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  • Fecha: 10 de junio de 2012.
  • Lugar: Re-Generació 3 (Barcelona).
  • Componentes:
    Julián Sánchez: trompeta
    Pol Padrós: trompeta
    Iván González: trompeta
    Albert Cirera: saxo tenor
    Oriol Fontclara: saxo alto
    Josá Manuel Leal “Tete”: flauta y saxo alto
    Ivo Sans: bateria
    Sergio Díaz: bateria
    Alejandro García “Wassily”: contrabajo
    Joan Massana: contrabajo
    + special guest
    Agustí Fernández: piano y dirección
  • Comentario:Un tren de mercancías.

    En 1905, el jefe de bomberos de Kansas City, George C. Hale, inventó una atracción de feria que usaba el cinematógrafo como soporte principal. Se trataba de que la gente entrara en un vagón de tren dentro del cual era proyectada una película en la que podían contemplarse fragmentos de viajes tomados alrededor del mundo pero siempre filmados desde la locomotora. La particularidad estaba en que el vagón, situado sobre unos raíles, era movido y agitado son objeto de crear una ilusión de movimiento. A esta atracción se la llamó “Hales Tours and Scenes of the World”, y desde el Electric Park de Kansas City, que fue el primer lugar donde se instaló, pasó a estar presente en otras ciudades de Estados Unidos, México, Europa o Australia. Es, a su manera, un antecedente de sistemas como el Sensorround, el IMAX o el OMNIMAX.El tren tiene la virtud de ser el último medio de transporte que permite una equilibrada relación entre el desplazamiento y la posibilidad de contemplar óptimamente el entorno en el que transcurre.

    Re-Generació 3 es un interesante espacio musical de Barcelona que gestiona un grupo de músicos vinculados al jazz. Allí se ensaya, se imparten clases, y ocasionalmente se hacen conciertos como el que tuvo lugar el otro día, del Free Art Ensemble.

    El espacio en sí es alargado y estrecho, tal como un vagón de tren. Forzosamente, los músicos deben situarse (y más si son tantos como los que hubo esa noche) al fondo, en uno de los extremos del “vagón”; mientras que en el centro y en su opuesto estará el público.

    El Free Art Ensemble es un decteto formado por músicos andaluces y catalanes que están instalados en Barcelona. La mayoría son bastante jóvenes. Algunos no debe hacer mucho tiempo que se han graduado. Les une la admiración y el respeto por una música determinada y por los músicos que la practicaron: el primer free jazz, el de los 60 y 70; desde Ornette hasta la gente de Chicago o San Luis. Esa primera fuerza, primer alarido y una visión transversal de la música afro americana. Ese es su punto de partida, aquello que les une, y lo que les mueve a viajar juntos. A todo ello añaden algún elemento de trabajo más novedoso, como la improvisación conducida.

    Para el concierto del pasado domingo, la banda contó con un invitado muy especial y que, seguramente, debe ser profe –o lo ha sido– de varios de ellos en la ESMUC: Agustí Fernández. El pianista se está convirtiendo en una especie de faro para la generación de jóvenes improvisadores que está surgiendo en la ciudad. A su modo, y salvando las distancias que quieran, se estaría convirtiendo en algo parecido a lo que en su momento fue o representó Tete Montoliu para el jazz en Barcelona.

     

    La actuación en sí estuvo dividida en dos partes, en cada una de las cuales se interpretaron tres composiciones: tres de Agustí Fernández, y las otras tres de Iván González, Albert Cirera y Julián Sánchez, respectivamente. Se trataba de temas escritos y que por tanto los músicos podían leer en sus correspondientes partituras, pero sobre los que en determinados momentos se creaba una (o más) sección libre, con partes conducidas por el compositor respectivo. En el contraste entre ambas partes es donde se encontraba la esencia del juego que proponían. Hay que decir que no fue un concierto de free de rompe y rasga, sino un intento de recuperar unas viejas mercancías para mostrárnoslas hoy, a la luz de la visión de estos jóvenes músicos, de su invitado, y a la luz también de una especie de “forma de hacer” que poco a poco va creciendo en Barcelona. Esperanzador.

    El concierto llegó a buen término con un blues dilatado y de bleyiano latir compuesto por Agustí, de contenida emotividad y elegíaco crescendo que fue modulando en directo el pianista. Después, desde la estación, cada uno volvería a su casa.

    (Me entero después de que esa misma noche, tras el concierto, le roban los saxos a Albert Cirera. Ya pueden imaginar lo que eso supone para un músico: es quitarle sus herramientas de trabajo, su medio de vida. De este hecho luctuoso se desprende que los músicos de este país no sólo tienen en contra los recortes, la falta de sensibilidad de los políticos y la ignorancia e incultura más palmarias, sino también a “asaltadores de trenes”, esos chorizos que lamentablemente forman parte de nuestro paisaje nacional).

    Texto y fotografías © 2011 Jack Torrance