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Por Juan F. Trillo.

  • Fecha: 3 de enero de 2020.
  • Lugar: Kafe Antzokia, Bilbao.
  • Grupo: North East Ska*Jazz Orchestra (Italia).

North East Ska*Jazz Orchestra: Si hoy es viernes, esto es Bilbao.

Recién llegados de La Bisbal (Sala L’Alternativa), la primera parada en su gira por España, y antes de que empiece el concierto dos veteranos de la banda, Freddy Frenzy (voces, showman) y Davide Mauro (saxo) se sientan conmigo para charlar y ponerme al tanto de lo que supone mover una orquesta de 18 músicos y lograr que suenen coordinados como las piezas de un reloj.

 

Davide asegura que es fácil trabajar con los miembros del grupo, pues a pesar de que la mayoría son muy jóvenes – entre los veinte y los treinta – tienen una excelente formación musical. “Que todos sepan leer música es algo que facilita mucho las cosas“, dice. Sin duda, el veterano del grupo (62 años) es Freddy, delgado, alto, pelo blanco – aunque escaso – que lleva en melena y acompaña con una barba igualmente blanca. Podría pasar por un místico anacoreta, si no fuese porque su vitalidad es por completo de este mundo, como lo demuestra cada vez que se sube al escenario.

A nuestro alrededor, el equipo de la sala acarrea cajas de bebidas para aprovisionar las dos barras y una camarera empuja rodando un barril de cerveza tras otro. Les conviene estar bien aprovisionados; el ska incita a bailar a los oyentes y esto, a su vez, despierta la sed. El ska jazz lleva sonando desde finales de los ochenta, como una (otra más) evolución de aquel ska que los Skatalitics habían puesto en marcha veinte años antes. El estilo tiene, por tanto, fuertes raíces jamaicanas, lo que significa metales, percusión, una puesta en escena desenfadada y una actitud como de “tío, estamos aquí para divertirnos, ¿vale?“. Y junto con todo ello, un alto componente de improvisación a la hora de desarrollar las melodías, de ahí lo del jazz. Freddy Frenzy: “Aquí no hay problemas de egos encontrados. Todo el mundo tiene su oportunidad de salir al frente, hacer un solo siguiendo su inspiración y demostrar su destreza con el instrumento“.

Fue Fred Reiter (Steady Freddie), líder de la primigenia banda New York Ska-Jazz Ensemble quien bautizó a esta derivación del original, que muchos consideran a su vez un subgénero de la Tercera Ola del ska (de influencia punk). El caso es que este divertido estilo suena actualmente por todo el mundo y encontramos bandas de ska jazz en Holanda (Rotterdam Ska-Jazz Foundation), Canada (Montreal Ska-Jazz Ensemble), Japón (Tokyo Ska Paradise Orchestra) o Italia, como es el caso de North East Ska*Jazz Orchestra (NESJO), que llevan funcionando desde 2012.

Mientras hablamos, a seis metros sobre nuestras cabezas, en la oscuridad de las alturas, brilla la linterna de un técnico que trabaja en la pasarela de los focos. Un trozo de cinta aislante cae a nuestro lado y cruzo los dedos para que todo lo demás esté bien ajustado. Me intriga la cuestión económica, pues no tiene que ser fácil generar ingresos suficientes para mantener una orquesta – de hecho, esa fue la razón de que desapareciesen las grandes bandas -, pero tanto Freddy como Davide coinciden en que para estos músicos el dinero no es una prioridad. “Todos ellos llevan una vida bastante bohemia“, dicen. Mérito añadido y una garantía de autenticidad, ya que cuando alguien hace algo porque le gusta y no por la pasta, se nota en el resultado.

El tiempo pasa y Freddy y Davide se despiden para unirse al resto de la banda que ya está sobre el escenario afinando y coordinándose con los técnicos de sonido. Finalmente, todo queda listo; dejan los instrumentos y se acercan a la barra a tomarse un café antes de que empiece el espectáculo.

Las puertas se abren con retraso y el público no tarda en llenar la sala. Sin embargo, sesenta minutos después de la hora prevista de comienzo todavía seguimos esperando. La buena noticia es que a nadie parece importarle lo más mínimo; los asistentes charlan en grupos, beben, se hacen fotos, siguen bebiendo y parece que impera el buen rollo, así que cuando por fin suenan los primeros metales todo el mundo está de buen humor.

Los temas instrumentales se alternan con los vocales y a los pocos minutos la sala entera baila con ritmo jamaicano. Buena parte del mérito es de Freddy Frenzy, que salta, gira y se contorsiona; ahora hace el robot, ahora el zombie walking. Y, además, canta. Un espectáculo que sorprende además por su aspecto frágil y, digamos, venerable, pero no cabe duda de que al público le gusta e intenta imitar sus movimientos.

Max Ravanello dirige, compone y arregla los temas que la NESJO interpreta y, a pesar de que en sus inicios fue una banda instrumental, su gran acierto fue incorporar las voces de Rosa Mussin y Michela Gena. Esta noche no cabe duda de que la fuerza que la banda transmite se debe en buena medida a estas dos excelentes cantantes, que aúnan ritmo, armonía y energía vocal. El repertorio está formado por los temas de su último álbum, North East Ska*Jazz Orchestra, editado por el sello bilbaíno Brixton Records, de entre los que sobresale “The Sunny Side of My Heart” y dejan las versiones de clásicos jazz para los bises: “It Ain’t Necessarily So” (Gerswin, Porgy and Bess) y, sobre todo, un extenso y excelente “Take Five” que por sí solo vale por todo el concierto. Aquí, las voces de Rosa y Michela elevaron el tema de Desmond y Brubeck al nivel de las mejores versiones que nunca se han hecho. Y para colmo el Gran Denis, trombón de varas, introdujo un solo, breve, pero memorable, que dejó al público boquiabierto ante la potencia que es capaz de extraer de su instrumento y se llevó un aplauso apoteósico. Las trompetas que derribaron las murallas de Jericó debieron de sonar más o menos así. Un tema funky jazz puso el cierre a una noche en la que el público recibió lo que había ido buscando: espectáculo, música bailable y diversión.

Para los miembros de la orquesta, un breve descanso y de nuevo a la carretera. En menos de 24 horas estarán otra vez sobre el escenario (Madrid, Independance Club) y lo mismo al día siguiente (Valencia, 16 Toneladas). En total, la gira por España habrá supuesto 1700 kilómetros en cuatro jornadas, más la ida y la vuela a Italia. Lo dicho; estos músicos tienen vocación. Hay que quitarse el sombrero.

Texto y fotografías: © Juan F. Trillo, 2020