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Por Juan F. Trillo.

  • Fechas: 11, 12, 13 y 14 de febrero. 2020.
  • Lugar: Estaciones de Metro Bilbao.
  • Bandas:
    Lucky Chops, Crazy Jazzers, Broken Brothers Brass Band.
    Bailarines:
    Laura Gamero, Bryan Hollström, Cheyenne Egitto, Aimar Gutiérrez.

Bryan y Laura respiran hondo y comienzan a bailar. Con suavidad al principio, porque les cuesta un poco “entrar en calor”. Pero no tardan en olvidarse del público, de los viajeros que van y vienen a su alrededor, y comienzan a moverse con más ritmo y energía. Una estación de metro no es el primer lugar en el que uno pensaría para arrancarse a bailar, pero si la música es buena, cualquier lugar es apropiado.

Son Bryan Hollström y Laura Gamero, profesores de funky, hip-hop y free style en la escuela de danza Fusión (Bilbao y Barakaldo). “La propuesta para participar nos llegó por sorpresa“, dice Ainhoa Zamora, directora del centro de enseñanza. “Nos avisaron con muy poca antelación, casi por sorpresa. ¡Menos mal que tenemos experiencia en preparar actuaciones al aire libre casi de un día para el siguiente! En esta ocasión, los organizadores pensaron que sería buena idea que los bailarines ayudasen a los músicos a ‘crear ambiente’“. ¡Y vaya si lo crean! Tan pronto como empiezan a bailar, la gente redirige la cámara de sus teléfonos móviles hacia ellos, para dejar constancia de sus pasos, que tan bien encajan con la música de las bandas invitadas. El día de la inauguración del evento – con políticos, fotógrafos y periodistas sobre el terreno – estuvieron Laura, Bryan, Cheyenne y Aimar; el resto de los días, tan solo Bryan y Laura.

 

Los vínculos entre el jazz y el suburbano vienen de lejos y se remontan – muy probablemente – al clásico “Take the A-Train”, compuesto por Billy Strayhorn en 1939 y popularizado por Duke Ellington y su orquesta. Desde entonces el tren subterráneo ha servido de inspiración a músicos, compositores, bandas de jazz, clubes nocturnos… En Bilbao, sin embargo, es la primera vez que los pasajeros en tránsito pueden disfrutar de los acordes de una marching band, – tres, en realidad – que se desplaza de estación en estación ofreciendo actuaciones breves (unos 20 minutos), aunque intensas.

Todo se lo debemos a que Metro Bilbao está de aniversario. Son 25 años ya, llevando y trayendo pasajeros a través del subsuelo de la capital. Y qué mejor manera de celebrarlo que metiendo en los túneles de hormigón a tres grupos, Lucky Chops (New York City), Crazy Jazzers (Bilbao) y Broken Brothers Brass Band (Pamplona) para que los metales de sus instrumentos rivalicen con el rugido de los trenes, ante la sorpresa de quienes utilizan habitualmente el transporte público.

Y aquí estamos, un miércoles a la una del mediodía, a pocos metros de las validadoras de la estación de Abando, en Bilbao, con los neoyorkinos Lucky Chops, un grupo que lleva ofreciendo su música al aire libre desde el 2006. Ellos definen su estilo como “brass funk de alta energía”, una energía que, no cabe duda, saben cómo transmitir al público que se detiene a escucharles. Aunque la verdad es que una buena parte de los que estamos aquí, hemos venido ex profeso, atraídos por la posibilidad de disfrutar de un poco de música en directo, a medio día. El número de componentes varía y en esta ocasión son seis quienes componen la banda liderada por Josh Holcom, que al trombón de varas y con camisa hawaiana roja – su seña de identidad – dirige la interpretación. Los músicos se desplazan de una estación a otra y un pequeño equipo les traslada y ayuda a montar la batería de Nate Werth. Pero en apenas unos minutos todo está listo y comienzan a tocar. Bryan y Laura no tardan en unírseles con sus pasos de baile y de pronto el hall de la estación se convierte en una inesperada sala de espectáculos. El ambiente mejora por momentos y alcanza su clímax cuando cierran con una divertida versión del “Funky Town”, de Lipps Inc.

Bryan Hollström: “Tal vez los Lucky Chops fuesen con quienes mejor conectamos. Su repertorio está formado por temas actuales que nos resultaban familiares y con los que nos encontrábamos muy a gusto. No tardamos en darnos cuenta de cuál era el mejor momento para hacer una pausa en nuestro baile y cuando teníamos que volver a entrar. Creo que vernos a nosotros bailando entre el público animó a mucha gente a participar.

Las actuaciones del día siguiente, jueves corrieron a cargo de Crazy Jazzers, jazz de los orígenes sin complicación, pero siempre agradable de escuchar. Sonidos arrastrados de trompetas con sordina, ritmos sostenidos que incitan a mover los pies, imitando a Laura y Bryan. Llevan desde el 2015 tocando en todo tipo de eventos populares – han estado en el Getxo Jazz, en el Jazzaldia – al aire libre a menudo, pero también en locales pequeños; es decir, cercanía con el público, ambiente relajado y, si es posible, una cerveza en la mano. Trombón, tabla de lavar, banjo, clarinete, brass guitar… y las voces a cargo de Izaskun Alzola, quien sabe dar un tono ligeramente melancólico muy apropiado.

Laura Gamero: “Para nosotros ha sido una experiencia estupenda, a pesar de que estamos más acostumbrados a trabajar con coreografías preparadas. La reacción del público ha sido estupenda e incluso había quienes se animaban a bailar con nosotros. Ha sido una experiencia interesante, porque en algunos momentos y en algunas estaciones resultaba difícil bailar por la cantidad de gente que pasaba a nuestro alrededor, ¡apenas teníamos espacio! Ha sido algo nuevo para nosotros”.

El último de los grupos, los pamploneses Broken Brothers, es otra formación veterana en esto de la música callejera, con más de diez años a sus espaldas actuando en todo tipo de festejos y animando con un jazz, blues o gospel que interpretan mirando a Nueva Orleans. Y hay que decirlo, cuando ponen en marcha su maquinaria musical – trompetas, trombones, saxos, bombo… once músicos en total – el sonido de las locomotoras que llega desde los andenes se desvanece por completo. Laura y Bryan, amantes del volumen alto, aquí no tienen motivo de queja. Es el último día y cuando todo acabe, en conjunto, habrán sido más de veinte actuaciones, acompañando con sus pasos de baile y sus palmas a los músicos, y animando a los dubitativos espectadores a compartir unos minutos de diversión. Como dijo un viajero que estaba a mi lado al retomar su camino: “¡Estos tíos me han alegrado el día!”.

Texto y fotografías: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut