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Por José Antonio García López.

  • Fecha: 8 de noviembre de 2019
  • Lugar: Jazzazza Jazz Club – Murcia
  • Grupo:
    Daahoud Salim Quintet
    Daahoud Salim: piano
    Pepe Zaragoza: trompeta
    Pablo Martínez: trombón
    Hendrik Müller: contrabajo
    Sun Mi Hong: batería

Hijo del saxofonista y compositor estadounidense Abdu Salim, forjado en el arte de la música desde temprana edad, con una destacada formación académica y una vertiginosa trayectoria, el pianista Daahoud Salim va dejando su enérgica y emocionante huella en los diversos escenarios por los que pasa. En esta ocasión la cita fue en Jazzazza Jazz Club, como parte de la gira que el grupo está realizando en noviembre por varias ciudades de nuestro país, a la que llegó en formación de quinteto, acompañado del trompetista Pepe Zaragoza, sustituyendo al integrante habitual Bruno Calvo, el trombonista Pablo Martínez, Hendrik Müller al contrabajo y Sun Mi Hong en la batería, conformando una banda con una alta experiencia en los ámbitos jazzísticos europeos, muy interactiva y estrechamente unida, como veríamos posteriormente a lo largo del concierto. El quinteto ofreció un repertorio en el que incluyeron algunos temas de sus anteriores y más recientes trabajos discográficos: La llamada (Blue Asteroid Records, 2016), el directo Daahoud Salim Quintet – Jazz Getxo (Errabal Jazz, 2016), La búsqueda (RockCD Records, 2017) y Daahoud Salim Quintet – Live Jamboree (2018) en edición digital.

El grupo comenzó el directo con una introducción de la baterista Mi Hong, en solitario, iniciando el tema “La llamada”, sugerente titulo que encabeza y da nombre al primer disco, añadiéndose después el resto del grupo. Salim, es un buen comunicador que llega pronto al alma del espectador, explicando las ideas que le inspiran para componer y el porqué de cada tema, como en el caso de la segunda pieza llamada “El mayor truco del diablo”, en la que navegaron los solos del trombonista Martínez, flexible y audaz en sus fraseos, y del pianista, que desarrolló vivos y marcados pasajes sobre el teclado. El contrabajista Müller, abrió el siguiente tema con una elocuente introducción, antes de que el líder comentara su composición llamada “Historia del tiempo”. Una relajada y exquisita pieza en la que destacaron las ricas improvisaciones de Salim, y un espléndido y poderoso solo de Zaragoza. El humor y la ironía no faltan, a veces, en las presentaciones de Salim, como en “Bon Appétit!”, reflexión sobre la famosa frase “Somos lo que comemos”, una alegre y dinámica creación, en la que alternaron las extensas, elegantes y muy expresivas improvisaciones del trombonista sobre un tempo medio de swing, seguido de un vertiginoso tempo fast que tuvo al trompetista como protagonista, con fraseos intensos, ágiles y bien articulados. La contundente intervención de la baterista nos dejó otra muestra de sus grandes capacidades, para cerrar esta última pieza del primer pase.

Abrieron la segunda parte del concierto con “Munnot Waste No Time”, en la que lució una larga introducción de Zaragoga, acompañado solamente de Mi Hong y Müller. La exposición del tema dio paso al trombonista Martínez, deleitando a los presentes con una esmerada improvisación sobre la base vigorosa y rápida de la sección rítmica. Las manos del pianista se movían sobre las teclas del piano con precisos y desenvueltos desarrollos, que acentuaron la intensidad del tema. Inspirado e influido por la música de su padre, Salim interpretó “Song For My Children” (Abdu Salim) una refinada pieza a tempo de vals, realizada a trío de piano, contrabajo y batería. Müller y Salim aportaron coloridas y líricas intervenciones como solistas. Los ritmos latinos estuvieron presentes en “Volamos”, una rumbosa, vibrante y enérgica composición en la que Zaragoza y Martínez alternaron las primeras descargas, entregadas y dinámicas, dejando otra parte de la improvisación al pianista para finalizar el tema. El grupo continuó la sesión con “Sin tí… tulo”, un tema nostálgico y emotivo con aires de bolero. Tras la exposición del trompetista sería el trombonista el encargado de efectuar el primer libre discurso, apacible y sutil. El líder generó también un acunado y bien definido solo lleno de puntuados matices sonoros, acorde con el tema. El concierto llegaba casi a su final con “Yalut”, una pieza afro jazz, con un rebosante groove para lucimiento de la sección rítmica, sobre la que caminaron los solos de Zaragoza y Salim, arropados por el contrabajo de Müller y la impecable batería de Mi Hong. El atento público reclamó un bis que no tardaron en elaborar, una preciosa balada llamada “Canción a Anna” como culminante colofón de una de las citas más memorables que han pasado por el club Jazzazza.

Tradición y modernidad se vuelven a dar la mano para proporcionar una experiencia sensorial enriquecedora. Las creaciones de Daahoud Salim poseen una hermosa musicalidad que ahonda en la espiritualidad del oyente. La buena música lleva inherente un poder sanador que trasciende más allá del mundo material en el que vivimos, algo que podemos encontrar en las composiciones de este formidable pianista. Un músico que brilla con luz propia.

Tomajazz:
Texto: © José Antonio García López, 2019
Fotografías: © Jazzazza Jazz Club, 2019