas, cuyo trabajo derivó de la dispersión inicial hasta la concentración, estuvieron especialmente acertadas en un pasaje en el que jugaron con las proyecciones de sus sombras sobre la pared desnuda del fondo. Una intrusión del pandero hizo que todo volviera al punto inicial: las ondas sonoras, el clarinete y el desperdigamiento de las danseuses .

    Esa misma mañana había leído un breve artículo de Miguel Morey en el que, refiriéndose al “cuerpo”, citaba a María Zambrano: “distinguir entre lo que se presenta como claro y lo que en su palpitar oscuro crea claridad”. Pertinente para la sesión, pertinente para estos días tan extraños.

    Texto © 2012 Jack Torrance